viernes, 9 de octubre de 2026

ANTONY BEEVOR. RASPUTIN Y LA BOLA NEGRA.

  

   Lectura de Rasputín, de Antony Beevor. Qué personaje más fascinante. Un tipo medio analfabeto, siberiano, con unos ojos de loco, que se mete de lleno en la corte del zar Nicolás II, que se sospechaba que le metía mano a cualquier tipo de mujer, incluidas las infantas, que comenzó a crearse enemigos dentro de los ministros más influyentes pero que aun así la zarina lo quería constantemente a su lado. Dicen que consiguió curar al débil heredero (era hemofílico) solo con sus oraciones. Que incluso se rumoreó que bañaba a las hijas adolescentes y luego las acariciaba. La de cosas raras que pasan en la historia.

 

  Debo tener todos los libros que ha publicado este historiador excepto el de la Guerra Civil.

 

  “Menos de veinte años antes de que Nicolás II accediera al trono de todas las Rusias, un diplomático alemán describió el sistema político del país como “absolutismo moderado mediante el asesinato”. Qué poco han cambiado las cosas en Rusia.

  En las celebraciones del matrimonio zarista hubo una avalancha para recoger regalos que supuso la muerte de 1389 muertos. La fiesta continuó: Aunque luego visitaron a los heridos y donaron 1000 rublos a cada familia con un fallecido, la opinión pública no absolvió al zar”.

 

  El último capítulo está dedicado al asesinato de Rasputín. Es prácticamente lo único que sabía de él. Que tuvo una gran influencia en la corte y que fue preciso mucho esfuerzo para acabar con su vida. Fue tiroteado, apaleado con una porra y lanzado al río helado (era diciembre) hasta que perdió la vida.

  Desde luego no es uno de sus mejores libros porque el tema no da para más pero ha sido interesante. Seguiré leyendo a Beevor.

 

 

 

Fuimos a ver La bola negra. Lo primero que debo decir es que me gustó mucho. Más que a mi mujer. De hecho, cuando acabó, me extrañó que la gente no aplaudiera. Una buena entrada a pesar de ser una sala grande y a las cinco de la tarde de un martes. A las cinco de la tarde.

  La película tiene un guion muy original que va enlazando diferentes capas temporales, tratando estas de manera tanto realista como muy poética. Cuando aparece el personaje principal sobre el que giran todas las historias no chirría. Me parece que es uno de los Lorcas más aproximados aunque salga poco. Recordemos que no hay imágenes en video de él ni grabaciones de su voz. O apenas, creo.

 

  Comiendo con la familia, señalé una de las características que quizá me ha descolocado un poco: el demasiado ensalzamiento de la homosexualidad y del desnudo masculino. Mi madre protestó (ella la vio hace unos días): “Mejor! ya está bien de tantos culos y tantas tetas!”. Me defendí diciendo que no lo criticaba, que lo resaltaba comparándolo con la época del destape. Digamos que estamos en la Transición del Destape del miembro.

 

   En algunas escenas me llegué a emocionar de verdad.

  A la salida también comentamos que, sin ser otra película de la guerra civil, también “cojea” de alguna manera. Le dije a mi mujer que quizá algún día hagan una película donde la víctima sea un pobre burgués fusilado por ausencia de callos en las manos (un caso real), o la recreación del bombardeo de un pueblo indefenso (otro caso real llamado Cabra). Mi mujer me recordó con razón que durante el franquismo la otra versión fue silenciada, apaleada, y oprimida con fuerza. Pero creo que ahora se debería a volver a equilibrar el tremendo universo de tragedias que supuso aquella terrible matanza.