Siempre que hay feria en Recoletos me paso al menos un día. Siempre solo (no hay quien me aguante). Y siempre que voy, desde hace ya unos pocos años, le compro algo a la caseta de Barcelona llamada Sánchez, vaya por Dios. Siempre encuentro algo. Y este lo compré porque era un Pre-textos y porque hablaba de Pepín Nieto. No conocía de nada al autor, José Antonio Martín Otín. Sé ahora que ha sido futbolista, tertuliano de radio, escritor, historiador y para mí, un magnífico conversador por lo que he visto en algunos videos. Ya estoy buscando su último libro sobre José Antonio Primo de Rivera.
El libro es una maravilla y he sacado docenas de gemas, muchos subrayados. Es, para mí, sumamente interesante. Qué sorpresas te da a veces elegir un libro así, al tún tún.
Ese personaje sin obra fue el pegamento que mantuvo unidos a muchos de su generación, la del 27, La desesperación del té. Al parecer su mayor mérito era ser muy amable y simpático. Un perfecto escuchador. Cuando uno terminaba una charla con él te ibas diciendo: “Se ha quedado encantado de haberme conocido”.
Habla mucho de la Residencia de Estudiantes, donde estaban Moreno Villa, Juan Ramón Jiménez, Lorca, Dalí, Unamuno, Ortega… en una ocasión este último fue a dar una conferencia y -cuenta Bello-, no olvidó su última frase. “No seáis piedra quieta y fría, sed antorcha abrasadora”. Bueno, pues parece que en Francia la hayan escuchado y se lo están tomando a pecho.
Un descubrimiento encontrado en el
libro sobre Pepín Bello. Cuenta que en una ocasión en la Concha de San
Sebastián Lorca estaba charlando con un amigo, Gabriel Celaya, en el Bataplán,
una sala de fiestas a la que he ido varias veces siendo joven. Es un
edificio pegado al muelle que se asemeja a un barco. En un momento se les
acercó José Miguel Aizpurúa y Celaya fue muy borde con él. Cuando se marchó,
Lorca se lo reprochó. “¿No te has enterado que ese es falangista?” le dijo
Celaya. La respuesta de Lorca me ha dejado patidifuso. “Todos los viernes ceno
con el jefe de Aizpurúa, José Antonio Primo de Rivera, así que vamos a ver si
me retiras ahora tú el saludo a mí”. Claro está Celaya se quedó hecho polvo.
Más adelante en una entrevista que le hicieron a Bello éste respondió al periodista algo parecido. Al periodista casi le da un síncope: “Le diré algo: en el drama que era entonces me atrevo a sostener, estoy seguro, que la única persona que podía comprender a García Lorca era José Antonio Primo de Rivera”.
También dice que nunca alardeó de su homosexualidad y que todos sus amigos lo respetaban. Menos en una ocasión Buñuel, que se acercó a Lorca delante de todos y le soltó: “Me han dicho que eres maricón”. Le miró el granadino con tanto desdén que se fue con el rabo entre las piernas.
Un poco antes hace una reseña del absoluto encanto que despertaba Lorca en todos los que le frecuentaban. Como decía Jorge Guillén: “Si estaba Federico no hacía frío ni calor; hacía Federico”.
“Pepín insistió siempre en que Federico era el hombre más apolítico del mundo, que no le interesaba nada, pero nada (por utilizar un remoquete suyo) lo que tenía que ver con las banderías y las ideas que las sustentaban. Ha molestado, pero es verdad”.
“Cuando le da por definirse afirma muy templado que es católico, comunista, libertario, tradicionalista y monárquico. El franquismo le asesinó en el colmo de la abyección, pero eso no le define políticamente, califica a sus verdugos que, ellos sí, tenían colores; los de la reacción más negra”.
Sobre Falla: “Era una cosa curiosa ver lo bien que se llevaban ambos, Federico, cascabel de cascabeles, y Falla, el más soso del mundo, mantuvieron esa amistad hasta el final”.
Cuenta Pepín Bello, de Miguel Hernández (se lo cuenta a Martín Otín, el entrevistador y escritor): “Yo le vi una vez y me pareció un niñato, retraído, huidizo. Sin embargo, Federico lo acogió con cariño, lo tenía en buena consideración. Luego, claro, se vio que a su estilo, en el que a mí me parecía un niñato, había madera de poeta. Por cierto que a Miguel Hernández le pudo salvar la vida uno de los mejores amigos que he tenido, el escritor sevillano Joaquín Romero Murube, que con un matrimonio amigo, Eduardo Gassent y Mercedes Formica, le ayudaron a ocultarse y le tenían preparado el salto a Portugal… No sé qué pasó al final, el caso es que Miguel, mal aconsejado por otro lado o enfermizamente cándido, decidió regresar a Orihuela, que fue donde le volvieron a ingresar. Ya no salió, murió enfermo en la cárcel de Alicante”.
Yo soy un aficionado, no hace falta ni que lo diga. Pero me gustan mucho estas cosas. Yo no sabía esa amistad con José Antonio Primo de Rivera. Estoy descubriendo con este libro muchos personajes alucinantes. Como Sánchez Mejías, el de las “cinco de la tarde”. Fue torero, claro, pero también buen poeta y hasta presidente del Betis. O José María Hinojosa, asesinado junto con su padre y hermano en Málaga, o el ganadero Fernando Villalón, ganadero que se empeñó en “fabricar” un toro bravo con los ojos verdes. Esto sí que es el realismo mágico.
“…alrededor de los García Lorca había una corona de venganzas que venían de lejos, en la que participaban entramadas, inquina familiar, envidia, codicia, suciedad del alma”.
Y una cosa que me ha llegado al alma porque lo he comentado para mí muchas veces: saber y gustar del estar solo. “Ya sabes que Dostoievski estuvo penando en Siberia, años encerrado en un presidio antecesor de los gulag. De los años de cautiverio lamentaba una cosa sobre todas las demás, la que de seguir allí le hubiera conducido irremediablemente a la locura: no haber estado solo ni un minuto, nada, siempre con gente, ningún aislamiento, ninguna privacidad, ni un instante sin ser observado. Lenetiendo tan bien… tengo una capacidad de soledad… a mí me gusta vivir solo; soy muy sociable pero vivir, vivir, creo que no podría vivir con nadie. Eso lo empecé a sentir más en Burgos, mi exilio interior”.
“Nacer es incómodo, pero haber nacido es maravilloso”. “Me dijo con toda seriedad pero tranquilamente que prefería no haber nacido”.
Murió en 2008 con 103 años.


