jueves, 16 de abril de 2026

ENOCH. A. BENNET. ENTERRADO EN VIDA.


  Hace unas pocas semanas fuimos al Rastro y vi este libro en la entrada de la librería Juanito, en Vara del Rey, muy cerquita de la plaza de Cascorro. Los libros los vigilaba un hombretón que le puso el precio de tres euros. Pertenecía el libro a esa colección de elegidos por Borges que salió en los quioscos de España, Argentina y demás países de habla hispana, allá por los ochenta. La dejé a medias, la colección, y a través de los años la voy medio completando. Eran ochenta en origen y debo tener más o menos la mitad.

  La novela no empieza bien. Para decir que es verano, que es de noche y que es en Londres, dedica este párrafo:

“El ángulo especial que el eje terrestre forma con el plano de la elíptica, ese ángulo regidor, en gran parte de nuestra geografía y también de nuestra historia, había hecho que, en el momento en que empieza este relato, se hubiera dado en Londres aquel fenómeno denominado verano. Por entonces, nuestro planeta, en sus continuas vueltas por el espacio, tenía su cara civilizada de espaldas al sol, lo que implicaba que fuera de noche en Selwood Terrace, una calle de South Kensington”.

  Mal empezamos, me dije. Pero el autor ha sido capaz de cogerme de los pelos (es un decir) y ponerme en modo sorpresa.

  El protagonista, Priam Farll, es un pintor que de pronto coge una fama desmedida siendo a la vez tremendamente tímido. Triunfa con el envío del cuadro en el que aparece un vulgar vigilante a la exposición de la Royal Academy. Vive solo acompañado de una especie de criado. Éste muere de enfriamiento; un médico confunde a ambos a la hora de hacer el documento de fallecimiento, y éste, Priam, lo deja pasar, más que nada por timidez. También le venía bien. Quería volver a ser libre. Este hecho hace que la fama y valor del artista, supuestamente fallecido, suba como la espuma. Tanto que se hacen las gestiones para ser enterrado en la Abadía de Westminster. A la vez, el criado había mandado una solicitud a una agencia matrimonial haciéndose pasar por su “amo”. Y ya la tenemos montada. La verdad es que está muy bien.

  Borges lo comparaba con Flaubert, ahí es nada. De hecho Bennet pasó muchos años en París en los primeros años del siglo XX.

  Terminada la lectura puedo decir que es uno de los mejores volúmenes de la biblioteca favorita de Borges. Todo un descubrimiento. Tiene esa exactitud de reloj suizo a la hora de encajar detalles y personajes que van haciendo una composición bastante clara (cosa que nunca agradezco bastante) en el lector.

  He visto que al español están traducidas varias de sus novelas. No serán fáciles de hallar pero con internet todo es posible. Amor sagrado y profano, Gran Hotel Babylon y Cuentos de viejas. Si alguna vez veo alguna por ahí, la compraré.

 


 

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