Ignacio
Carrión, ya para mí como otro amigo difunto, me ha acompañado durante doce días.
Cada vez más allá que aquí porque todos se van muriendo. Precisamente acabo de
empezar Al morir Don Quijote, de Trapiello y me doy cuenta que ya no me vale
eso de que en la escuela poco puede interesar las tribulaciones de un señor de
cincuenta años a un chico de diez o doce. Ahora para mí Don Quijote es un
muchacho en la flor de la vida. Pero lo primero a destacar de este libro es el
precio: ¡¡un euro!! ¡¡¡Un euro!!!! Es de formato grande, tapa dura, mil páginas,
excelente calidad de papel. Del 61 al 2001. Cuarenta años de su vida pero
también de la historia de España.
En alguna parte se cuenta la fe que la
editora Carmen Balcells le tenía a estos diarios. Ahora pasado el tiempo se ve
que no, que ha terminado, después de mil aventuras editoriales, supongo, en la
más “tirada” mesa de saldo. ¡1 euro!
Él fue
un gran periodista y entrevistador, observador de la historia crucial del final
del franquismo y de la Transición y…consolidación, con pinzas. Aunque al morir,
en el 2016, se ahorró algunos sonrojos posteriores. Cuántas veces tuve este
volumen en las manos. Lo vi en la librería que frecuento muchas veces. No me
terminaba de convencer. El precio me mosqueaba. ¿Tendría muchas erratas? ¿Estará
a falta de interés o con grandes mentiras? Luego dejé de verlo hasta que lo vi
en una librería del ramo, en Valencia. Pero era demasiado pesado y voluminoso
como para traerlo en el tren de vuelta. Me ha gustado mucho. Más que los dos
volúmenes de Jiménez Lozano por los que pagué casi cincuenta euros. Gran
escritor pero demasiado pendiente de las cosas morales y religiosas, en algunos
determinados puntos, en absoluto desacuerdo con él. Estas de Carrión son más
comprometidas, más crudas, más tremendas, más interesantes por los protagonistas
que trató. La relación con su madre, las escenas de locura que cuenta, pone los
pelos de punta. En una de las borracheras de su madre, mientras ella está
desnuda en la cama entre sábanas revueltas, con peste a alcohol y a vómitos, invita
a su hijo a acostarse con ella, porque así sabría lo asqueroso e infinitesimal
que es el sexo entre un hombre y una mujer. Escenas de esta guisa. También a
veces se encerraba en el baño y tiraba joyas o dinero por la taza del wáter. Era
ella de una familia adinerada. Otras veces gritaba enloquecida a su marido que
disfrutara como un animal dándole por detrás, ¡¡como un cerdo!! “¡Ahí donde lo
ves, tan modosito, el anormal es él, venía a mi cama, me daba por detrás y
luego comulgaba en la parroquia!”
¿Cómo
puede crecer un niño en una casa así? Pues mal, con problemas neuróticos y de
inseguridad. De jovencito le enviaron al extranjero, a Viena, a que lo tratara
un siquiatra. El mismísimo Dr. Viktor Frankl. A quien por cierto dice deber la
escritura de estos diarios: “¡escriba, tiemble!”.
“En lugar de suicidarme empecé a escribir mi
Diario”. “Finalicé el estudio de Landsberg sobre el suicidio basado en un
principio ético. Sin embargo, Landsberg no recurrió a él cuando lo apresaron
los nazis”.
También por aquí y por allá aparecen referencias
a obras literarias, a escritores, conversaciones con poetas u otros periodistas,
etc. Y luego, de lo más interesante, las notas pegadas a la actualidad: el régimen
de Franco, la censura, la agonía, el terrorismo de ETA, los juicios
sumarísimos, las ejecuciones, la Marcha Verde, la muerte de Franco, las
dificultades a las que se enfrentaba un país atemorizado sin saber muy bien qué
caminos tomar. Una muestra sacada de una entrevista: José Solís, importante
político del régimen: "…yo, que soy franquista hasta la médula, me he
convencido de que los españoles no tenemos remedio: ¡qué paciencia ha tenido el
Generalísimo aguantándonos cuarenta años! ¡Cada día admiro más a Franco!”. Me
he pegado una buena carcajada. Cuenta cantidad de anécdotas jugosonas. En una
visita le recomiendan a Franco, humildisisímamente, que se preocupe algo más de
las cuestiones sociales. Y dice que trabajará para que cada trabajador tenga
una bicicleta. No dijo nada cuando le recordaron que España es un país de
cuestas. Nadie volvió a sugerirle nada parecido. Franco tenía una peculiar
forma de resolver asuntos delicados. En una huelga de metro hizo una cosa
magistral (meter ironía): a los trabajadores los nombró soldados y avisó de que
les aplicaría la legislación militar. Automáticamente la huelga se solucionó.
Aquí pasó algo parecido cuando la huelga de controladores aéreos. Mandaba el
PSOE.
“Aborrezco y temo la idea del suicidio. Sin
embargo, deseo envejecer muy deprisa, recorrer este largo camino en una sola
noche”.
“Amo los libros de un modo quizá excesivo. Es
como hay que amar. Si muero de viejo, con la mente clara, no llegaré al fin
desesperado. Porque la desesperación nace del vacío, del miedo no solo al vacío
total que es la muerte, sino al tremendo, insufrible vacío que puede precederla.
No temo ese vacío, siempre existirá este alimento, leer y reflexionar”.
Seferis: “Los recuerdos han devorado mi
memoria”.
Y llega el momento fatídico. Confiesa cumplir
61 años, mi edad, y reflexiona cuánto puede quedarle de vida: 16 años, veo
porque lo escribió en el 2000 y murió en el 2016. “Pienso en lo perdido. En
miedad, 61 años. En lo que me queda por vivir. Una vida decente no sobrepasará
quince años. Luego, en el mejor de los casos, débil. Con problemas. Con más
miedo al fin”.
Siempre he pensado que los mejores Diarios
que he leído son los de Andrés Trapiello y siempre lo pensaré pero como ya los
he leído todos, y debo esperar paciente la publicación cada año del siguiente,
he acudido a quien pensé que sería un sucedáneo descafeinado. Pero me
equivoqué. Unos diarios, repito, crudos, duros, rasposos, valientes, ofensivos
sin equis o iniciales. Reparte a cascoporrillo. Tanto que hasta su familia se
puso en contra. Pero para sus lectores del futuro es una gozada. Y pienso que,
visto lo visto, tenía mucha razón en muchas cosas. Ni que decir tiene que ya he
encargado los dos siguientes tomos.
“¿Qué voy a hacer con tan poco tiempo para
leer lo que me interesa? Esto no puede ser. Hambre insaciable insatisfecha. No
obstante no puedo quejarme. La vida es interesante, aunque no tanto como la
literatura”.