lunes, 29 de agosto de 2022

Bajo la sombra del Vesubio. DAYSI DUNN.


  Vida de Plinio. Libro perteneciente al lote de libros Siruela que le compré a un tipo de wallapop. Me encanta esta editorial. Está muy bien. Comienza con la erupción del Vesubio. Tremendo lo bien documentado que está. Plinio el Joven, sobrino por parte de madre del Viejo, se quedó cerca de su madre anotando todo mientras que su tío se fue con una embarcación a ver si podía hacer algo. “Herculano quedó sepultada bajo las gruesas capas de escombros. Los arcos bajo los que yacían sus habitantes se convirtieron en la cripta funeraria que guardaría sus restos durante mil años”. La autora, historiadora de Oxford, treintañera, está como un queso. Sé que es una tontería pero es sorprendente ver a alguien muy joven y guapo y tener mucho arte. Como cuando veo esos bellezones rusos interpretando de manera magistral la guitarra, el piano o lo que sea.

  “enkyklios paidea, educación circular, una educación que envuelve al discípulo”.

  Para A. E. Housman la poesía era una secreción.

 

  Subrayado de una frase. “Plinio consideraba que lo que caracterizaba a una gran mente era la capacidad para comprender los argumentos de ambas partes”. En este país nuestro del alma hay poca gente de gran mente. Más bien mentecatos.

  La importancia de los Plinio se observa en una iglesia de Como. Hay dos esculturas que representan a ambos, como si fueran santos, cuando en realidad fueron dirigentes romanos en los primeros tiempos del cristianismo.

  Plinio el Viejo murió en la erupción en Estabia. Siempre se ha dicho de Pompeya, pero en realidad fue casi toda la costa almafitana la que quedó sepultada. El sobrino, en realidad su hijo adoptivo, heredó sus cuadernos y dedicó su vida a ser digno sucesor de su tío.

  Si bien me ha parecido algo desordenada la presentación, aunque no más que estas notas, me ha gustado. Y me han dado unas ganas tremendas de hacerme con La Vida de los doce césares de Seutonio.


 

jueves, 25 de agosto de 2022

EL HERBOLARIO DE GUTEMBERG. LA FARMACIA Y LAS LETRAS.


 

JAVIER PUERTO

RAÚL GUERRA GARRIDO

JUAN ESTEVA DE SEGARRA

  Como ya he dicho en más de una ocasión varias veces al mes voy a una librería en la que no es difícil encontrarse con ediciones raras, o más  claro, es imposible encontrar en las librerías al uso. Un inciso: las librerías tipo La Casa del Libro son cada vez más…, cada vez menos, la casa del lector. Utilizan cuadros de estanterías enteros para poner una única obra y restar espacio a la diversidad, al fondo. Así es cada vez más extraño que uno vaya a comprar algo y lo tengan. “Si lo pide, mañana lo tenemos aquí”. Ya, es lo que tiene internet pero para eso lo hago desde mi casa y me lo traen a casa.

Fin del inciso. Es una preciosa edición de Turner, que costaba casi treinta pavos cuando lo editaron y que a mí me costó poco más de cinco en esta librería que parece haberse quedado con todos los fondos de los antiguos VIP,s. Tiene las hojas de gran gramaje y ligeramente amarillas y de vez en cuando una ilustración. Libro que pesa, en peso y calidad.  Cuenta cosas de farmacias, farmacéuticos, ungüentos, e historias de todo eso plasmados en la literatura de todos los tiempos, y tiene tres autores, uno de ellos Raúl Guerra Garrido, premio Nadal del 77. Me reía porque contaba un episodio del Quijote en el que éste, a través de un ventero medio curandero le da un brebaje a Sancho el cual se encuentra indispuesto por una reciente desventura. Nada más tomárselo Sancho se encuentra peor y Don Quijote cree que es porque no es un hidalgo caballero. –Si esto sabía vuestra merced –replicó Sancho-, ¡mal haya yo y toda mi parentela! ¿Para qué consistió que lo gustase?

