sábado, 17 de octubre de 2026

LA ETAPA LIBERAL. JOHN LYNCH.

  

   Una mañana de hace justo un año íbamos mi madre y yo caminando hacia el centro de salud. Chispeaba un poco y pasamos pegados a un cubo de residuos de papel. Encima del contenedor había varios libros. Dos de historia, este entre ellos, uno de poesía de Antonio Machado, de los Campos de Castilla y el San Manuel Bueno y Mártir. Éste último se lo di a ella porque, le dije, lo había leído yo dos veces y me había gustado mucho. Me dijo que no pasó de la página dos.

  Me llevé el de Machado y estos dos de historia. Y durante meses lo he tenido aquí cerca hasta que en verano le tocó el turno. He roto la costumbre de leer solo un libro a la vez y ahora compagino uno “normal” con otro generalmente más grueso, pesado y voluminoso de lo que es habitual en un libro.

 

  El libro está dirigido por el hispanista John Lynch y trata del siglo XIX en España.

 

  Comienza el periodo histórico con el levantamiento de 1808. Napoleón, Godoy, Carlos IV y Fernando VII los protagonistas. Las causas: varias.

 

  “Irregularidades estacionales, inundaciones, sequías, terremotos e incluso plagas de langosta. Ante la considerable proporción de las cosechas perdidas y el crecimiento sostenido de la población entre 1752 y 1757 aumentó aproximadamente en un 10 por 100”.

 

  La Guerra de la Independencia, ese periodo histórico tan apasionante de estudiar y tan trágico de vivir. Revoluciones, fusilamientos, golpes de estado, muerte y destrucción que tan bien pudo plasmar Goya en sus grabados y pinturas.

 

  “Desesperados por salvar algo del naufragio, los radicales, riveristas y cimbrios renunciaron en bloque a su lealtad monárquica, de modo que el 11 de febrero de 1873, España se convirtió en una república”. Lo cual llevó a este país a que uno de sus principales protagonistas dijera en público: “Estoy hasta los cojones de todos nosotros”.

 

  Qué cantidad de tiempo desde entonces y qué poco han cambiado las campañas y los anhelos políticos: “En cuanto a las cuestiones sociales, aunque algunos cantones reconocieron el derecho al trabajo, impusieron la jornada laboral de ocho horas, redujeron los alquileres a la mitad, (¿de qué me sonará esto?), aumentaron el grado de tributación de las clases pudientes…”.

 

  Este fue también el periodo en el que en el tablero europeo se cocinaban los nuevos experimentos políticos y sociales.

 

  “Bakunin, que se inspiraba en las ideas de Pierre-Joseph Proudhon, abogaba por una revolución violenta que destruyera el Estado y lo reemplazara por asociaciones libres de colectividades autónomas: la única organización política necesaria sería una red de sociedades secreta que laboraran, en palabras de la internacional, para despertar a los parias de su letargo. En cambio, Marx creía que el Estado no debía derrocarse, sino conquistarse en beneficio de las clases trabajadoras, para lo cual la Internacional debía participar en la política y, por extensión, transformar sus secciones nacionales en una serie de partidos políticos disciplinados”.

 

Este libro lo comencé a leer a finales de agosto y lo termino a mediados de octubre. Mientras en mi país han pasado muchas cosas históricas que serán leídas por un lector atento dentro de un siglo, si es que quedan lectores.

No hay comentarios: