jueves, 28 de mayo de 2020

EL COLOSO DE MARUSI. HENRY MILLER.


La casualidad ha querido que justo hoy Javier Fernández de Castro, periodista y profesor de universidad que escribe en el blog de blogs Boomerang, haya escrito una buena entrada sobre este libro. Cuenta que tiene un amigo apasionado de los libros y que siempre busca hasta encontrar las mejores ediciones de los libros que ama, así que los que le “sobran” los pone en un cesto en la puerta de casa para que sus amigos se lleven los que quieran. Quién tuviera un amigo así. No desde luego como yo que no tiro nada por insignificante que sea. El caso es que uno de esos libros de la cesta era éste que terminé hace un par de días y que tenía tantas ganas de leer desde que María Belmonte, lo mencionara en su estupendo libro Peregrinos de la Belleza.  Palabra de Fernández de Castro: “Miller transmite un entusiasmo contagioso y altamente saludable. Y eso que al ponerse a escribir ese libro no lo tenía nada fácil porque ni el tema en el que se iba a embarcar ni las circunstancias en que lo hizo jugaban a su favor. Cuando en 1939 Miller cedió de pronto a las reiteradas invitaciones de su amigo Lawrence Durrell para visitar Grecia venía de pasar unos años en y tenía escritas dos obras, Trópico de Cáncer (1934) y Trópico de Capricornio (1939) que en ese momento estaban prohibidas y perseguidas pero que a la vuelta de unos años iban a hacer de él un autor millonario y universal, aunque de momento seguía  siendo un escritor perseguido, acusado de ser un grosero pornógrafo y a sus cincuenta años continuaba siendo tan pobre como cuando sólo era una rata de alcantarilla neoyorkina”.
  Cuenta que un día, invitado por el vicecónsul en Creta le atiborran a preguntas sobre escritores y poetas americanos, etc. y dice que Walt Whitman es mejor que todos los demás juntos. “Es el único gran escritor que hemos tenido”. Un repaso a lo que opina de varios: Mark Twain: Para adolescentes. Rimabaud es más grande que todos los demás poetas franceses juntos. En fin, que yo creo que era un poco provocador y que se estaba quedando con sus anfitriones. Se nota leyendo el libro que con quien no le caía bien era borde como él sólo. Pero si era de su agrado se convertía en amigo perenne.
  El sol y la luz le cambiaron a Miller en ese viaje: Pasaba las horas seguidas al sol sin hacer nada, sin pensar en nada. Mantener la mente en blanco es una hazaña, muy útil, por cierto. Estar en silencio todo el día, no ver periódicos, no oír la radio, no oír cotilleos, estar total y completamente ocioso, del todo indiferente al destino del mundo es la mejor medicina que un hombre puede administrarse”. Demoledor párrafo. Yo acabo hace un rato de darme una vuelta por la prensa y se pone uno malo.
  La edición, preciosa, y cara, es de Edhasa. Traducción de Carlos Manzano.

sábado, 23 de mayo de 2020

LA ESPAÑA FALANGISTA. RAFAEL ABELLA.



