viernes, 7 de junio de 2013

JULIAN BARNES. EL SENTIDO DE UN FINAL.


  A un terceto de estudiantes llega un tal Adrian Finn. Un chico inteligente y apuesto que le quita la chica al narrador, Tony Webster. Muchísimos años después intenta saber qué es lo que realmente sucedió. El meollo de la novela consiste en saber que “lo único que sacará en claro es que nuestros recuerdos no siempre nos cuentan las cosas tal y como sucedieron en realidad   …”  Julian Barnes es un escritor de altura. Yo lo encuadro dentro de los tres o cuatro británicos más  talentosos, Martin Amis y Ian Mcewan.
  La novela está bien sin ser de las que más me han gustado. Quizá me decidí a leerla el hecho de que otro de los personajes es el suicidio. Uno de ellos se suicida. En la carta que dejó al juez “había explicado su razonamiento: que la vida es un don otorgado sin que nadie lo pida; que una persona racional tiene el deber filosófico de examinar tanto la naturaleza de la vida como las consecuencias en que se presenta”. Obviamente fue capaz de detener el tiempo y la vejez en la que está sumido ya el que nos cuenta esta historia.

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