lunes, 21 de noviembre de 2016

BERNAL DIAZ DEL CASTILLO. HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA.



  




  Casi dos años he tardado en leer este libro monumental sobre el descubrimiento de Méjico, mil quinientas páginas. Bien es verdad que lo he leído a intervalos, algunas páginas cada noche, o algún atracón de un  fin de semana lluvioso. Cuesta uno acostumbrarse a su lenguaje del siglo XVI pero luego te sumerges en su maestría, su particular forma de contar las cosas. Todos estos hechos, estas corónicas, como las llama él, las asombrosas  e históricas campañas de Hernán Cortés, fueron narradas por el autor treinta años después de de producirse los hechos (1568), con un Bernal octogenario, cargado de hijos y necesitado de reconocimiento y dinero.
  La historia, como se dice, siempre la cuentan los vencedores, y además, otras veces, los más interesados en encumbrar los méritos de los más poderosos, los reyes, los generales, los dicatores. Bernal quería que también figuraran los méritos de los más humildes, los más esforzados y sacrificados, los soldados. Para ello Bernal muestra una inteligencia y una memoria descomunal, digna de un Funes el Memorioso de Borges en el que recuerda absolutamente todo: nombres, lugares, batallas, muertos y heridos, mujeres y niños, barcos, viajes…, todo.
  El autor confiesa en infinidad de ocasiones que sus crónicas son verdaderas y para empezar ahí está el título. Y lo hizo en contraposición de las de López de Gómara, al que acusaba de ser poco dispuesto a contar las proezas de los que se encontraban abajo en el escalafón.
  Si este libro fuera un cuadro impresionista y tuviera que elegir tres o cuatro imágenes grabadas en mis ojos contaría éstas: La muerte de Moctezuma y el posterior levantamiento de sus seguidores (y detractores), a pesar que ofreció a sus hijas, doncellas bellas y jóvenes, a Cortés y sus capitanes. Su obsesión por la costumbre indígena de practicar la sodomía. La capacidad para salir victorioso de batallas desequilibradas; cómo muchos españoles murieron ahogados en un río hundidos por la cantidad de oro que portaban. Los sacrificios humanos a los dioses (la humanidad nunca ha dejado de ser idiota) y el arrojo de Cortés para viajar a ver al rey y buscar sus favores en una España llena de intrigas, enemigos, envidias y encima salir airoso, cosa que casi nunca se consigue en este país cainita. Bernal fue también uno de los que se enfrentó a Bartolomé de las Casas, que todo hay que decirlo. ¿Leyenda negra? ¿Leyenda blanca? Historia.
Publicar un comentario