  En esto hizo su operación el brebaje y comenzó el pobre escudero a desaguarse por entrambas canales”.

  Qué bonito. Nunca hubiera nadie empleado en estos tiempos una expresión tan gráfica.

  Ni que decir tiene que lo voy a colocar en la estantería más noble de la biblioteca del salón. Ahí estará bien acompañado.

  Por ponerle un pero: en este tipo de libros nunca viene mal un índice al final para poder consultar rápidamente lo que sea.

  “Alguien, la cita es anónima, definió la felicidad como la ausencia del dolor”. Cuántas veces habré reflexionado yo de esa misma forma.

  Habla de medicinas, claro, pero también de venenos. “Pero lo bueno está aquí, míralo, el verdadero ojo de boticario, la bendición de Dios. Esto sí que mata y pronto. ¿Vez este polvo gris? Es la gelsemina, la maravilla de la intoxicación. La bestia se estremece sólo de verla porque sabe que con esto no hay bromas. Muerte instantánea”.

  “SANDALIO: El viento es el eterno y universal enamorado de las flores y sabe cómo hay que llamarlas para que vuelvan… y ponerles el polen del beso en los labios”. León Felipe.

 

  Ayer fui de nuevo a visitar esta librería en el gran centro comercial. Como casi siempre no me llevé nada pues nada encontré que fuera de mi interés o el de mi bolsillo. Sí que vi que aún quedaba algún ejemplar de este libro. Que siga así.

 

viernes, 19 de agosto de 2022

ROMA DESORDENADA. JUAN CLAUDIO DE RAMÓN.


Supe de la existencia de la publicación de este libro por la señora esposa de uno de los escritores que más me gusta: Miriam Moreno, la señora, también ella escritora y, de alguna manera, filósofa. Trapiello, uno de los que más. No hice ningún caso. Si acaso me llamó la atención la portada, sugestiva, como un álbum de fotos familiar. Y sobre todo, con prólogo de Ignacio Peyró. Tampoco. Pasé. No conocía al autor y ya tenía más que sobrepasado el cupo del mes. Sin embargo como últimamente escucho La Cultureta mientras hago rodillo, afición que he desarrollado con la pandemia, y ahora practicada por el frío o por el calor, pues escuché una entrevista al autor, a Juan Claudio de Ramón y ahí sí me puso las orejas como ese zorro que ha visto, sentido más bien, a su presa debajo de la nieve. Roma desordenada. Cachitos de la ciudad en la que ha vivido cinco años. Y ha trabajado como secretario de la embajada. Ese, ese es el trabajo que me hubiera gustado desempeñar: secretario de la embajada en alguna ciudad inabarcable como Roma. Pero hay que masticar mucho serrín para llegar ahí y uno siempre ha tenido mala dentadura.

  Otro apunte del libro: Indro Montanelli: “España es una versión trágica de Italia”. Y comenta el autor: Lo que convierte a Italia en una versión festiva de España. Es decir, un paraíso.

  En otra parte una reflexión del autor que me apunto también en mi agenda perpetua: Polvo, cenizas, y con un poco de suerte, hierba.

   Da cierta alegría y admiración ¿extrañeza? que el autor de este libro, Roma desordenada, confiese que después de estudiar trece años en los jesuitas siga pensando que “Conmigo fueron atentos, hospitalarios, incitadores del deseo de saber. Alguna vez me hablaron de Dios, pero no tantas”.

  Visto lo visto y leído lo leído, siempre interesante, siempre económico en el uso de las palabras, ya estoy buscando como loco su libro sobre Canadá, país en el que también estuvo unos años.

  Deja apuntes la mar de interesantes: “Hace algunas semanas pasó por Roma el filósofo Rafael Argullol. Paseando con él por Piazza Navona me contó su juventud en la ciudad. Guardo, dice él, un grato recuerdo, pero hubo un momento en que quise marcharme. El ambiente se envenenó. Recuerdo cenas con amigos e intelectuales de izquierda, gente como Bertulucci. No les parecía del todo mal lo de Moro, que lo mataran”.

