Comentando
sobre los libros leídos el año pasado, un conocido contertulio confesó,
hablando de una de sus primeras lecturas de este año 2020, que Los mejores días
era un libro que le había gustado tanto que estaba por no leer nada más -¡no
leer nada más en casi un año!- por considerarlo insuperable. Todos, los
lectores contumaces, tenemos siempre en mente la lectura del próximo libro, y
siempre pensamos que va a ser mejor que el que tenemos entre manos.
Este de Magalí, una insultantemente joven
argentina, es un libro de pequeños relatos. Relatos o cuentos sobre relaciones
familiares, contados siempre con una voz poética realmente brillante.
A mí no me han gustado tanto. Para los cuentos
poco extensos como son éstos prefiero las desmesuras de un Quim Monzó,
Cortázar, Lugones, o Hudson, por citar unos pocos, casi todos argentinos.
Apenas he subrayado nada. Sólo al final, en
la penúltima página un párrafo certero como una flecha al corazón: “Algunas
mujeres educan a las otras para que en el futuro estas cuiden a sus hombres de
sí mismos y reciban con entereza la rabia que despierta eso. Un hombre, me dijo
una vez mi mamá, es un animal pequeño que se ve inmenso”.
Vale, Ok, buena lectura. Pero seguiré leyendo
libros en este 2020 como si no hubiera un mañana.
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