Acabo de escuchar en la Juan March una charla
con Joan Fontcuberta. Fotógrafo, ensayista y más cosas. No sabía quién era
hasta ahora. Un montón de cosas interesantísimas. Y una anécdota tan sabrosa
que no he podido resistir contarla aquí. Contaba que su padre estuvo a punto a
ser llamado a filas en la llamada quinta del biberón; y se salvó, dice, por los
pelos. Después de terminada la guerra lo enviaron al servicio militar en
Melilla. 4 años. Allí se aburrían mucho. Un día, hablando unos reclutas con otros, se
les ocurrió una idea: hacerse en un estudio de la ciudad una fotografía-retrato
y enviarlas con una carta, todas iguales, a distintas muchachas, amistades de
unos y otros, de la geografía patria con la intención de conocerse y quién sabe:
Logroño, Bilbao, Barcelona, etc. Una de esas cartas llegó, claro está, a la que
hoy es su madre, quien dijo: Oye, pues qué mozo tan guapo. Fontuberta
reflexiona que él existe, y no en sentido simbólico sino en el literal, porque aquella
foto de su padre no estaba desenfocada. Una imagen puede cambiar la realidad,
vaya que sí. Tú y yo, dice, estamos aquí hablando porque aquella fotografía
estaba bien y le gustó, sin conocerse, a la que después fue mi madre. Facebook de
la prehistoria.
lunes, 28 de noviembre de 2016
lunes, 21 de noviembre de 2016
BERNAL DIAZ DEL CASTILLO. HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA.
Casi dos años he tardado
en leer este libro monumental sobre el descubrimiento de Méjico, mil quinientas
páginas. Bien es verdad que lo he leído a intervalos, algunas páginas cada
noche, o algún atracón de un fin de
semana lluvioso. Cuesta uno acostumbrarse a su lenguaje del siglo XVI pero
luego te sumerges en su maestría, su particular forma de contar las cosas.
Todos estos hechos, estas corónicas, como las llama él, las asombrosas e históricas campañas de Hernán Cortés,
fueron narradas por el autor treinta años después de de producirse los hechos
(1568), con un Bernal octogenario, cargado de hijos y necesitado de
reconocimiento y dinero.
La historia, como se
dice, siempre la cuentan los vencedores, y además, otras veces, los más
interesados en encumbrar los méritos de los más poderosos, los reyes, los
generales, los dicatores. Bernal quería que también figuraran los méritos de
los más humildes, los más esforzados y sacrificados, los soldados. Para ello
Bernal muestra una inteligencia y una memoria descomunal, digna de un Funes el
Memorioso de Borges en el que recuerda absolutamente todo: nombres, lugares,
batallas, muertos y heridos, mujeres y niños, barcos, viajes…, todo.
El autor confiesa en
infinidad de ocasiones que sus crónicas son verdaderas y para empezar ahí está
el título. Y lo hizo en contraposición de las de López de Gómara, al que
acusaba de ser poco dispuesto a contar las proezas de los que se encontraban
abajo en el escalafón.
Si este libro fuera un
cuadro impresionista y tuviera que elegir tres o cuatro imágenes grabadas en
mis ojos contaría éstas: La muerte de Moctezuma y el posterior levantamiento de
sus seguidores (y detractores), a pesar que ofreció a sus hijas, doncellas bellas
y jóvenes, a Cortés y sus capitanes. Su obsesión por la costumbre indígena de
practicar la sodomía. La capacidad para salir victorioso de batallas desequilibradas;
cómo muchos españoles murieron ahogados en un río hundidos por la cantidad de
oro que portaban. Los sacrificios humanos a los dioses (la humanidad nunca ha
dejado de ser idiota) y el arrojo de Cortés para viajar a ver al rey y buscar
sus favores en una España llena de intrigas, enemigos, envidias y encima salir
airoso, cosa que casi nunca se consigue en este país cainita. Bernal fue
también uno de los que se enfrentó a Bartolomé de las Casas, que todo hay que
decirlo. ¿Leyenda negra? ¿Leyenda blanca? Historia.
sábado, 12 de noviembre de 2016
12 de noviembre de 2016.
