sábado, 27 de junio de 2026

ARTURO BAREA. CONTRA EL FASCISMO.


    Si alguna vez dentro de unos años alguien lee este blog podría creer que me interesa demasiado, sospechosamente, el fascismo o la falange o el franquismo a tenor de los libros que aquí he reseñado últimamente. Asimismo también lo pensaría si echara un vistazo a mi biblioteca. El caso es que tengo libros en la misma balda totalmente contrarios en ideología: La forja de un rebelde, precisamente de Barea, con el Franco de Preston. El 1923 de la dictadura de Primo con la Revolución del 34. En fin que lo que me gusta es leer sobre historia. Lo que sea, pero que esté bien escrito. Lugo podré estar más o menos de acuerdo pero el disfrute de lector lo tendré asegurado.

  En esta ocasión vi este libro en la sección de saldos de BookCenter. Esta librería la suelo visitar dos o tres veces al mes en busca de estas sorpresas. He comprado verdaderas “joyas” luego inencontrables. Libros descatalogados y de poco éxito que a mí me han encantado. Me acuerdo ahora de esos que compré de biografías escritas por buenos escritores. La de Buñuel, la de Azaña, etc.

  Este libro es un panfleto político como el mismo Barea confiesa en el prólogo. Fueron unos escritos en defensa de una República muerta y enterrada. Lo escribió en la esperanza de que la derrota de Hitler y Mussolini dejarían a Franco sin cobertura ideológica ni material. Ahora, noventa años después podemos decir qué craso error. “Hay algo estremecedor en este testimonio de un hombre que a pesar de la derrota en la Guerra Civil y la desolación del destierro supo mantener intacta la esperanza de un porvenir democrático para España”.

  Hay de los errores. Leo ahora las memorias políticas de Guerra y me ha llamado la atención un consejo que les dio el gran Olof Palme al gobierno del PSOE en el 82: no hacer cambios demasiado profundos ni demasiado rápidos. Esa es para mí el principal error de la República.

 

  Hablando de Franco me ha sorprendido esta reflexión suya: “Personalmente, tengo la impresión de que ha sido un hombre honrado toda su vida: honrado en el sentido de su corrección e incorruptibilidad en el plano financiero y económico”.

  Las prisas: “Durante la gran huelga de trabajadores agrícolas de 1933, mataron el ganado y quemaron las cosechas de su odiado jefe: ninguno de ellos vio otra opción de acción política y social colectiva después de que las esperanzas iniciales de la nueva República se hubieran echado a perder con la subida al poder de hombres como su patrono. Por aquello se los castigó con crueles penas de prisión y hambre”.

 

  Importante reflexión del capítulo V: El mito –decía Malinowski- está íntimamente asociado con los más profundos deseos del hombre, con sus pasiones y sus sentimientos, pues valida el orden social, justifica el esquema social existente y abarca desde expresiones puramente artísticas hasta el legalismo”.

 

  Y, claro, hay pasajes en los que no solo no estoy de acuerdo, es que de haberlo tenido delante le habría calificado de ignorante o malintencionado. “Cuando se instauró la República española en 1931, lo hizo en forma de una república democrática moderna en la que todos los matices de opinión debían tener cabida. Las masas lo esperaban todo del nuevo régimen y, llevadas de una generación optimista desbordada, no rompieron ni un solo plato en venganza por años o, mejor, siglos de opresión. El pueblo era consciente de que tendría que luchar en defensa de la República, pero hizo gala de una conmovedora fe en sí mismo y en otros. Dice un refrán español que el que la hace la paga. Algunos de nosotros ante aquella llegada pacífica de la República dijimos: A lo peor, tendremos que pagar por lo que no hayamos hecho”. Sólo decir que al margen he escrito: Mare de deu.

  Aquí Barea ha cogido la pértiga y ha saltado olímpicamente sobre la quema de iglesias, los asesinatos políticos, la traición de Cataluña, la Revolución de Asturias, y el desastre generalizado debido a la inconsistencia política. No, el camino de la República no fue de rosas. Fue de espinas. Por culpa de unos y de otros. Lo dicho, un panfleto.


 

martes, 23 de junio de 2026

ALEMANIA DESAFÍA A LOS VENCEDORES. CARMEN IGLESIAS. PRESIDENTA. VARIOS AUTORES.


