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martes, 28 de julio de 2009

Gibbon, Jünger y Larsson


Me compré hace unos meses otro libro de Jünger: El trabajador. Usado, subrayado y anotado quién sabe por quién. En una nota de la última página dice su antiguo dueño que está pasando por una mala racha y que no va a poder –ni quiere- reconciliarse con su familia. No me extraña, lo del bajón anímico, después de enfrentarse a tamaña lectura.

El libro es denso como la madre que lo parió. No es que haya que estar atento; es que no puedes parpadear porque pierdes el sentido debido al estruje cerebral que somete a sus lectores el gran Jünger. Y mira que lo advirtió hace tiempo mi querido Jose Antonio Montano en su blog El Aprendiz del Sol. Este título lo recomendó en último lugar. Pero se lo perdono todo, a Jünger. Me hizo sentir feliz durante cientos de horas leyendo sus diarios.

A la vez leo las Memorias de mi Vida de Edward Gibbon. Narrativa realista pero llena de humor e inteligencia. Elegante, distinguido; un verdadero caballero inglés. Erudito. Autor de “Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano”. Una delicia.


En el transporte público me siento de otro planeta: Yo no leo
Los hombres que no amaban a las mujeres.

lunes, 27 de julio de 2009

AMBROSE BIERCE


En realidad no está claro que este escritor se suicidara. Se deduce de las cartas que envió desde su incursión en la Revolución mejicana. Antes luchó también en la Guerra de Secesión. En una de esas cartas menciona el horror que le produce imaginarse muriendo entre las sábanas. También se encontró un texto que decía, -fechado en los días de su desaparición- “En lo que a mi respecta, mañana partiré hacia un destino desconocido...” ¿No es suficiente?.

Yo leí hace años su “Diccionario del Diablo” Me recordó al que hizo José Luis Coll hace una eternidad; pero infinitamente más lúcido, más fúnebre. Amante del horror y de la muerte en sus magistrales relatos. Se le llegó a comparar con Poe. Un ejemplo para la entrada de “PRESENTE: Parte de la eternidad que divide los dominios de la decepción de los del reino de la esperanza”. ¡¡Dios, qué certero!!

También ejerció de periodista. Nació en Ohio en 1842 y murió en 1914?.

martes, 21 de julio de 2009

Jack Unterweger


A raíz de leer una entrevista a John Malkovich sobre el estreno de la obra “La Comedia Infernal” he conocido la existencia de Johann "Jack" Unterweger (1951-1994). La obra está basada en su autobiografía. Entre monólogo y monólogo, se recitan arias de ópera; para descansar, dice el actor.

Fue un escritor, un mal escritor según Malkovich, que asesinó a varias prostitutas en diferentes países utilizando sus propios sostenes. Hijo de una de prostituta vienesa que le abandonó y de un soldado norteamericano tuvo una infancia muy difícil al lado de un abuelo alcohólico.

Después de asesinar a su primera víctima estuvo mucho tiempo en la cárcel donde al parecer aprovechó el tiempo y aprendió a leer y escribir con cierta destreza. Esto junto a una campaña de intelectuales “intelectualoides”, hizo presentarlo a la sociedad como un ejemplo de persona reinsertada; así es que lo pusieron en libertad en 1990.

Era un tipo que después hizo televisión, algunos cuentos populares de éxito, corresponsalías y que ofreció muchas entrevistas pero que debía tener muy mal genio en determinadas situaciones porque volvió a cometer más asesinatos y entonces, ya sí; fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de perdón. Por la noche, esa misma noche, se colgó en su celda utilizando su cinturón y los cordones de sus zapatos.

Malkovich no ha hecho una obra para ensalzar su figura, muy triste, sino que la ha hecho pensando en la estupidez de algunos políticos; y de algunas mujeres. Parece ser que tenía bastante éxito con ellas y que a veces se sentía perseguido quizá para ser protegido de sus mismos peligros. Es un gran tipo este Malkovich. Hay que fijarse en esta respuesta:

“Sí. Unterweger era un psicópata, pero hubo quien dijo que había que dejarlo libre porque tomó cursos de escritura. Aunque nunca fue buen escritor. Era una patata caliente entre la izquierda y la derecha. Imagina que alguien te dice que los árboles delante de tu casa están enfermos. La izquierda dice: hay que alimentarlos, darles agua. Y la derecha dice: hay que arrancarlos para que no contagien a los demás. Yo en cambio me pregunto por qué ha venido una persona a contarme que las plantas están enfermas”.

Estaba cerca de cumplir los 53 años.

viernes, 17 de julio de 2009

STEFAN ZWEIG


Stefan Zweig es de esos escritores amenos que no requieren un esfuerzo adicional para recorrer sus páginas. Es un auténtico placer beberse con los ojos cualquiera de sus libros. Quizá ahora no se pueda considerar este juicio como un elogio. Para mí siempre será un placer leer con placer. Lo último que he leído de él: El Mundo de Ayer, una autobiografía importante para comprender qué pasó en Centro-Europa en la primera mitad del siglo pasado.
Es un maestro absoluto a la hora de componer libros sobre personajes históricos. En María Antonieta, disfruté (desde el sentido de lector) leyendo el ambiente trágico de los grandes salones parisinos donde los aristócratas esperaban ser llevados a la guillotina; con el fuerte olor a sudor, mezclado con perfume caro y miedo. O los relatos magistrales de los Momentos estelares de la Humanidad (fabuloso su relato sobre la Caída de Constantinopla). O Novela de Ajedrez.

