martes, 19 de febrero de 2013

Hitch-22 Christopher Hitchens.

  Las memorias de este polemista, periodista y escritor inglés reconvertido en estadounidense fueron terminadas poco antes de que le diagnosticaran un cáncer que le llevaría pronto a la muerte. Ahora que lo he leído y antes que lo había escuchado en las conferencias y charlas que pueden encontrarse en youtube, creo que era mejor orador que escritor (“Si te invitan a un debate con Christian Hitchens, no vayas”) Richard Dawkins. Hace poco leí su libro póstumo: Inmortalidad. Ahí cuenta el proceso hasta la muerte y de cómo se mantuvo coherente hasta el final. Hitchens era un azotador de todas las religiones. Un sabueso implacable contra todas y especialmente contra las cristianas; por eso me caía bien. Pero me ha asombrado comprobar que un descreído tan convencido del más allá pudiera dejarse embaucar, creer, en la administración Bush, en sus invenciones y en sus invasiones.
  Alardeaba de tener como amistades a los escritores Ian McEwan, Salman Rusdie, a Edward Said o Martin Amis, entre otros. Éste, en sus fabulosas memorias “Experiencia”, contaba que Chris era “apuesto, festivo, enjutamente izquierdista”. Eso, como le pasa a la mayoría de los mortales, se le fue pasando con el tiempo hasta convertirse en un neocon.
  Me han parecido unas memorias infinitamente peor escritas que las de Amis. Falto de rigor y algo desordenadas pero interesantes. Su madre se suicidó después de abandonarles a él y a su padre, Comandante de la marina real británica, hombre bebedor y hermético. Se largó con un medio poeta con trastorno de la personalidad que la arrastró, junto a él, a la ingesta de unos cuantos tarros de somníferos. Todo eso ocurrió en Atenas.
  Hitchens, por lo que él mismo cuenta y por lo que se puede apreciar en algunos videos de la red, fumaba y bebía con furia. Algo de su interior le espantaba. En el estupendo documento que es “Los cuatro jinetes del ateísmo” http://www.youtube.com/watch?v=tS_MT79m4Vw se puede ver a Hitchens junto a Daniel Dennett, Richard Dawkins y Sam Harris discutiendo acerca de la estafa perfecta de las religiones. La voz de nuestro contertulio es encantadora, convincente, erudita. Pero hay algo de ansia en sus gestos y posturas. Ojalá descanse en paz. Me sigue pareciendo un ser humano singular; valioso.

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