domingo, 16 de agosto de 2015

GUSTAVE FLAUBERT. LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL.




   La Educación Sentimental, aun pareciéndome una obra maestra, la pongo por debajo de su Madame Bovary. En ésta lo que se cuenta está muy metido dentro de la piel de los personajes. Se plasman obsesiones, pensamientos, anhelos. Madame Bovary era él, pero también es el Quijote francés: una mujer delirante, contaminada por sus lecturas. En La Educación hay más… vida burguesa; las aspiraciones de un joven para subir en la escala social del dinero y de las mujeres, teniendo como fondo la revolución de 1948.

  Por cierto, leí un párrafo en la novela con el que estoy muy de acuerdo. Y eso que lo pronuncia un industrial, dijéramos, conservador, discutiendo con Arnoux, que le presenta las diferencias entre el socialismo malo y el bueno.
“-Es un derecho escrito en la naturaleza. Los niños defienden sus juguetes; todos los pueblos son de mi opinión, todos los animales; el mismo león, si pudiera hablar, se declararía propietario. Así, a mí, señores, que he empezado con quince mil francos de capital, durante treinta años levantándome regularmente a las cuatro de la mañana; que he tenido dificultades de quinientos mil diablos para hacer mi fortuna, ¿me vendrían a sostener que no soy dueño, que mi dinero, que la propiedad, en fin, es un robo?”.
  Son siempre geniales sus metáforas y sus comparaciones: “Frédéric fue desde el cafetín a casa de Arnoux, como impulsado por un viento tibio y con la tranquilidad extraordinaria que se experimenta en los sueños”.
  En fin, una novela que refleja los tiempos que vivió Flaubert en París de un modo siempre certero. Ya en la correspondencia con Colett decía que era un suplicio armar toda la trama y darle forma a ésta, la novela que se traía entre manos. En aquellos tiempos pocas distracciones más había y quizá por eso se hacen de otra manera. Pero a los que nos gusta leer siempre nos parecerán estos escritores bálsamo para los ojos y la mente.
  Chapeau para Flaubert.

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