viernes, 29 de enero de 2021

VIDAS PARALELAS. VIDAS DE ALEJANDRO Y CÉSAR. PLUTARCO.

 

  Una lectura que tenía ganas de emprender hace años: Las vidas paralelas de Plutarco, en especial la parte más famosa: Vidas de Alejandro y César. Tantas referencias en obras de historia, en conferencias, en novelas. Y cuando vi que tenían esta edición en Acantilado me hice con ella. Leer este libro es como lo que se dice de Nueva York. Aunque no hayas estado nunca cuando llegas parece que ya la conoces tantas veces la has visto en películas y fotografías.

  Son pequeñas biografías en las que se cuenta la historia de su vida, cómo es el personaje más que sus vicisitudes en batallas. “Mi propósito no es escribir historias, sino vidas”.

  Fueron escritas en el año 96 y en aquella época todo el que quisiera ser culto debía dominar el griego. La capital del mundo antiguo no era Roma sino Rodas. Alejandro llevaba siempre consigo un libro: La Iliada.

  Una cosa en común que me ha llamado la atención es la capacidad que tenían ambos para ser magnánimo con los vencidos. “Y escribió a los amigos de Roma que el mayor placer de la victoria era salvar a los ciudadanos que habían combatido contra él”. Y que se apenaban grandemente por el futuro de sus soldados: todos estarán muertos en unos años. “Tampoco miró con indiferencia las estatuas derribadas de Pompeyo, sino que las hizo volver a levantar, por lo que Cicerón dijo que César, al poner en pie las estatuas de Pompeyo, afianzó las suyas”.

  Dos apuntes que ya sabía pero de segundas: El hecho asombroso que decía que Alejandro, a pesar de ser joven y estar todo el día de aquí para allá, en campaña, emanaba de su persona un perfume extraordinario: “Aristóxeno cuenta en sus memorias que su piel y su boca exhalaban una fragancia agradable que impregnaba su ropa”. Otro es cuando llega a la ciudad de Gordio en la que se decía por parte de los bárbaros que quien deshiciera el nudo de un carro, atado con cuerdas de cornejo, dominaría el mundo. Y Alejandro cortó el nudo con su espada de un fuerte tajo, pasando a la historia esa frase que confirma eso de que si la violencia no sirve para resolver trifulcas es porque no se ha usado con la suficiente fuerza y determinación: El nudo gordiano o resolver un asunto complejo a lo bruto.

  En Julio César por supuesto lo más admirable es el relato de su muerte. Fue tan pública, tan rodeado de senadores y testigos que luego lo contaron a muchos y quedó la constancia para la posteridad. Por la forma de contarlo parece haber sucedido esta mañana.

  “El día anterior, cenando con Marco Lépido, mientras escribía unas cartas como acostumbraba, recayó la conversación en qué clase de muerte era la mejor, y exclamó adelantándose a todos: La inesperada”.

  César comienza a recibir la primera cuchillada a la altura del cuello, poco profunda, no mortal pero “...cuando Bruto había sacado la espada, se echó la toga sobre la cabeza y se dejó caer”. “Se dice que recibió veintitrés, y que muchos de los conjurados se hirieron entre sí, al querer asestar todos esos golpes a un solo cuerpo”.

  Tremendo. Un gustazo. Leeré más Vidas Paralelas.    

 

miércoles, 27 de enero de 2021

ANDREA ABREU. PANZA DE BURRO.

 

  Esta novela la he leído después de leer encendidas reseñas positivas. De una editorial pequeña e independiente: Barret. Su autora, una joven de la edad de mi hija Sara, es canaria, de un pueblo al norte de Tenerife. Después de diferentes periplos se estableció en Madrid donde ha ejercido diferentes oficios; antes estudió periodismo en la Universidad de La Laguna y un máster en la Rey Juan Carlos en Madrid. Un día se apuntó a un taller de literatura en Fuentetaja, cuya profesora era Sabina Urraca. Después de colaboraciones en diferentes medios y de varios premios, menores (para quien empieza seguro que es el premio más importante del mundo), y alentada por Urraca, la editora (su primer libro editado) escribió su primera novela: ésta.

  En el comienzo del libro  se encuentra el prólogo de Urraca: elogioso, bien escrito, invitador, apasionado, enamorado, seis páginas que presenta la obra como algo inaudito, extraordinario. “He pensado que podría expresarse a través de un grito en una playa. Nada más”.

  Me queda una duda. A lo largo de mi vida he asistido a clases de pintura, de dibujo. La evolución ha sido espectacular, y en pocos meses realizaba obras más que aceptables; algunas realmente meritorias. Después, cuando dejaba las clases e intentaba por mí mismo hacer cosas parecidas las diferencias eran notables, a peor. Aquí, en el caso que nos ocupa ha podido ocurrir lo mismo, que no digo yo que sí. Pero hay que recordar que Abreu asiste a las clases de Urraca y va entregando los capítulos temporalmente, imagino que recibiendo consejos, instrucciones e ideas, aunque, por supuesto el núcleo de todo esté en la escritora. Dice Urraca que contiene un pulso poético y una falta total de miedo. Y que sintió envidia. En muchos comentarios sobre  esta novela he visto cosas parecidas: que sintieron envidia al leerla.

  Mi impresión: es una novela de una mujer joven con mucha frescura y con imágenes potentes que se quedan en la memoria, de momento durante los días que hace que terminé. La narradora es apenas una adolescente que vive en una aldea en la sierra, en Tenerife. Es la voz de una niña que está penetrando en la vida y aún no ha dejado las muñecas. Y lo ve todo con ojos asombrados. Es ciertamente valiente para contar las cosas que cuenta. Son las cosas que de una u otra forma nos han pasado a todos pero que mantenemos escondido en nuestro corazón para bien o para mal.

  En determinados capítulos se hace eco del habla peculiar de la región y lo hace muy bien. A uno le da la impresión que oye a alguien hablando en venezolano o en cubano o en canario. Ya lo hizo Cabrera Infante, Pedro Juan Gutiérrez, etc.

  El personaje con la que la narradora se identifica y a la que admira sobre todas las cosas es su amiga Isora. A Isora no le da vergüenza hablar con los mayores o con las señoras o con gente de fuera. Admira su desparpajo y se deja arrastrar por ella.

  Tiene una riqueza de palabras grande: “La noche de San Juan mi abuela formó una fogalera gigante”. “humasera”, “todo machurriado”.

  En definitiva, la novela le he leído en unas pocas horas y no me ha aburrido nada. Aunque tan fuerte me la habían presentado que tampoco es para tanto. Es un mundo intenso como lo es el mundo de una adolescente.

  Dice Trapiello que un libro escrito en otra edición dice cosas distintas. Este libro está editado, como se dice de las comidas ricas, con cariño. Huele muy bien a tinta fresca. Hojas ligeramente amarillas de calidad. Y en el sobre de promoción dice que han vendido ¡20.000 ejemplares! Me alegro muchísimo y espero que este éxito le sirva para emprender otros proyectos.

 

lunes, 25 de enero de 2021

CONVERSACIÓN EN LA CATEDRAL. MARIO VARGAS LLOSA.

 

  Por diversos motivos he vuelto a emprender esta lectura después de la primera vez que, según el billete de lotería que usé como separador, es del año 1998. Y como dicen ahora mucho los políticos recuerdo que lo hice, arrastrando los pies. Editorial RBA, de una estupenda de colección de quiosco. Queda para el recuerdo y la posteridad una de las frases que da comienzo al libro: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”. La verdad es que MVLL se vino arriba. A veces me dan ganas de buscarlo y tirarle el libro a la cara. Un día me lo crucé cerca de la Plaza Mayor charlando amigablemente con Luis Goytisolo. Debió ser dificilísimo escribir esa novela y él mismo la ha reconocido como la que más trabajo le dio; no es más fácil leerla. Se mezclan los diálogos en cada línea; tanto de personajes como en los tiempos. La historia se va llenando de personajes que ya no sabe uno quién es quién. Cuesta ir abriendo la puerta pero a base de ir empujando se va abriendo hacia el núcleo de la historia. Y de pronto aparece la cara y el espíritu de Santiago Zavalita: aparece si no el propio MVLL, sí uno basado en él, como el joven periodista de El Comercio.

  Así que, venciendo todas estas dificultades lectoras aparecidas hace ya veintitrés años me he dispuesto a intentarlo de nuevo. Es una obra maestra, efectivamente. Pero hay que estar muy atento. Todo lo que se cuenta surge de una conversación en la Catedral, que es un bar algo cutre, y hablan de política, del poder, de las envidias y las aspiraciones, las traiciones, la corrupción y los crímenes que conlleva el ejercerlo. Quienes conversan son Santiago Zavala, Zavalita, alter ego del escritor como he dicho, de profesión periodista en el Crónica, y Ambrosio, el chófer del político y padre de Santiago, Don Fermín, un lugarteniente al principio del dictador Odría. La técnica en la narración a veces es tortuosa. Mete por ejemplo dos conversaciones intercalando preguntas y respuestas de una y de otra. Al final hace que para el lector sea un sufrimiento.

  Otros personajes son Amalia, Hortensia, Cayo Bermúdez (Cayo Mierda), Teté, y un largo etcétera. No es mala cosa tener cerca la wikipedia donde aparecen los principales y los secundarios para no perderse.

  Está ambientada en los años cincuenta durante la dictadura de Odría. Otra novela de dictadores que tan prolíficas han sido en la literatura latinoamericana. Pero yo me quedo, prefiero, La Fiesta del Chivo, o Yo el supremo, de Roa Bastos, o El Señor presidente de Miguel Ángel Asturias.

  En definitiva lo que viene a contar esta novela es la degradación del Perú. Y tengo familia directa que podría confirmarlo en la actualidad después de haber vivido allá varios años.

domingo, 17 de enero de 2021

UNAMUNO. DIARIO INTIMO

 

   Lo he leído en apenas dos días. Me imaginaba otra cosa. Acertaron los editores en titularlo Diario Íntimo, de Unamuno, porque así no deja entrever de qué se trata realmente. Se trata, más que de un diario de quehaceres, de lecturas, de viajes o de conversaciones; de reflexiones, ideas muchas veces repetitivas en torno a la fe, a la religión, a la muerte, al más allá y en sufrimientos y vértigos provocados por el demasiado intelectualismo.

  Hay párrafos enteros en latín, frases en griego y párrafos copiados de la Biblia. Se trata de cinco cuadernos encontrados entre las cosas del pensador vasco. Ya avisan los editores que están escrito muchas veces de manera un tanto sui géneris, tanto en la construcción de las frases como en la forma de acentuación (molesta mucho ver todas las “ases” acentuadas) así como ver en las interrogantes ¿Porquéses? Así, todo junto.

  No obstante se le pueden sacar algunas cosas de interés. De San Felipe Neri: “El verdadero siervo de Dios no conoce más patria que el cielo”. Esto no debieron leerlo los descendientes vascos servidores de la iglesia vasca los cuales hacían más política terrenal que celestial condenando casi a las víctimas del terrorismo y “salvando” a los asesinos.

  Otra cosa que se repite también mucho en su Vida de Don Quijote y Sancho, como: “¿Qué es hoy, en la tierra, Cervantes más que Don Quijote?” Esa es la grandeza del escritor: haber creado una criatura tan viva en el recuerdo como a las criaturas de carne y hueso.

  Cuando escribe estas cosas todavía le faltaban por vivir más de una treintena de años y ya estaba obsesionado con la muerte: “Sólo se comprende la vida a la luz de la muerte. Prepararse a morir es vivir naturalmente”.

  “A nadie le aterra ni sobrecoge el meditar en la vida de Dios antes de la creación del mundo, el imaginar una eternidad antes del tiempo ¿por qué ha de sobrecogernos la idea de la vida de Dios después de la creación, si esta se disuelve en un día?”.

  “No hay música más grande ni más sublime que el silencio, pero somos muy débiles para entenderla y sentirla”.

Y más que a la muerte se teme a la nada, a no sentir, a preferir incluso el infierno porque así al menos, sufriendo, se vive. “En el infierno –me decía- se sufre, pero se vive, y el caso es vivir, ser, aunque sea sufriendo”.

  El sentimiento del que no quiere morir ni vivir; cómo escapar: “¡Cuántos de los que se suicidan lo harán por liberarse de sí mismos y no de una vida gravosa!”.

  Madre mía si Unamuno levantara ahora la cabeza y viera en qué se ha convertido el mundo; que no digo yo que sea peor, que ya bastante malo era el suyo, pero se queja de los insultos que le prodigan. “¿Qué diferencia hay de los insultos oídos a los que llegan a nosotros? ¿Por qué hemos de inquietarnos y dolernos de ofensas que en no oyéndolas, es como si no hubieren sido? Lo triste es que daban salida a sus malas pasiones”. Ahora no puede uno dejar de oír los insultos porque hay millones de altavoces prestados a todo tipo de voces.

