sábado, 15 de septiembre de 2018

ANDRES TRAPIELLO. TROPPO VERO.



  Séptimo tomo leído de Don Andrés. Este año será definitivamente año Trapiello porque me pasa como a Ribeiro con el tabaco: necesitaba tener siempre un paquete nuevo antes de que se le empezara a acabar el que usaba y consumía. Pero en esta ocasión creo que voy a esperar a que salga el nuevo de otoño. Ya veré.
  Este tomo está escrito en el año 2008 pero pertenece a la vida de 2001. O quizá habría que decir que está vivido y escrito en el año 2001 y pasado a novela en el 2008. En cualquier caso sigue siendo igual de fascinante. El libro, de casi ochocientas páginas, se lee como agua fresca.
  Para comprarlo busqué en varias librerías físicas sin encontrarlo, claro. Cada vez es más difícil encontrar algo que no sea de rabiosa actualidad. Y en las páginas de internet tampoco lo era fácil hallar un ejemplar que no fuese tan caro o más que el que vende la editorial. Así es que después de buscar un rato encontré uno en una librería de Málaga. Llamé. Me dijo que estaba en buen estado y que me lo vendía por 24 euros. Vale 35 nuevo. Me dijo que le hiciera una transferencia y que me lo envolvía y enviaba al instante.  Me advirtió que tenía un ex libris del anterior dueño: Emilio Carrasco. No me importaba; a saber dónde acaban los míos.
  A las pocas páginas me di cuenta que de vez en cuando aparecía una raya hecha a lápiz. Una errata. Y la verdad es que aunque tiene tantas páginas apenas habré contado veinte. Y fui anotándolas por si se trataba de un mensaje oculto o la frase que pudiera resolver mi vida: Proporcional, Zorrilla, etcétera. No té enseguida que no, que el lector sólo quería mostrar que veía muy bien y que leía atentamente.
  Otra de las cosas que me he dado cuenta de Trapiello –ya es como de la familia- es que es muy buen “golpeador” pero mal encajador. O dicho de otra manera: se pica mucho cuando lo critican pero él a su vez critica a muchos y los critica con bastante arte. Le salvaría –aunque yo, como a las mujeres guapas, se lo perdono todo- tener la mandíbula más dura.
  Creo que ya lo he contado: el autor este verano me recomendó leer el último y luego empezar de antiguo a moderno. No le hice caso. Leo de adelante hacia atrás. Los niños, al contrario que en la vida, van siendo más jóvenes, niños. Y él y su mujer van creciendo hacia atrás, cada vez más jóvenes. Pero siguen siendo, felizmente, los mismos. Y las cosas que cuenta, igual de interesantes. Su colección de ideas: Olores: “El de las tahonas de las ciudades al amanecer, El de la primera lluvia del verano sobre los campos agostados. El humo de leña de encina en el campo”, etcétera.
  Más Rastros, más Viñas, más viajes y premios, más enfados y enfermedades, más amigos muertos, más paseos solitarios, más hablar de los libros que lee, más vida. Y que no decaiga.  

sábado, 8 de septiembre de 2018

UN CAMINO EN EL MUNDO. V.S. NAIPAUL.



  En una mesa gigante del Rastro, como si fueran calcetines de oferta o bragas y calzoncillos para señora o caballero, había centenares de libros y entre ellos esta edición de Círculo en perfecto estado, y quien estaba a cargo de la venta era también una de esas gitanas que venden todo tipo de productos: corta patatas, bragas, calzoncillos o libros. Un camino en el Mundo. Dos euros. Naipaul acaba de morir y como no había leído nada de él decidí adquirirlo. Pero, no sé, nunca me ha caído muy simpático este hombre. Ni los artículos leídos en la prensa ni su cara, siempre un poco revenida, me gustaron nunca. Pero a priori el tema del libro me podría llegar a interesar. La inmigración de hindúes en una isla del caribe, Trinidad, la infancia, los años escolares, viajes, etc. Pero se han confirmado mis intuiciones, mis, si se quiere, prejuicios. El libro se me caía de las manos. No hay temas atractivos, temas aburridos. Sólo la forma de afrontarlos puede ser divertida o no. “El día en que desembarcaron al primer esclavo, esa región se convirtió en territorio negro. Si hubieran sabido que eso iba a ocurrir, seguramente se lo habrían pensado dos veces”. No sé yo qué le hubieran dicho si lo hubiese escrito en estos días en algún periódico.
  Mala suerte aunque a él ya le dé igual. Quizá elegí (o me eligió él a mí) mal el primer libro de este autor y me esté perdiendo algo fantástico, pero tardaré en saberlo.

martes, 4 de septiembre de 2018

LA ESFERA Y LA CRUZ. G.K. CHESTERTON.



