martes, 6 de mayo de 2014

EN CASA. BILL BRYSON.

  Este libro es un libro gordo. Uno, irremediablemente comienza los libros gordos con cierta aprensión. Uno piensa que se va a casar con un libro mientras lo lea y que eso puede suponer mucho tiempo. Pero pasa con los libros gordos y no tan gordos de Bryson que se leen sin que uno se fije nunca en el conteo de las hojas. Todas las cosas que cuenta este autor norteamericano trasplantado a Inglaterra durante dos décadas y con cara de profesor encantador, son cosas amenas y divertidas, y uno sabe que va a tener un matrimonio feliz de principio a fin.
  El libro es una historia de la vida privada. Un día se plantó en una antigua casa de Nordfolk y quiso saber el origen y la historia de cada objeto y de cada estancia para hacernos sentir, los habitantes contemporáneos de este planeta, lo afortunados que somos de vivir precisamente ahora. Porque, siempre lo he dicho, si hubiera vivido en otra época, casi seguro que ya estaría muerto. ¿Haber llegado a mi edad sin antibióticos? ¿Sin anestesia? ¿Sin wáter? ¿Sin bidet? Imposible, me habría muerto.
  Muchas veces damos por sentado cosas de las que ignoramos casi todo. Algunas veces nos molestamos en coger un diccionario o un google y nos ponemos a buscar el origen o significado de algo. Bryson lo hace con todo. Quiere saber por qué un tenedor tiene las puntas que tiene, quién inventó la trampa para ratones y cómo, cómo se inventó el primer wáter y cómo de apestosos fueron los primeros intentos, cómo se fabricó la primera bombilla, etcétera etcétera, etcétera. No importa cuán prolijo, sea, siempre resultará interesante.
  Lástima que no haya más traducciones de sus libros de viajes. El de Australia me gustó mucho, mucho.


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