Se aproximaba la Feria del Libro de Madrid y le comenté a mi amiga B. que pensaba ir como hago cada año a pasar unas horas entre las casetas y comprar algunos libros. Ella me dijo que estaba leyendo uno pero que no era para ella, que lo había dejado, que lo habían tratado en su Club de Lectura pero que no era para ella. Cuando le pregunté el título le dije: ¡Ese es uno de los que pensaba comprar! A lo que ella me contestó que me lo daría el próximo día que nos viéramos. Hoy lo he terminado y me ha gustado muchísimo. La historia de la Vida y destino, trágico, del que fuera uno de los militares más completos de cuantos han pasado por la Academia General. Amigo de grandes africanistas y hasta del mismo Franco. Algo parecido a lo que ya se dijo en otra novela del autor del general Aranguren, leal a la República en Cataluña. Y que le costó la vida también por eso.
En los primeros capítulos trata de sus ascensos por méritos de guerra en Marruecos. Estuvo en las principales campañas. Vio morir a muchos de sus hombres.
“La civilización es un barniz que se desprende deprisa en la guerra”. Es el colofón a un párrafo donde se indica la utilización de la iperita o gas mostaza en bombardeos a las cabilas rebeldes.
“Primo de Rivera. No se trata del más belicista de los generales, y tampoco se ha distinguido antes por sus veleidades políticas. Lo que detona su intervención es el desaire de los separatistas catalanes, que llegan a dar vivas en público a Abd el Krim y a la República del Rif en la celebración de la Diada el 11 de septiembre”.
Un jerife del Yebala dice lo siguiente. “No soñéis con la locura de que arrojaréis a los extranjeros al mar; si hiera falta que viniera toda Europa a vencernos, vendría. No ha hecho falta: ha bastado con doblegar a las cabilas, una por una, y luego volverlas contra las más contumaces”. Y sigue: “Hay que tener confianza en nuestro día, un día que, estad seguros, Dios nos deparará, y en el que el islam volverá a brillar con la misma intensidad con que lo hicieron alumbrar nuestros antepasados”. Parece que están en ello.
Y más tarde los sucesos de octubre de 1934. La primera baja de esos tristes días y noches. De la IA.
- La madrugada del 7 de octubre de 1934, el comandante Domínguez Otero acudió a caballo a las inmediaciones de la Comisaría delegada de la Generalitat en Girona para leer el bando que declaraba el estado de guerra y exigir la rendición de los sublevados. Mientras realizaba esta acción o se aproximaba al edificio defensivo de los insurrectos (donde se encontraban miembros de los Escamots de Estat Català y de las juventudes de ERC), recibió varios disparos efectuados desde las ventanas del edificio que le causaron la muerte de forma casi inmediata.
Su muerte causó un profundo impacto en la ciudad, convirtiéndose en el episodio más grave de la insurrección de 1934 en las tierras gerundenses. Tras el fracaso de la rebelión ese mismo día, se le rindió un entierro multitudinario con honores militares.
Me ha encantado aunque tiene algunos fallos. Silva dice, sin nombrarlo, que la primera baja fue un capitán. No, era comandante de Estado Mayor en Gerona.