viernes, 8 de junio de 2018

07DEJUNIO2018. CONFERENCIA DE ANDRES TRAPIELLO. LITERATURA Y ENFERMEDAD.




  Hemos sufrido un atasco y llegamos con la hora pasada. El sitio está cerca del Retiro, en el barrio de Salamanca. El aula se encuentra en el Instituto Internacional pero no damos con ella. Después de las indicaciones de un joven, se encuentra en el sótano del edificio. Bajamos las escaleras a la carrera. Tememos que, como hacen en otros sitios, cierren las puertas y no nos dejen entrar. Cuando entramos el presentador ya está haciendo la semblanza del escritor. Nos sentamos en la última fila pero se ve y se oye perfectamente. Debe haber no más de veinticinco personas.
  Dice Trapiello cuando empieza a hablar que hay un lector suyo que ha clasificado sus diarios por temas y que le pidió, para esta conferencia, que le entresacara los referidos a la enfermedad. “Sólo” salieron ciento y pico páginas de las once mil más o menos que llevan los diarios. Por supuesto no va leerlas todas pero sí una selección. Dice que él intenta ser humorístico con su propia enfermedad y dice ser hipocondriaco asegurándose y equivocándose del todo, que no hay entre el público nadie como él, es decir, hipocondriaco. Yo lo soy y estoy seguro que la mayor parte de los presentes también, sobre todo aclarando lo que dice el escritor: que cuando algo le duele es que le duele de verdad. En el fondo, remarca, es el miedo a la muerte, simplemente.
  Nos cuenta varios episodios de sus achaques. Habla de una hernia en la espalda que le tuvo en cama con un dolor insoportable, inconsolable en mitad de la noche, deseando que llegara la aurora y que al menos M., su mujer, no durmiera y viviera como si el mundo estuviera tranquilo. Le digo al oído a J. que ese párrafo lo acababa de leer hacía un rato. Contó experiencias varias en el urólogo que arrancaron varias carcajadas al respetable. Inolvidable la descripción de la mano y los dedos enormes de un médico joven que sustituía al suyo de siempre por defunción. La postura que le hizo tomar para la exploración y que no coincide con mi experiencia: A él le pidió que se apoyara en el respaldo de una silla y se bajara los pantalones. Mi experiencia se parece más bien a la de las mujeres cuando van al ginecólogo o a parir.
  Contó también con la gracia que le caracteriza –cuando uno de León es gracioso, lo es en grado sumo pero de un modo castellano, fino, irónico, culto- la vez que estuvieron en Tenerife y se vieron obligados a asistir a LoroPark, un sitio que les recomendó un tío suyo y que no podían perderse. Él se sintió morir por un problema de tensión alta y ya imaginó su necrológica: Manzaneda de Torio, León, 1953, Loro Park 1987.
  Dice que con la enfermedad de los demás es muy serio y que jamás osaría hacer gracietas. Cuenta que cuando era niño sus padres le llevaron en varias ocasiones a ver a niños muertos, ahogados o por enfermedad. “Mira niño, para que veas la suerte que tienes”. Eso imagino que marcará para toda la vida.
  Cuando terminó, en un poco más de una hora, saqué mi ejemplar de la bolsa, “El Gato encerrado”, el primero de sus diarios aparecido en 1990, y me fui con la intención de que me lo dedicara. Tenía cierto reparo porque antes había advertido el autor que estaban allí un par de primas, algunos conocidos e incluso un urólogo amigo (no le vi las manos). Debía llegar antes de que lo rodearan. Le pedí, por favor Don Andrés, si me podía firmar el ejemplar. Con que hubiera estampado su firma me hubiera bastado pero me miró y preguntó mi nombre: Herminio. “¿Eso es con h?” Lo confirmé y por dentro me extrañó porque en su libro acababa de leer el nombre de Herminia Muguruza. El caso es que luego me preguntó la fecha. “¿Estamos a 8?” Sí, dije sin pensar. Luego recordé que no, que era jueves siete. Empezó a emborronar y le dije que no importaba, que eso dentro de unos años no tendría importancia. Al final escribió “Para Herminio, este primer tramo de un camino que deseo corto y largo al mismo tiempo. Su nuevo amigo, Andrés Trapiello. 7, ocho tachado, de junio de 2018. Madrid”. Esto, claro, lo leí un rato después, saboreando emocionado una cerveza. Si lo hubiera hecho allí le habría dicho que no, que este es el tercer libro que leo de él y que pienso leerlos todos aunque sea de manera desordenada. Es, como él dice, una novela en marcha, así que da igual empezar por delante o por detrás.
  Cuando ya nos despedíamos –estuvo simpático y cercano- me preguntó con un punto de vanidad: “¡Qué, ha estado bien, ¿no?” Yo le contesté: Genial. Ya le he escuchado varias y me parecieron todas interesantes y bien dichas: las dos que dio sobre el Rastro sobre todo. Y me dijo, -yo lo sabía-, que pronto, en octubre, saldrá un libro suyo sobre el Rastro y que esta mañana mismo le había llegado la que será su portada. Salí muy contento. Eufórico, porque no siempre tengo la oportunidad de hablar con alguien al que admiro tanto.
  El sábado, si no pasa nada raro, iré otra vez a verle, esta vez en la Feria del Libro.

