jueves, 6 de mayo de 2021

VIDA DE SAMUEL JOHNSON. DOCTOR EN LEYES. JAMES BOSWELL.

  En octubre de 2007 asistí a una conferencia de Miguel Martínez-Lage en la Juan March sobre la Vida de Samuel Johnson. Era una de las salas más pequeñas y a duras penas se ocuparon la mitad de las butacas. Varios años le costó la traducción de tamaña biografía. Dos mil páginas más otras cincuenta o sesenta a modo de prólogos y notas a las distintas ediciones. Cuando salió, en un voluminoso y estupendo Acantilado, costaba casi sesenta euros. Este precio y saber que al menos me iba a costar dos meses de lectura (al final han sido 36 días, desde el día uno de abril hasta hoy), sumergida en la vida de un tipo singular que vivió hace más de doscientos años, hizo que fuera posponiendo dicha adquisición hasta hace poco. En el Rastro contacté con un tipo que vende libros nuevos a un precio que es del veinte por ciento, más o menos, del que se vende en librerías. Así que por poco más de cuarenta me lo regalé las últimas Navidades.

  La conferencia fue leída desde un papel y fue un poco polvorienta. Alguna mujer a mi lado vi que daba sus buenas cabezadas.

  Samuel Johnson es de los autores más citados en lengua inglesa. Abogado, filólogo y varias cosas más, tenía desde el inicio de su vida una memoria descomunal. Con tres años su madre le dijo que se aprendiera un salmo para la Iglesia y antes de terminar de subir a la primera planta él llamó a su madre y le recitó de corrido dicho salmo.

  Es injusto juzgar las ideas de un personaje que vivió hace dos siglos con las mentalidades de hoy en día. Ya estarán las gentes del futuro para decirnos a los de ahora que éramos atrasados, o injustos, o idiotas. Él estaba a favor de la esclavitud, era muy conservador, era defensor de la vara en la educación y tenía una opinión bastante dura respecto de la mujer.

  Antes de ingresar en Oxford estuvo vagando sin hacer cosa alguna más que leer por su cuenta. “...pero es lícito suponer que un espíritu como el suyo se haya enriquecido mucho más vagando a sus anchas por los campos de la literatura que confinado a pacer en un solo prado”.

  Al principio la lectura se hace un poco arenosa: muchas cartas, notas eruditas, penas por algunas muertes y pocas alegrías. Sin embargo este poema me ha hecho gracia por estar plenamente de acuerdo.

  Decid, pues, médicos de la laya,

  Que sanáis el cuerpo, y también el alma:

  ¿qué perjuicio ocasiona la bebida

  Sin tan acordes van el vino y la vida?

 

Hasta la página 361 no se produce el encuentro físico entre Boswell y Johnson. A partir de entonces todo alcanza mayor interés. Cuando va el biógrafo a los aposentos de Samuel Johonson, bastante toscos, se lo encuentra también desgarbado pero “todos estos detalles de desaliño los olvidaba uno en el instante en que se ponía a hablar”.

 

  El libro de Boswell en efecto se lee cada vez mejor. Es algo verdaderamente curioso que un tipo educado, instruido, buen conversador, etc, entable amistad con otro tipo curioso del que, dos siglos después, se sigue hablando por su ingenio, sabiduría, erudición y carácter y que nada más llegar a casa lo consigne todo en forma de notas. El libro cambia cada pocos párrafos de tema. Puede hablar de las bonanzas que ha de tener un buen abogado (defender a su cliente aunque sepa que ha hecho un mal: ya decidirá el juez) y al siguiente dialogar o discutir sobre si los alacranes se “suicidan” en realidad cuando están rodeados por un círculo de fuego. Y otra característica de un libro de esta naturaleza, un clásico, es que nos habla de nuestro presente. Esta mañana esperaba en un parque cercano mientras instalaban la puerta blindada de la casa en obras. Ya que vamos a tirar la casa por la ventana que sea, al menos la puerta, blindada.  Y he leído el siguiente párrafo. Éste podría haberse leído esta mañana en el periódico mientras saboreaba el primer café:

 

 “...la esencia misma del gobierno estriba en los impedimentos, restricciones y prohibiciones; cierto es que así como el buen gobierno proporciona felicidad racional, es preferible un exceso que un defecto de restricciones. Ahora bien, cuando la restricción es innecesaria, y tan estrecha como para amargar a todos los que a ella están sujetos, el pueblo puede y debe manifestarse en contra, y si no se le concede el alivio exigido, resistirse”. Página 524. Lo dicho, podría haber aparecido en los cientos de artículos que en estos tiempos aparecen en los diarios.

