Datos personales

Mi foto
ermigiru@gmail.com

sábado, 11 de marzo de 2017

DIARIOS I. 1933-1941. VICTOR KLEMPERER




   Después de mucho buscarlos (los editó Galaxia Gutemberg en el 2003) al fin pude conseguirlos a un precio más que razonable. Eran caros cuando salieron y en el mercado de segunda mano rondaban los ochenta euros por volumen. Precio prohibitivo. Sin embargo en una librería de Vigo, por internet, los vi a 28 euros los dos volúmenes. Era tan increíble que llamé al dueño y, después de garantizarme que los tenía en la mano y que, efectivamente, era el precio que veía en pantalla, los encargué. Y, como dice el prólogo, es un ejemplo de cómo se vive la historia, la trágica historia en vivo, acontecimientos que no sabes si te van a costar el patrimonio o la misma vida.
  Este volumen al igual que el segundo tiene cerca de novecientas páginas: lo quiere contar todo, que no se le escape un detalle, un agravio o una historia; un apunte para luego recordar y dar testimonio. Es difícil pensar que una sociedad avanzada como la alemana, la de la filosofía, la de Bach, la de la ciencia y la industria, pudiera llegar a ese grado de bajeza moral. ¿Bajeza moral? Quizá la ausencia de ella: la practicidad llevada al extremo.

He estrenado una agenda Myrga del año 2000 para ir anotando cada frase que no quiero olvidar.

Leo en la anotación del día 23 de diciembre del año 1933 que lleva días leyendo María Antonieta de Stefan Zweig; al lado tengo el viejo ejemplar de Zweig heredado de no se sabe quién (Ed. Juventud, año 1967). Dice que es el mejor libro de él. Leo el antepenúltimo capítulo, El último viaje, los pormenores de la ejecución, la elección del vestido, la amarga última sopa, la subida al cadalso, el fulgor de la cuchilla, la cabeza luego entre las piernas mientras avanza la carreta empapando la tierra de sangre. Qué certero es el austriaco para describir atmósferas e interiores del ser humano. Qué grato ha sido recordar la dicha que me produjo este libro leído hará ya más de veinte años.  

  Víctor Klemperer comenzó a anotar palabras y frases a propósito del modo de expresarse en el Tercer Reich, del modo en el que iba cambiando el lenguaje. Muchas veces, leyendo a Talleyrand, dice cuánto hay de paralelismo entre ambas épocas. Quizá en un futuro cercano un diarista escriba el paralelismo entre la época de Hitler y la de Trump. En la Alemania nazi se fue suprimiendo cualquier oposición hasta que la masa lo vio como una normalidad. Pero, peligro, a todo se acostumbra uno. Klemperer perdió su casa y en la que le asignaron, una minúscula vivienda de dos habitaciones (tuvo que dejar sus libros en la casa), puso una maceta en la terraza y hasta siguió escribiendo sus obras (La lengua del Tercer Reich entre otras). A Trump le va a costar más; de momento hay wasap, twiter, Face, Istagram, etc etc etc. ¿Tendrán previsto los estados “apagar” internet en caso de conflictos graves? Me temo que sí.
   A propósito de Klemperer y EEUU: “Son un pueblo nuevo, y son un pueblo, uno, aunque compuesto de una mezcla de sangres, de tribus, de culturas; la refutación más contundente de la teoría nacionalsocialista de la raza”.
 
  7 de abril de 1933.
… por primera vez en mi vida tengo un odio político contra una colectividad (en la guerra, no), un odio mortal. En la guerra yo estaba bajo la ley: ley marcial, pero ley; ahora estoy a merced del despotismo.

19 de agosto de 1933.
  El 13 de agosto estuvo Annemarie en casa. Contó algo cohibida que un compañero que lleva el brazalete con la cruz gamada le había dicho: ¿Qué va a hacer uno? Esto es como las compresas de las señoras, muy molesto pero imposible de evitar.

  Klemperer pide a Munich un certificado de haber combatido en la Guerra. Por fin lo recibe porque le habían apremiado a presentarlo. Del 19-11-15 al 19-2-16, pero dice que en realidad estuvo hasta el 4-4-16, gracias a sus anotaciones. De todas formas, dice, no piensa reclamar.

  9 de octubre de 1933.
  El nacionalsocialismo, dice ella (su mujer, aria) más exactamente la actividad de los judíos frente a él (Hitler) la convierte en antisemita.

  22 de octubre de 1933.
  Esta tarde le solté a Blumenfeld un apasionado discurso sobre el deber de la disposición  interior, sobre el deber de no dejar que se apague el odio una sola hora.
  Sin libertad no hay democracia porque basta con que todo el mundo crea en la violación del secreto y que, por tanto, tenga miedo.