    Este libro, sin previo aviso, sin esperarlo, sin ninguna razón, me lo dejó, prestó o regaló –no lo sé- mi primo S. Quizá buscaba material para sus tesis y encontró un gran libro para denigrar el franquismo.
  “Para esta gran etapa de la reconstrucción de España necesitamos que nadie piense en volver a la normalidad anterior”.
  Esta frase fue escrita por Franco un año después de asumir, tomar, confiscar, imponer, o lo que se quiera,  el poder. Pero también podría haber sido una frase dicha por Pedro Sánchez o Fernando Simón.
  Franco, 18 de julio de 1940.
  Otra anécdota: En los años cuarenta se establecen las cartillas de racionamiento. Había que hacer una declaración jurada para que cada familia se estableciera entre uno de los siguientes segmentos: Ricos, clase media o clase desfavorecida. La práctica totalidad se apuntó a pobre. Así pensaban que recibirían más cantidad de alimentos. Es increíble a lo que se puede acostumbrar una sociedad. Me ha hecho recordar también las colas que se forman en las ciudades para recoger alimentos. Pienso que si estás cerca del límite de tu capacidad, ese ahorro no viene nunca mal. Es lógico.
  En el libro se habla de todas las facetas de la vida que hubo de sufrir cada español. Bueno, algunos, como prelados, cardenales, obispos y estraperlistas, estaban en su salsa. En cualquier régimen que uno piense por deplorable que sea siempre habrá gente que lo pase divinamente. Sobre la censura: me imagino al pobre Manuel Machado, buena persona donde los haya trabajando como inmisericorde censor:  
  “Es curioso que a estas labores censoras se aplicaran en la inmediata posguerra buen número de escritores a quienes, a título de socorrido enchufe, y refugiados en el anonimato, se les asignó la tarea de velar por los pudibundos criterios imperantes. Uno de los gratificados con este papel fue Manuel Machado, quien no tardó mucho en dimitir al disentir del criterio impuesto. Él mismo dio cuenta de su discrepancia así: Me voy –dijo- porque no estoy de acuerdo con las normas que me imponen: a la censura la asustan los besos, y a mí lo que me asusta son los tiros”.
Me ha hecho gracia lo que un coronel del ejército, metido en sinecuras en la administración del deporte, dijo sobre algunos futbolistas: “No se puede tolerar que un delantero gane más que un coronel”. Firmado: coronel Troncoso. Si levantara la cabeza y viera lo que gana Mesi se caía de espaldas.
  El libro es una recopilación y puesta al día del periodista Rafael Abella hecha por David Pallol. Abarca los años 39 al 53. En el primer prólogo de su hijo Carlos Abella dice que en  el año cuarenta hizo su padre gran amistad con Néstor Luján. Ya está, no he necesitado más para mostrar gran interés. Siempre me gustó leer los artículos de ese periodista, escritor, catador de grandes vinos y platos que fue el catalán.
  Y claro, habla largo y tendido sobre la figura de Franco. En este caso por boca de un periodista estadounidense, Benjamin Welles: “En su mesa de trabajo –inundada por un indescriptible barullo de papeles –había dos cubetas, una a la derecha y otra a la izquierda. La de la derecha tenía un rótulo que decía: Problemas que el tiempo resolverá; a la izquierda, problemas que el tiempo ha resuelto. Cuando los papeles se amontonaban demasiado en la primera, se hacía un trasvase masivo a la segunda. Y así se iba tirando”.
  Habla de la censura atroz que se impuso a escritores por sus ideas. Y ahora se entiende que al gran Stefan Zweig se le borrara del mapa durante décadas. “Queda prohibido, terminantemente, cualquier artículo o comentario elogioso acerca de la personalidad del escritor judío Stefan Zweig, suicidado en Brasil: únicamente se permitirán los trabajos que critiquen con dureza la vida de este escritor, que ha pervertido tantas conciencias”.
  Hay un comentario del autollamado fascista, Agustín de Foxá que entre amigos decía: “¡Cuando hayamos implantado en España el Estado fascista, yo me iré a vivir a Biarritz!”. Cómo se parece a las declaraciones de hace un par de semanas del ex del Barça, Sandro Rosell, quien decía que votaría independentismo pero que afirmaba, enfrente de los ojipláticos ojos de Évole, que si saliera el sí, se iba a vivir fuera de Cataluña. Tal cual.
  Otro párrafo, del que he dado la máxima difusión, habla de las consignas que un jefe de prensa lanza a todos los medios catalanes antes de un viaje del Caudillo a Barcelona. “Toda la primera plana deberá ser dedicada a este viaje”. Así todo es mucho más simple. Todo es mucho más claro. Quién se hubiera atrevido a un desplante como al que se le hizo al nuestro Jefe de Estado después del atentado terrorista de agosto de 2017.
  En fin, que ha sido una lectura muy ilustrativa y entretenida. Me preguntaban los míos cómo me gustaba leer estas cosas: para saber qué es lo que tenemos. Para saber lo que cuesta tener libertades. Las nuevas generaciones están ciegas ante eso, como si la libertad, las dificultades que conlleva estar en libertad, vinieran dadas junto con los días, las noches y el paso de los años. No, todo hay que ganárselo.

miércoles, 20 de mayo de 2020

KWAIDAN. LAFCADIO HEARN. CUENTOS FANTÁSTICOS DEL JAPON.