   “Leed vuestras composiciones, y siempre que topéis con un pasaje que os parezca especialmente bueno, suprimirlo”.

En 1775 viajó Johnson por Francia. No hace una descripción muy amable de aquella época y país. Una anotación: “En Francia no existe una clase intermedia”. Mala cosa es desatender a la clase media. Es la fuente de futuros y enconados conflictos.

  “Uno ha de poner mucho cuidado en no contar historias propias en su desdoro. Es posible que quien las oiga se divierta y se ría, pero se recordarán y serán empleadas en su perjuicio en ocasiones posteriores”. Párrafo especialmente dedicado a mi padre, quien es muy dado a contar sus historias, sobre todo en las que sale mal parado, humillado, vencido, ridiculizado.

    Según el tío de Boswell, Johnson es “Un genio robustísimo, nacido para vérselas a pecho descubierto con bibliotecas enteras”.

  En un momento del libro de Boswell, un tal Robert Walpole decía que siempre intentaba evitar los asuntos delicados como la política o temas demasiado especializados que dejan al margen a los que no saben y recurría a contar “historias subidas de tono en la mesa, porque así todos los presentes podían sumarse a la conversación”. Es lo que deberíamos hacer en las veladas con nuestros amigos, aseguraríamos el jolgorio y desterraríamos los el enfado.

  Están dando un paseo y observan a unos mendigos. “Le dije –Boswell a Johnson- que no existía una sola nación civilizada en la que se hubiera erradicado la pobreza de solemnidad en las clases más bajas”. Y Johnson contesta: “No lo creo, pero que algunos sean felices siempre será mejor que el que no sea feliz ninguno, como podría ser el caso en un estado de igualdad generalizada”.

 “Mi estima por usted es tan grande que casi no tengo palabras con las que expresarla, pero no me agrada estar repitiéndolo en todo momento. Anótelo en la primera hoja de su agenda de bolsillo, y no vuelva a ponerlo en duda”. Le dijo Johnson a Boswell.

  Cuando uno lleva varias semanas leyendo un mismo libro, como es el caso, y, aunque esté bien y sea interesante, pasa como cuando uno está de vacaciones en un sitio agradable. Está bien, pero enseguida le entran ganas a uno de cambiar de aires, de volver a casa, una de las cosas que más me gusta al viajar: volver a mi casa. Por eso esta mañana he sentido alegría cuando he llegado a la última página y enseguida he abierto el celofán de lo último de Trapiello.

“Yo pondría a un niño en una biblioteca (en el que hubiera libros desaconsejables para su corta edad) y le permitiría que leyera a su antojo. A un niño nunca habría que desanimarle”.

  “En todo tipo de discurso, sea placentero, grave, severo u ordinario, conviene hablar con calma, y más despacio que con premura, pues el discurso que a obedece a las prisas confunde a la memoria, y con gran frecuencia, además de la impropiedad, conduce al balbuceo y al tartamudeo, al desconcierto y a la machacona insistencia en que  debería seguir con naturalidad, mientras que un discurso sosegado reafirma la memoria, añade una presunción de sabiduría al oyente y hace más propio el mismo discurso y el semblante con que se pronuncia”.

  Leer un libro de cabo a rabo. Confieso que me he saltado no poca correspondencia a la que no le veía interés. Pero es que el mismo Johnson lo recomienda: “Un libro puede no valer para nada, o puede contener una sola cosa que sea digna de saberse. ¿Hemos de leerlo de cabo a rabo? ... Se lo comerán los ratones antes de que alguien los lea por entero”. Hablando del libro Viajes por los mares del sur.

  “Se internó en una curiosa disquisición sobre la diferencia que existe entre intuición y sagacidad, siendo una de efecto inmediato, mientras que la otra requiere un proceso más largo y tortuoso; observó que una es el ojo del intelecto, mientras que la otra viene a ser el olfato del entendimiento”.

  Se interesaba ciertamente por multitud de disciplinas y era muy curioso hacia anécdotas curiosas como cuando le contó un amigo el caso de un cerdo al que habían amaestrado como un perro o un caballo. “Los cerdos son una raza a la que injustamente se calumnia. No es que el cerdo haya faltado al hombre, sino que el hombre ha faltado al cerdo. No les damos tiempo para que se adiestren, los matamos antes de que cumplan un año”. Lo hubiera firmado el mismo Coetzze.

  Nota erudita de Gibbon: “De todas nuestras pasiones y apetitos, el deseo de poder es el más imperioso y antisocial, ya que el orgullo de un solo hombre exige la sumisión de la multitud. En el tumulto de la discordia civil, las leyes de la sociedad pierden fuerza y pocas veces ocupan su lugar las de la humanidad. El ardor de la disputa, el orgullo de la victoria, la desesperación ante el éxito esquivo, el recuerdo de las ofensas pasadas y el temor ante los peligros futuros contribuyen a inflamar el espíritu y a acallar la voz de la piedad”. Decadencia y caída del Imperio romano.

  El trece de diciembre de 1784 moría después de estar postrado en cama con una gran fatiga. Solo veía por un solo ojo y tenía andares algo torpes, era alto y un poco desgarbado. Vestía de manera descuidada pero todo lo suplía con una personalidad fascinante.

  El lunes 20 de diciembre sus restos fueron depositados en la abadía de Westminster.

  “Puede un hombre ser tanto de todo que al final no sea nada de nada”. Al final de este libro Boswell hace un repaso de las peculiaridades, de la personalidad y virtudes de este personaje inmortal. No se especializó en nada pero era tanta su sabiduría, tanta la especial naturaleza de su persona que se ha convertido en alguien al que siempre mirarán las posteriores generaciones.

  Dice Boswell de él hacia el final: “Como sus estudios fueron de carácter general, sin circunscribirse a ninguna provincia del saber, no se le puede tener por maestro en ninguna disciplina científica, pero lo cierto es que acumuló una vastísima y variadísima colección de conocimientos, dispuestos de tal modo en su intelecto que siempre supo recurrir a ellos con presteza”.


 

sábado, 3 de abril de 2021

WINSTON CHURCHILL. V. I. MEMORIAS. LA II GUERRA MUNDIAL.

   Otro libro que descubrí en mi librería favorita de viejo, la Solidaria de Argüelles. Me llamó la atención sobre todo porque tiene el mismo color y formato que la colección de quiosco al que tanto cariño le profeso: La biblioteca de Borges, en los años ochenta, de la editorial Orbis. Además de que siempre había tenido curiosidad por leer estas memorias que sin duda le dieron el mérito para ser distinguido con el premio Nobel en el año 53. Hace no obstante bastantes meses que la adquirí pero la letra menuda, demasiado menuda, me habían hecho posponer la lectura. En los párrafos donde se auto cita es aún más menuda. Menos mal que, de momento, soy capaz de leer este tipo de letra sin gafas, lo cual es una suerte aunque termine con la vista cansada.

  No puedo evitar tener mezclada en la cabeza su verdadera imagen con la que tan admirablemente interpretó Gary Oldma en Las horas más oscuras. Lo primero que se me viene a la mente es una imagen de competencia, de control, de inteligencia, de acción. Ya con siete años, como se ve en la primera foto de la wiki, parecía desafiar al mundo. Hace en los primeros capítulos un análisis sobre los motivos del gran conflicto mundial. “Jamás ha habido guerra más fácil de impedir que ésta que ha hecho naufragar lo que del mundo quedaba a flote después del conflicto anterior”. Otra cosa que me ha sorprendido es lo bien que escribía. Ya cuando estuve en Londres le rendí un particular homenaje en la Abadía de Westminster donde existe un monumento a su memoria.

   “...los S.A. (nazis) en gran extensión, se habían convertido en un movimiento revolucionario, estimulado por los descontentos, los amargados, los subversivos y los desesperados. De los bolcheviques, a quienes tanto acusaban, aquellas gentes no diferían más que pueda diferir el Polo Ártico del Antártico”.

  En alguna parte de estas memorias se refiere a nuestra guerra; aquí Churchill, un personaje histórico de máximo prestigio, que estaba fuera de la pomada, de la manteca, que veía el ruedo desde fuera decía:

 “A mediados de junio de 1936, la creciente degeneración del régimen parlamentario de España, y el vigor con que se preparaban sendas revoluciones comunistas y anarquistas, desencadenó un alzamiento militar que llevaba largo tiempo preparándose. Forma parte de la doctrina y de la táctica comunista, según lo estableció el propio Lenin. El que los comunistas contribuyan a todo movimiento hacia la izquierda y favorezcan la implantación de gobiernos débiles de tipo radical, constitucional o socialista. Los comunistas deben socavar los cimientos de esos gobiernos y arrancar el poder de sus vacilantes manos para establecer el mando absoluto y fundar el estado marxista. En España estaba manifestándose una perfecta reproducción del período Kerensky en Rusia. Pero las fuerzas de España no habían sido quebrantadas por la guerra extranjera. El ejército mantenía una considerable medida de cohesión. A la vez que la conspiración comunista, se elaboraba en secreto una contraconjura militar que había cobrado ya profundas raíces. Ninguno de los dos bandos que conspiraban podía alegar, con justicia, títulos de legalidad, y los españoles de todas las clases tenían que pensar, ante todo, en la vida de España.   Muchas de las garantías corrientes en la sociedad civilizada habían sido liquidadas por la infiltración comunista en un decaído gobierno parlamentario”.

  Varias páginas después transcribe un artículo suyo de prensa:

“No hay peor disputa que aquella en que ambos bandos comparten la razón y la sinrazón. En este caso, tenemos por una parte las pasiones de un proletariado atrasado y pobre que pretende derribar la Iglesia, el Estado y la propiedad, e inaugurar un régimen comunista. Por otra parte, las fuerzas patrióticas, religiosas y burguesas, bajo la dirección del ejército y sostenidas en muchas provincias por los campesinos, quieren restablecer el orden, implantando una dictadura militar. Las crueldades y las implacables ejecuciones impuestas por la desesperación de los dos bandos, los asombrosos odios desencadenados, los conflictos de doctrinas e intereses, hacen harto probable que a la victoria siga el inexorable exterminio de los elementos activos de los vencidos y un prolongado período de férreo gobierno”.  

  Fino análisis. Esto fue escrito en 1937.

 Siempre se ha dicho que si Hitler hubiera sido admitido en la escuela de arte el mundo habría tenido un pésimo artista pero se habría quitado de encima al peor dictador: “EL cabo Hitler, en Muchic, rendía útiles servicios a las clases pretorianas alemanas, despertando en soldados y trabajadores un fiero odio hacia judíos y comunistas, a quienes atribuía la derrota de Alemania”. “Así como el fascismo dimanó del comunismo, el nazismo dimanó del fascismo”.

  El tremendo conflicto, la tormenta de acero, como diría Jünger, vino desde “probar cómo la malicia de los perversos fue reforzada por la debilidad de los virtuosos”. También la causa fue el desplome de las bolsas: “Un grupo de bancos importantes constituyó un fondo de mil millones de dólares para estabilizar el mercado. Fue inútil”.

  Del Mein Kampf: “Aquel era un nuevo Corán de guerra y de fe, un Corán ampuloso, verborreico, informe, pero preñado de posibilidades”. “El hombre es un animal combativo, y, por tanto, la nación, comunidad de combatientes, ha de ser una unidad combativa”.

  No es cierto como se dice tantas veces que Hitler ganó las elecciones. Le costó tiempo y varios asesinatos: “En 1928, Hitler sólo tenía doce diputados en el Reichstag, en 1930 alcanzó los 107 y en 1932 llegó a los 230. Por aquel entonces toda la estructura alemana había sido penetrada por la disciplina y los instrumentos del nazismo, y toda la clase de intimidaciones e insultos contra los judíos estaban a la orden del día”. “En noviembre hubo elecciones para el Reichstag. No se toleraron más candidatos que los respaldados por Hitler, y los nazis obtuvieron el 99 % de los votos”. Churchill ya lo veía venir: “Ninguna nación que desempeñe el papel que desempeñamos y aspiramos a desempeñar en el mundo tiene derecho a quedar en una posición en que pueda ser coaccionada”.

