miércoles, 20 de abril de 2016

CARTAS PERSAS. MONTESQUIEU.


 


 Sin Noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza puede haberse alimentado –sobrealimentado- de este clásico de la ilustración francesa. Las Cartas Persas es una obra que bien podría ser considerada su ilustrísimo precedente. Escrito en la segunda década del siglo XVIII, cuenta el viaje a Europa –sobre todo París- de tres persas y de las cartas que se intercambian. Eso solo es la justificación para realizar una crítica de la religión, de la política, de la sociedad y sus costumbres, vistas con los ojos inocentes de extranjeros lejanos; en el siglo XVIII tan lejanos como en el XX un extraterrestre. Qué sarcasmo e inteligencia; qué maestría para detallar el pensamiento y los recovecos del alma humana, y todo visto con la candidez de unos extraños. El libro critica a la sociedad de su tiempo pero se podría aplicar, casi punto por punto, a la actual: “Este rey –el de Francia- es un gran mago: ejerce su imperio sobre el espíritu mismo de sus súbditos y los hace pensar como él quiere. Si no hay más que un millón de escudos en su tesoro y necesita dos, no tiene más que persuadirlos de que un escudo vale por dos, y le creen”. ¿No es maravillosa la manera de ver las cosas?
  Y este primer párrafo de la carta 48 de Usbek a Rhedi, en Venecia, que bien podría aplicarse a todos los que de una u otra manera, con más o menos acierto, gustamos de estas cosas del arte y las letras, o al menos aplicable a los artistas que admiramos:
  “Aquellos que gustan de instruirse nunca están ociosos. Aunque no esté encargado de ningún asunto importante, estoy continuamente ocupado. Paso mi vida examinando; escribo por la noche lo que he anotado, lo que he visto, lo que he oído, durante el día. Todo me interesa, todo me asombra. Soy como un niño cuyos órganos aún tiernos se impresionan vivamente con los menores objetos”.
  La lectura de esta maravillosa obra se la debo a la conferencia que impartió hace unos meses Carmen Iglesias en la fundación Juan March. Las Cartas Persas, la mirada del otro. ¡¡Qué mujer!! De estas no salen en el Hola, por suerte.
  Alguna pullita en nuestra contra: “Podréis encontrar inteligencia y sentido común entre los españoles, pero no los busquéis en sus libros. Ved una de sus bibliotecas; las novelas de un lado, la escolástica del otro: diréis que las partes han sido decididas y el todo reunido por un enemigo secreto de la razón humana.
  El único de sus libros que es bueno es aquel que muestra el ridículo de todos los demás”. El Quijote.
  “Han hecho inmensos descubrimientos en el nuevo mundo, y no conocen aun su propio continente: en sus ríos hay puentes que no han sido descubiertos todavía, y en sus montañas naciones que les son desconocidas”. Las Batuecas.
“Nada atrae más a los extranjeros que la libertad, y la opulencia que siempre la sigue; una se hace buscar por sí misma, y nuestras necesidades nos conducen a los países donde se encuentran”. 

 
 “Creo en la inmortalidad del alma por semestres; mis opiniones dependen absolutamente de la constitución de mi cuerpo: según tenga más o menos espíritus animales, mi estómago digiera bien o mal, el aire que respire sea sutil o espeso, que las viandas de las que me alimento sean ligeras o pesadas, soy spinozista, sociniano, católico, impío o devoto”.
  Estupendo libro de lenguaje diáfano como la luz de la mañana, divertido e ilustrativo. Un clásico al que se habrá de volver una y otra vez. Leer de vez en cuando a los clásicos: por qué no. Al fin y al cabo, han superado el filtro del paso de los años. “El gran error de los gacetilleros es que solo hablan de los libros nuevos, como si la verdad fuera siempre nueva. Me parece que hasta que un hombre no haya leído todos los libros antiguos, no tiene razón para preferir los nuevos”. Sabio consejo que no sigo por mucho.







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