Hoy,
aprovechando que tenía el día libre, he recorrido la siguiente ruta: Cotos,
Pingarrón, Guarramillas –vaya nombres- subidas y bajadas por angostos valles, y
subida brutal a la Cabeza de Hierro, atravesando en recto las líneas divisorias;
más de una hora intentando tracción con piedras sueltas en grandes pendientes. Luego, la Cuerda Larga hasta casi la Bola del
Mundo para seguidamente descender rápido por las pistas hasta llegar con las
rodillas molidas de nuevo a Cotos. Más de cuatro horas. Soledad absoluta. Sólo
he visto algunas vacas, águilas y una cabra. Dicen que caminando se piensa de
otra manera y es verdad. Le he seguido dando vueltas a la frase: “Todos nos
decimos que vamos a morir, pero nos lo decimos con la boca pequeña”.
martes, 20 de junio de 2017
domingo, 18 de junio de 2017
A CORAZÓN ABIERTO. ELIE WIESEL.
Un día me recomendaron leer este libro. Quizá
sea por mi inclinación a hablar de la muerte en el sentido más profundo o
filosófico, o más superficial y caricaturesco. Pero ¿existe la muerte? O en
palabras de Unamuno citadas por Simon Leys: “Dios no existe, y la prueba más
clara de esto es que –como todos podéis ver- yo tampoco existo”. O la frase que
se me ocurrió ayer mientras subía un pequeño puerto de montaña en bicicleta: “Nos
decimos a nosotros mismos que vamos a morir, pero lo decimos con la boca chica”. Wiesel fue hasta hace justo un año un
pensador profundo de la espiritualidad y religión humanas, además de un
superviviente de los campos de concentración. No sabía nada de él ni de su
escritura, pero saber que había escrito un libro a las puertas de dejar este
mundo me resultó irrechazable. A Elie Wiesel le dicen que van a operarlo del
corazón y que es posible que no sobreviva. Y hace un balance de su vida en un
libro de apenas 100 páginas de letra gorda porque cualquier vida en esencia
puede resumirse en un puñado de palabras, en un puñado de imágenes.
A menudo pensamos en la muerte con valentía e
incluso con chulería, pero viéndolo como desde la barrera, desde el vigor y la
salud. Es cuando uno sale al ruedo que comienza a sentir el pavor. Pero un pavor
en forma de engaño: “podría todavía hacer esto o aquello, podría cumplir aquel
proyecto aplazado o inacabado” pero es un engaño al fin y al cabo porque la
vida te permite precisamente postergar asuntos porque nos sobra el tiempo, o al
menos tenemos esa sensación. “He aprendido mucho acerca de mí mismo y acerca de
lo que me rodea. Sobre todo, que, cuando el cuerpo se vuelve prisionero de su
dolor, una pequeña píldora o inyección resulta más eficaz que el pensamiento
filosófico más brillante”.
En ese peligro nos aferramos a lo que en “vida”
damos por sentado sin parar mucho a pensarlo. “Observarlos –a sus nietos-
mientras juegan juntos, escuchar a Eliyah leerle cuentos, es el regalo más
hermoso que se me pueda hacer”.
“Una vez liberados los campos, recuerdo que
estábamos convencidos de que después de Auschwitz ya no habría más guerras, ni
racismo, ni odio, ni antisemitismo. Pero nos equivocábamos. De ahí ha nacido un
sentimiento cercano a la desesperación. Puesto que si Auschwitz no ha sido
capaz de curar a hombre del racismo, ¿qué podrá lograrlo? Tenemos que
admitirlo: el mundo no ha aprendido nada”. (…) “Auschwitz representa una
tragedia humana, pero también, y sobre todo, un escándalo teológico. Para mí es
un hecho innegable: es imposible aceptar Auschwitz con Dios, Tampoco sin Dios.
Pero entonces, ¿cómo entender su silencio?”.
En definitiva este libro es ese repaso que
damos a la vida cuando estamos cerca del final porque sólo así somos capaces de
entresacar la esencia de entre todo lo que tiene menos importancia. Marion, su
mujer murió el mismo año: 2016.
miércoles, 14 de junio de 2017
14 de junio, 2017
Hoy he
vuelto a picar en uno de esos enlaces anzuelo de la prensa digital. Anunciaba
una pelea en Marbella entre jóvenes. Celos, ropa apretada y gafas de marca. Uno
de ellos lo graba todo. Está la imagen y el sonido. Golpes que no son como en
las películas: un puño contra la cara no suena como un tambor: suena más bien
como una palmada: la violencia viene al instante en forma de hematoma, fractura
o coágulo de sangre. Llaman a la policía
y llega enseguida. Pero… Siempre he pensado que cuando las sociedades degeneran,
surgen crueles jaurías humanas, que, libres ya del miedo al castigo o a la
venganza, se enfrentan en una guerra a mordiscos.
