viernes, 24 de abril de 2026

LA ANTARTICA EMPIEZA AQUÍ. BENJAMIN LABATUT.

  Después de leer la autobiografía de Moreno Villa acabo en dos días el libro de relatos de Labatut, el de Un verdor terrible. En realidad es su primer libro publicado, La Antártica empieza aquí, reeditado ahora de nuevo a la estela de sus éxitos anteriores. Me gusta todo lo que escribe aunque de momento haya sido poco.

  Los relatos de Labatut tiene algo de inquietante. La angustia de una pesadilla. Lo terrible del ser. Hace decir a un personaje: “Toda vida, todo tipo de vida, requiere de un grado constante de violencia para permanecer en el mundo”.

  Pesadillas, obsesiones, homosexualidad insana, travestismo, deseos insatisfechos.

  “Prácticamente no dormía para poder leer y era incapaz de salir de casa sin llevar varios libros en la mochila”. Aquí me he sentido identificado. Mi madre siempre me lo recuerda: cómo puedes ir así con ese peso en la mochila.

  “Todo me parecía una pérdida de tiempo frente a la necesidad de leer y preparar lo que estaba escribiendo”.

  Espero ansioso su próximo libro.


 

miércoles, 22 de abril de 2026

VIDA EN CLARO. JOSÉ MORENO VILLA.


 

En la colección de historias y de vidas que se cuentan en el libro Las Armas y Las letras de Trapiello dice de Moreno Villa que “Pese al exilio, conoció los últimos años de su vida, al casarse, una vaga y serena felicidad. El desencanto que tras la guerra le produjeron cosas y personas jamás pasó al umbral de dos de sus libros más elegantes, ambos memoralísticos, y alguno de sus poemas más hermosos sobre el destierro”. Lo de la “serena felicidad” viene porque según cuenta él mismo en el libro, se casó con la viuda joven de un amigo en México.

  Pasó más de veinte años de interinidad en la Residencia de Estudiantes. Trabajando. Coincidió con Lorca, Dalí, Buñuel, Ortega… Le venía bien a su carácter, tímido, reservado, de diarios trámites y rutinas. “Era difícil de explicar todo lo que tenía de maravilloso aquel refugio para un carácter como el mío, ansioso de tarea y harto de esas complicaciones materiales que entorpecen tanto en las casas: luchar con la servidumbre, pagar rentas, contribuciones, luz, teléfonos, buscar lavanderas, plomeros que arreglan los baños, albañiles que quiten las goteras, oír constantemente que sube el precio de los alimentos y qué sé yo cuántas cosas más”.

  A poco no lo asesinan en el Madrid de la guerra por no tener la documentación adecuada. “Los asesinos y fanáticos en un periodo revolucionario son más terribles que los aviones y los bombardeos.  Los rayos, los terremotos y derrumbamientos no me hacen temblar tanto como una sirvienta o sirviente obtuso, bruto y lleno de vagas nociones primitivas”.

  Habla también de un encuentro con Baroja en París. 1937. “Hablamos poco, pero me dijo algo muy significativo: “Moreno, ¡qué mal hemos quedado los del 98! ¿verdad?”. Yo me contenté con abrir ligeramente los brazos, cerrar los párpados y mover la cabeza afirmativamente. Lo veía tan apocado que no quise decirle: “Acuérdese de cómo juzgaba usted a los de la Institución, cuando ocupaban puestos de gobierno. Nadie valía, para usted, y, sin embargo, actuar es mucho más difícil que sostener con la conducta lo que se sostuvo con la pluma”.

 

Sobre Lorca: “Tan vivo era este poder suyo que bastaba nombrarle para sentirse invadido de alegría musical: ¡Federico sale de Granada, mañana lo tenemos aquí!”. “Tener alma musical es ser un Don Juan del mundo, un conquistador involuntario”.

  En cuanto al arte moderno: “Lo que para Ortega fue Deshumanización, para mí fue Liberación de lo más oprimido del hombre”.

  “Benjamín Palencia se preocupaba mucho de las tierras. Se salía por los alrededores de Madrid a buscarlas como quien busca minas de oro y me las enseñaba con un entusiasmo rebosante”.

 

  “En Málaga estaban en pugna mortal las dos grandes organizaciones obreras y cada día caía un obrero de uno de los bandos. La cosa no era, pues, tan simple como se decía; no era la lucha del pueblo contra tales o cuales poderes tradicionales, sino del pueblo con el pueblo además. Es decir, que la clase baja estaba tan dividida como la burguesa, y como la militar y como la eclesiástica. Estábamos pues, en guerra civil”.

  Primero la inquietud y luego el viaje hacia Valencia donde coincidió con Machado y con su madre.  Allí se hospedan en la casa de unos marqueses y se produjo este diálogo:

  -¿De quién era esta casa?

-De unos marqueses.

-¿Eran madrileños?

-No, de Bilbao.

-Venían aquí por temporadas nada más ¿verdad?

-Sí.

-Y ahora ¿dónde están?

-Tranquilos.

-¿Pues…?

-Los matemos.

 Con ese “matemos” se puede explicar muy bien de qué estaba hecho el odio de la guerra.

 “Recuerdo aquel discurso de Indalecio Prieto asegurando que la victoria sería del Gobierno porque éste tenía el dinero. Más tarde pudo aprender que no le valía de nada, porque nadie quería venderle armas al poder legítimo”.

 

  Y qué poco sabemos de lo que seríamos, de lo que llegaríamos a hacer o no hacer de estar metido en la película de una época nefasta. “Un joven que se había pasado la vida en frivolidades se revelaba como gran militar, enérgico, sufridor y lleno de iniciativas. Otro, que al principio parecía que iba a tragarse el mundo y se agitaba como gran organizador, caía en el desprecio de las gentes y vagaba derrotado”.

  Mucho más tarde coincide en México con la que fue su amante americana. “La vi muy partidaria del comunismo: cosa que no me extrañó. Porque en los Estados Unidos pensaban así, por moda, muchos que tenían grandes cuentas corrientes en los bancos”.

  Interesantes las memorias de otro exiliado valioso.

domingo, 19 de abril de 2026

REGINO MATEO. BACH, LA MÚSICA INFINITA.

   Después de terminar la lectura de Enterrado en vida, la deliciosa novela de Ernoch Arnold Bennet, comienzo un librito del que oí hablar en La Cultureta, otro programa cultural de Onda Cero, La Cultureta. Se trata de una biografía de Johan Sebastian Bach, de Regino Mateo. Habla de su vida y también de su obra. Creí que después de décadas escuchando a Bach casi a diario me quedaba poco por escuchar. Craso error. Da un repaso a su obra por épocas y también, al final del libro, sobre su adaptación por la música de Jazz. Siempre he pensado que si Bach escuchara hoy sus piezas interpretadas por, por ejemplo, Jacques Loussier, alucinaría.

  El librito se lee en dos ratos pero es suculento. A uno le queda un buen sabor de boca y unas cuantas listas de música para ser escuchadas. Y contiene anécdotas muy didácticas.

  “Sus melodías, sus contrapuntos, su atrevimiento armónico, su técnica, su carácter. Es que es el final de toda una historia y el principio de otra. Es que nunca se agota, Es que… lo es todo”. No puedo estar más de acuerdo. Desde que era adolescente y escuché en un tocadiscos de mi tía Los Conciertos de Brandemburgo, no he parado de escucharlo ni de descubrir cosas nuevas. Es en música una biblioteca de Babel. “Es música que calma, música que sana, música que salva”.

  Habla de diferentes pianistas, teclistas “Pero Gould es quien hace que me emocione tantas veces hasta las lágrimas”.

  A su muerte se contó que tenía 52 libros, entre ellos a Martin Lutero y del historiador romano Flavio Josefo. No murió ni pobre ni rico, señal de que hizo bien las cuentas.

  Historias parelelas contemporáneas en torno a la figura de Bach como la pianista polaca Wanda Landowska que estudia de forma obsesiva las Variaciones Goldberg hasta decidirse a tocarlas en público en 1933.

  Librito genial como su modelo.

jueves, 16 de abril de 2026

ENOCH. A. BENNET. ENTERRADO EN VIDA.


  Hace unas pocas semanas fuimos al Rastro y vi este libro en la entrada de la librería Juanito, en Vara del Rey, muy cerquita de la plaza de Cascorro. Los libros los vigilaba un hombretón que le puso el precio de tres euros. Pertenecía el libro a esa colección de elegidos por Borges que salió en los quioscos de España, Argentina y demás países de habla hispana, allá por los ochenta. La dejé a medias, la colección, y a través de los años la voy medio completando. Eran ochenta en origen y debo tener más o menos la mitad.

  La novela no empieza bien. Para decir que es verano, que es de noche y que es en Londres, dedica este párrafo:

“El ángulo especial que el eje terrestre forma con el plano de la elíptica, ese ángulo regidor, en gran parte de nuestra geografía y también de nuestra historia, había hecho que, en el momento en que empieza este relato, se hubiera dado en Londres aquel fenómeno denominado verano. Por entonces, nuestro planeta, en sus continuas vueltas por el espacio, tenía su cara civilizada de espaldas al sol, lo que implicaba que fuera de noche en Selwood Terrace, una calle de South Kensington”.

  Mal empezamos, me dije. Pero el autor ha sido capaz de cogerme de los pelos (es un decir) y ponerme en modo sorpresa.

  El protagonista, Priam Farll, es un pintor que de pronto coge una fama desmedida siendo a la vez tremendamente tímido. Triunfa con el envío del cuadro en el que aparece un vulgar vigilante a la exposición de la Royal Academy. Vive solo acompañado de una especie de criado. Éste muere de enfriamiento; un médico confunde a ambos a la hora de hacer el documento de fallecimiento, y éste, Priam, lo deja pasar, más que nada por timidez. También le venía bien. Quería volver a ser libre. Este hecho hace que la fama y valor del artista, supuestamente fallecido, suba como la espuma. Tanto que se hacen las gestiones para ser enterrado en la Abadía de Westminster. A la vez, el criado había mandado una solicitud a una agencia matrimonial haciéndose pasar por su “amo”. Y ya la tenemos montada. La verdad es que está muy bien.

  Borges lo comparaba con Flaubert, ahí es nada. De hecho Bennet pasó muchos años en París en los primeros años del siglo XX.

  Terminada la lectura puedo decir que es uno de los mejores volúmenes de la biblioteca favorita de Borges. Todo un descubrimiento. Tiene esa exactitud de reloj suizo a la hora de encajar detalles y personajes que van haciendo una composición bastante clara (cosa que nunca agradezco bastante) en el lector.

  He visto que al español están traducidas varias de sus novelas. No serán fáciles de hallar pero con internet todo es posible. Amor sagrado y profano, Gran Hotel Babylon y Cuentos de viejas. Si alguna vez veo alguna por ahí, la compraré.