
Una vez mi madre nos preguntó a mí y a mis hermanos, en una cena familiar, así, de pronto, si nos gustábamos como éramos, es decir, si estábamos satisfechos con nuestra manera de ser. Mis hermanos contestaron rápidamente que sí pero yo dudé. Estuve un rato pensando aun después de decir ambiguamente que sí; que más o menos. Pero nunca he estado seguro. Creo que todos queremos o hemos querido, de alguna forma, ser distintos: más honestos, o más jóvenes, más seguros, más altos, de otro país, o tener otro idioma, otros padres, otros hijos, otros hermanos, o no haberlos tenido, haber vivido en otras épocas, no haber nacido.
El día 25 de junio ha muerto el prototipo de persona a quien no le gustaba cómo era. Intentó toda su vida reconstruirse otra identidad, remodelarse como un escultor de sí mismo, enfermo y neurótico. Son esa clase de personas a las que uno no se imagina fuera de los escenarios. Otros ejemplos serían Presley o Marylin. Precisamente espejos en quien todos quisieron mirarse.
Ahora, sí. Ahora, MICHAEL JACKSON, se ha igualado a todos sus hermanos, a todos los mortales.