viernes, 1 de marzo de 2013

27 de febrero de 2013. la ética de la crueldad. josé ovejero.



27/02/2013

  Cirugía de la rodilla izquierda de S. Hospital Público de Móstoles. Entra en el quirófano a las 08:41. Duración de la intervención: poco más de hora y media.

  Entramos después a hablar con el cirujano.

-La rodilla estaba mal. Peor de lo que mostraba la resonancia. Hay fotos. Debajo de la rótula había tejidos parecidos a la carne de cangrejo, deshilachada, producida por lesiones anteriores. La rótula –sigue contándonos didáctico y divertido- es como una tienda de campaña. Los ligamentos son los vientos y alguno estaba flojo, destensado. Simplemente lo hemos tensado para darle estabilidad.

  Miro el semblante del doctor intentando escudriñar si lo que ha hecho es más especial de lo que suele o ha sido para él –sería buena señal- una rutina más. No saco nada en claro.

  -También hemos cambiado la posición de la rótula. Tendrá que llevar una rodillera de esas que tienen un agujero en el centro.



  S. espera en reanimación, una especie de limbo donde se está supervigilado. Ahí cualquier queja motiva una reacción del numeroso personal. Hablo un poco con ella. De la cicatriz. Me cuenta lo que le han hecho a su amiga P. después de lo del accidente. Una cicatriz que va del pubis a las costillas. Para mostrarme el recorrido en su propio cuerpo baja la sábana con naturalidad y recorre el camino con su dedo. Cómo la quiero. Viene una doctora de unos sesenta años. Cariñosa, amable. Mete con una jeringuilla medicina en las botellas que cuelgan de la barra. Mira los gráficos y los informes. Nos dice que la han operado con artroscopia utilizando una técnica llamada “isquémica”. El nombre es de los que duelen como curetaje o gutapercha. No es más que cortar la circulación sanguínea de la pierna para no hacerrlo más escandaloso.

  Me dicen que me marche. Me quito la bata verde. ¿Qué función tiene una prenda tan fea y tan liviana? Hacernos a los visitantes feos. No me imagino esa prenda cazando virus ni bacterias. Me voy a tomar un café. Elijo para sentarme una mesa frente a un gran ventanal y de espaldas a la gente. Me apetece estar solo sin ver a nadie.

  Esta mañana he empezado a leer un libro. Exquisito en el tono, en la forma y en el estilo. Es el premio Anagrama de de ensayo 2012. La Ética de la Crueldad. De José Ovejero. Son muchas las horas que ha de pasar uno sin hacer otra cosa que ayudar al enfermo y, en mi caso, leer.

   Despertar del efecto de la anestesia es despertar de un buen sueño o al menos no de una pesadilla. La herida empieza a hacerse notar. Encima uno ha de alegrarse porque no hay nada peor en medicina que la ausencia total de dolor. Para sanar hay que soportar dolor. La vida es cruel.
 28/02/2013

    Es la primera vez en mi vida que pongo una cuña. Me vendrá muy bien como experiencia en un futuro no muy lejano. Es más fácil de lo que imaginaba. Uno se convierte en hormiguita hacendosa alrededor de la persona impedida. Un papel, limpiar, agua, un libro, poner y quitar la tele, poner y quitar la bandeja de comida, dar un masaje, intentar el consuelo, limpiar las lágtrimas, leer un pasaje, llamar a alguien cuando ella lo requiere. Por la tarde se la llevan a hacer una radiografía y uno siente el alivio de no hacer absolutamente nada durante un buen rato. Sigo leyendo. 
  “En este marco de cultura liviana, incluso la violencia se transforma en representación inocua. La violencia y la crueldad en la literatura y el cine son, la mayoría de las veces, puro entretenimiento, está ahí para producirnos el cosquilleo que nuestras vidas ya no nos producen”. Me acuerdo en la última de Tarantino Djiango encadenado. Ver violencia y muerte mientras uno esboza una sonrisa de perfecta satisfacción.

01/03/2013

  Al parecer va a estar otro día más, otra noche más. Me turno con J., menos mal porque se llega a perder la noción del tiempo. Cuando uno llega a casa es como si viniera de una juerga intensa. Abotagado, sin poder dormir. Como una borrachera seca. Por si acaso me llevo otro libro pues me quedan pocas páginas. La Hoja Roja. Otro de Delibes al que han encargado leer en el cole.

  El libro de Ovejero se divide en 6 partes. Una de ellas habla de siete libros que se pueden calificar de crueles. Casi todos los he leído: El Astillero, de Onetti. Meridiano de Sangre de McCarthy. Auto de Fe de Canetti. Historia del Ojo, de Bataille, Deseo y La Pianista de Jelinek, Tiempo de Silencio, de Luis Martín Santos. Sólo a Jelinek no he leído y me lo apunto en la lista de “comprables”.

  En fin un libro para subrayar y tener muy cerca.

  “Según la intuición de Schelling toda personalidad se sustenta sobre un terreno sombrío, que es la base del conocimiento. Igual que el sonido del Big Bang que hoy captan los sofisticados aparatos de los observatorios astronómicos recuerda el inicio violento de la vida, en todo pensamiento –según Schelling- esa radiación primitiva y “materia oscura” contiene una tristeza, un abatimiento que también es creativo”.

  “El lector suele apreciar las novelas en las que los protagonistas hacen lo que él siente que debería hacer pero no hace”.

  “El amor es una lepra, una enfermedad, que se empezó a transmitir a partir de organismos unicelulares”. Auto de Fe.

  Marcho a pasar la noche cuidando a S. y leer bajo la luz mortecina de los hospitales La hoja Roja. Por cierto, la Hoja Roja es “esa llamada prudente que recuerda al fumador el próximo fin de su librillo de papel”.




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