viernes, 12 de enero de 2018

DIAS Y NOCHES. ANDRES TRAPIELLO.





  Debo reconocer que la simpatía que me ha deparado este escritor ha fluctuado dependiendo de mis propias fluctuaciones políticas: a veces lo ubico demasiado a la derecha y a veces no tanto. Lo que no ha cambiado nunca es mi admiración hacia su escritura. Trapiello es translúcido como el cristal. No engaña a nadie y sabe de temas tan diferentes que parece haberlo leído todo o sobre todo –que ahí está el mérito- con absoluto provecho.
  Esta novela la vi cuando ya casi abandonaba mi querida Cuesta de Moyano en una mañana fría pero soleada de invierno después de visitar una exposición interesante en la Biblioteca Nacional sobre cartografía. 12 de diciembre de 2017.
  La novela utiliza un recurso por lo demás algo manido: encontrar un manuscrito y reproducirlo tal cual; una especie de engaño. Ha dicho de siempre Trapiello que como no sabe escribir novelas le dio por escribir el diario que lleva desde hace un montón de años y de los que lleva veinte tomos publicados. Pronto leeré el último, que será mi primero. No sabrá escribir novelas pero a mí, las que he leído, dos o tres, más el imprescindible libro sobre los intelectuales en la Guerra Civil, Las Armas y las Letras, me parecen muy recomendables.
  Comienza la novela contando que el autor visita la fundación Pablo Iglesias y que allí, entre miles de documentos, encuentra un diario de un tal Justo García Valle. El libro se terminó de escribir en el año dos mil y en el prólogo, cuando aún no ha comenzado el verdadero diario de Justo, es decir el de mentira, se dice: “Este verano se levantaron en España voces cualificadas certificando la muerte de la novela o, en todo caso, su estado comatoso. La que no parece muerta, por el contrario, es la realidad, la cual, con frecuencia, es tanto o más apasionante que cualquier novela cuando está llena de vida”. Creo que fue Eduardo Mendoza el que inició la matraca de la eterna muerte de la novela. Y aquí seguimos casi dos décadas después.
  El diario comienza ya con la guerra perdida. Una huida dolorosa con el hambre y el frío como protagonistas. Si Trapiello hubiera vivido la guerra habría escrito un diario como este de la novela. Se preocupa por dónde debe escribir sus ideas y sus vivencias; cómo son las tipografías, las tapas de los cuadernos, la calidad del papel.
  En la novela vienen los recuerdos al personaje: Yo creo que la muerte no es tan fiera como la pintan, y seguramente hace una visita a todo el que piensa llevarse. Sólo hay que estar atento. Cuando vas a morir, y lo sabes, no duele tanto”.
  Cuando acaba el diario viene el epílogo. Y ahí se cuenta -¿será también novela o será la realidad?- que Trapiello fue en el 97 a Méjico a conocer a la hija del personaje -¿real, inventado?- ¿Y qué más da? En el último párrafo se cuenta que Trapiello lo escribió en su propio diario: ¿El salón de los pasos perdidos?
  En fin, me ha gustado, otra novela de la guerra civil contada de manera amena y original. Editorial Planeta. Buen papel y buena tipografía. Poco uso. 3 euros.  

lunes, 1 de enero de 2018

LIBROS LEÍDOS EN 2017.




SANZ        MARTA. LA LECCION DE ANATOMIA. Novela autobiográfica. Recomendable, con prólogo de Rafael Chirbes.
 BIERCE   AMBROSE. EL PUENTE SOBRE EL RIO DEL BUHO. Cuentos de un escritor americano imprescindible.
ARAMBURU     FERNANDO.  VIAJE CON CLARA POR ALEMANIA. Novela de viaje por Alemania insustancial. Altamente prescindible.
REVERTE JAVIER. NEW YORK NEW YORK. No encuentro mejor manera de aprovechar un cuantioso premio. Un regalo para sus lectores
ORWELL GEORGE. SIN BLANCA EN PARIS Y LONDRES. Miseria y penurias sin fin de un grandísimo. Punto de vergüenza para el mundo.
PLA JOSEP. LO QUE HEMOS COMIDO. Exquisitas -nunca dicho más apropiadamente- páginas en torno a la cocina.
KLEMPERER VICTOR. QUIERO DAR TESTIMONIO HASTA EL FINAL I y II. Diarios para no olvidar, exhaustivos, demoledores.
RIEF DAVID. ELOGIO DEL OLVIDO. Las paradojas de la memoria histórica.
LLAMAZARES JULIO. LA LLUVIA AMARILLA. Novela cruda sobre la despoblación en los pueblos de montaña.
ORWELL GEORGE. Voluminoso libro con todos sus ensayos. Algunos inolvidables.
IZAGUIRRE ANDER. CANSASUELOS. Un paseo desde Bolonia a Florencia con algunas jugosas historias.
STHENDAL. PASEOS POR ROMA. El mejor libro de viajes de Roma; dicho por otro maestro: J. Reverte.
BENJAMIN WALTER. DIARIO DE MOSCU          . Diario de un autor imprescindible.
UNAMUNO MIGUEL DE. SAN MANUEL BUENO MARTIR.  “Yo no creo pero creo que la gente debe creer, debe tener esperanza; así, yo sufro y mi vida no tiene sentido”.
WIESELL ELIE. A CORAZON ABIERTO. Memorias al final de su vida y ante la muerte.
WULF        ANDREA. LA INVENCION DE LA NATURALEZA. Biografía maravillosa de Humboldt.
LEYS SIMON.  BREVIARIO DE SABERES INÚTILES. Artículos sobre cosas inútiles. Esencial.
IGLESIAS CARMEN. RAZON, PENSAMIENTO Y  UTOPIA. Las ideas y las biografías de la Ilustración, el antecedente de todo.
SILVA       LORENZO. RECORDARAN TU NOMBRE. "Otra ""maravillosa"" novela sobre la Guerra Civil. Al rescate de la memoria de un hombre honrado. Esto sí es memoria histórica."
PINKER    STEVEN. EL ANGEL QUE LLEVAMOS DENTRO. La teoría optimista de que cada vez somos más civilizados. Veremos.
BARNES JULIAN. NIVELES DE VIDA. Globos aerostáticos y la muerte de su esposa. Sublime.
RAYNAL F.E.    LOS NAUFRAGOS DE LAS AUCKLAND. Un naufragio de leyenda del que han hablado mucho y bien.
FRANKLL VICTOR. EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO. Buscar el sentido de la vida en un campo de concentración. Menuda tarea.
RUSSELL BERTRAND. POR QUE NO SOY CRISTIANO. Escritos del padre de los modernos jinetes del apocalipsis.
FERNAN GOMEZ FERNANDO. EL TIEMPO AMARILLO. Las memorias de un grande en grandes facetas.
CARRION JORGE. LIBRERIAS. Alimento nutritivo para los mitómanos de los libros.
ASIMOV ISAAC.  LA ALTA EDAD MEDIA. Historia en píldoras de un renacentista del S. XX.
MORRIS, JEAN. LA CORONACION DEL EVERST. Un reportaje periodístico que hizo historia.
SANCHEZ PIÑOL ALBERT.  VICTUS. Historia novelada de ahora en torno al problemo de 1714. Barcelona. Muy buena.
BELMONTE MARIA. LOS SENDEROS DEL MAR. Cuánto se aprende y se disfruta viajando. Muy bueno.
SOLER     ISABEL. LOS MARES NAUFRAGOS. Historias de naufragios. En honor a Jünger y a Raynal.
GALLEGO BRIZUELA CARLOS. CUENTOS DE MUJERES. Cuatro cuentos de mujeres desde la voz de un buen narrador hombre.
BENITO PEREZ GALDÓS. GERONA. CADIZ. Episodios Nacionales. Ficción en la realidad o al revés.
ZWEIG STEFAN. MENDEL EL DE LOS LIBROS. Una de las inolvidables del gran Zweig.
ALEXIEVICH     SVETLANA. LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER. Mujeres rusas en la II Guerra mundial. Impresionante.
CAMUS  ALBERT. EL REVES Y EL DERECHO. Otros ensayos y el discurso de Suecia. Imprescindible.
VITTORINI ELIO.  DIARIO EN PUBLICO. Batiburrillo de cultura con mala digestión.
BARNES JULIAN.  EL RUIDO DEL TIEMPO. Biografía novelada de Dimitri Shostakóvich y la música y la mierda de la política.
SINGER    ISACC B. LA CASA DE JAMPOL. Problema de adaptación que vivieron los judíos al llegar a Estados Unidos, a Nueva York
MOYA JUAN MIGUEL ANGEL.  EL JARDIN DE LA CASA DE MI MADRE. Libro de poemas de un compañero nuestro. Añoranza, talento, introspección. Poesía así, sí.
BRIDGES E. LUCAS. EL ULTIMO CONFIN DE LA TIERRA. Uno de los mejores libros de viajes, según Jorge Carrión. Cosa que no desmentiré.
TRAPIELLO ANDRES. DIAS Y NOCHES. Otra novela de la Guerra Civil. Otra vez insuperable Trapiello.

EL JARDIN DE LA CASA DE MI MADRE. MIGUEL ANGEL MOYA.




  Este autor de este libro de poesía es, fue, un cobloguero –qué palabra fea- en la web de Antonio Muñoz Molina. Falleció a finales de año en Mallorca, donde residía, de un tumor cerebral. No lo conocí en persona pero sí que intercambiamos comentarios en torno a literatura, viajes y la maravillosa isla donde vivió y murió.
  Si tuviera que poner un adjetivo a esta persona que acaba de dejarnos es el de bondadoso. Era un hombre bueno que era dolorosamente consciente de lo que dejaba atrás: sus hijas, sus pasiones, su vida. Este libro de poesía habla del jardín de su madre, sí, pero también de la vida, de las cosas íntimas y opr las que merece la pena vivir. Del prólogo de Antonio Muñoz Molina (Carlos Gallego, otro asiduo, le envió el borrador al académico para que le dedicara unas palabras) “EL poema es el Jardín donde ese viajero encuentra una sombra fresca y un caudal de agua”. “Desde el primer verso del primer poema escucho una voz humana tan verdadera que me parece que me habla al oído, con su metal único, con ese misterio de la identidad que está en la voz más incluso que en el rostro”. “La gratitud por la belleza del mundo” quizá la esencia de estos poemas… “y por la presencia de los seres queridos y los lugares que son como los santuarios de los muertos es inseparable de la melancolía que provoca el pensamiento inevitable de la desaparición”.
  Para qué pensar en las palabras que lo describan si ya lo hace impecable Don Antonio.
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Las fotografías interrumpen la vida durante un instante que se aleja
con una verdad que hay que desvelar mucho después, buscando la memoria.
Mis hijas, sentadas sobre la baranda de piedra del espolón, de espaldas
a la llanura que llega hasta el mar, más allá de las montañas, en una imagen
que se renueva cada día, fugazmente, en la parte alta de mi escritorio.
El retrato de Silvia, con sus ojos que brillan abriéndose al mundo,
lejano aún, más allá de su alcance, la curva delicada del cuello del jersey
sobre su piel suave, y su voz como una música querida que escucho aún
llamando a Irene, que está en algún lugar de la casa, con su pelo recogido en
 dos coletas,
tan alegre que su alegría no se va a agotar nunca, bien lo sé, ahora que saboreo
esa luz
que quiero más que cualquier deseo no explorado a cuya sombra acudo para
refugiarme
de las inclemencias y de la ofuscación que siento en algunos atardeceres.

EL ÚLTIMO CONFIN DE LA TIERRA. E. LUCAS BRIDGES. Una juventud entre los indios fueguinos.




Hace unos meses leí un libro de los que yo llamo “seminal”, es decir, libros que te hacen llegar a otros libros. Es el caso de “Librerías”, de Jorge Carrión. En este libro de Carrión se habla de librerías por el mundo, de su arquitectura,  de las dimensiones, decoración, de la calidez de sus estanterías, de los dueños, de las ciudades que habitan, etc. Pero también, claro, se habla de libros. En una de las referencias leí una frase que me llamó la atención: Nunca había oído hablar ni del autor ni del libro pero Carrión dijo de éste que era el libro de viajes que más le había gustado. Y Carrión es un hombre que ha leído mucho. Así es que un día me acerqué a una librería de viajes en Madrid –y de montañismo-, Desnivel, y me lo compré: solo había un ejemplar. Lo comencé a leer ayer y…, cómo decirlo, se va a convertir posiblemente en uno de los mejores que he leído en mi vida. “Es uno de los mejores libros de viajes que he leído y la antítesis del relato de Chatwin. A su fragmentación, Bridges le opone unidad”.
  Lucas Bridges, inglés pero nacido ya en Ushuaia, solo escribió este libro: El último confín de la Tierra. Y está escrito, muy bien escrito, en un lenguaje lleno de datos, de anécdotas, de información sobre vidas entregadas, sacrificadas y a la vez felices dentro de la dificultad. Estamos hablando de finales del siglo XIX –el autor nace en 1874 pero narra, a través de los diarios de su padre, años anteriores- en una zona de la tierra donde no había médicos ni medicinas ni electricidad ni nada que no fuera la más pura supervivencia en un clima perro como pocos hay en el mundo. Sólo cabe señalar que está cerca, relativamente, de Las Malvinas. Aprendieron el idioma de los indígenas y llevaron no solo la palabra de Dios sino las herramientas para desarrollar la agricultura, la ganadería y la construcción de casas. Una maravilla. Gracias Carrión.
  Hablando de los buscadores de oro que sufrían naufragios me acordé de los soldados de Cortés hundiéndose en los terrenos inundados del imperio azteca: “Estos infortunados deben de haberse hundido como piedras; es probable que cada uno llevara cosidos a sus ropas más de cinco kilos de peso en oro”. Y cómo no recordar en algunos pasajes al gran London: “Al sorprenderlo la noche en el camino, empapado y hambriento, gastó su último fósforo en encender un fuego, y después de poner sus botas a secar, se había echado a dormir. A la mañana siguiente, al intentar ponerse las botas le fue imposible hacerlo, pues el cuero estaba completamente tostado”. O a Melville: “La ballena es una masa tan inmensa de sangre caliente que, mucho antes de enfriarse, ya está podrida. Hasta el aceite queda fuertemente impregnado de un olor desagradable”. En fin, un libro intenso, de muchas páginas de letra abigarrada pero que se ha leído con sumo placer.