lunes, 4 de junio de 2018

LA ESPAÑA VACIA. SERGIO DEL MOLINO.



  Acabo de leer en el 22 del Jot Down, no el Smart sino el de los gordos, que para la polaca Szymborska, premio Nobel del 1996, era suficiente escribir un folio mecanografiado para cualquier artículo sobre libros escritos en una revista de su país durante años. Un solo párrafo seguido, para dar la sensación de espontaneidad. Para hacerlo como recién escrito sin un plan establecido. Así me gustaría a mí hacer con estas reseñas que desde hace ya diez años –muchos más si contamos los que apunté el libretas y agendas perdidas por ahí-. He comprado este ejemplar por correo porque tiene un monográfico sobre el mundo de los libros; cómo resistirse. Y encima con el regalo del escritor Juan Bonilla sobre un viaje en busca de la figura de Nietzsche.
  Para saber de lo que va un libro es suficiente con leerlo. Tan sólo el entusiasmo, o el poder expresar el aburrimiento deben ser el motivo de una reseña.
  El exitoso título de este repaso por la España vacía lo dice todo en una frase. La España rural, la que conocieron nuestros padres –para los de la generación de los sesenta y setenta- está desapareciendo rápido. Para escribir este ensayo Del Molino deambula por una serie de ámbitos: en el capítulo 1 se hace un repaso por la historia de lo urbano, el marxismo, el éxodo a la ciudad en España o sobre, por ejemplo, la Revolución francesa que “no se conformó con guillotinar a los propietarios rurales sino que quiso abolir el campo por decreto”.  
  “Hay aldeas de Aragón o de Extremadura que podrían ilustrar un anuncio de turismo de Marruecos, y pasando por muchos lugares de la meseta se podría creer que se camina por México”. En el 2, El gran trauma, se repasa el abandono de lo rural a través de la televisión, el cine o la literatura. En el magnífico 3, La ciencia del aburrimiento, se hace un repaso por las escenas de los crímenes que a lo largo de los años han sembrado la España negra, la España profunda. El crimen de Fago, el de Puerto Urraco, el de Casas Viejas (cómo no recordar el magnífico libro al efecto de Ramón J. Sénder que leí no hace mucho) “en general, los españoles son un pueblo muy poco violento, donde el asesinato es algo anecdótico que está lejos de suponer un problema social. Sin embargo, persiste cierta sombra negra ligada a un pasado de brutalidad”.
  En el 4 se habla sobre todo de la famosa película documental que hizo Buñuel sobre las Hurdes. “Ya en 1846, el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, de Pascual muñoz, definía a los habitantes de las Hurdes como raza degenerada e indolente, borrón de la civilización española, salvajes e ignorantes”. Me suena muy actual si atendemos al actual presidente de la Generalitat. En el 5, Marineros del entusiasmo, se repasa el paisaje y los autores que lo interpretaron. Giner de los Ríos, Galdós, Unamuno, Azorín etc. El 6 se detiene en el Moncayo y en sus ilustres visitantes: Bécquer entre otros. En el 7, al igual que en el 8 se repasa la historia más cercana en el tiempo y nos habla de Joaquín Luque, el de los 40 principales, y el del Madrid de tierno Galván y su “a colocarse, y el que no esté colocado, que se coloque y al loro”. En el 9, la Patria imaginaria asistimos a un recorrido por los autores que dieron sentido a su terruño: Sarmiento, el Martín Fierro, o nos habla de Cristóbal Repetto, un joven de la Pampa que canta con voz tan profunda y sentida que hizo llorar a media sala de conciertos, dice Sergio. Gracias al Youtube he podido escucharlo y la verdad es que ha sido todo un descubrimiento. Y en el último: Coda, Explicaciones no pedidas, nos habla de él y sus circunstancias. De su origen, de dónde vive, de que podría haberse dado al nomadismo o al On the Road, pero que prefirió vivir donde vive, en un humilde piso en el norte de Madrid.
  Y, faltando a la idea del primer párrafo de esta reseña, me he pasado en extensión, porque solo habría que decir que este libro de Sergio del Molino es sencillamente de los que crean una idea y eso no es moco de pavo y se hablará de él dentro de muchos años, como se sigue hablando de un autor al que admira y cita: Julio Llamazares y su maravillosa La Lluvia Amarilla.
 

