domingo, 4 de marzo de 2018

MUNDO ES. ANDRÉS TRAPIELLO



 

  Mi querido y admirado Andrés, en el libro que acabé de leer el otro día, los diarios de Pániker, El Cuaderno Amarillo, se hablaba de usted, y lo calificaba de melancólico, “escritor de nimiedades y resentimientos”. No estoy de acuerdo. Es usted un escritor gracioso, irónico y con retranca, y habla, al menos para mí, de temas que me interesan mucho: la literatura, el amor, el arte, las mujeres, la enfermedad y un tan largo etcétera que abarca toda la vida, porque habla en este volumen, el último de sus veintitantos tomos, de todo lo que le pasa; es decir, de todo lo que nos pasa. Le gusta la vida y lo confiesa: “La cultura sola, en especial la cultura de libros, sin el condimento de la vida, te la arruina de modo irremediable. El boquete de obús que hace un libro no lo tapa casi nada. Un hombre sólo culto, sobre todo un hombre sólo leído, es casi siempre un hombre informe o deforme. La erudición engaña: debajo de esa yedra tan vigorosa, no hay sino una vasta ruina”.
  La anécdota que acabo de leer me ha hecho reír. Y es eso tan importante…: Acaba de ir, a través de una amiga, al otorrino porque se ha quedado sordo de pronto: “Veía que los demás abrían la boca, pero de sus labios no salían sino silencios acuáticos”. El doctor le aplica alguna técnica de esas misteriosas y se cura rápido. Y sale eufórico del hospital. Cuántas veces habré sentido yo eso. Y reflexiona: “Las curaciones son las que más euforizan. Querría uno que pudiera hacerse con ellas un poco de moviola, atrás, adelante, por apreciar el contraste”.
  No es el primer libro que leo de usted, cómo no, Las Armas y las letras y algunas novelas, pero es el primer tomo que leo de su Salón de Pasos perdidos, sus Diarios, y “me jode” porque son veintiún tomos –y lo que viene- y no son precisamente baratos. Pero ya estoy contaminado. Y ahora los leeré, a través de los años, de delante para atrás, excepto los que vengan en el futuro que los leeré nada más salir.  Por cierto que hay algunos tomos que son difíciles de encontrar y cuando los encuentra uno valen una pensión. ¿No podría hacer algo al respecto?
 También dice Pániker que se pasa la vida entre libros pero, ¿se puede decir elogio más acertado de un escritor como usted? Aparte de que es mentira. Como usted diría: cada hora tiene su afán.
  En defensa de Pániker diré que el autor medio indio confiesa que lee a menudo sus diarios por “afinar el instrumento”. Yo creo que le tenía algo de envidia.
 Este libro, Mundo es, no tiene en verdad forma de diario con sus entradas en fechas. Los párrafos al igual que los temas discurren como un arroyo de aguas claras y saltarinas. Qué más da si acordamos que es una novela en marcha.
 “Yo jugaba en la calle. Mandó bajar del carro a su hijo, un niño de mi edad. El burro acaso no podía con los dos. Me levantó en brazos, me dejó en el pescante y puso las riendas en mis manos. Qué sensación el tacto de aquel cuero. Recuerdo haber mirado a todas partes, buscando quien pudiera dar fe de aquella hazaña. Era verano, a mediodía, y no había nadie. No me importó. Recorrimos unos metros de la avenida del 18 de julio. Nunca nadie fue tan feliz ni nunca trecho tan corto me llevó tan lejos, hasta hoy, medio siglo después”. Este párrafo me emocionó.
  O te puedes morir de risa leyendo las costumbres amorosas y nocturnas –y escandalosas- de su vecino de la buhardilla.
  Por otro lado dudo mucho que escriba sus diarios por vanidad o ganas de trascendencia. Creo que cuenta cosas interesantes y los lectores se lo agradecemos. Creo haber leído en alguna parte que existe un club, secreto, selecto y minoritario, compuesto por lectores rendidos al encanto de su prosa. Es consciente del lugar que ocupa en la literatura nacional, de segunda o tercera como diría un ignorante, aunque para mí está entre los dos o tres mejores vivos, y si me apuran, sumando a los muertos. Los temas que toca los toca siempre con fundamento. Nos puede hablar del Rastro y lo hace bien porque lo conoce a fondo. Hace un par de domingos  estuve allí, en el Rastro, y entré a una librería de viejo. Pregunté si tenía alguno de sus libros. No tenía pero le conocía –era un hombre mayor de pelo canoso-: “Viene mucho por aquí con su amigo el gordo” –antiguo director del Reina Sofía-. Yo le dije que estaba leyendo el último de sus diarios y que hacía poco había escuchado dos deliciosas conferencias sobre el Rastro en la Fundación Juan March. “Es de los que más saben del Rastro”. Quise remarcar. “¡Qué va a saber! Quienes saben de verdad somos nosotros que llevamos aquí toda la vida”. Me hizo gracia. Me dijo también que era duro en los tratos para el regateo. También tuve la esperanza de encontrarle por allí y que me firmara mi Mundo es.
Ayer mi hija pequeña me preguntaba si me pasaba algo o me estaba volviendo loco. En el baño no paraba de carcajearme, como un perro sarnoso. Es gracioso como un sevillano o un gaditano gracioso pero con las riendas sujetas y apretadas de un leonés; supongo. Es ingenioso y efectivo en su humor porque es original y domina la lengua como cervantino que es. Encuentra la comparación o la metáfora perfecta en cada ocasión. Sus escenas son escenas de verdadero  suspense aunque narre el encuentro apenas existente con una chica cada día en el metro.  A lo largo de las tres o cuatro páginas uno se pregunta: ¿La abordará? ¿Vencerá su timidez o será capaz de dirigirle la palabra alguna vez? Y no defrauda el desenlace porque la realidad es fantástica, o sea, real. Es capaz de crear un ambiente, una atmósfera mágica con pocos párrafos. Y además me ha interesado doblemente porque yo también tomaba esa línea de metro cada día y me enamoraba tres o cuatro veces en cada trayecto, quizá una década más tarde.
  Me pasa con este libro lo que con unos pocos: veo los pendientes, una veintena o más, y me digo: ¿Me llenará alguno de estos como éste?
  Acabo citando a su querido JRJ: “Lo malo de la muerte no ha de ser sino la primera noche…” “… y eso, si llegas”. Espero que a usted tarde mucho en alcanzarle para que pueda seguir disfrutando y sobre todo, para sus lectores, para que pueda seguir escribiendo. Muchas gracias.
   


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