sábado, 24 de agosto de 2013

DIARIO DE MOJACAR 2



  Por la mañana quedamos todo el grupo, que lo componen adultos y niños de todas las capas de edad, en la playa. Por el móvil vamos concretando el sitio: cerca de un vehículo de protección civil. Hacia allí vamos. Cuando llego veo a un fotógrafo que levanta una toalla para hacer una foto a una anciana que se ha ahogado esa misma mañana. Tiene la piel de la cara muy blanca y pegada a los huesos. Es muy menuda. Cuando cubren otra vez el cuerpo solo pueden verse las aletas; apenas tiene volumen. Las personas, cerca, siguen con sus baños y sus charlas. Solo algunos muestran su congoja por las posturas de sus cuerpos. Se va el grupo a otro sitio. Yo me quedo no sé con qué excusa y espero que venga el forense. Cuando llega procede con determinación: le quita unos guantes, las aletas, el reloj y ordena que la introduzcan en la bolsa para que se la lleven. No hay nadie cerca que llore. Todo se hace deprisa y de manera profesional. Por otro lado pienso que la pobre señora se ha muerto a edad avanzada y haciendo seguramente lo que más le gustaba. A la mañana siguiente no puedo evitar la curiosidad y leo en internet que tiene noventa años que viene a estas playas desde hace más de cincuenta. Que es madre de un famoso médico naturista y que es inglesa.
  Pienso que firmaría para mí esa clase de muerte si bien preferiría que nunca encontraran mi cuerpo.

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