  “No subestimen a Ingleterra. Es un país muy hábil. Si ustedes nos lanzan a otra gran guerra, Inglaterra movilizará a todo el mundo contra ustedes, como en la pasada”. Esta frase fue anunciada en Londres ante el embajador alemán Ribbentrop.

  Los oscuros designios de la historia. “Se dedicaban a la protección personal del Füerer y a ciertas tareas especiales y confidenciales  –las S.S.-. Mandaba estas fuerzas un ex criador de gallinas arruinado, llamado Heinrich Himmler”. “El número total de personas liquidadas se estima entre cinco mil y siete mil”.

  A pesar de las promesas de Hitler de no invadir más territorios el caso es que en pocos meses y años lo hizo: Renania, Austria, los Sudetes, Checoslovakia, Polonia.

  Estupendas las horas que me ha deparado esta lectura. Mi profe en BUP de historia, cuando llegaba la hora de aprender de las guerras mundiales decía que no podía. Lo suyo era la prehistoria como si allí los hombres no se abrieran la cabeza con lo que tuvieran más a mano. En fin, y todo por el módico precio de un euro.

viernes, 26 de marzo de 2021

En Silla de Pista. Miguel Ángel Aguilar.

 

   El otro día tuve que ir a Madrid para hacer unas gestiones y me pasé, como ya es costumbre, por una de mis librerías preferidas: Librería solidaria, en Argüelles. Y sin buscarlo encontré un libro que llevaba tiempo buscando desde que escuché la entrevista en la Juan March. Miguel Ángel Aguilar, el periodista veterano testigo de los más importantes acontecimientos vividos en este país desde los años sesenta hasta nuestros días: las memorias periodísticas En Silla de Pista. Y ahí, en la balda a ras de suelo lo tenían al módico precio de dos euros (20,50 nuevo). Se ha saltado la lista por el interés suscitado.

  Decir que Miguel Ángel Aguilar fue primero físico, como su bisabuelo y abuelo, y que luego fue “degenerando” hasta convertirse en periodista. Lo de degenerando viene de una anécdota atribuida a Juan Belmonte. En una ocasión una admiradora le preguntó cómo era posible que su banderillero se hubiera convertido en Gobernador de su provincia, ante lo que el torero, tartajeando, le contestó: “Pues ya ve usted, señora, de... de... de... degenerando”. Esta contestación, que me ha hecho mucha gracia, se la puede uno atribuir uno a Pablo Iglesias. ¿Cómo es posible que un líder estudiantil, agitador de masas, pico moral de los desfavorecidos se convierta en vicepresidente del gobierno? Pues eso de... de... de... degenerando.

  Las postrimerías del salazarismo y la revolución de los claveles, de la agonía de Franco, de los últimos fusilamientos en Hoyo de Manzanares, la Marcha Verde, del 23 F, la legalización del PCE, y de tantos hechos de la transición.

  “La conclusión básica sería que el terrorismo, los terroristas, cumplían con todo rigor la propiedad de la impenetrabilidad de la materia, aferrados como estaban al cuanto peor, mejor y entregados al principio elemental de la acción-reacción intentando incitar el golpismo que desenmascara el proceso emprendido hacia la democracia para presentarlo como una intentona de maquillar la dictadura en faso de eclipse”.

  Fue fundador del Club del usted pensando que sería beneficioso para los “hunos” y para los otros. También fue el inventor junto a su hermano del aplausómetro y de la ley de gravitación informativa. También es defensor de que el himno de España carezca de letra porque “la barbarie de Els Segadors, el himno adoptado de Cataluña. Así que un himno nacional como el de España, que por carecer de letra no puede ser cantado, solo pitado cuando las finales de Copa, es imbatible, tiene una superioridad garantizada a la que en modo alguno se debiera renunciar”. Analista de los medios: “la audiencia es capaz de repetir lo que ha escuchado en una emisora con la misma exactitud que si tuviera delante el texto grabado en bronce”.