  Hasta hace no muchos años la gente orientaba sus lecturas a través de las revistas culturales o la correspondiente sección de los periódicos o se dejaba aconsejar por amigos de confianza.  La gente leía de qué iba un libro para comprarlo. Ahora con internet es diferente. Puedes informarte desde múltiples plataformas. Foros, blogs, editoriales, etc. Y también –es el caso- para saber de qué va un libro una vez leído.
  La verdad es que el libro de Chesterton es un cuento en apariencia de fantasía, como escrito para jóvenes. Nada más alejado de la realidad. Es todo él un duelo de ideas, la lucha del racionalismo contra la religión. El autor británico hace que la religión gane, claro, porque él defendió su cristianismo hasta el final. En esa lucha de espadas y cuando ya no hay fuerzas para seguir, las espadas reposan haciendo la señal…, bingo!, de la cruz.
  Toca, aparte, varios temas que a él le dedicaban todo el tiempo. El periodismo por ejemplo: "El periodismo resulta escasamente razonable a la hora de informar acerca de los milagros permanentes. Sus perezosos directores jamás anunciarán en sus titulares: Mr. Wilson sigue perfectamente sano. (...)  Nunca hablan de los tenedores que no han sido robados, ni de los matrimonios que no se han disuelto jurídicamente. Así, el retrato que hacen de la vida es una falacia necesaria para sus intenciones; sólo pueden ofrecer una representación fiel de lo que es poco habitual. Por muy democráticos que sean, en realidad sólo se sienten concernidos por lo minoritario"
  Es un volumen de bolsillo de la editorial Valdemar, regalo de un compañero con el que intercambié muchas horas de grata conversación. A él parece ser que le vino muy bien todas estas sugerencias de la religión para sobreponerse a los baches amargos que se presentan en la vida. Su emocionante dedicatoria: “Que disfrutes esta novela atípica, llena de movimientos delirantes e iluminadores. Dale tiempo y saboréala despacio. No leas como andan las almas de hoy: de aquí a allí, sin estar aquí ni allí.
  Es la última parte donde empezarás a entender algo de la novela. Chesterton suele desatar, al menos en mi caso, un sentimiento de amor y odio. Odio por la dificultad de sus paradojas y amor por su sabiduría alumbradora, siempre llena de matices nuevos y frescos.
  Fue a través de Chesterton cuando empecé a entender algo sobre el mundo y la iglesia. Luego vino Papini y Lewis. Y más tarde los padres de la Iglesia, Pascal y Ratzinger, por nombrar solo algunos de los grandes apologetas que están sacando del pozo infinito y oscuro de la nada.
  Fue también un honor blandir mi espada contra ti, y por favor, pídeles a tus dioses paganos por mi plena conversión. Yo pediré al mío por la suya y para que el Eterno le acoja eternamente en su seno”. 

  No seré yo el que le quite mérito al poder redentor de la religión. Si hace un bien a alguien que sufre y que lo necesite, adelante. Es verdad que con los que suelo hablar largo y tendido y civilizadamente suelen ser más creyentes respetando mi ateísmo contundente. Siempre he respetado la manera de pensar de los demás. Somos el resultado de mil avatares: biológicos, familiares, de amigos, colegios, trabajos, geográficos. Cómo no vamos a pensar distinto. Lo que me sorprende es que haya masas pululando por el mundo de pensamiento único. 
  Frases subrayadas: 
  “¿Acaso cree usted que para la Iglesia católica los cristianos son los únicos buenos?”.
  “Ya se ha dicho que no tenía nada de francés, pero es que ir en contra de la tradición francesa resulta a menudo cosa extraordinariamente francesa”. Aplicable a los independentistas catalanes, los más españoles de todos.
  “Usted crea un millón de mundos, pero sólo uno parece habitado. ¿Qué tiene que decir a todo eso, eh? ¿Vamos, ¡dígalo!”
  “La disciplina es más importante, para el conjunto de la sociedad, que la justicia y la libertad individuales”. 

