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domingo, 18 de junio de 2017

A CORAZÓN ABIERTO. ELIE WIESEL.




  Un día me recomendaron leer este libro. Quizá sea por mi inclinación a hablar de la muerte en el sentido más profundo o filosófico, o más superficial y caricaturesco. Pero ¿existe la muerte? O en palabras de Unamuno citadas por Simon Leys: “Dios no existe, y la prueba más clara de esto es que –como todos podéis ver- yo tampoco existo”. O la frase que se me ocurrió ayer mientras subía un pequeño puerto de montaña en bicicleta: “Nos decimos a nosotros mismos que vamos a morir, pero lo decimos con la boca chica”.  Wiesel fue hasta hace justo un año un pensador profundo de la espiritualidad y religión humanas, además de un superviviente de los campos de concentración. No sabía nada de él ni de su escritura, pero saber que había escrito un libro a las puertas de dejar este mundo me resultó irrechazable. A Elie Wiesel le dicen que van a operarlo del corazón y que es posible que no sobreviva. Y hace un balance de su vida en un libro de apenas 100 páginas de letra gorda porque cualquier vida en esencia puede resumirse en un puñado de palabras, en un puñado de imágenes.
  A menudo pensamos en la muerte con valentía e incluso con chulería, pero viéndolo como desde la barrera, desde el vigor y la salud. Es cuando uno sale al ruedo que comienza a sentir el pavor. Pero un pavor en forma de engaño: “podría todavía hacer esto o aquello, podría cumplir aquel proyecto aplazado o inacabado” pero es un engaño al fin y al cabo porque la vida te permite precisamente postergar asuntos porque nos sobra el tiempo, o al menos tenemos esa sensación. “He aprendido mucho acerca de mí mismo y acerca de lo que me rodea. Sobre todo, que, cuando el cuerpo se vuelve prisionero de su dolor, una pequeña píldora o inyección resulta más eficaz que el pensamiento filosófico más brillante”.
  En ese peligro nos aferramos a lo que en “vida” damos por sentado sin parar mucho a pensarlo. “Observarlos –a sus nietos- mientras juegan juntos, escuchar a Eliyah leerle cuentos, es el regalo más hermoso que se me pueda hacer”.
  “Una vez liberados los campos, recuerdo que estábamos convencidos de que después de Auschwitz ya no habría más guerras, ni racismo, ni odio, ni antisemitismo. Pero nos equivocábamos. De ahí ha nacido un sentimiento cercano a la desesperación. Puesto que si Auschwitz no ha sido capaz de curar a hombre del racismo, ¿qué podrá lograrlo? Tenemos que admitirlo: el mundo no ha aprendido nada”. (…) “Auschwitz representa una tragedia humana, pero también, y sobre todo, un escándalo teológico. Para mí es un hecho innegable: es imposible aceptar Auschwitz con Dios, Tampoco sin Dios. Pero entonces, ¿cómo entender su silencio?”.
  En definitiva este libro es ese repaso que damos a la vida cuando estamos cerca del final porque sólo así somos capaces de entresacar la esencia de entre todo lo que tiene menos importancia. Marion, su mujer murió el mismo año: 2016.

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