lunes, 9 de agosto de 2021

Los 18 de Tiétar. Severiano Gil.


  Digámoslo ya: Seve lleva escribiendo desde hace décadas y es mi primo. Desde muy pronto (me lleva 7 años) le he escuchado contar historias de Marruecos, de Nador, de Melilla, la ciudad que me vio nacer. También he leído libros suyos. Unos más acertados que otros o, mejor, unos me han gustado más y otros menos. El caso es que lleva muchos años escribiendo y se le nota la mano, una mano acostumbrada a un oficio que es el escribir, el que junta letras. Mi primo nació en Nador, donde yo también viví los primeros años de mi vida y de la que quizá tenga sólo recuerdos mezclados con fotografías en blanco y negro y con relatos contados por él y por mi padre sobre todo.

  Muy pronto se interesó por la historia. Y, como es un buen contador de historias (suele ser el centro de la reunión) escribe bien lo que piensa. Hay que escribir como se habla, dicen, cuando se habla bien. El caso es que desde que era niño he escuchado la narración de estos tristes episodios ocurridos hace justo cien años. Y este libro es un resumen didáctico, como una lección a escolares adelantados, de lo que allí aconteció. He leído muchos libros de Annual por tanto, porque también me “envicié” con el tema. Abd el-Krim y la Guerra del Rif, El Blocao, El Desastre de Annual de Pando, de Leguineche, y un largo etcétera. Acabo de comprar el de Jorge M. Reverte, fallecido hace pocas semanas, El Vuelo de los buitres. Pero este de Seve, con la excusa de hablar de los del Tiétar, valle donde está el pueblo en el que ahora vive (Arenas de San Pedro) hace eso, una estampa de lo que fue aquello: el antecedente histórico, el hecho en sí, las consecuencias, los responsables, los principales personajes. Y el título ya es acertado. Al menos para los vecinos que viven en tan estupendo valle. Ello tiene truco: un paisano de Melilla, investigador y con mano en los archivos, le ha facilitado la lista y mi primo, sabiendo la unidad a la que pertenecieron, les da un destino, un fin, una muerte, y sobre todo un recuerdo. Porque lo que se dice de los dieciocho puede caber en un folio. Pero ese es detalle menor porque lo que importa es que cuando el lector recorre sus páginas (me “costó” apenas cuatro horas de intensa lectura) se hace una idea bastante aproximada del Desastre. También tiene este relato una lección que pretende ser moral o si se quiere de justificación: mi primo siempre ha defendido el protectorado, en definitiva, las colonias, porque, dice, es una historia que ha beneficiado tanto a los colonialistas como al pueblo colonizado. Y en parte es así. La pena es que hay pueblos (véase España ante la invasión napoleónica de ideas modernas y adelantadas) que no se dejan gobernar. Y vienen los problemas. Es verdad que en aquella época, hace un siglo, las relaciones diplomáticas serían peores que las de ahora, si cabe. El caso es que la torpeza de Alfonso XIII asesorado por demasiados machos alfa, hizo devenir en el desastre que le costó a este país a casi diez mil soldados inocentes. Mi primo es, por tanto, más un Kipling que un Conrad.

  Y como simplificar es mentir y explicar es afinar,  el otro día dieron en el telediario de la 1 la noticia de la efeméride y uno no podía salir de su asombro: todo se reducía a que España actuó como una colonia irresponsable que le costó caro: Nada de que era un acuerdo internacional; que había países en grave disputa, que con el reparto de tierras también hubo creación de infraestructuras, que llegó más cultura y riquezas y que cuando las tropas se rendían bajo un acuerdo de rendición a las harkas pasaban a cuchillo traicionero a los desarmados.

  Resumiendo: un magnífico libro para entender rápidamente y de una vez por todas qué demonios ocurrió allí.

 


 

sábado, 7 de agosto de 2021

Sergio del molino. Contra la España vacía.