    Cierta mañana iba por la calle para acompañar a mi madre al médico. Estaba a punto de lloviznar. Encima de un contenedor de basuras había unos cuantos libros de esos de colección de quiosco que tanto me han gustado siempre. Los cogí, claro. Uno de ellos, que ya tenía y que había leído al menos dos veces, el de Unamuno San Manuel Bueno y mártir, se lo di a mi madre. El resto me los quedé yo. Éste, de mayor formato que un libro normal, lo he leído a la vez junto con el de Scurati en contra de mi costumbre de no coger un libro hasta no haber acabado el que estuviera leyendo. Creo que voy a modificarla, la costumbre,  y voy a leer varios libros a la vez, precisamente porque es incómodo llevar un libro tan gordo como el de Borges o este mismo. El caso es que es un libro ilustrado y muy resumido. De El Mundo. Aun así he descubierto cosas interesantes. Habla de los ascensos de los totalitarismos en las figuras de Mussolini, Hitler y Franco.

  Y cómo se vuelven a parecer las acciones de los gobiernos: “Hitler tardó en convencerse, pero finalmente ordenó a la prensa que aumentara la agresividad hacia Polonia y la redujera hacia Rusia”.

  Crisis de 1929. “Las bases ideológicas del capitalismo liberal fueron duramente cuestionadas y dos alternativas ideológicas a ese modelo entraron en escena: el comunismo, encarnado en la URSS, y el fascismo de la Italia de Benito Mussolini”.

 

  “En Alemania, bajo el gobierno dictatorial de Adolf Hitler, la recuperación económica fue mucho más rápida. Inevitablemente muchos concluyeron que, para salir de la crisis, la mejor receta no era la democracia, sino el gobierno autoritario”.

  “Incluso en 1939, por cada detenido en los campos de concentración nazis, había 66 en los campos de concentración de la Unión Soviética”.

 

  La clave española: “La ayuda militar soviética fue decisiva para evitar el colpaso del Frente Popular, que de no haber contado con ella habría perdido la guerra quizás antes de acabar 1936. El armamento soviético sorprendió por su calidad: los carros de combate soviéticos era muy superiores a los que enviaron en ayuda de Franco los italianos y los alemanes, y lo mismo cabe decir de los aviones. Sin embargo el Frente Popular nunca supo sacar partido de esos medios. Sus fuerzas armadas estuvieron siempre imbuidas de espíritu miliciano, y fracasaron como herramienta militar. Valga como ejemplo el hecho de que el ejército nacional llegó a contar con más carros de combate de origen soviético que de origen alemán, pues fueron muy numerosos los capturados a las tropas del Frente Popular”.

 

  En fin, un repaso de la historia que tanto me interesa.

 


 

EL FIN Y EL PRINCIPIO. ANTONIO SCURATI


    Último tomo sobre el fascismo italiano en la figura de Mussolini. Dice Scurati, el autor, en la primera página: “De esta manera, se preparan para repetirla bajo nuevas formas. Hoy, más que nunca, se hace necesario seguir contándola. Asumir la responsabilidad. Frente al pasado, al presente y, por encima de todo, al futuro”.

  Aún recuerdo cuando hace dos años le compré el primer tomo a una chica joven de Alcorcón por Wallapop. Me dijo que no había pasado de la página diez, que eso no había sido escrito para ella. Para mí ha sido todo un descubrimiento y una fuente de placer lector. Como digo siempre: no es el tema, es la forma de abordarlo. Antes o después de cada capítulo Scurati anota extractos de cada documento en los que se basa. Así la tensión dramática siempre se sustenta en algo real, tangible. Él actúa como un periodista no del pasado sino en el pasado.

  “Incapaces de conformarse en un puesto fijo en una organización paraestatal, se entregaron en su mayor parte a la delincuencia, la hermana menor de la guerra”.

 

  “Mussolini estaba firmemente asentado en el poder y ya no sabía qué hacer con los hombres de acción que lo habían llevado hasta allí”.

 

  “Se entregaron en su mayor parte a la delincuencia, la hermana menor de la guerra”.

  “El Duce no era más que un espléndido montaje”.

 

  “Trabajo y me esfuerzo, aun sabiendo que todo es una farsa. Aguardo el final de la tragedia y, extrañamente desconectado de todo, ya no me siento un actor; me siento como el último de los espectadores”. Tras la farsa, la tragedia.

  “Su último traje no tiene bolsillos. Como el de todos”.

  Qué extraña sensación. Salvando las distancias y los acontecimientos, muchas de las citas aquí entresacadas podrían aplicarse a la política actual en España. De la farsa a la tragedia.

  Habrá que seguir los nuevos trabajos de Scurati, un gran reportero del pasado.