viernes, 11 de marzo de 2016

JUAN TALLÓN. LIBROS PELIGROSOS.





Imaginemos que encontramos un escritor desconocido –eso se cura enseguida- y que leemos de él una reseña brillante sobre un libro y su autor, que nos conmueve, que nos aclara y redescubre muchas cosas si lo hemos leído, o nos entran, si no, unas ganas tremendas de ir a por él y comérnoslo, al libro. Pues bien, multipliquemos ese hallazgo por cien o doscientos y estaremos hablando de Libros Peligrosos, de Juan Tallón. Juan Tallón nos habla de los libros que para él han sido peligrosos porque le han alterado la vida para lo bueno o lo malo, qué más da. A él le ha costado caro: le han hecho ser escritor. El caso es que nos contagia su pasión por los libros que le han marcado, y la pasión siempre hay que agradecerla. Un acierto añadido es que cada reseña está atada a la siguiente con un eslabón de oro, o un hilo conductor que las va engarzando, dejando el resultado final como una joya valiosa, brillante, pero de las que te puedes poner a diario. He leído un buen puñado de los libros que retrata y es como si volviera a coger mi ejemplar y volviera a olerlo, a comprobar los subrayados. Por cierto, este sería un libro para subrayar; pero me he dado cuenta que si empezaba no iba a dejar un párrafo limpio, como esa foto que vi hace poco de un ejemplar leído de David Foster Wallace en el que, en uno abierto por cualquier parte, aparecían posit, anotaciones en los márgenes, subrayados, dejando el verdadero texto casi invisible.
  El libro de Tallón es de esos libros que tanto me gustan y a los que llamo “seminal”. Y por eso es también en sí mismo un peligro: nos hará comprar más, nos hará leer más, nos hará entender más.

    “Levrero no vio publicado el libro. Era un hombre enfermo que luchaba febrilmente por acabarlo. Era otra obsesión. Y bien se sabe que un hombre no es nada sin una obsesión. Y después, murió. Esa agonía que hace sombra sobre “La novela luminosa” es buena para la literatura. Cuando escribes al límite, como si fuese el último día, te sale un libro al límite, como si después solo existiese el silencio”. ¿Cómo no voy a apuntarme ese para tenerlo cuanto antes? ¿Quién es el guapo que se resiste? ¿No es verdad que para estas cosas de los vicios, los pecados y los delitos, es mejor tener cómplices?
  Como digo, el libro podría llenar una agenda Moleskine de citas; de los libros que cita o de sus propios comentarios: De él: “Céline te enseña un par de cosas sobre el ser humano que ya sabías, pero que te gusta olvidar”. Del Viaje al fin de la noche:

 “Acaban de matar al sargento Barousse, mi coronel”, dijo de un tirón. “¿Y qué más?”. “lo han matado cuando iba a buscar el furgón del pan, en la carretera de Etrapes, mi coronel”, “¿Y qué más?”, “¡Lo ha reventado un obús!” “¿Y qué más hostias?”, “Nada más mi coronel”, “¿Eso es todo?”, “Sí, eso es todo, mi coronel”. “¿Y el pan?”, preguntó el coronel. Patada en la ingle para no tener jamás ganas de tener un hijo”.

  Hacia el final del libro hay un párrafo en el que he apuntado a lápiz: “Aplicarlo a este mismo libro”:
   Este es: No le faltaba razón al crítico de New York Times Book Review cuando advertía que Respiración Artificial es “una experiencia intelectual”, que admiras con la expresión con que ves despegar aviones, porque aún te parece imposible que vuelen.
  Libro valioso, bien editado, interesante, enciclopédico, divertido. Un pedazo de escritor a seguirle la pista. Tanto que ya tengo encargado su “El váter de Onetti”.

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