martes, 22 de febrero de 2022

El Cuajarón. José María Requena.


 


   En la ciudad de Sevilla este verano y en la despedida de nuestros amigos me fueron regalando no uno si no tres libros de una colección de autores andaluces publicados por el periódico ABC de hace veinte años.

  Lo he buscado en Amazon y lo tienen a 166 eurillos el ejemplar en otra edición de quiosco. Premio Nadal de 1971. Fue Requena periodista y luego escritor a cuerpo completo. El Cuajarón es una novela de un estilo moderno en el que se describen cosas del mundo viejo: el mundo del toro. Y se nota que Requena sabe tela del asunto.  El protagonista es un triunfador catapultado a lo más grande en poco tiempo, Goyo. De extracción humildísima al que se le llenan de pronto de cifras millonarias la chequera. Tiene mucho dinero pero también mucho rencor a su pueblo, al que no perdonan el triunfo, a la única mujer que se le resiste, Amalia, hija privilegiada de ganadero de éxito, de privilegios antiguos. Educada, fina y elegante, con la distinción que Goyo jamás llegará a poseer por muchos millones que gane. Porque él es un millonario que solo tiene dinero.

“Alguien te dijo una vez que el tamaño del poderío se mide por la cantidad de remordimiento que lo rodea”.  

Que no consienten que le llamen ni una sola vez señorito porque él es uno más del pueblo pero sin el pueblo. Me ha está gustado más de lo que pensaba. Tiene esa forma de decir como los históricos periodistas taurinos o como aquel personaje que tan bien interpretara Francisco Arrabal en Juncal.

  El Cuajarón, la historia de tantos toreros de extracción pobretona que llegan rápido a lo alto, se deslumbran y caen. El Ícaro de toda la vida.  Se lee en un par de días con agrado.

sábado, 19 de febrero de 2022

AL CORRER DE LOS AÑOS. ENSAYOS REUNIDOS. 1944-2001. ARTHUR MILLER.


 


  Hay determinadas editoriales que me son especialmente atractivas. Una de ellas es TusQuets. Así, cuando vi este libro en un ordenado y limpio puesto del Rastro me llamó la atención. También el autor, exitoso autor teatral y suertudo al poder tener por un tiempo a la erótica y mitológica Marilyn Monroe. En realidad más que ensayos son artículos más o menos elaborados.

   Cuenta al principio su infancia en Brooklyn, su paso por la universidad de Michigan, las guerras, la depresión, la persecución de los antipatriotas (MacCarthy), etc. Me ha hecho gracia una anécdota que cuenta. Como era tan malo en el instituto no le dio la nota para entrar en la universidad pero le envió una carta al decano diciéndole que había trabajado duro en unos almacenes y que era de familia humilde y que, en definitiva, pedía una oportunidad. El decano, deslumbrado por el efecto de la carta lo admitió. Entonces “Decidí demostrarle al decano que no se había equivocado al darme una oportunidad y, durante el primer cuatrimestre, estudié con tal ahínco que, en el examen de historia, la mente se me quedó en blanco y el profesor me ordenó que saliera de clase, me fuese a dormir y luego volviera a hacer el examen”. Cuánto me he sentido identificado. Me pasó exactamente lo mismo con la diferencia que en vez de enviarme a casa me envió a la clase de las chicas. De la que una, al parecer, estaba yo profundamente enamorado.

  Yo creo que la historia de Pablo Iglesias en este país se puede comparar a la del senador McCarthy de los años cincuenta en EEUU. Este manejaba el siguiente silogismo: “puesto que él estaba total y furiosamente en contra del comunismo, todo aquel que se le opusiera estaba por fuerza a favor del comunismo, aunque solo fuera porque estaba en contra de McCarthy”.

 Arthur Miller habla del escándalo de Clinton a cuenta de las felaciones. Se refiere a la histeria colectiva que se montó por un asunto que no deja de ser un poco frívolo. “Pero lo extraño e interesante es que el público, ese gran semental al que tan a menudo llevan al abrevadero, en esta ocasión ha sumergido la cabeza pero se ha negado a beber, tal vez porque ha percibido el olor rancio de la manipulación política”.

  “…Cualquiera que en el Salem de 1692 hubiera negado la existencia de brujas habría sido encarcelado de inmediato, le habrían sometido al más duro interrogatorio y, probablemente, lo habrían ahorcado”.  “Me defendí, y me parecía que lo estaba haciendo juiciosamente cuando la señora en cuestión se puso a gritar diciendo que estaba matando a los muchachos en Corea. A juzgar por la espuma que se le formaba en la comisura de la boca, por el furor de su mirada y la manera en la que me señalaba el rostro con un dedo, era evidente que me consideraba personalmente responsable de la matanza”. En una de las sesiones de las practicas antiamericanas.

  “El pecado del poder consiste en que no sólo distorsiona la realidad sino que convence a los ciudadanos de que lo falso es verdadero, y que lo que está sucediendo es sólo una invención de los enemigos”.

  “El hombre no sólo es bueno por naturaleza, sino que con mayor frecuencia es chino”.