 12 de diciembre de 1933.
Hace cosa de veinte años un dentista intentó en vano extraerme un raigón. Cuando di un bote en el asiento, me explicó indignado que aquello era mucho más duro para él que para mí: yo sólo tenía que quedarme allí quieto.

13 de mayo de 1934.
  La masa se traga todo lo que le cuentan. Si durante tres meses obligan a todos los periódicos a afirmar que no ha habido guerra mundial, la masa se creerá que no la hubo. Eso es lo que yo opino desde hace mucho tiempo.

14 de julio de 1934.
  Se ha presentado una dificultad del género cómico: el reglamento del Tercer Reich para la edificación contempla sólo casas “alemanas” y los tejados planos “no son alemanas”.

23 de julio de 1934.
  Se me ocurren muchísimas cosas, por haber leído tanto a Voltaire toda mi vida. Creo que va a resultar un capítulo muy serio. Y será el Fürer quien me proporcione las ideas fundamentales.

23 de marzo de 1936.
  No soy un dictador, sólo he simplificado la democracia. Hitler.

12 de septiembre de 1937.
  Los judíos asesinan a España, los judíos son un pueblo de delincuentes, todos los delitos son obra de los judíos. Goebbels.

10 de agosto de 1938.
  A partir del 1 de octubre se prohíbe ejercer a todos los médicos judíos y más medidas. Tampoco pueden trabajar como arenderos, así que ya pueden morirse de hambre.

  11 de agosto de 1940.
  Han suprimido y prohibido el teléfono (ella sostiene cada día interminables conversaciones telefónicas con amigos y parientes) a todos los judíos.

  20 de enero de 1941.
  Son un pueblo nuevo (el norteamericano) y son un pueblo, uno, aunque compuesto de una mezcla de sangres, de tribus, de culturas; la refutación más contundente de la teoría nacionalsocialista de la raza.

23 de junio de 1941.
  ¡La compasión es una cosa tan mezquina! Puedo torturarme queriendo sufrir con el otro, y no lo consigo. ¿Te acuerdas, Eva, cuando estuviste enferma, cuando y sabía que estabas en el quirófano, en la pieza contigua? Quería sufrir contigo, y mis pensamientos se desviaban, hubiera querido darme de bofetadas por mi falta de sentimientos y mis pensamientos se iban aquí y allá, a lo accesorio, a lo egoísta: en realidad no sufría contigo. ¿Cómo podía saber yo antes lo que era la prisión, lo que es una celda? Sólo en aquel segundo en que se cerró la puerta, en que cayó el gancho lo supe con una angustia sin nombre.

  23 de junio de 1941 (2).
  Ojalá pudiera comprender por qué millones de personas que tienen el mismo nivel de cultura que yo, la misma capacidad especulativa, perseveran en la fe real, con un Dios y con un más allá. ¿Soy distinto de ellos, peor o mejor, más tonto o más listo? ¿Me falta la gracia o les falta a ellos? Porque no es posible que todos finjan conscientemente o por autosugestión.

  23 de junio de 1941 (3).
  …Luego sacó un pequeño lapicero del bolsillo y lo miró. “Voy a afilarlo y a buscar una hoja de papel”. Y en efecto, trajo enseguida las dos cosas (el carcelero). En el mismo instante, mi mundo había cambiado tanto como unos días antes, cuando se cerró la puerta de la prisión.

  23 de junio de 1941 (4).

  “Cine”. Pero ahora recordé la teoría de Addisores el placer que produce el drama consiste en que no vive cosas horribles sabiéndose a salvo.
  23 de junio de 1941 (5).
  ¿Soy un inculto? La vieja y divertida definición: cultura es cuando se sabe qué libro hay que consultar. (…) Cultura es capacidad de orientación.
  Al empezar el curso me gustaría ponerle a los estudiantes esta tarea: “Escriba durante diez minutos todos los apellidos famosos que se le ocurran, de cualquier campo. (Deporte, literatura, cine o guerra) de cualquier país, de cualquier época, y así sabría al momento con qué alumnos tengo que entendérmelas.

  8 de septiembre de 1941.
  Paul; nos contó (parece que es verdad, y si no lo es o sólo a medias, el mismo hecho que circule esa historia es característico) que en la Ammonstrasse un matrimonio se entera estos días de que sus cuatro hijos han caído todos en Rusia. El padre se ahorca, la madre arroja por la ventana al patio la fotografía de Hitler. Media hora más tarde, van a detenerla.
 

    

No hay comentarios: