domingo, 20 de enero de 2013

LOS ÍDOLOS. MANUEL MÚJICA LAINEZ




 El que fue dueño de la novela que tengo entre las manos tenía como iniciales de su nombre M.V.  y se apellidaba Menéndez Jiménez. Tan sólo sé eso y que leyó el libro en 1990, hace veintitrés años. Es curioso que también haya subrayado este desconocido lector o lectora diversos párrafos aquí y allá que no han coincidido con las pocas frases que he decidido subrayar a mi vez. Esta es una de ellas: “Por mi mente pasó, fugaz, la silueta de aquella mujer bonita que siempre recibía los últimos libros franceses. Se amontonaban sobre una mesa Imperio en su salón. Sólo excepcionalmente los leía. Tenía el don de reconstruirlos a través de las conversaciones de los demás, y sobre esa base se formaba su opinión propia. Rara vez se equivocaba”.
  Este libro pertenece a la colección de la biblioteca de Borges que se editó allá por los años ochenta. Todos tienen en común un mismo prólogo: “A lo largo del tiempo, nuestra memoria va formando una biblioteca dispar, hecha de libros, o de páginas, cuya lectura fue una dicha para nosotros y que nos gustaría compartir…”. Cada libro tiene además otro prólogo, en éste admite que Los ídolos no es el libro más conocido de Múica Lainez. Entiendo ahora porqué. Menéndez, el dueño original (el volumen lo compré en La Cuesta de Moyano en estas fiestas) deja de subrayar hacia la página sesenta. La historia carece de mucho interés para mí por mucho que diga Luis Antonio de Villena en un artículo que le dedicó hace unos años. El narrador es un adolescente que tiene un amigo más que amigo (amor de adolescencia lo llama el primer lector). Pertenecen a la aristocracia porteña y adoran a un poeta medio desconocido autor de un solo libro de poemas “Los ídolos”. La primera parte de tres está hecha para y por Lucio Sansilvestre, el poeta donde van a buscarlo a la ciudad de Londres. La segunda se titula Duma, que es el nombre de la tía abuela de Gustavo, su amigo. Una señora mundana y extraña. Y la tercera se llama “Fabricia” otro personaje al que le he visto en común con los otros demasiado tiempo libre atareados dentro de una sociedad decadente.   
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