Genius,
película donde se cuenta la relación de Thomas Wolfe con Max Perkins, su editor
y amigo. La escena que más me ha conmovido sucede en el antiguo apartamento del
escritor. Se lamenta de que su trabajo, su obra, sea una frivolidad dentro de
la gran depresión que supuso el crack del 29. Para qué la literatura dentro de la necesidad,
del hambre de los demás. Ya ha triunfado con su novela, su gran novela
americana “El Ángel que nos mira”. Salen a la terraza y contemplan la ciudad: “Venía
aquí cada atardecer y contemplaba la ciudad y soñaba con lo que podría ser mi
vida, hasta que salían las estrellas, las estrellas en el cielo, las luces de
los edificios, todas esas luces brillando, todo el poder de la vida…”, Perkins
le corta: “No eres frívolo, Tom. Creo que en la época del hombre de las
cavernas, nuestros antepasados se reunían en torno a una hoguera, y los lobos
aullaban afuera, más allá de la oscuridad, y dentro una persona iba a comenzar
a hablar, y él contaría una historia, para que no estuvieran tan asustados”. No
hay mejor manera de insuflar confianza en un oficio tan necesario. Estamos tan
metidos en la ficción, series, películas, libros; porque lo necesitamos.
Compro
esta mañana el País y el Jot Down después de un delicioso paseo en bicicleta ¡Cómo
alimenta el sol del otoño! Por delante, una placentera tarde de lectura. En el Jot Down, “Una fiesta secreta”, de Muñoz
Molina, en torno al trabajo de escribir, la obsesión y el trance de escribir.
En la contraportada del periódico, Savater: “Para
saber lo que Dios piensa del dinero no hay más que fijarse en a quién se lo da”,
frase de Maurice Baring, amigo de Chesterton. Ergo…, pienso que Dios quiere a Trump
y me odia a mí.
Nuevo programa de libros en la TDT a cargo de
Mercedes Milá. La gente, anónima o no, irá a su programa para convencerla de
leer un libro o desistir a que lea el que tiene preparado. “Convénzeme” se
llama.
En el artículo obituario de Gerardo Vera sobre Francisco Nieva se
cuentan las múltiples facetas del dramaturgo. No sabía que era tan buen
dibujante también. Y escritor, y escenógrafo. “Un hombre con mucha cabeza”,
como subtitula el artículo.
viernes, 11 de noviembre de 2016
JAVIER REVERTE. EL HOMBRE DE LAS DOS PATRIAS. TRAS LAS HUELLAS DE ALBERT CAMUS.
Posiblemente de Javier Reverte sea del que
tenga más libros. Lo habré dicho ya seguramente hablando de los anteriores. Los
cuento y me salen once, que no está mal. Cuando un escritor tiene éxito, y este
hombre lo tiene desde hace muchos años, le deben llegar encargos para
satisfacer a la industria, para satisfacer a editores, a su cuenta corriente.
Deteriorada si atendemos a los problemas que hace poco ha tenido con Hacienda,
y que tendrá todavía. Este libro, delicioso como todos los suyos, se podría
haber encajado en un largo artículo de una revista como Jot Down, poco más o
menos. Pero lo han envuelto en las ya típicas tapas de la editorial B (Papel),
que intenta imitar a las agendas que llevan los reporteros y nos la han colado
por veinte eurazos. Y yo digo: si sirve para lanzar arriba la industria del
libro y de paso ayudar a un escritor que me gusta, bien gastados sean, aunque
haya dado cuenta de él en dos sentadas; literalmente.
La estructura es tan simple como el resto de
sus libros, casi todos los leídos, de viajes. Habla de sus peripecias y lo va
alternando con la descripción del espacio físico, con la historia, con las
anécdotas que sabe contar como pocos.
Aquí nos habla de las vivencias de uno de los
escritores más importantes del siglo XX: Albert Camus. Y echa mano de sus
Carnets y de la novela autobiográfica, El Primer Hombre, aparte de otras obras.
Quien las haya leído como es el caso le sonarán todas las citas. No importa,
siempre es emocionante volver a leer, por ejemplo, la relación de Camus con su
profesor Bernard.
