Datos personales

Mi foto
ermigiru@gmail.com

jueves, 10 de agosto de 2017

LORENZO SILVA. RECORDARÁN TU NOMBRE.





   Están de moda, y me encantan (mira que lo habré dicho veces), las novelas en las que el autor-narrador sale cosiendo la historia en vivo, de presente, por entre las páginas, uniendo los hilos por aquí y por allá, los porqués, las entrevistas, los viajes, su familia, sus circunstancias, como las de Cercas o las de Carrère, del que habla en el segundo capítulo. Esta novela es de esas. Y el tema, la negativa de un militar de alta graduación, en el comienzo de la Guerra, a alzarse contra el gobierno, lo que me impulsó a su compra. “Uno escribe desde su vivencia y desde sus ideas...”.
  Habla en los primeros capítulos de sus dos abuelos, de sus desdichas en las guerras de Marruecos, y en la de España, y que se siente muy orgulloso. Me parece muy bien. Luego que se encuentra con la figura histórica de José Aranguren, a propósito del libro que publicó hace unos pocos años: La aventura histórica de la Guardia Civil.  Cuando se enteró de su papel en el alzamiento vio que había tema. No es para menos. Este libro podría ser una segunda parte (buena como la serie del Padrino) de la novela que leí hace muchos años “La guerra del General Escobar”. Escobar fue el Coronel que estaba a las órdenes de Aranguren en aquellos tristes días. Publica las cartas personales que se cruzó con Lorenzo Rubio, bisnieto del General para intercambio de información. Visitas, cenas, estancias, fotos, condecoraciones y conversaciones: todo se aprovecha para escribir una novela.
  En el capítulo 8 ya entramos en la biografía propiamente de José Aranguren: Nació el 8 de abril de 1875 en Ferrol. Sí, como Franco del que fue amigo íntimo y quien no movió un dedo por evitar su fusilamiento. Las vicisitudes recorren los siguientes capítulos: Vida dura llena de guerras, familia, hijos, desplazamientos, tensiones, sinsabores y muerte. Se cuenta muy bien el contexto histórico: Las grandes huelgas, las grandes derrotas militares en Marruecos, la traición de la Generalitat en el 34, el alzamiento, las dudas espantosas de los protagonistas, las detenciones, las ejecuciones... Ojalá que ni nuestra generación ni la siguiente tengan que pasar por todo aquello.
  En definitiva, un libro necesario para rescatar del olvido, para traer a la memoria, a una figura clave en el devenir de nuestra historia reciente. En su lápida ni siquiera figura su nombre: José Aranguren Roldán, “un gesto de discreción de los suyos”. Tan solo pone “Familia de Ponte y de Aranguren”. No lo recuerda la Guardia Civil a la que dedicó toda su vida, ni su pueblo natal, ni la Generalitat a la que sirvió. No importa. Lorenzo Silva ha hecho un trabajo maravilloso y, al menos, sus lectores, no lo olvidaremos nunca.

miércoles, 9 de agosto de 2017

ocho de agosto, ¡qué calor!



  En lo que va de año han muerto trescientas personas ahogadas. Sin embargo muy pocas en encierros. Propongo, para disfrute del público, una actividad menos peligrosa que el nadar, como es correr delante de 6 toros bravos con sus cabestros correspondientes.
  Ayer supe de un hombre, alemán de origen, de setenta años, que en varias de estas calurosas noches de verano se dirige a un puente de Salamanca, se lanza al río vestido, se deja arrastrar por la corriente hasta el puente siguiente, sale, se va a su casa y cuando llega tiene la ropa seca; dice. Alguien lo ha visto y ha avisado a la policía, que ha avisado a los bomberos y a las ambulancias. El hombre, ante la pregunta de algún anónimo ha dicho: “¿Dónde está el problema?” “No hago daño a nadie” “Cuando llego a casa mi ropa está seca” “No quiero que nadie me rescate”. Da igual. La policía lo busca porque, dicen, crea alarma.
  Propongo igualmente que en los chiringuitos de las playas se instalen medidores de alcoholemia. Un hombre grueso de setenta años, pongamos, que se mete tres jarras heladas de cerveza y un cubata después de comerse un arroz incomible. Que se mete en el agua y le da un perrenque cardiaco. Ese hombre figura en las listas de ahogados.
  Está habiendo ahogados en los pantanos de Madrid y no hay socorristas porque los ayuntamientos no pueden pagarlos. Ahí tenemos otro nicho de trabajo: Un plan E de socorrismo. Un camarero, un socorrista.

martes, 1 de agosto de 2017

CARMEN IGLESIAS. RAZÓN, SENTIMIENTO Y UTOPÍA.