  La aterradora idea de la eternidad: “Porque cójanle a un hombre en un momento cualquiera de su vida, el que crea más feliz, y háganle creer que ese momento se eternizará y hará perdurable, y a poco que se pare verá en ello un infierno”.

  Hasta otra profesor Unamuno.  

viernes, 15 de enero de 2021

A FLOR DE PIEL. JAVIER MORO.

 

  Venía en el coche y Julia Otero hacía una entrevista a José Tuells, especialista en la expedición que llevó la vacuna de la viruela a miles de personas a principios del XIX. Luego entró en antena Javier Moro, el autor. Hablaron mucho y tendido sobre esta novela publicada en el año 2015. Ahora ha sido noticia porque la presidenta de la Comunidad de Madrid le ha puesto el nombre al hospital de referencia del Covid, el de la enfermera que acompañó al Dr. Balmis: Isabel Zendal, o Sendales. Y revisando los libros que mi hija Sara dejó en su habitación vi que lo tenía.    

Esta novela está construida a la antigua en el mejor sentido de la palabra. Contar una historia, simplemente, ni más ni menos. Sin florituras, sin experimentos formales o informales. La historia de una expedición científica. Javier Moro es a la escritura lo que Ferrer-Dalmau a la pintura: realista, efectiva, con su ritmo y sus colores. Decían que el médico jefe de la expedición tenía mal carácter. Quizá sea la única manera de llevar a buen puerto una expedición así. El médico Salvany, segundo en el mando, le llegó a decir a Zendal de Balmis que “Quiere a la humanidad más que a los humanos”.

  “En un abrir y cerrar de ojos de uno de sus tics, pasó de ser un hombre tímido y zoquete a transformarse en lo que en realidad era: un científico con un agudo sentido del método, un gestor con grandes dotes de organización y, sobre todo, un hombre con una visión clara y realista de los problemas”.

  Una frase que da una idea de cómo era Balmis, seguidor de las ideas de la ilustración en España. Y no solo era un gran científico, era sobre todo un organizador: “Crear una serie de juntas de vacunación en cada territorio, presididas por un jefe de distrito”. Esas juntas perduraron incluso después de la independencia de los países de ultramar. Todo desapareció menos eso. Así lo resolvió Simón Bolívar, sabedor de la importancia para la salud de sus pueblos.

  De Isabel Zendal cuenta lo que puede deducirse: que se le daban muy bien los niños. Que procedía de orígenes humildes, de una aldea cerca de La Coruña, que tenía un gran carácter y fortaleza para sobrellevar los sinsabores de una expedición como la que emprendieron. Ignoro si es verdad la relación amorosa que mantuvo con el Obispo de Puebla, Méjico, Ricardo María Rodríguez del Fresnillo. Pero ya se sabe que en la realidad pasan cosas y aún más extrañas que en la ficción. Quién sabe.

  La expedición fue impulsada debido a la expansión de la viruela tanto en los territorios de ultramar; Méjico, Colombia, Perú, Venezuela, Filipinas, como en la península. Desde el año 1803 al 1810, siendo rey de España Carlos IV y Godoy primer ministro. Para ello se hicieron con 22 niños de diferentes hospicios a fin de llevar sucesivamente la vacuna en los brazos de los niños; de dos en dos. Y ahí entra la labor de Zendal que era la encargada, rectora, del de la Coruña.

  La vacuna fue descubierta por Edward Jenner, médico británico, el cual observó que las mujeres encargadas de ordeñar a las vacas en el norte del país no se contagiaban. Propuso una inoculación del suero de dichas vacas, que tenían una variante de la viruela, y así se conseguía inmunizar a los vacunados. De ahí la palabra vacuna, de las vacas. Jenner llegó a decir de esta expedición: “No me imagino que en los anales de la historia haya en el futuro un ejemplo de filantropía tan noble y grande como este”.

  Mal vamos si nuestros hechos históricos más grandiosos son silenciados por desconocimiento, por negligencia, por ignorancia o por todo junto. En Méjico los niños estudian esta historia en los libros de texto. En España nadie la conoce. Por eso hacen falta escritores como Javier Moro. Y todos deberían agradecérselo. Yo lo hago.