viernes, 2 de septiembre de 2011

Radiaciones


En el buen sentido, sabe tocarme las teclas el bueno de J.A. Montano. Toca la tecla en el instante justo. Gracias a él volví a leer a Jünger después de que su novela “Sobre los Acantilados de Mármol” me dejara exhausto de aburrimiento; más que nada y seguramente por mi falta de entendederas. No más Jünger, pensé.

En la entrada de hoy, uno de septiembre, habla de su relectura de Radiaciones I, los diarios que como dice él, es “el mejor libro posible”. Y ahí aparece un vínculo a otra entrada suya del tres de febrero de este mismo año. En esta entrada habla de la anotación que hace Jünger el veinticuatro de abril de 1941, la cual reseña también Sánchez Pascual en su prólogo. Me he molestado en bajar las escaleras para buscar mi ejemplar y lo he abierto por dicha fecha –y eso que estoy medio cojo por un tirón muscular- (estos libros los tengo en la librería del salón; en el sitio más honorable pero más expuesto a las visitas). Yo también había subrayado ese mismo párrafo a pesar de que no lo he hecho en muchas ocasiones, teniendo la oportunidad durante varias miles de páginas.

Pero éste, sí.

Y sé la razón. Habla de que el suicidio no es la salida hacia la libertad.

“Las horas vienen reguladas desde el interior del reloj. Si movemos las agujas, modificamos las cifras, pero no la marcha del destino. Desertemos a donde desertemos, con nosotros llevamos nuestro uniforme congénito; y ni siquiera en el suicidio logramos escapar de él. Es preciso que nos elevemos, que nos elevemos también a través del sufrimiento; entonces se vuelve más comprensible el mundo”.

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