  “Cuando finalizó el contrato del hipnotizador, en el pueblo sólo había una persona que no creía en la hipnosis, y esa persona era yo”. Esa persona era el que había sido hipnotizado entre comillas. Sólo hizo como que le hipnotizaba por reparo.

 

  El último capítulo del libro de Arthur Miller, Al correr de los años, se titula Sobre la política y el teatro. Uno de los que más me ha gustado. Y confirma lo que siempre he sabido: un político es tan bueno como buen actor sea. A uno se les da mejor que a otros como pasa en cualquier ámbito. A Pedro Sánchez le gusta su papel. Él es presidente porque ha nacido para eso. Y su ropa, sus gafas, sus poses, sus andares, son para la escena, puro teatro. A Casado se le nota mucho que actúa. Él es un joven brillante pero al que le viene grande su cargo. Se ve que es manipulado enteramente por el sibilino García Egea. Dice Miller: “Los dirigentes políticos de todo el mundo han llegado a la conclusión de que, para gobernar, deben aprender a actuar”. “Inevitablemente, para manipular de ese modo al público, se requiere una actuación teatral”. También cuenta una anécdota sabrosa. Jacob Ben-Ami triunfaba en Nueva York con una obra hablada en yidish. Contenía una escena por la que mucha gente iba a verla y luego se marchaba.  La escena era que se ponía al borde del escenario, se apuntaba con una pistola y lograba crear tal tensión que el público solo esperaba ya la detonación y los sesos repartidos por las paredes. Sudaba, apretaba las mandíbulas. Al final tiraba la pistola y decía: no puedo hacerlo. Un joven actor le preguntó cómo lograba alcanzar esa tensión tan desesperante. “Cuando haga mi última función te lo cuento”. Ese día llegó y se lo contó. “Lo que más detesto por encima de cualquier otra cosa es lavarme con agua fría. Trato de imaginarme bajo una ducha helada”.

  Me ha gustado mucho y ha merecido la pena los cinco euros que me costó. Ahora tengo una imagen más solvente de Miller que la que tenía antes: el suertudo que pudo tener a la mítica Marilyn Monroe.

domingo, 13 de febrero de 2022

EL CLUB DE LECTURA AL FINAL DE TU VIDA. WILL SCHWALBE.

  Este libro ya lo había visto muchas veces en Center Book, que es uno de esos comercios donde se venden libros nuevos pero de saldo, mezclados con otros tipo Taschen, y otros de gran tirada; títulos de los más vendidos. A veces he encontrado libros bastante buenos y baratos, como los de la colección de Galdós o la última de Pío Baroja a cinco euros. Este que me ha ocupado costaba cuando salió 20 euros, luego a 5 de saldo y al final, el día que lo compré, por uno. Un euro, menos que un cortado. La verdad es que da pena ver esos montones de libros apilados, libros que fueron la apuesta de gente preparada y de esfuerzos compartidos para verlos así, o salvados por un euro o como carne de guillotina. No me he arrepentido.

  Schwalbe, un editor y periodista cultural de Nueva York de mi edad cuenta la enfermedad de su madre, cáncer de páncreas, y del club de lecturas que se montaron para llevar mejor el trago. Si es para hablar de libros seguro que algo se puede sacar, pensé. Una de las primeras novelas que comentan, éxito apabullante en EEUU, fue En un lugar seguro, de Wallace Stegner. La he buscado y efectivamente está traducida y editada por Libros del Asteroide. Y la tuve en las manos antes de esta exultante recomendación. Por supuesto ya está en la lista de compras cuando le toque.

  En el libro se habla mucho de la enfermedad, de la muerte que se aproxima, de la vida que se va a ir dejando atrás y, claro, de libros. Se habla de muchos libros; muchos no los conozco y no he sentido curiosidad por leerlos; otros ya los he leído y otros ya están apuntados. También se habla de la forma de leer, de la dificultad de leer algunos libros: qué duro que es leer la novela de Thomas Mann, José y sus hermanos, dice Schwalbe. A él le cuesta mucho pero su madre insiste en que es un libro genial y que es como un catálogo de todos los comportamientos  humanos, además de ser muy divertido. Entonces el hijo le dice que el traductor al inglés le había dicho que “conviene empezar por la página cien y volver al comienzo una vez terminada la lectura”. Yo eso no lo he hecho jamás con un libro pero conozco gente que sí. 

  Hemos dicho que el autor es de mi año de nacimiento y he comprobado que compartimos maneras de entender las cosas. “Anunciaba que ciertos libros eran un poco demasiado adultos para nosotros. Nada nos hacía abalanzarnos más rápido a leerlos”. ¡Cuántas veces habré dicho yo eso mismo: lo mejor para que los jóvenes lea en Quijote, prohibirlo.

  Me ha gustado más de lo que me esperaba; mucho menos el título. Creo que ahí no estuvieron acertados. Su madre, la verdadera protagonista, Anne Mary Schwalbe, fue una activista social, agitadora cultural, impulsora de programas de bibliotecas en países en conflicto, etc. Descanse en paz.