  “En la misma capilla Sixtina, la serpiente interrumpe la felación que Eva practica a Adán: no queda claro si se denuncia el pecado o se enseña a pecar”.

  “A nadie se le oculta: si hay algo eterno en Roma, es el sexo pagado. El censo y la clasificación de meretrices es un apartado fijo en los libros sobre la ciudad, en cualquier época”.

  “Conmigo –los jesuitas- fueron atentos, hospitalarios, incitadores del deseo de saber. Alguna vez me hablaron de Dios, pero no tantas”.

  “Antes de seguir: ¿se pueden hacer bormas sobre el saco de Roma? Woody Allen dice que comedia es tragedia más tiempo, pero cuantos más detalles sé de lo ocurrido en 1527, menos ganas de bromear tengo”. Duró 9 meses!!!

 

  Aparte de por su estupendo trabajo, el autor da también bastante envidia por algo imperdonable, su edad: cuarenta años.

lunes, 15 de agosto de 2022

VIOLET. JESSICA DOUGLAS-HOME.

   Este libro lo compré un día en el Carrefour de hace año y medio. Creo que fui a comprar shushi para mi hija que le gusta mucho y lo vi en un montón de saldos, a tres euros. Me llamó la atención porque es una edición de Circe, de esos libros con hojas casi satinadas que pesan mucho. Era la biografía de Violet Gordon-Woodhouse. Tenía dudas de que me fuera a gustar pero me he equivocado. Tiene muchos datos interesantes y está narrado como lo saben hacer los anglosajones cuando se ponen a hacer biografías.  Era una pianista con antepasados españoles la cual estaba casada con un tal Gordon y tenía, con el consentimiento de éste, varios amantes hombres y alguna mujer. Dos casi convivientes. El caso es que era pequeñaja, morenilla, un poco mandona pero cautivaba a todo aquel que la trataba. Quizá porque sabía escuchar y sabía ser conversadora a la par que cultivada. No sé qué más podía darles. Hay un capítulo llamado Ménage à cinq.

  Vivió unos años que se convertirían con el tiempo en los más nefastos, sin embargo en 1914 “los largos fines de semana campestres, las lujosas y extravagantes diversiones y las sofisticadas ceremonias sociales de los salones de Mayfair parecían tan perennes como la naturaleza”.

  Retratos: “Ninguna de las figuras que frecuentaban Ovington Square era más honda, más conmovedora que Wilfred Owen, tal vez el mayor poeta en lengua inglesa sobre el tema de la guerra, y que inspiró a Benjamin Britten su magnífico War Requiem”.

  “El 4 de noviembre de 1918, apenas siete días antes del armisticio, Wilfres Owen murió mientras guiaba a sus hombres, luchando por cruzar el Canal del Sambre bajo intenso fuego enemigo”.

  “El 11 de noviembre se firmó el armisticio, y a las 11 horas el estruendo de los cañones victoriosos cubrió Londres”.

Era especialista en obras de Bach, Mozart, Scarlatti y tocó algunas veces con Pau Casals, casi nada, etc. Fue amiga de Viriginia Woolf, Picasso, Roger Fry entre otros. Por cierto que Virginia tiene una biografía de este último, pintor, que ya estoy buscando.

  He aquí el concepto que tenía de Virginia Woolf. Curioso: “Es intelectualmente arrogante, mucho más de lo que yo pueda expresar… no tiene ni idea de religión. Sus opiniones al respecto, como las de todo el grupo Bloomsbury, son completamente pueriles. Al igual que sus opiniones políticas. Piensan que todos los aristócratas son cortos y estúpidos, y se tragan todas las patrañas y pamplinas del partido laborista”.