  Tampoco le gustan las tonterías. Un día otro periodista, director de un programa donde él intervenía, abrió el informativo relatando el espanto de un padre que había matado a cuchilladas a su ex, a sus dos hijos y al portero. ¿Qué le parece? Mal, contestó. Y claro, se enfadó, el director.

  Contaba una buena amiga de Nueva Delhi en Nueva York: “se refería hace algunos años a la inmensa fortuna que les había costado mantener a Gandhi pobre”.  

  Observador de las declaraciones de otros, y otras: “la asesora de Defensa del Eliseo, Salomé Zouravichvili, quien en junio de 2001 pronosticó que la respuesta a la guerra limpia sin bajas propias y librada a distancia inalcanzable para el adversario sería el más sucio de los terrorismos”.

Me ha encantado. Como el álbum de fotos de un familiar querido que ha viajado mucho por el mundo y se entera de todas las vicisitudes. Por cierto que es el de en medio de un montón de hermanos y se metía en líos desde niño: “Hijo mío, no entiendo nada. Tú eres del Opus, y yo sé que estos del Opus unos son ministros, otros banqueros, otros son no sé qué, pero a esta casa solo viene la Guardia Civil a preguntar por ti al portero”.

 

lunes, 22 de marzo de 2021

JUAN PANDO. UN REY PARA LA ESPERANZA.


    Este libro lo tenía desde hace diez años. Un amigo lo tenía debajo de su monitor, que le servía, junto con otros ejemplares, para elevar a la altura de los ojos dicho monitor. Le pedí si me podía dar uno. “Me quitas un peso de encima”, fue su respuesta. “Tengo muchos más”. No sé cómo aparecieron esa cantidad de ejemplares en la oficina pero el caso es que me lo regaló añadiendo que el libro era un coñazo, Sic. El caso es que siempre tarde o temprano, si he adquirido como fuere un libro, lo termino leyendo.

  El libro en efecto, es bastante arenoso de leer y está basado en el hecho de qua la España de Alfonso XIII, en plena I Guerra Mundial, habiéndose declarado neutral, sirvió para seguir la pista a los miles desaparecidos durante la guerra. “Dirigir una carta al Palacio de Oriente de Madrid se convirtió en sinónimo de escribirle a la esperanza”.

  Lo primero que constaté nada más comenzar la lectura es que el autor, Juan Pando, no había logrado dar con la estructura y la forma adecuada. El lenguaje a veces se sale de madre y se engola hasta extremos grotescos. Un solo ejemplo: “... se les dejó huérfanos de entrenamiento como tropas de choque que iban a ser; también en la captación de quienes guiarían su desesperado atacar”. No sé, el caso es que la lectura se “engancha” continuamente en frases como estas. Agravado por los innumerables corchetes, paréntesis, dimes y diretes (De las cartas) que atrancan el fluir de la lectura. Para que no fuera así debería haber ideado otro sistema para no torturar al pobre lector.

  Otra cosa que choca es proponer al Rey como un ejemplo de entrega y solidaridad, casi sin tacha, cuando se sabe que fue más bien inepto y con tendencia a lo “militarote”. “un rey en gran parte incomprendido, que supo dar lo mejor de sí mismo en aquella hora de solidaridad y entrega”. Bueno, si él lo dice...

  Se montó una oficina en el Palacio Real, como se ha dicho, y se enviaron delegaciones de investigación a diferentes partes de Europa en guerra. De agradecer no obstante su iniciativa. Pero por desgracia casi todas las gestiones –no podía ser de otra manera viendo la dimensión del caos y la destrucción- terminaban con un escueto “no hallado”.

  Unas memorias de un veinteañero soldado alemán: “Envuelto en la niebla del amanecer, salté de la trinchera y me encontré ante el cadáver agarrotado de un francés. Cerca de mí, junto a un árbol, vi otro vuelto. Por las órbitas vacías de sus ojos y unos mechones de pelo castaño, aún adherido a su cráneo mondo, comprendí que no me las tenía que ver con un ser vivo. Hacia donde mirara, docenas de cadáveres, corrompidos, calcificados casi, disecados como momias. Los franceses que acababan de abandonar la posición que ocupábamos nosotros debeiron estar meses junto a sus compañeros caídos y sin poder darles sepultura”. El joven alemán era mi queridísimo Ernst Jünger cuyos diarios completos me han hecho disfrutar tanto. Por suerte para sus lectores Jünger siguió con vida para vivir otra guerra y para llegar a los cien años y pico de edad. En otra parte se detallan los poetas y escritores que sí cayeron.