  Un placer tener amigos así, libros así: “Al fin y al cabo, el apacible cambio de opiniones entre dos hombres es práctica tan poco habitual como elegante”.

domingo, 26 de agosto de 2018

SERGIO DEL MOLINO. LA HORA VIOLETA.



  Hace unos años un amigo perdió a su hijo. Fue de leucemia. Tenía veinticinco años y era un chico con toda la vida por delante, como todos, pero en este caso la frase podría acentuarse: era deportista, buen estudiante, guapo, amable. Cuando le preguntábamos durante la enfermedad siempre respondía con diferentes estados de ánimo. “En el último control todo ha salido bien”, “Ha tenido fiebre toda la semana”. Un día tuvimos que ir al velatorio para darle el pésame. Su frase recurrente: “Dios no existe, no puede existir”.
  Sergio del Molino ha intentado encontrar una palabra que defina a los padres que pierden un hijo. El de Sergio tenía apenas dos años. No cae nunca en sensacionalismos pero podemos ver cómo es el calvario de unos padres de aquí para allá intentando salvar la vida de su único hijo hasta entonces. Me ha recordado –en el libro se menciona varias veces- el libro de Francisco Umbral, el cual también perdió al suyo siendo un niño un poco mayor, creo recordar de siete u ocho años.  Si acaso el de Umbral es más de buscar el dolor en el fondo de la poesía: “Si supieras, hijo, desde qué páramo te escribo, desde qué confusión de lágrimas y ropas, desde qué revuelta desgana”.
  Sergio del Molino se ha convertido para mí en uno de los grandes actuales. Es muy bueno. Sabe conectar con el lector. Siempre es interesante. El libro, lo veo ahora, no tiene ni un subrayado. Se lee muchas veces en un estado de congoja en la que no faltan las lágrimas. Y lo hace con sólo unas pinceladas, la cabeza ladeada de su hijo en la cama; las chicas que no conocerá, las cervezas que no beberá, morir antes de vivir.
  A partir de ahora siempre en la memoria, Mortal y Rosa, La hora violeta. Grande Sergio del Molino.

martes, 21 de agosto de 2018

LUCIA BERLIN. MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA.



Una serie de circunstancias hizo que me decidiera a comprar y leer este libro. Primero porque unas amigas me confesaron que lo habían tenido que dejar por ser muy fuerte, porque les impactaba su lectura, porque era duro leer. Esa fue la principal. La secundaria es que lo vi en la Cuesta de Moyano por el increíble precio de cinco euros cuando está editado hace un par de años poco más o menos y ha tenido cierta repercusión en los medios de comunicación. Todavía lo tienen en los montones de libros más vendidos y vale más de veinte euros. En cualquier caso y después de terminarlo el otro día puedo decir que no me ha gustado. Cualquier párrafo de Chukri, de Boukowski, o de Boris Vian, por decir solo algunos, tiene más “dureza” que las historias de esta buena mujer. Lo primero que diría, el adjetivo que pondría es que es insustancial. Otra vez con lo mismo: cada vez que pasaba una página me decía: No me importa, me trae sin cuidado. Los problemas de una mujer para sacar a sus hijos adelante, haciendo varios trabajos y con problemas de alcohol. “¿Sabes una cosa que he aprendido en la vida? La mayoría de la gente no se fija en nada, y si se fija, no le importa”. En este caso, del cuento Penas, página 208, que viene a cuento de que no me importe, sólo en este caso.
  José María Guelbenzu, el gran crítico perenne de El País, ponía este libro por las nubes: Dice que todo el libro es de “primera”. Por eso cada vez tienen más peso los blogs particulares –aclaro que el mío no lo lee nadie porque es secreto- y menos peso los críticos eternos. Se huele cierto interés en vender determinadas líneas editoriales, ensalzar cosas para lanzar el número de ventas. “Su escritura parece saltar de una cosa a otra”. ¿Parece? Estoy de acuerdo. Son como esos charlatanes que no paran de hablar sea de lo que sea. ¡Cuántas veces habré dicho esto mismo! Pero es que es verdad. Mucho material pero casi siempre insustancial. Prescindible cien por cien.