He leído este libro que fue muy comentado en
una feria del libro del año 94 o 95, un libro sobre el amor de un escritor
árabe cordobés escrito hace mil años: El Collar de la paloma, de Ibn Hazm, casi
como el jugador del Madrid. Lo puso por las nubes el arabista Emilio García
Gómez.
¡Oh tú que me reprochas porque adoro
a
quien nunca jamás mis ojos vieron!
Te
excedes si por ello me imaginas
demasiado
propenso a enamorarme.
Porque
dí: ¿alguien conoce el Paraíso
si
no es por lo que de él se nos refiere?
Lo compré en el mercado de San Fernando, al
peso, junto al de Magris, ambos por seis o siete euros, en perfecto estado,
aunque, éste, sin las tapas originales. Está escrito hace nada menos que mil
años. El tema del amor, a lo que se ve, ha cambiado poco. Bien es verdad que
las condiciones han cambiado bastante. No se puede juzgar una sociedad árabe
del siglo XI con los parámetros actuales, y esto vale el juzgar algo que tenga
tan solo veinte o treinta años de antigüedad. Se habla mucho de mancebos que se
enamoran de esclavas.
Contiene un prólogo bastante interesante de
Ortega y Gasset. Un comentario divertido: “influjo de la primera preferencia
sobre los amores subsecuentes, que recuerda lo que Descartes nos refiere de sí
mismo: como amó por primera a una bizca y siempre sintió una tendencia a
interesarse en mujeres bisojas”. Y refiere seguidamente una anécdota de
Malinowski en su libro “La vida sexual de los salvajes” en Nueva Guinea, que
desdeñan el beso dulce entre nosotros por “complacerse en una ocupación para
nosotros inusitada; que es morderse las pestañas.
Qué iguales y a la vez qué extrañas somos las
personas a través del tiempo. Cuenta Ortega: “El actual monarca de la mayor
porción de Arabia, el gran Ibn Sa´üd, contaba a Dickson que él –puritano, jefe
de los puritanos wahhäbíes- había tenido hasta la fecha más de cuatrocientas
mujeres, pero no había visto jamás la cara de ninguna”.
En el prólogo de Emilio García Gómez,
bastante extenso, como un ensayo literario independiente se da la clave de la
esencia de este libro: “el autor del Collar de la Paloma aporta con este libro
a la polémica una pieza esencial: nada menos que un tratado teórico y
autobiográfico, escrito a comienzos del siglo XI, sobre el amor, concebido de
la más refinada, espiritual y platónica manera, y un delicioso ramillete de
historias y de poesías eróticas, en que los amantes, rodeados del corro
habitual y común a árabes y provenzales –consejeros, alcahuetes, delatores,
custodios, espías, maldiciones-, hablan alto y opr los codos de sus alambicados
sentimientos”. Poco más que añadir.
Cosas curiosas ya dentro del propio libro: “Hasta
me han dicho de un hombre depravado y de bajos instintos que ponía la carta de
su amada sobre su miembro; pero esto es un género de fea rijosidad y un ejemplo
de excesiva incontinencia”.
Bien, lectura importante pero prescindible. Para
saber que, aunque sea poéticamente, seguimos siendo igual de imbéciles cuando
nos enfrentamos a las cuitas del amor.
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