miércoles, 7 de enero de 2026

LA HORA DEL DESTINO. SCURATI


 

  Cuarto volumen de historia sobre Mussolini y su régimen. Me ha seguido pareciendo apasionante. Se ha convertido para mí en una obsesión parecida a la que profeso a los diarios de Trapiello. De alguna forma se parecen: Trapiello usa sus notas diarias para reconstruir una narración. Scurati se vale de las notas de los demás protagonistas de la historia: la amante, sus ministros, Hitler, sus dolencias, la prensa… Tan subyugado estoy que me apena que aún no esté  a la venta el quinto tomo que, imagino, será su final. En este se nos cuenta el periodo crítico de la gran Guerra Mundial. Mussolini ata su destino al de Hitler y por eso sufrió su mismo final. Franco en España podría haber apostado por lo mismo, devolviendo de alguna manera la ayuda prestada en “su” guerra. Pero no estaban las cosas para prolongar la masacre una década. El caso es que para mal o para mal nosotros no entramos en el gran conflicto y pudimos, renqueando, salir de nuestras cenizas.

  El libro tiene más de setecientas páginas pero se lee de una manera fácil. En algunos casos da pena ver que se está acabando. Un capítulo que habla de un hecho o de un personaje y al final del mismo una nota, un artículo, un trozo de informe para fijar la narración.

  “Ya a las 10.30 el general Gallina se rinde con todo su Estado Mayor. Se lo traslada de inmediato en avión a El Cairo para ser utilizado en la propaganda bélica”. A veces la realidad se presta a la burla.

  “La segunda alcanzó la Biblioteca Nacional de Serbia, incinerando miles de mapas, manuscritos y libros medievales de valor incalculable. La tercera alcanzó el zoológico, liberando a las fieras, que gritaron enloquecidas por las calles de los hombres”. La aventura de una nación culta y guerrera destruyendo la cultura de otra nación.

 

 

  “Los heridos no dejan de afluir, y, con ellos, lamentos mucho más desgarradores que los de Edda oía en Roma. La línea del frente está lo suficientemente lejos como para que los cuerpos más torturados no alcancen el hospital, pero no lo suficiente como para que el tormento de la guerra no llegue hasta allí”. La inmensa crueldad e incomodidad de la guerra. Frío extremo y calor extremo.

  “… la depresión de Qattara por el otro, uno de los puntos más bajos en todo el continente africano, donde la tierra desciende a más de cien metros bajo el nivel del mar y la temperatura sube a más de cincuenta grados”.

  Y tampoco hace falta la ayuda de los elementos naturales para convertir la relación entre los hombres en un infierno. “Un desgraciado del segundo turno de la tarde, zafiamente herido entre el pecho y el vientre, arroja chorros de sangre de las tripas mientras permanece de pie. Nadie sabe qué hacer. El sacerdote y los tiradores, atónitos, lo ven desangrarse durante un minuto al menos. Luego, gracias a Dios, se derrumba”.

  En el verano del año 1923 una moción de sus propios camaradas de correrías aparta a Mussolini del poder. Es arrestado en una academia de cadetes. Espero con ansiedad el próximo tomo. Sé qué pasa a partir de aquí pero quiero que me lo cuente Antonio Scurati.