Un libro de historia. Apasionante. Hecho al alimón entre más de una docena de historiadores. Y trata de lo que para mí fue la antesala, el antecedente, el iniciador, de la Guerra Civil. Cada vez me interesa más el tema. Todo es política. El pasado es política, la Historia es política. Hasta las conclusiones de estos historiadores, también es política. Por ejemplo Pablo Gil Vico, que para comparar aquellos tiempos con estos se atreve a decir que en el otoño del 23, en esas concentraciones que se produjeron en Madrid “se despierta entre algaradas, cargas policiales, gritos contra el separatismo y banderas con el águila de san Juan. Y no, pronto me percato de que no estamos en la década de 1930, sino casi un siglo después”. Es inadmisible. Es vergonzoso que un historiador se preste a esto. Una mentira a sabiendas. Yo estuve en esas manifestaciones y no vi nada de lo que dice. Hablaron entre otros los escritores Trapiello, Vargas Llosa. Simplemente en defensa de la Constitución. En defensa de lo que el mismo presidente del gobierno defendía antes de que le hicieran falta siete votos para mantenerse en el poder a cualquier precio. Precio que pagaban sin despeinarse en el extranjero con el prófugo mientras aquí algunos dirigentes de la cúpula robaban a manos llenas. Y encima obviando lo que sí fue un acto salvaje en Cataluña: las algaradas, verdaderas batallas campales, de quienes intentaron un golpe de estado.
Lo compré por wallapop a mitad de precio porque era caro. Cada historiador lo enfoca desde una perspectiva distinta destacando sobre todo la geográfica.
Para mí la Revolución de octubre (para unos, huelga general, y, para otros, insurrección) tuvo las siguientes claves:
-Depresión mundial del año 29. Con la consecuente crisis económica.
-Demasiadas expectativas del triunfo de la República. Toda transformación se quería rápida, contara con las mayorías sociales o políticas que contara.
-Triunfo en Europa de diferentes gobiernos de corte fascista o claramente nazis. Principalmente en Austria, Italia, Alemania. “Vamos a ponernos acá el parche antes de la herida” dijeron más o menos las izquierdas.
-Maltrato a la Iglesia. Quema de edificios, bibliotecas asociadas y desmanes contra religiosos. Sí, libros quemados por unos y por otros. Quemados los libros, seres siempre inocentes. Ya sea el Mein Kampf de Hitler o El Capital de Marx. Leer sobre el mal. Aprender.
-Triunfo de la derecha en las elecciones de noviembre del año 33. De la CEDA. Para muchas fuerzas de izquierda un claro retroceso a las posiciones monárquicas y conservadoras. Que íbamos a acabar, amenazaban ellos con o sin fundamento, como esos países y que no lo iban a consentir.
-Llegada al gobierno de los tres principales ministerios de la CEDA y la consiguiente expulsión del Partido socialista.
-Una nefasta política de cambio de políticas agrarias. “La tierra para quien la trabaja”. En Cataluña Companys declara la independencia empujado, en parte, por las asociaciones de agricultores vinícolas. Cataluña mantuvo un pulso con el Constitucional al aprobar leyes agrarias claramente anticonstitucionales. Hechos gravísimos en Badajoz, Castilblanco, Alconchel, Casas Viejas, etc. (con el linchamiento de Guardias Civiles cuando por la autoridades municipales eran enviados a mediar en algún conflicto, o asesinato de decenas de campesinos a manos de las fuerzas del orden).
-Modificación de la estructura del ejército llegando incluso a clausurar la Academia General Militar a cuyo mando estaba el mismísimo Franco, destituido en 1931 como director de la misma y posteriormente nombrado por la República para dirigir desde Madrid la pacificación revolucionaria en 1934. Muchos africanistas, bregados en mil batallas, se sintieron insultados.
-Aumento del poder sindical con una clara tendencia a la insurrección: “La conquista del poder por la clase trabajadora, la transformación del sistema de propiedad individual en colectivo o social, la abolición de todas las clases y su conversión en una sola de trabajadores libres”. Estas premisas se dijeron en la Federación Socialista Autónoma. Para lograr sus objetivos no dudaron en hacerse con un cargamento de armas supervisada nada menos que por Indalecio Prieto. Un cargamento destinado en principio a la revolución de Portugal y posteriormente desviada hacia Asturias al no poder pagarlo allí los responsables portugueses, pagado el cargamento por un industrial vasco (la pela es la pela). A todo eso añadir armas robadas de las fábricas y explosivos robados de las minas.
