sábado, 25 de abril de 2015

LA VIDA LENTA. DIETARIO. 1956, 1957, 1964. JOSEP PLA.





  


 

  Me acabo de enterar que Pla murió un 23 de abril de 1981. Quizá para dejar su impronta certera y con retranca: ¡¡Ahí queda eso!! Leyendo sus inéditos diarios, La vida lenta, he pensado que sí, que a los que nos gusta leer a un autor querido nos gusta leerlo todo de él. De Pla, como en los cerdos, se puede aprovechar todo, pero estos dietarios, anotaciones hechas en una agenda para uso exclusivo de ayuda a su memoria, son casi casquerías. Sí, muy apetitosas, pero sin la gracia que demostró el maestro durante tantas miles de sus páginas escritas. Me gusta que me cuente que quedó a cenar con Néstor Luján, vale, pero también me gustaría saber de qué hablaron, si de libros o de bellas señoritas casquivanas. Uno acaba hartándose un poco de sus anotaciones diarias sobre el clima, sobre que está muy fatigado, sobre que tiene fiebres eróticas pensando en A., sobre el olor a alfalfa. Repito que me gusta no obstante pero…, resulta cansino. El Cuaderno Gris es el resultado de pasar estos apuntes por el colador de la literatura, del desarrollo y el estilo. Aquí sólo hay apuntes del natural; sin una pizca de color.
Otra vez vuelven a coincidir algo aparecido en la prensa con algo leído en el libro que acabo de terminar. De rabiosa actualidad, como se suele decir. La sentencia aparecida en el periódico es el del siempre lúcido El Roto.
“¡No saben el tiempo y el esfuerzo que lleva el no hacer nada”.
Se ve a un ejecutivo o a un político (ya casi son lo mismo) sentado en su oficina en actitud ociosa. Y la frase del libro es una de las pocas cosas resaltables del dietario del ampurdanés. El director de un periódico, del Bilbao, le dice:
“No se hace idea de la cantidad de langosta que tengo que comer para ganarme la vida”.
  Cuando publiquen sus listas de la compra me pensaré seriamente si merece la pena su lectura. No todo vale en la casa de un genio como el ampurdanés. Y que no engañen a sus futuros lectores con un excelente prólogo como el de Xavier Pla. Demasiadas expectativas. Cada vez desconfío más de esos editores que rebuscan hasta en la basura para encontrar cualquier cosa que haya dejado escrita.

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