viernes, 25 de mayo de 2018

NÁPOLES, 1944. NORMAN LEWIS.



  Había leído ya algunos libros de Norman Lewis: Las crónicas de Viajes I y II: El expreso de Rangún, Genocidio y otros relatos y Misión en la Habana, Sevilla y otros relatos, editorial Altaïr. Escritos sobre viajes más que recomendables. Pero lo que me hizo buscar este libro, nada fácil de encontrar, fue que en el libro de María Belmonte, Peregrinos de la Belleza, se hablaba mucho y bien de él. Si uno lo busca en internet no será fácil encontrarlo y menos, barato. Sin embargo en la Cuesta de Moyano lo vi en el montón de a 3 euros como si no quisiera la cosa.
  Norman Lewis fue reclutado como oficial de inteligencia en la II Guerra Mundial. El método para esa recluta era por lo menos curioso. Si alguien sabía por ejemplo español, podía ser enviado a Italia porque ya se sabe que ambos idiomas se “parecen”.
  Era tan precaria la vida en la ciudad cuando llegó con el Quinto ejército americano que la población se había comido todo; incluso los peces tropicales que había en el zoológico. Los favores sexuales de las bellas mujeres napolitanas se vendían por menos de una lata en conserva de carne. La mafia ocupó el vacío de poder y las fuerzas de ocupación, los aliados, tuvieron que llevarlo como pudieron. Muchas veces colaborando con ella.
   Nápoles 1944, de Norman Lewis. Hacia el final del libro confiesa que se daba cuenta de que si le dieran la oportunidad de volver a nacer y de elegir el país en que hacerlo, elegiría Italia. Yo creo que también por lo poco que conozco.
  En 1944 se cuenta cómo sufrían las mujeres locales los embates de soldados de TODAS las nacionalidades: ingleses, americanos canadienses y estadounidenses, y los peores, los árabes “las tropas coloniales francesas están destrozándolo todo otra vez. Siempre que toman un pueblo o una ciudad, llevan a cabo el expolio de toda la población. Últimamente han violado a todas las mujeres de los pueblos de Patricia, Pofi, Isolotta y Morolo. En Lenola, que tomaron los aliados el 21 de mayo, violaron a cincuenta mujeres, pero no eran suficientes para todos, abusaron de los niños e incluso de los ancianos. Se ha informado de que es habitual que dos marroquíes violen simultáneamente a una mujer, uno practica el coito normalmente mientras el otro la sodomiza. En muchos casos les han causado graves daños en genitales, recto y útero”.
 “Al fin había afrontado la crudísima realidad del género de horror que impulsó a toda la población femenina de los pueblos macedonios a arrojarse por los acantilados para no caer en manos de los turcos que avanzaban, para escapar realmente de un destino peor que la muerte”.
  Es con diferencia el libro que más me ha gustado de él. Es como encerrar a un entomólogo en un hormiguero justo después de que un gigante de un fuerte golpe con una de sus botas.

