Ayer entró en casa la primera mosca. Estaba
en el baño y para la temporada era ya bastante hermosa. Cerré la puerta para
que no pudiera escapar y cogí la toalla pequeña para aplastarla pero estaba
sana y volaba a la velocidad de un caza, con el añadido de cambiar de rumbo al
instante. Imposible derribarla. Ni siquiera con la mirada conseguía seguirla.
Terminé mis quehaceres y la dejé encerrada. Ya se cansará, pensé. Por la noche
vi que no estaba o no aparecía. Pero cuando me iba a acostar, ya tarde, vi que
estaba a los pies de la cama, quieta, como de haber aterrizado y haber
abandonado el piloto la nave. La cogí con papel higiénico y la tiré al wáter.
Qué existencia más corta y molesta para las criaturas de alrededor.
Cuento esto porque una de las cosas que más
me gusta leer de sus Diarios es cuando habla de bichos, ya sean ratas, moscas,
perros o pájaros.
Mi hija me ha dejado a la perra el fin de
semana y me ha recordado de cuando eran ellas bebés. Se ha puesto mala. Se
supone que iba a dormir toda la noche hasta las ocho pero a las cuatro y algo
ha entrado en mi habitación y me ha plantado su morro en mi boca. Algo quería.
La he acompañado a su camita pero no estaba tranquila. Me acosté y la oí subir
y bajar las escaleras. A las siete me he levantado y había diarrea en: la
buhardilla, las escaleras y el salón. Pobrecilla. He sentido lo mal que ha
debido pasarlo. Enseguida la he sacado y ha salido escopeteada hacia el campo.
Y ha seguido deponiendo como imagino que habrá hecho la moscarda, durante su
breve existencia. Eso sí, el hambre no se le ha calmado.
El último Diario de Trapiello. Pocos como él
para saltarse el turno. Los demás, a esperar. Todos se parecen, los
veinticinco, pero en cada uno lo cuenta a su manera. Teniendo en cuenta que en
cada uno tiene un año más que en el anterior. El de esta edición perteneciente
al año 2011. Cuenta las historias cotidianas como nadie. Me hace reír como
nadie. Historias que a veces duran tres o cuatro páginas. Todo me interesa. Y
de vez en cuando una frase corta, chispeante.
“Como Franco, también Dolores Ibarruri,
Pasionaria, murió en la cama. Y Lenin, y Stalin y Mao, y Fidel Castro…”.
“Y cuánto tiempo hacen perder los tontos
cuando además son tantos”.
Esto se lo escuché en la presentación de otro
libro suyo:
“La poesía no ha muerto, pero el mundo que la
necesitaba, sí. Y lo de Dios, lo mismo: como cada día se le necesita menos, hoy
está menos muerto que mañana. En cuanto vuelva a necesitarlo, resucitará. Lo
decía ¿Chamfort, La Rochefoucould?: El ateo orina sagre, y cree en Dios”.
Descalabro
socialista de nuevo pero al menos no saca Moreno Bonilla la absoluta, que es a
lo más que aspiraba Maria Jesú. La
prueba más evidente de que Sánchez esté encantado con la influencia de VOX es
que no moverá un dedo para que VOX no tenga que ser determinante en la
formación del nuevo gobierno del suavón. Esta circunstancia, esta munición, la
empleará Sánchez para su próxima campaña electoral en las generales. Pero creo
que no le va a servir en la misma medida que le sirvió en el 2023. La gente
tendrá que elegir PSOECONBILDU, PPCONVOX. A ver qué da más asco, SAP.
Sin embargo ayer hubo en casa una noticia que
puede remediar eso en parte. Mi hija, la que queda en casa, aspiraba a que le
tocara un piso de alquiler asequible. Mil euros, sesenta m2. De la Comunidad. Y
a última hora de la noche supimos que sí, que le había tocado, así que este
verano se marchará. Estarán a diez minutos caminando (se va con su novio). E
imagino que dejará libre las estanterías de su cuarto. Un poco antes de que
saltara la noticia leía en el Diario de Trapiello que también su hijo pequeño
abandonaba el nido (2011). Y lo hacía con gran congoja. Pocas páginas antes me
partía con el relato de la pérdida de sus llaves del coche en Salamanca; el
caso es que contaba que su hijo se lo estaba contando en la cocina a ambos
progenitores, que se iba de casa, y le dijo Trapiello: “Te hemos educado para
ese momento, para que saltes del nido y vueles solo”, y añade: “Pero su
prestancia se suspendió de golpe, y comenzó a llorar sin poder añadir nada más,
disimulando, bajando la cabeza, y eso hicimos todos, mirar al suelo, como si
estuviera cada cual abismado en sus asuntos”.
Cuando mi hija llegó por la noche se lo leí y
a los dos se nos saltaron las lágrimas también. Fue un día de los que recuerda
uno toda la vida: la época del salto del nido.
Cuenta Trapiello que se acababa de morir
Jorge Semprún y que aprovechaba para contar que Alfonso Guerra le había dicho
una vez que siendo tan pedante, Semprún, le hicieron una broma. Estaban en un
corrillo Guerra y otro hablando con entusiasmo de un libro inexistente, inventado, y que cuando llegó Semprún dijo
conocer ese libro y ese autor desde hacía mucho. Cuando se enteró de la broma
se fue como un cangrejo muerto de vergüenza.
Me acabo de enterar que Zapatero ha sido
imputado por la Audiencia nacional por tráfico de influencias en el rescate de
la Compañía Plus Ultra. Tengo en el móvil una nota que escribí en una noche de
vinos con los amigos para dejar constancia que algún día Zapatero sería
imputado. Otra vez he ganado la apuesta.
Termino la lectura ahora mismo. Lo que menos
me gusta de estos libros es que se acaban y ha de esperar uno un puñadito de años
hasta que salga el siguiente. Aquí se narra la debacle de la pérdida del poder
precisamente de Zapatero, en el otoño del 2011. Emilio Delgado, de Sumar, dijo
el otro día que su generación salió a la calle para protestar en su contra. Tan
grande habían sido los recortes bajo su mandato. Socialismo puro de oliva.
Y pensar que estos libros los veía en un
estante de la Casa del Libro de la Gran Vía, que los cogía, los ojeaba, y me
decía: quién puede escribir tanto durante tanto tiempo. Así me compré el
primero, que fue el último que sacó y luego me he ido comprando todos. Sin
orden. En contra de lo que él aconseja creo que el orden de la lectura no
afecta al producto. Todos son buenos.