Zweig nació en Viena en 1881 dentro de una familia elegante y adinerada. En sus estudios se decide por la filosofía y desde bien temprano demuestra tener una sólida vocación literaria y un interés enorme por la historia. Cuando se doctora, emprende infinidad de viajes por todo el mundo, empapándose de todas las culturas.Durante la I Guerra Mundial toma partido por las ideas de corte más pacifistas aun cuando se alista para trabajar en los Archivos históricos de la Guerra. Vuelve a Austria. En esa época publica numerosos libros biográficos y diferentes novelas. En su villa de Salzburgo establece un espacio de tertulias con autores importantes como Mann, Joyce, George Wells, etc.Cuando Hitler llega al poder, se comienzan a quemar sus libros. Ante el avance del nazismo y de la guerra que se veía inevitable, se establece en Inglaterra. Aquí comienza a ser perseguido tanto por judío (la GESTAPO) como por ser alemán; Alemania había invadido Austria. Su pasaporte queda invalidado y por mediación de amigos ingleses, consigue el pasaporte británico para personas sin estado y viaja a diferentes países americanos. Finalmente se establece en Brasil, cerca de Río de Janeiro. Aunque nunca lo quiso decir, se sabe que ayudó económicamente a otros exiliados. En 1942 su mujer y él aparecen muertos en su apartamento. Muerte por veronal. Dejó una nota de despedida, agradeciendo a Brasil la hospitalidad y sintiendo una terrible nostalgia por ser un expatriado, un exiliado. A la ceremonia del entierro acudieron miles de personas para despedirle. Quizá Zweig no pudo soportar que le robaran su mundo, El Mundo de Ayer

miércoles, 15 de julio de 2009

67.- ¡Esas traducciones!


A pesar de tener varios cientos de libros en casa suelo recordar, cuando voy a comprar uno nuevo, si lo tengo o no. Hace poco compré unos cuantos títulos y aprovechando la muerte de Updike, compré su “Corre Conejo” pues había leído algunos libros suyos y había leído críticas entusiastas de escritores a los que admiro. Siempre, cuando adquiero algún libro, lo pongo cerca del ordenador y cuando tengo un rato los introduzco en una base de datos. Cuál fue mi sorpresa cuando comprobé que “Corre Conejo” ya lo tenía desde hacía un montón de años. Una edición en tapa roja y dura de Seix Barral del año 1970, traducido por Baldomero Porta, robado de quién sabe qué casa o biblioteca u olvidado por quién sabe qué dueño. El caso es que recordé que no había terminado de leerlo porque me pareció infumable, mal escrito. Así es que lo guardé en la mochila con la intención de devolver el libro, la edición nueva de Tusquets traducida por Jordi Fibla, a la librería. Pero en el metro comencé a hojearlo y no me pareció tan malo. Incluso diría que tenía fuerza; que era cojonudo. Así que descarté recuperar los 8.95 € que me había costado y me puse a la tarea de leerlo sin ningún prejuicio. Lo estoy acabando y en verdad que es una buena novela.

Para mí una traducción es la interpretación de una obra literaria, de una obra de arte; es decir, es volver a escribir el libro intentando respetar el estilo pero debiendo elegir –no se puede de otro modo- cada construcción de la frase y cada palabra. Bordeando si es preciso la literalidad y utilizando expresiones que se adecuen más al idioma traducido.

Un ejemplo de párrafo de Baldomero:

”Conejo percibe la verdad: aquello que se había separado de su vida, habíase separado irrevocablemente; ninguna pesquisa serviría para recobrarlo. Ningún vuelo lo alcanzaría. Estaba aquí, debajo de la población, en aquellos olores y aquellas voces que se habían quedado atrás para siempre. Lo mejor que se puede hacer es someterse al sistema y dar a Nelson la oportunidad de seguir el curso de este sistema, tal como lo hizo él, sin darse cuenta. La plenitud termina cuando le pagamos el tributo a la naturaleza, cuando engendramos hijos para ella. Entonces la naturaleza ha saldado las cuentas con nosotros y nos convertimos, primero por dentro, luego por fuera, en chatarra. En tallos secos”.

¿A qué jugaba este hombre?

Un ejemplo de párrafo de Fibla:

”Harry percibe la verdad: aquello que ha salido de su vida lo ha hecho de un modo irrevocable, y por mucho que lo busque no le recuperará. Ninguna huida podrá darle alcance. Estaba aquí, debajo del pueblo, en estos olores y estas voces, para siempre detrás de él. La plenitud cesa cuando pagamos a la naturaleza su rescate, cuando engendramos hijos para ella. Entonces ella ha terminado con nosotros y, primero por dentro y luego por fuera, nos convertimos en chatarra, en tallos de flores”.

Es verdad que se podría escribir este párrafo de mil maneras distintas pero creo que éste, el más actual, es menos prosaico, tiene más estilo. Mañana lo acabaré; ahora, a por una cervecita bien fresca.


lunes, 6 de julio de 2009

HECTOR ALVAREZ MURENA


Escritor argentino, poeta y ensayista. Dotado de gran inteligencia. Culto. Contradictorio y de carácter difícil.
Bebía mucho. Según su hijo Sebastián, demasiado. Tanto, que opina que nunca catalogaría a su propio padre de suicida sino de bebedor desaforado.
Fueron a salvarlo de sí mismo y lo llevaron a casa de su segunda mujer por ver si se recuperaba, pero la tendencia hacia su autodestrucción no disminuyó. Fue encontrado muerto dentro del baño junto a varias botellas de vino.
Sebastián Álvarez, su hijo, cuenta que quiso esclarecer los errores que encontró en las notas biográficas dedicadas a su padre y que siempre encontró comprensión y aplicadas correcciones. Pero la que no pudo obtener nunca fue la de su suicidio. El rumor es a veces más fuerte que cualquier noticia. Sobre todo habiendo aparecido su nombre, el de Héctor Álvarez Murena, en la “Antología de poetas suicidas”.
Tenía 52 años.