La novela de Galdós, recién acabada, pertenece a una colección que compró mi padre hace veinticinco años. Tenía un defecto grande: no sabía decir que no, y a pesar de que nunca le gustó leer, sí compró colecciones a pobres vendedores de puerta en puerta que se iban tan contentos con su pedido. En una de ellas leí de joven Moby Dick. Jamás ni él ni nadie de la casa los abrió. Ahora me los voy llevando poco a poco con permiso encantado de mi madre. Es difícil que compre novelas ya. Creo que es un homenaje a su recuerdo. Quizá los compró pensando en mí.
Siendo una obra menor, como dijo Vargas Llosa, apenas un cuento largo, es una de las novelas que más me está gustando del gran Galdós. Teodoro Golfín médico oftalmólogo, llega a una cuenca minera donde vive su hermano, el ingeniero, rodeado de diferentes personajes. Uno de los más interesantes, Pablo, un muchacho ciego pero lleno de bondad e inteligencia, y Marianela, la Nela, una adolescente que representa el mundo salvaje, primitivo. Y ya la tenemos felizmente liada.
Pasamos el sábado en Arévalo, pueblo abulense y castellano donde pasó su adolescencia la reina católica Isabel. Nos dio la guía uno del pueblo que durante más de dos horas nos contó sus cuitas, las de la ciudad, porque más que pueblo tiene reconocida la calidad de ciudad. Entre otras cosas nos contó una historia de ahora, contemporánea.
Ha expuesto un artista coreano, Young-ho-hoo una obra que consiste en lo siguiente: Ha recreado a tamaño original una estatua de la Libertad. Del mismo material pero nuevo, limpio, pulido, brillante como un sol. El original está verdoso, contaminado. Argüía el artista oriental que el original no está ni en el estado que debería ni en el emplazamiento geográfico adecuado. Por eso el artista ha troceado su obra en 365 pedazos y los ha repartido por el mundo. A Arévalo le tocó una de las puntas de la corona. Me pareció una gran obra a pesar de no haberla visto. La que sí vimos fue la obra de un artista hace poco fallecido que consiste en la elaboración de un tronco de árbol de cinco millones de años, tratado como si fuera una joya. Debe tener un metro de ancho y cuatro metros de largo. Está mineralizado y debe de pesar varias toneladas. Está colgado sujeto con delicados alambres. Está expuesto en una antigua iglesia desacralizada. “Hay que darle otras utilidades a estos edificios. En un sitio tan pequeño tenemos seis iglesias”. Sirve entre otras cosas para que alguien se ponga en un extremo y otro acompañante te haga la foto.


