martes, 25 de febrero de 2014

Correr a la muerte





 “He visto cómo uno de mis amigos íntimos corría a viva fuerza a la muerte, con una pasión verdadera y arraigada en el ánimo por varias clases de razonamientos que no supe rebatirle, y cómo se precipitaba a la primera que se le presentó ornada con brillo honorable, sin razón aparente alguna, con una avidez violenta y ardiente. Tenemos muchos ejemplos en esta época de quienes, incluso niños, se han entregado a la muerte por miedo a cualquier ligera incomodidad. Y, a este respecto, ¿qué no temeremos, dice un antiguo, si tememos lo que la propia cobardía ha elegido como refugio? Jamás terminaría de hilvanar aquí la gran lista de aquellos, de cualquier sexo y condición, y de todas las escuelas, en los siglos más felices, que han aguardado la muerte con entereza o la han buscado voluntariamente, no sólo para eludir los males de esta vida, sino, algunos de ellos, simplemente por escapar del hastío de vivir, y otros por la esperanza de una mejor condición en otro sitio. Y tan infinito es su número que, a decir verdad, me sería más fácil contar a quienes la han temido”.
LIBRO I CAPITULO XL. PÁGINA 352
  Michel de Montaigne.
  Dedicado a Marco, con todo el respeto.

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