  Carmen Iglesias es una historiadora, académica de las Reales Academias de la Lengua Española y de la Historia; tutora de la Infanta Cristina y del actual Rey de España. Quizá ahora, de ser la solapa de este libro más actual suprimirían lo de la Infanta.
  Este libro lo vi en la feria del libro antiguo y de ocasión en Recoletos en la primavera de 2017, después de dejarme 5,60 euros en un café con dos churros en el famoso Café Gijón. Y lo compré porque no hacía mucho escuché una conferencia en la Fundación Juan March sobre la figura de Montesquieu. Me pareció tan amena, tan entusiasta que no me pude resistir. Y el precio: 10 euros.
  No se habla aquí solo de Montesquieu sino de las ideas de la Ilustración. De Rousseau, de Voltaire, de Diderot. Sabemos que estas ideas trajeron la Revolución de 1789 y que esta trajo a Napoleón y sus millones de muertos pero creo que sentó las bases para que la relación del individuo para con el estado  cambiara para bien desde entonces. La esclavitud, la tortura, las penas de cárcel, la guerra, la religión la superstición, todo eso iba a cambiar en la mentalidad de los hombres.
  Comienza el primer capítulo por las “Semblanzas” con las biografías de estos grandes hombres que ya he mencionado: Montesquieu: “Esta libertad no consiste en poder hacer lo que se quiera, sino, más bien, en poder hacer lo que se debe querer hacer; es el derecho a hacer lo que las leyes permiten. La libertad queda, pues, definida en función de la legalidad; es fundamentalmente una libertad basada en la seguridad, en la ausencia de miedo y de arbitrariedad; sólo se es libre en el marco fijado por la ley”. “Sólo el despotismo es uniforme y simple…”.
  Rousseau: “Es necesario enseñar a los hombres lo que quieren, conformar a veces sus voluntades a la razón”.
  El volumen lo conforman una serie de artículos y en algunas partes se ve que se repiten ideas, como el tema de la separación de poderes.
  “La libertad es un alimento de buen gusto y de fuerte digestión; se necesitan estómagos bien sanos para soportarla” “De ahí que la libertad sea todo lo contrario a la tranuilidad perezosa de los pueblos, a la paz de los cementerios de las dictaduras, como ya señalara Montesquieu”.
  “Ya Nietzsche advertiría irónicamente sobre la imposibilidad de todo paraíso que no esté “bajo la sospecha de las espadas”.
  Como dice la contraportada sobre el pensamiento de la Ilustración: “…una mirada rigurosa sobre aquella época de esplendor para el pensamiento, y de cuyos valores somos herederos y directos beneficiarios”.

martes, 11 de julio de 2017

Nacida el 4 de julio



  Qué certera esa frase que dice que el hombre, en la vejez, no es que vuelva a la infancia, es que no la ha dejado nunca. Lo que pasa es que, aunque sea también una idea manida, los juguetes salen mucho más caros. He estado ahorrando más de una año y me he comprado una nueva bicicleta de montaña. Carbono, ruedas más grandes, más ligera, preciosa, carísima. ¿Hacen estas cosas secundarias más felices a las personas? A mí desde luego que sí. Salgo a rodar por el campo y me siento feliz, pletórico. Eso sí, me ha destrozado un poco la economía porque el sábado, del chaparrón enorme que me cayó, el móvil se estropeó y me he tenido que comprar otro: economía afectada pero… en tres años –lo que me ha durado el anterior- la tecnología ha cambiado una infinidad para bien. El móvil es ahora, en este futuro, una máquina en la que todavía no nos hemos dado cuenta lo que tenemos entre las manos: una cámara, un video, un correo, un navegador con gps, un ordenador, una brújula, una biblioteca, toda la música, los contactos y la comunicación con amistades y familia, una tienda gigante, toda la prensa…, y un ¡teléfono! Creo que solo le falta un mechero para el fuego y una navaja para hacerse un bocadillo.