  Solo por el último capítulo, Las hormigas, ya merece la pena el gasto de este libro recomendado por José Manuel Espinosa. De hecho nada más terminarlo he vuelto a leer este capítulo. Es muy importante y me he dado cuenta que no ha podido ser más oportuna su lectura, sobre todo por estos tiempos que vivimos. Comienza describiendo los destrozos de la tormenta de la pasada noche, y describe el método de las hormigas para protegerse en un mundo en el que han volado todo tipo de objetos y hasta muchos árboles han sido arrancados. Luego describe la civilización de dichos bichitos. Y vaticina que quizá el hombre esté condenado o, salvado, según se mire, dentro de unos millones de años, cuando alcancemos su perfección, es decir sacrificar la felicidad individual a favor del bien común, sentencia muy utilizada últimamente. Y recuerda una cita de Ruskin (por cierto, interesante  la biografía de este victoriano) “La vida sin esfuerzo es un crimen”. Me ha dolido porque yo, en potencia, he sido, soy, un criminal según él. En una parte del ensayo describe el triste destino de los varones reproductores en un hormiguero. Una breve vida, un bien necesario pero enseguida prescindible en el que a poco de cumplir su función mueren. Sin embargo para las hembras, sobre todo para la reina todo son atenciones. No, yo no quiero vivir en una sociedad tan perfecta. Prefiero esta dosis de egoísmo que nos hace intentar ser felices por un rato. En las hormigas por ejemplo el tema del sexo está superado. Aquí, en nuestra nueva normalidad, modernidad, vamos camino de ello. Si en las discotecas se dice que habrá que mantener la distancia social, estamos a un paso de que se regule que para la procreación exista ese mismo distanciamiento, es decir, que terminaremos encargando, Amazón mediante, y libre de virus, un tubito con el néctar para que la humanidad no se extinga.
  Me ha encantado. Los demás son cuentos tradicionales japoneses con mayor o menor belleza. Uno corto me ha encantado: el del cazador que tiene hambre y dispara a un pato dejando viuda a la pata con el consiguiente reproche por parte de ésta. O toda una vida, la de Miyata, que transcurre en lo que dura una pequeña siesta. En fin, que me ha encantado. Dejo pues en la cesta el próximo de Don Lafcadio.
Sí, Mujina, el cuento de la falta del rostro. Me ha gustado especialmente la historia de Aoyagi, el samurái que viaja y recala, cerca de que caiga una noche de perros, en una casa donde vive una pareja de ancianos con una bella muchacha y enseguida cae enamorado de ella y convence a los viejitos llevársela y luego pasan cosas sorprendentes. Muy buenos.
 Pero yo querría recomendar uno de los libros más bonitos que he leído en cuanto a los insectos: La vida de las termes, de Maurice Maeterlinck. Descubrí a este autor belga de la mano de Borges. El libro que recomendaba el sabio argentino era La Inteligencia de las flores, que también me entusiasmó. Y todo lo que escribió sobre los temas de la naturaleza los he ido adquiriendo a través de los años: en Austral están casi todos. Aparte de los mencionados: La vida de las abejas, y la Vida de las hormigas. Su forma de narrar es maravillosa. Pocas diferencias hay entre Herodoto o los más ejemplares maestros en el arte de contar cosas interesantes. Era un divulgador estupendo. Nació justo un siglo antes que yo. En 1862.
 Como bien dice Lafcadio, la vida de las hormigas también tiene algo de civilización: disponen de granjas con muchas variedades de "animales" son arquitectos fabulosos, fabrican sus propias medicinas, luchan a muerte con otros enjambres, cruzan grandes extensiones, son entregadas en el trabajo, pueden transportar muchas veces su peso. Me apunto otro de Lafcadio sobre un viaje a las Antillas.

sábado, 16 de mayo de 2020

EL COLLAR DE LAPALOMA. IBN HAZM.



