Hace muchos años leí un libro increíble de este autor marroquí. El pan desnudo, posteriormente retitulado El pan a secas. Editorial Debate. 2003. Traducido por Abdela Djbilou. Fue el primero de la trilogía. Me gustó tanto que "poco" después, en 2018, vi en el Rastro el que hace tercer lugar: Rostros, amores, maldiciones, que también me gustó. 3 euros. Y el de en medio lo vi en la caseta de autores árabes, Feria del libro de Recoletos, y no lo dudé, me lo llevé puesto. Es un autor que venía de lo más apartado de su sociedad apartada, retrasada, ignorante. Él solo con su determinación logró salir de ahí y estudió y leyó a muchos autores franceses, españoles, etc. Vivió en Tánger y en Larache. Ha querido la casualidad que haya terminado este libro casi coincidiendo con la invasión de la ciudad ceutí de 50.000 jóvenes marroquíes.
Empujados por los mismos motivos que fue empujado el autor: “El hambre, la miseria, el alcohol, el kif y las noches de los prostíbulos. Una vida en el filo de la navaja. Noches en Tánger y días de escuela en Larache, dos mundos que se dan la mano en esta inquietante novela”, dice la contraportada.
Esta edición no es la de los otros dos. Está editada por Cabaret Voltaire, más de andar por casa. Pero está bien traducida por Karina Hajjaj, doctora de filología en la Universidad Complutense de Madrid y Malika Embarek López, traductora y especialista en autores magrebíes.
En este libro cuenta el encuentro con un autor japonés de El pan desnudo que había querido visitar los lugares y que al ver la alberca del relato se lleva un chasco. No es tal como se describe en el libro. Chukri se explica a la pregunta del japonés: “-En tu libro describes esta alberca y lo que hay a su alrededor con mucha belleza y, sin embargo, no es ni parece que lo haya sido”. Contesta: “-Es la función del arte, la de embellecer la vida hasta en sus aspectos más horribles. La alberca se grabó en mi memoria de niño como algo hermoso y debo recuperarlo con esa impresión, aunque esté llena de agua turbia. ¡Estuve además temporalmente alejado de aquí”.
Yo también tuve una experiencia así en una alberca en Melilla, en casa de los Serones. Y creo que todos tenemos una alberca idealizada de nuestra infancia.
Se lee todo con agrado y rapidez. Apenas dos días. Ya tengo por fin los tres libros juntos.



