sábado, 23 de mayo de 2015

ÚBEDA, BAEZA Y CAZORLA. 15-18 DE MAYO DE 2015.




Hemos pasado un puente la mar de interesante y divertido en Úbeda, Baeza y Cazorla. Salimos a las nueve y media de Boadilla con buen tiempo y buen ánimo. En el viaje se tardan apenas tres horas. Paramos a desayunar, otra vez, a la mitad del viaje. La casa rural estaba en todo el centro de Úbeda: calle del Obispo Cuevas y me costó mucho atravesar las calles tan estrechas con el coche grande. Luego vimos a mujeres casi ancianas conduciendo con una habilidad asombrosa. La casa era correcta; con habitaciones limpias y normales. Un salón donde poder reunirnos por las noches. Nada más llegar, a la hora de la comida, fuimos a buscar un sitio para comer.

                                                   Esta foto es dentro de una vasija.
 Cerca, en la calle Real, había bastantes bares y tuvimos la suerte de elegir uno  en el que el encargado era hijo de canario y nos ofreció papas arrugás con mojo, que por supuesto no rechazamos. Dimos cuenta de unas heladas cervezas alhambra 1925. A las seis habíamos quedado con un guía que nos enseñó las calles y sus historias, las plazas y las iglesias, las leyendas, los constructores de palacios y mausoleos que son los egos descomunales de algunos personajes del pasado. Vimos la casa de Sabina.

                                                               Patio interior dentro de la casa

                                           En los alrededores de la casa.


Visitamos la Sinagoga del Agua; un descubrimiento asombroso del que ninguna institución parece interesarse. Recorrimos la avenida de Muñoz Molina y les iba contando a mis amigos cosas que sabía de él. Les enseñé dónde tenía su padre la huerta, dónde iba a vender las verduras a la plaza del mercado. Contemplamos asombrados lo que parecía un paseo marítimo en el que la perspectiva del mar la hacía la infinidad de olivos que llegaban hasta las estribaciones de la sierra de Mágina. Estuve en la puerta de su casa y me hice una foto. En la puerta de la iglesia de San Lorenzo le pregunté a un anciano si conoció al famoso escritor. Me dijo que sí, desde que nació. Mariano Millán era su nombre y tenía unas ganas terribles de hablar. Me recitó un montón de poesías, ¡con 87 años! Me contó unas cuantas historias de la Guerra Civil y de la mujer emparedada, de la que se habla en El Jinete Polaco. Me invitó a ir a su casa y enseñarme sus libros de poesía: (fue analfabeto hasta que se jubiló y luego escribió poesía como si fuera una fuente de agua). Le alabé la memoria para retener tantas cosas en su cabeza y le agradecí su invitación que educadamente rechacé porque no creo que le agradara meter en su casa a una decena de personas ya un poco cansadas y hambrientas.
  En Baeza, ciudad que me pareció más recogida y espectacular, caminamos por sus calles bajo un sol andaluz lleno de color. Vimos la escuela y la mesa desde donde impartía sus clases Antonio Machado. Me emocioné imaginándome un alumno suyo de aquellos años. 

 
         Cisterna dentro de la Sinagoga del Agua

  Comimos en un bar corriente que nos habían recomendado. Muchos camareros, entrantes deliciosos que no habíamos pedido y luego raciones abundantes de pescaditos, croquetas, ¡tomate con aceite de oliva!, Tenemos oro líquido saliendo de nuestra tierra y no sabemos apreciarlo, como todo lo nuestro, etc.
   Por la noche jugamos a algunos juegos de mesa a los que tan aficionado es Julio. Buenas copas de Nordés y muchas risas, no exentas de algún pique. Es una suerte tener amigos que perduren en el tiempo. Uno termina por tener una confianza parecida a la del matrimonio o, para no exagerar, a la familia. 



 




  



                                                                                    Baeza
  El domingo aprovechamos para ir a Cazorla. Es uno de los sitios que más me han gustado porque ha servido para crear otra expectativa: ir de nuevo y hacer marchas por la zona. Un pueblo ya más andaluz de casas blancas y flores en las terrazas y con un fondo lleno de cumbres verdes. Compramos varias cajas de aceite. Creo que ya tengo hasta acabar el año. Comimos en la plaza del pueblo unas tapas muy coloridas y exquisitas. Y después nos fuimos a por los coches y para casa.



 
      Tomando un refrigerio en Baeza.
Una excursión que recordaré siempre. Buenas viandas, buenos paisajes, buenas gentes, buen tiempo, buena compañía y un deseo cumplido.
 
   Cazorla.

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