En la colección de historias y de vidas que se cuentan en el libro Las Armas y Las letras de Trapiello dice de Moreno Villa que “Pese al exilio, conoció los últimos años de su vida, al casarse, una vaga y serena felicidad. El desencanto que tras la guerra le produjeron cosas y personas jamás pasó al umbral de dos de sus libros más elegantes, ambos memoralísticos, y alguno de sus poemas más hermosos sobre el destierro”. Lo de la “serena felicidad” viene porque según cuenta él mismo en el libro, se casó con la viuda joven de un amigo en México.
Pasó más de veinte años de interinidad en la Residencia de Estudiantes. Trabajando. Coincidió con Lorca, Dalí, Buñuel, Ortega… Le venía bien a su carácter, tímido, reservado, de diarios trámites y rutinas. “Era difícil de explicar todo lo que tenía de maravilloso aquel refugio para un carácter como el mío, ansioso de tarea y harto de esas complicaciones materiales que entorpecen tanto en las casas: luchar con la servidumbre, pagar rentas, contribuciones, luz, teléfonos, buscar lavanderas, plomeros que arreglan los baños, albañiles que quiten las goteras, oír constantemente que sube el precio de los alimentos y qué sé yo cuántas cosas más”.
A poco no lo asesinan en el Madrid de la guerra por no tener la documentación adecuada. “Los asesinos y fanáticos en un periodo revolucionario son más terribles que los aviones y los bombardeos. Los rayos, los terremotos y derrumbamientos no me hacen temblar tanto como una sirvienta o sirviente obtuso, bruto y lleno de vagas nociones primitivas”.
Habla también de un encuentro con Baroja en París. 1937. “Hablamos poco, pero me dijo algo muy significativo: “Moreno, ¡qué mal hemos quedado los del 98! ¿verdad?”. Yo me contenté con abrir ligeramente los brazos, cerrar los párpados y mover la cabeza afirmativamente. Lo veía tan apocado que no quise decirle: “Acuérdese de cómo juzgaba usted a los de la Institución, cuando ocupaban puestos de gobierno. Nadie valía, para usted, y, sin embargo, actuar es mucho más difícil que sostener con la conducta lo que se sostuvo con la pluma”.
Sobre Lorca: “Tan vivo era este poder suyo que bastaba nombrarle para sentirse invadido de alegría musical: ¡Federico sale de Granada, mañana lo tenemos aquí!”. “Tener alma musical es ser un Don Juan del mundo, un conquistador involuntario”.
En cuanto al arte moderno: “Lo que para Ortega fue Deshumanización, para mí fue Liberación de lo más oprimido del hombre”.
“Benjamín Palencia se preocupaba mucho de las tierras. Se salía por los alrededores de Madrid a buscarlas como quien busca minas de oro y me las enseñaba con un entusiasmo rebosante”.
“En Málaga estaban en pugna mortal las dos grandes organizaciones obreras y cada día caía un obrero de uno de los bandos. La cosa no era, pues, tan simple como se decía; no era la lucha del pueblo contra tales o cuales poderes tradicionales, sino del pueblo con el pueblo además. Es decir, que la clase baja estaba tan dividida como la burguesa, y como la militar y como la eclesiástica. Estábamos pues, en guerra civil”.
Primero la inquietud y luego el viaje hacia Valencia donde coincidió con Machado y con su madre. Allí se hospedan en la casa de unos marqueses y se produjo este diálogo:
-¿De quién era esta casa?
-De unos marqueses.
-¿Eran madrileños?
-No, de Bilbao.
-Venían aquí por temporadas nada más ¿verdad?
-Sí.
-Y ahora ¿dónde están?
-Tranquilos.
-¿Pues…?
-Los matemos.
Con ese “matemos” se puede explicar muy bien de qué estaba hecho el odio de la guerra.
“Recuerdo aquel discurso de Indalecio Prieto asegurando que la victoria sería del Gobierno porque éste tenía el dinero. Más tarde pudo aprender que no le valía de nada, porque nadie quería venderle armas al poder legítimo”.
Y qué poco sabemos de lo que seríamos, de lo que llegaríamos a hacer o no hacer de estar metido en la película de una época nefasta. “Un joven que se había pasado la vida en frivolidades se revelaba como gran militar, enérgico, sufridor y lleno de iniciativas. Otro, que al principio parecía que iba a tragarse el mundo y se agitaba como gran organizador, caía en el desprecio de las gentes y vagaba derrotado”.
Mucho más tarde coincide en México con la que fue su amante americana. “La vi muy partidaria del comunismo: cosa que no me extrañó. Porque en los Estados Unidos pensaban así, por moda, muchos que tenían grandes cuentas corrientes en los bancos”.
Interesantes las memorias de otro exiliado valioso.