El video me ha recordado un párrafo de los
Diarios de Jünger de la II Guerra Mundial:
Radiaciones II. Ernst Jünger. París, 16 de
abril de 1943.
“En las conversaciones sobre la crueldad de
estos días emerge con frecuencia esta pregunta: de dónde salen todas esas
fuerzas demoniacas, como los desolladores y asesinos, esas fuerzas que, sin
embargo, nadie había visto y ni siquiera sospechado. Pero estaban presentes en
potencia, como lo demuestra la realidad. La novedad está en que ahora se han
hecho visibles, en que han quedado sueltas, lo cual les permite causar daño a
los seres humanos. Ha sido nuestra culpa común lo que ha llevado a dejar
sueltas esas fuerzas: al despojarnos de los vínculos desencadenamos simultáneamente
lo que había en los subterráneos. No nos es lícito, pues, quejarnos si el mal
nos golpea a nosotros también en cuanto a individuos”.
lunes, 12 de junio de 2017
24 de mayo de 2017. Auditorio.
Es curioso por dónde nos llevan los
encuentros con personas inesperadas: esas “redes de afinidades que se tejen”.
Hará un par de semanas, en el intermedio de las clases de salsa y bachata, me
arrimé a la barra a pedir una cerveza. A mi lado estaba un hombre algo mayor
que yo al que nunca había visto, amigo de una conocida. Tomaba una copa, se
acercó y me dijo que lo que hacíamos, bailar y cantar ruedas cubanas, le
parecía algo dificilísimo. Le contesté que todo era cuestión de práctica y de
que se disfrutara mucho con lo que hacías. Le pregunté de dónde venía ese
acento y me contestó que no era español aunque llevaba quince años en Madrid.
Con el vapor del alcohol nos soltamos y nos contamos un poco la vida. Al poco
me confesó que era componente de la Orquesta Sinfónica de Madrid. ¡Músico! ¡Y
me decía a mí que bailar era difícil! Al despedirnos, también con grandes
abrazos, le dije que si alguna vez estaba en su mano estaría bien que me
consiguiera unas entradas. Y ese día fue antes de ayer, miércoles 24 de mayo de
2017. Día que será difícil de olvidar. Edward Elgar. Nunca había entrado en el
Auditorio Nacional y me quedé impresionado. Más con los primeros compases: el
hombre, pensaba, es un ser capaz de lo peor y lo mejor. Ahí delante un gran
puñado de hombres y mujeres llenos de talento coordinados en una actividad
complejísima, sonando al unísono y produciendo una emoción en los que escuchan.
Después nos fuimos a tomar unas cervezas y me
confesó que ya no disfrutaba de la música, de los ensayos eternos, de los
viajes, de obras nuevas en las que hay que estudiar, del cansancio después de
tantos años, infinitamente cansado de “tanto soplar”. Que él lo que quiere ya
es retirarse e irse a vivir a un sitio cerca del mar y salir con una barquita
de pesca. Me contó que se había quedado viudo hacía pocos años. Había tristeza
en sus ojos cuando nos despedimos.
jueves, 8 de junio de 2017
San Manuel Bueno y Martir. Cómo se hace una novela. Miguel de Unamuno. Un amigo de Kafka. Isaac Bashevis Singer.
El otro día, a raíz de un diálogo sobre religión quise releer este libro
de Unamuno que leí hace tantos años. Qué mejor cosa para explicar lo que para
mí es la esencia de nuestra religión, la postura del padre don Manuel: “yo no
creo pero creo que la gente debe creer, debe tener esperanza; así, yo sufro y mi vida
no tiene sentido”. Libro durísimo, descarnado, teológico, filosófico. “En esta
España de calzonazos los curan manejan a las mujeres y las mujeres a los
hombres…, ¡y luego el campo, el campo!, este campo feudal…”. Él mismo decía que
había de ser su libro más leído, el que más lo definiera.
El libro de Isaac B. Singer, Un amigo de Kafka, se compone de 21 relatos.
Contados de manera suave, simple, efectiva. Hablan muchas veces del problema de
adaptación que vivieron los judíos al llegar a Estados Unidos, a Nueva York. De
los que más me han gustado: El hijo y Las palomas:
“Cada generación tiene sus
hombres sanguinarios y mendaces. Los malvados no pueden descansar. Sea en la
guerra o sea en la revolución, sea cual fuere la bandera bajo la que luchan,
cualquiera que sea su grito de guerra, la finalidad es siempre la misma: causar
daño, causar dolor, derramar sangre. Una común finalidad unía a Alejandro de
Macedonia y a Amílcar, a Gengis Kan y a Carlomagno, a Chmielnitzki y a
Napoleón, a Robespierre y a Lenin. ¿Demasiado sencillo quizá? También el
principio de la gravitación universal es sencillo, y precisamente por esto
tardó tanto en hallarse”.
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