Me he enterado o no recordaba que en Asturias fue asesinado el padre del que fuera ministro de Suárez, Marcelino Oreja Elósegui. Era diputado carlista y empresario. Como no lo encontraron en su puesto de trabajo fueron a buscarlo a la casa de su suegro. Al enterarse de que llegaban las tropas los condijeron junto a un muro ya allí los fusilaron. A él y al consejero Dagoberto Rezusta. Celestino Uriarte, uno de los responsables de dichas muertes tuvo una vida de película. Huido al monte estuvo luego mandando una unidad en la Batalla del Ebro. Luego en el maquis, y luego perteneciente a una escisión del Partido Comunista. Fue expulsado del PCE junto a Enrique Líster. Murió de muerte natural en Madrid, en 1979.
Así, fue en resumidas cuentas, el antecedente. En Asturias murieron más de mil quinientas personas y miles de heridos. Miles de detenidos y sentencias de muerte por parte de las autoridades de la República. El mismo Prieto estuvo detenido. El mismo Largo Caballero estuvo detenido. El mismo Azaña estuvo detenido en Barcelona durante más de tres meses, desde octubre hasta final de año (cosa que también obvia el historiador, o pasa de puntillas). Hubo más de medio centenar de muertos y más de doscientos cincuenta heridos por el movimiento de Companys.
Párrafos subrayados:
“El ejecutivo catalán no aceptó la anulación y aprobó una nueva ley prácticamente idéntica, por lo que se acentuó el enfrentamiento entre el Gobierno central y la Generalitat”. Esto sí que se parece a lo del 17.
El general Franco, tan denostado por la izquierda de este país, con bastantes razones, fue utilizado por la República en las cuestiones más delicadas, como fue la de dirigir desde Madrid las operaciones de la insurrección en Asturias. “Prometió restablecer la Academia Militar de Zaragoza y reponer al general Franco al frente de esta, que es un caballero y un héroe que ha de defender a la República”.
En otra cosa sí se parecen tiempos recientes a aquellos. En los del “apreteu” de Torra.
“Para la mayor parte de los individuos era inevitable la revolución, pero la temían y confiaban en que cualquier gesto o incidente la evitase y por eso no desplegaron gran actividad en prepararla, pero tampoco querían aparecer como adversarios de ella al objeto de seguir conservando la adhesión de los trabajadores”.
“el consejero Josep Dencás con su huida del palacio de la Gobernación concentró todo el descrédito político de la derrota”. Más coincidencias.
Cuánto se parece a las acciones de los independentistas: nadie quería aparecer tibio ante la llegada al precipicio.
“La represión social y política generalizada, con más de 5000 encarcelados”. Caray con la República.
No se habla de los muertos que supuso esa declaración irresponsable. Ni de la detención de Azaña, injustamente encarcelado en el barco prisión, y que le sirvió para relanzar su carrera política.
La “democracia” del partido socialista: “por encima de cualquier consideración la victoria de los trabajadores, conseguida como puede conseguirse: por la conquista pacífica del Estado o por la táctica insurreccional si aquella se obstaculiza”. Y las armas “Prieto las pagó con dinero del Sindicato Minero Asturiano”.
Podría seguir y seguir anotando párrafos más que interesantes. Yo he leído alguna cosa sobre esta revolución porque explica muchas de las cosas que hubieron de ocurrir solo dos años después. Todos los planetas se alienaron para que pasara lo que peor podría pasar. La hecatombe de todo un país sumido en odio irremediable.
Solo copiar lo que se explica en la contraportada a modo de resumen y explicación: “El 4 de octubre de 1934 la dirección del PSO y la UGT declaró la huelga general como respuesta a la entrada de ministros de la CEDA en el Gobierno de Alejandro Lerroux, lo que, según su percepción, vaciaba de sentido a la República y abría las puertas al fascismo”. No creo que haya dentro del libro una idea más clarividente.
He aprendido mucho. ¿Se puede decir algo mejor de un libro?