Una cosa que no sabía es que a Camus no se le
quiere mucho en Argel, su tierra de nacimiento. La excusa que ponen es que para
él, dicen ellos, los argelinos eran “los árabes”, y claro, no les gusta. Ahora
parece que se remedia la cosa porque están comenzando diversos actos para
reivindicar su figura.
También se explica las trifulcas famosas de
Camus y Sartre. Ésta por escrito y debido a diferencias en cuanto a valorar el
comunismo: “Camus respondió con una carta dirigida directamente a Sartre, que
la propia revista publicó, en la que insistía en su idea de que, en nombre de
un proyecto de libertad y justicia, no se pueden justificar ni utilizar la
represión y una política de campos de concentración. Y Sartre, ofendido, le
contestó a su vez con otra carta en la que, entre otras cosas, decía: “Usted
condena al proletariado europeo porque no condena a los soviets; y también
condena a los gobiernos de Europa porque admitirán a España en la Unesco. Solo veo
una solución para usted: irse a vivir a las Galápagos””.
Y es que, la finura moral
de Camus se refleja muy bien en esta frase, criticando el terrorismo de las
fuerzas del FLN: “En estos momentos están poniendo bombas en los tranvías de
Argel. Mi madre puede estar en uno de esos tranvías. Si eso es justicia,
prefiero a mi madre”.
Otra joyita de Reverte para el gaznate. Quizá
demasiado diminuta. No importa; seguiré comprando sus libros.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
PATRIA. FERNANDO ARAMBURU.
Gran novela, de las que se convertirán en
importantes. Cuando los historiadores buceen en los documentos, en las
hemerotecas, les faltará “lo humano” para saber qué pasó. Con esta novela se
sabrá un poco mejor qué clase de locura colectiva ocurrió en el norte del país contaminando
a su vez de dolor a todo el resto.
Es un
juego dramático, de encaje de piezas, un puzle difícil y variado en el que al
lector le es dada la capacidad para ir reconstruyendo un espacio lleno de
matices, de pedazos de vidas, influidas por una lacra que ha golpeado a este
país durante décadas: el terrorismo. Un buen escritor, pienso yo, tiene que
tener la valentía, la capacidad, la técnica; en definitiva, el poder de
convencimiento, de poder meterse en el cerebro de sus personajes, sacados de la
realidad o no, y darles su voz, sus razones; como dice el autor “llenarlos de
humanidad”. Un descubrimiento para mí este escritor. Ya tengo en favoritos para
comprar “Viaje con Clara por Alemania”, que estuve a punto de comprar cuando
salió y que ofrecían en Círculo, y “Años lentos” del que he leído por aquí
buenas críticas.
"Le parecía que, hasta la fecha, a las víctimas del
terrorismo se les había prestado poca atención por parte de los escritores
vascos".
“Asimismo escribí
en contra del crimen perpetrado con excusa política, en nombre de una patria
donde un puñado de gente armada, con el vergonzoso apoyo de un sector de la
sociedad, decide quién pertenece a dicha patria y quién debe abandonarla o
desaparecer. Escribí sin odio contra el lenguaje del odio y contra la
desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de inventarse una historia al
servicio de su proyecto y sus convicciones totalitarias”. Parte de una
conferencia que da un escritor dentro de la novela. Muy significativo.
Al final un millar de muertos, una sociedad
rota, viudas huérfanos, jóvenes pudriéndose en la cárcel… para nada. “Abrigaba la firme convicción de haber sido víctima de
una estafa”, reflexionaba el personaje que encarna la figura del
presidiario. Él se da cuenta de que su “sacrificio” no ha servido de nada. Ve
en la televisión que la gente, con sus ikurriñas, sus bocadillos, sus hijos y
amigos, asisten a un partido de futbol. “Y causas
de causas que llevaron a nuevas causas y a la situación actual, la de un hombre
sin más paisaje que las cuatro paredes de su celda, abrumado bajo el peso de lo
que hizo en nombre de unos principios que otros idearon y él, obediente,
ingenuo, asumió”.
Con las últimas páginas de este libro, Patria,
se me escapan algunas lagrimillas. Son pocas las novelas de las que pueda decir
eso.
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