  En la IGM se comenzó a probar cientos de artilugios nuevos para matar en masa. A destacar la construcción de túneles con el objetivo de preparar, debajo de las posiciones enemigas, toneladas de explosivos, tantos como para cambiar el terreno. “Señores, ignoro si mañana escribiremos una nueva página de la Historia, pero lo seguro es que cambiaremos la Geografía”.

  Otro de los protagonistas del libro fue un español excepcional. Médico. Pagés, a quien  tantas mujeres le deben el parir sin dolor por haber creado la inyección epidural. Posiblemente el segundo premio Nobel de medicina si no hubiera sido por un desastroso accidente de automóvil.

  Tiempo de lectura: una semana. Y siempre se puede sacar provecho a una lectura, aunque resulte en ocasiones, penosa.

lunes, 15 de marzo de 2021

ZENOBIA CAMPRUBÍ. LA LLAMA VIVA. EMILIA CORTÉS.

 

      Lo primero que me llamó la atención cuando vi este libro en la FNAC fue la calidad de la edición. El tamaño, el color y calidad de las hojas, las ilustraciones, y, lo principal, la biografía de Zenobia Camprubí, mucho, muchísimo más que la mujer de nuestro premio Nobel, Juan Ramón Jiménez. Emilia Cortés, la autora, especialista y estudiosa desde hace un montón de años de Zenobia así como la editora de sus diarios y correspondencia. Muy interesante. Y una certeza: Sin esta mujer JRJ no habría ganado el Nobel. Ni siquiera hubiera sido el poeta que hoy conocemos. Así que, detrás de una gran mujer puede haber un gran hombre.

  Leyendo la biografía de Zenobia he recordado el tremendo episodio de Marga Gil Rosset, una preciosa  joven escultora, enamoradísima de JRJ, que ¡con veinticuatro años! se suicidó por su amor no correspondido del poeta.

  La importancia de Zenobia en la vida del poeta: 

“Fue la colaboradora y gestora de la Obra de Juan Ramón, trabajó con él diariamente en sus escritos, en el archivo, se ocupó del trato con las editoriales, de organizar las ediciones, incluso de tener al día la correspondencia del poeta en las fases de enfermedad aguda”. 

  Porque Juan Ramón fue un grandísimo poeta pero para la vida cotidiana, para ganarse la vida era más bien incompetente. O quizá tuvo que ser así para que todo fuera como fue. El reconocimiento de J.R.J., siempre fue rendido. Ante las casas museo, que no quiso que figurara solo su nombre, ante el premio Nobel, ante su dependencia absoluta de esa gran mujer.

  Me ha emocionado mucho esa voluntad y competencia para todo en la vida. Ese don de gentes. Esa simpatía y energía para sobrellevar los sinsabores. Y ese ánimo ante la enfermedad que a la postre la llevaría a la tumba.

  Y tenía quejillas de él, cómo no: “Cuando veo algo que me gusta y te miro para encontrar tu mirada, tú nunca miras ni a la cosa que me gusta, ni a mí, siempre estás a cincuenta millas lejos”.

  Al final de sus vidas JRJ sugirió algunas veces que se suicidaran juntos. Tremendo proponer eso a una mujer tan vital y amante de la vida. “¿No me quieres lo bastante para que nos matemos juntos?” Le contesto muy aburrida –la puedo imaginar- “Mira dejémoslo para el jueves que viene”. Y en cuanto se da cuenta que le está tomando el pelo se acabó la tragedia. Cuánta falta hace una voz así en un temperamento hipocondriaco y depresivo. “La peor de las manías es la tensión de angustia si no está al lado de un médico”.

  Es bien sabida la poca tradición hispana en escribir biografías. Esa tendencia creo que se está mitigando poco a poco. Bienvenida pues esta que tanto me ha gustado y emocionado. Un homenaje propio en este mes de marzo, el del día de la mujer. En este caso, de una gran mujer.