viernes, 18 de mayo de 2018

W.H. HUDSON. ALLÁ LEJOS Y TIEMO ATRÁS.



  Sobre La tierra púrpura, novela asimismo de Hudson, dijo Borges que era uno de los pocos libros felices que había en la tierra.  En éste donde se relatan los recuerdos de la infancia de este autor en la pampa argentina no se podría decir menos. El libro rezuma felicidad. Algunas veces he dicho que la felicidad que irradian niños en el Congo bañándose en una laguna supera en mucho a los nuestros, abrazados cada día a unas tareas rígidas e interminables. Hay que imaginar lo que debe sentir un crío con la libertad de explorar a caballo y con su escopeta los alrededores infinitos de la hacienda donde vivía con sus padres, hermanos, trabajadores y visitantes más o menos ocasionales.
  Encima de explorar tenía desde un principio esa capacidad de observación que pocas personas tienen. No le gustaba leer de muy niño aunque su hermano mayor le inculcó esa pasión y poco a poco se fue introduciendo en el mundo de lo escrito. En su casa había bastantes libros, doscientos o trescientos, dice.
  Llegó a ser un gran especialista en el mundo de la ornitología y de las plantas. Consideraba a los árboles más que seres vivos, dotados de alma y hasta de estado de ánimo y muchas veces los abrazaba a modo de saludo. El Ombú, un árbol característico y el nombre también de un maravilloso libro suyo de relatos que también leí no hace mucho.
  Tiene también la destreza de describir a las personas de un modo muy efectivo. Nos la podemos imaginar felizmente sus lectores. En una de las primeras se refiere a un perro aparecido de repente, cojo y mutilado que se hizo con un gran rebaño de ovejas y donde se ganó a partir de ahí su sustento. “Se había roto o lastimado una de las patas traseras, por lo que renqueaba ladeándose de un modo peculiar; no tenía rabo y le habían recortado las orejas cerca del cráneo: en conjunto, parecía un viejo soldado de regreso de guerras en las que hubiera recibido muchos malos golpes y le hubieran arrancado varias partes del cuerpo”.
 Hace descripciones de lo que encuentra en plena naturaleza. Encuentros con serpientes, con grandes roedores, ratas, búhos, “se encontró con los esqueletos de dos ciervos con los cuernos entrelazados”.
  Por lo que cuenta debía ser un niño taciturno, callado, solitario. “Casi siempre que iba a comprobar qué hacían los niños, me echaba en falta, y después de llamarme, buscarme, terminaban por encontrarme escondido en algún recóndito rincón de la plantación”. Observando a los pájaros. “Al principio eso la angustió mucho; después experimentó un gran alivio al descubrir que había razones comprensibles y justificadas que explicaban mi presencia allí: que estaba observando algún pájaro”.
  Un libro que transmite alegría y que no me cansaré de recomendar nunca.
  A los treinta y tantos, enfermo de reuma y de las fiebres que había contraído, se marchó a Inglaterra, el país de su familia y murió en Londres en 1922 después de escribir algunos libros.

lunes, 14 de mayo de 2018

AZAÑA. CARLOS ROJAS.