 

 Me ha encantado. Qué pena cuando le llega la hora de morir. ¡Hasta en la lápida viene el nombre de ella, la de su marido, Gordon, y su amante más querido, Bill! Ellos enviudaron y siguieron viviendo juntos. Hasta heredó el derecho a seguir viviendo cuando murió Gordon. Una cosa que me ha llamado mucho la atención es la carta de pésame que le envía al marido George Bernard Shaw: un extracto. Le cuenta que él vivió muchos años con su mujer hasta que ésta murió y que murió y que no le gustaron las cartas que recibió de pésame:

 “Durante cuarenta y cinco años tuve que cantar, noche tras noche, para complacer a mi mujer, e irme a la cama antes de las once de la noche. Desde su muerte no he tocado el piano; y nunca me voy a la cama hasta pasadas las doce. Para librarla durante un tiempo de las tareas domésticas, viajé alrededor del mundo y fui en coche desde Cornwall hasta las islas Shetland y por toda Europa. Ahora ni siquiera sueño con viajar: respecto a la locomoción, me considero más un árbol que un animal. Ella, en cambio, era nómada. Lo más divertido del asunto era la prisa que tenían las mujeres por cazar a un individuo rico como yo”.

  Qué bonito. Por cierto que llevo escuchando todos estos días sonatas de Scarlatti que tanto le gustaba interpretar. Maravillosa su sonata K. 208.

  Nunca tres euros dieron tantos momentos de placer.

jueves, 11 de agosto de 2022

CHARLY WEGELIUS. GREGARIO.

 

  Le compré hace poco a un tipo un lote de cuatro libros por wallapop. Quedé con él en Madrid y caminé toda la tarde con la mochila hasta los topes. Buena mercancía, pensé, merece la pena. Y éste no he podido evitar darle prioridad. Me encanta leer cosas de ciclismo: David Millar, Ánder Izaguirre y su Plomo en los bolsillos, Alpe D´huez de Javier García Sánchez, uno de Bernard Hinoult...

  Son libros nuevos, me contó, de un amigo al que no le va muy bien en el Rastro. Ellos obtienen rebajas de algunas editoriales y los venden por debajo del precio en tiendas. Me ahorré, calculo, más de treinta euros en los cuatro.

  El libro cuenta las vicisitudes de Wegelius (la verdad es que no me sonaba el nombre) en el pelotón, en sus comienzos, en las clásicas, en las grandes por etapas.

  Fue ciclista profesional durante once años. Y cuenta el interior de ese tipo de vida. Otra cosa que tampoco me hubiera gustado ser: ciclista profesional. Y creo saber por qué. Casi siempre se pasa más mal que bien. Y encima estás de aquí para allá todo el santo día. Y solo de hotel en hotel, como un artista. O peor, acompañado por otro sufridor de la carretera. Como dice en la página 0 “La guerra es dulce para aquellos que no combaten”.

  Está editado en Contra. Tiene unas estupendas fotos en color.

  Tiene reflexiones muy interesantes así como jugosas anécdotas como aquella vez en la que un desquiciado Pantani le echó una bronca del copón porque no le dio relevos en el descenso de un puerto peligroso. O como cuando cuenta lo que pensaba al ver a un aficionado con cara de éxtasis al ver pasar el autobús de su equipo. “Me pregunté si, solo por un segundo, el desconocido sentiría el deseo de viajar en ese autobús, desprenderse de las cadenas de la vida corriente que imaginaba que soportaría. No tenía ni idea de lo que él hubiera dado por estar en mi lugar, pero sí sabía una cosa: en aquel momento yo habría dado cualquier cosa por estar en el suyo”.

  “Es muy normal ser aficionado al ciclismo y disfrutar haciendo carreras de bicicletas a modo de pasatiempo, pero ganarse la vida con ello es algo muy distinto. Ser ciclista profesional no tiene nada de normal”. Lo que decía antes. Así termina diciendo, y me recuerda el comienzo del libro de Agassi: “La verdad es que odio lo que hago”.

  “Con independencia del deporte y de la persona, terminar una carrera deportiva profesional es una especie de muerte”.

  Tiene frases en las que me he reído a carcajadas. Me recuerda en su forma de narrar a lo mejor de Chris Stewart y su Entre Limones. Me ha encantado.