  He leído este libro que fue muy comentado en una feria del libro del año 94 o 95, un libro sobre el amor de un escritor árabe cordobés escrito hace mil años: El Collar de la paloma, de Ibn Hazm, casi como el jugador del Madrid. Lo puso por las nubes el arabista Emilio García Gómez.
 ¡Oh tú que me reprochas porque adoro
a quien nunca jamás mis ojos vieron!
Te excedes si por ello me imaginas
demasiado propenso a enamorarme.
Porque dí: ¿alguien conoce el Paraíso
si no es por lo que de él se nos refiere?
  Lo compré en el mercado de San Fernando, al peso, junto al de Magris, ambos por seis o siete euros, en perfecto estado, aunque, éste, sin las tapas originales. Está escrito hace nada menos que mil años. El tema del amor, a lo que se ve, ha cambiado poco. Bien es verdad que las condiciones han cambiado bastante. No se puede juzgar una sociedad árabe del siglo XI con los parámetros actuales, y esto vale el juzgar algo que tenga tan solo veinte o treinta años de antigüedad. Se habla mucho de mancebos que se enamoran de esclavas.
  Contiene un prólogo bastante interesante de Ortega y Gasset. Un comentario divertido: “influjo de la primera preferencia sobre los amores subsecuentes, que recuerda lo que Descartes nos refiere de sí mismo: como amó por primera a una bizca y siempre sintió una tendencia a interesarse en mujeres bisojas”. Y refiere seguidamente una anécdota de Malinowski en su libro “La vida sexual de los salvajes” en Nueva Guinea, que desdeñan el beso dulce entre nosotros por “complacerse en una ocupación para nosotros inusitada; que es morderse las pestañas.
  Qué iguales y a la vez qué extrañas somos las personas a través del tiempo. Cuenta Ortega: “El actual monarca de la mayor porción de Arabia, el gran Ibn Sa´üd, contaba a Dickson que él –puritano, jefe de los puritanos wahhäbíes- había tenido hasta la fecha más de cuatrocientas mujeres, pero no había visto jamás la cara de ninguna”.
  En el prólogo de Emilio García Gómez, bastante extenso, como un ensayo literario independiente se da la clave de la esencia de este libro: “el autor del Collar de la Paloma aporta con este libro a la polémica una pieza esencial: nada menos que un tratado teórico y autobiográfico, escrito a comienzos del siglo XI, sobre el amor, concebido de la más refinada, espiritual y platónica manera, y un delicioso ramillete de historias y de poesías eróticas, en que los amantes, rodeados del corro habitual y común a árabes y provenzales –consejeros, alcahuetes, delatores, custodios, espías, maldiciones-, hablan alto y opr los codos de sus alambicados sentimientos”. Poco más que añadir.
  Cosas curiosas ya dentro del propio libro: “Hasta me han dicho de un hombre depravado y de bajos instintos que ponía la carta de su amada sobre su miembro; pero esto es un género de fea rijosidad y un ejemplo de excesiva incontinencia”.
  Bien, lectura importante pero prescindible. Para saber que, aunque sea poéticamente, seguimos siendo igual de imbéciles cuando nos enfrentamos a las cuitas del amor.

miércoles, 13 de mayo de 2020

INSTANTÉNEAS DE NUEVA YORK. PACO CAMARENA Y HUGO BARROS.



Con el ejemplar de la revista trimestral de este trimestre, una de las posibilidades era adquirir este libro por diez euracos más. Merece la pena. Son dos tipos jóvenes, talentosos y que tuvieron una experiencia parecida: Pasar en Nueva York una temporadita. Vieron que la suma de los apuntes del natural, notas sobre la ciudad, Paco, y Hugo, dibujo de las estampas, ha dado como resultado este libro. Está muy bien. Se lee en dos golpes de entretenimiento y, en estos tiempos de confinamiento, no está nada mal darse un garbeo por la capital del mundo.
  Tiene Hugo una forma de dibujar que me apasiona. Son como hechos al tuntún, como quien no quiere la cosa, manchas prácticamente de acuarela con el plumín para delimitar, pero el efecto es potentísimo. Me encanta. Qué importante dominar la técnica de la perspectiva caballera.
  En la contraportada dice una cosa que se ha dicho muchas veces: todos los que llegan a Nueva York en realidad están volviendo a Nueva York porque todos tenemos infinidad de series y películas, vistas de toda la vida.

  Me gustó volver a comprar otra vez el Jot Down. Pocas revistas tendrán ese olor dulzón de la tinta, esas fotografías en blanco y negro, esa cantidad de temas finos hechos con buenas firmas.