  El historiador metido a político de circunstancias, Torra, ha dicho que su labor será para avanzar hacia la república. En esta novela, Premio Planeta del 73, se cuenta también que el presidente de la misma, Azaña en la 2ª República, estaba un poco harto ya de los egoísmos, deslealtades y los rifirrafes que hubo de comerse en la “cuestión” catalana.  
  “No estoy haciendo la guerra para que retoñe en Barcelona un separatismo publerino. Lucho por la República y por el País; por su grandeza y para su grandeza. Yerran de medio a medio quienes suponen otra cosa. Aquí no hay más que una nación. ¡Nadie se llame a engaño! Esta sorda y persistente campaña separatista es intolerable. Debe cortarse de raíz, si pretenden que yo siga al frente del Gobierno, pues la mía es una política nacional”.
  Sigue en la página 191: “La Generalidad, cuyo Presidente es el representante de la República en Cataluña, como ahora recuerda Companys, ha permanecido durante mucho tiempo en estado de casi abierta insurrección”.
  A vece es casi un calco de los tiempos actuales: “… Añádese al balance de cargos el tono propio de periódicos, arengas y soflamas catalanes, del todo inaceptable en el federalismo más amplio. Pasando a los hechos, recuerden las delegaciones de la Generalidad en el extranjero, como si fuese poder soberano; el eje Barcelona-Bilbao; la emisión de billetes por parte de ustedes, pura moneda falsa al parecer de Nicolau d´Olwer, sin consultar, sin prevenir al gobierno”.  
  La novela está muy bien porque –lo confiesa el autor al final- se alimenta esencialmente y abundantemente de los Diarios y memorias de Azaña; algunas veces de manera literal.
  Me gusta porque es otra forma de ahondar en la intimidad de uno de los personajes más fascinantes de la historia reciente de España: por ejemplo qué libros tenía de cabecera en determinado momento. “… comprendo el destino que me puso por viático en las huidas estos tres libros: la rebelión de las masas, La Vie des Termites y Caín. De masas de clase media, negación de toda exigencia propia, será el reino de la Tierra, proclama Ortega. El hombre carece de identidad, asiente Maeterlick: su esencia, como la del universo, confúndese en la de Dios. Déjame morir –implora Caín a Lucifer-, pues concebir a quienes sólo sufren largos años y parecen no es dar la vida sino la muerte”.
  La novela está narrada desde los días finales del presidente, cuando ya todo estaba perdido. La huida, el paso de los Pirineos, la búsqueda de un lugar seguro. Se recuerdan frecuentemente extractos de sus discursos, páginas de sus escritos y eso enriquece el libro aunque le resta originalidad.
  Se describen de nuevo los líos entre las facciones que allí solo en Cataluña se enfrentaron en lucha fratricida: POUM, CNT, PSUC, Esquerra, etc. Apellidos que se repiten después de ochenta años: Maragall, Bosch, junto a otros imborrables: Maciá, Companys, etc.
  Hoy día es otro para subrayar en el almanaque: Se ha vuelto a nombrar un Presidente del gobierno catalán. Su nombre es Quim Torra. Le ha recordado la líder de la oposición, Inés Arrimadas, los twits, los artículos y conferencias ofensivos hacia el resto de los españoles y de los catalanes que, sintiéndose catalanes, se sienten también españoles. La historia continúa y se repite. Si se avanza como dicen en hacer república al margen de las leyes, el choque violento será inevitable. Hoy, FJL, ha dicho en la radio que “claro que se puede volver a bombardear Barcelona, y su edificio y su despacho desde la fuerza de miles de servidores públicos, miembros de las fuerzas de seguridad del Estado que juraron dar su vida por España.Cuando se juega en los extremos surjen por todos lados extremistas.
  Esperemos que dentro de unas décadas los historiadores no se hagan la pregunta de cómo  no fueron capaces de evitar lo que se les venía encima.