  En junio de hace tres años leí La España vacía. Desde entonces he comprado cada libro que he visto de él y son pocos los que aún no están aquí. Éste es el último publicado suyo. Como recuerda en la contraportada “no refuta ni corrige mi libro anterior, sino que pretende rascar todas las capas de sobreentendidos que se le han ido pegando”. Regresa para saber y sobre todo preguntarse qué es España y para responder a todos los haters que le decían, ¡le ordenaban! que se fuera a vivir al pueblo más pequeño. El libro se lee, se sorbe, en dos sesiones. La última, después de descambiar una sartén. En el centro comercial: buena luz de claraboya, perfecta temperatura, mujeres guapas pasando, casi ningún niño, buen café, casi hora y media de lectura: fin. Y la sensación de que hemos leído un buen libro que nos recoloca las ideas que ya teníamos. Los buenos libros nos hacen pensar: “esto yo lo sabía pero qué bien lo dice”.

 “Hemos heredado las democracias liberales de nuestros tatarabuelos. Son casas viejas que dan mucho trabajo y guardan secretos incomprensibles, habitaciones absurdas y algún que otro fantasma. Nuestra obligación es hacerlas habitables y adaptarlas al presente, no demolerlas ni vendérselas al gobierno chino”.

 “Los resentidos, los llamados perdedores de la globalización, los indignados, los campesinos arruinados, los jóvenes subempleados, cualquiera que sienta que le ha tocado vivir en el agujero más húmedo e incómodo de la casa, tendrá los oídos muy receptivos a cualquier soflama que denigre a los progres, esos apoltronados que sestean en las mejores habitaciones”.

  “Una vez consolidado el sentimiento de agravio, los movimientos populistas lo utilizan como cimiento para levantar sus edificios y plantear el desafío a la democracia liberal”.

  “Lo que necesita el populismo no es un análisis social que añada complejidad a un mundo complejo, sino una simplificación catártica de los prejuicios que circulan en una sociedad”.

  La conclusión que saca Del Molino de los populismos es trágica: Al populismo sólo se le puede vencer con sus propias armas, rebajando la discusión pública a su nivel y respondiendo con eslóganes y simplificaciones a sus eslóganes y simplificaciones”. Y en esas estamos.

  Hay una frase que suelo utilizar cuando discuto de política: “La democracia es un encaje de anhelos y frustraciones”. Él dice: “El fracaso continuo es el triunfo de la democracia”.

  “En una sola noche, un escuadrón de aviadores adolescentes podía reducir a cenizas dos mil años de historia”.

  Sobre la manía de ordenar cada brizna de nuestra vida por parte de los gobiernos de turno señala: “La gente, cuando los subdirectores generales y los boletines oficiales la dejan en paz, tiende a comportarse con civismo”.

  Indica, hablando del hecho de la independencia en Cataluña cosas verdaderamente sorprendentes que yo, sabueso del tema, obsesionado, no sabía: “En febrero de 2021, los policías locales de Vic, una de las ciudades más nacionalistas de Cataluña, donde los partidos independentistas obtienen el 80% de los votos, plantearon una protesta insólita: para exigir una mejora de sus condiciones laborales, decidieron trabajar en castellano. No usaron una sola palabra de catalán, ni oral ni escrita, hasta que el ayuntamiento no negoció con ellos un acuerdo”. Hablar castellano como quien usa el tirachinas o el cóctel molotov: ¿se puede ser más vil?

  “Sin compartir la solemnidad del sentimiento nacionalista, es muy difícil no reírse ante los muchísimos titulares y escenas que sigue dejando”.

  “Cuando la entrevisté en la radio – a Iris Simón- y le enumeré asuntos sobre los que se manifestaba en contra, me respondió tajante: “Yo estoy en contra de la idiotez”. El libro de Sergio del Molino es tremendo subrayado donde se destaca la idiotez que campa en España; desgraciadamente cada vez más. Siempre Sergio del Molino.


 

miércoles, 4 de agosto de 2021

EL PROCESO MACANAZ. CARMEN MARTÍN GAITE.

 


  A veces olvido porqué he sentido un impulso feroz para adquirir un libro. Quizá el recuerdo de una feliz reseña, una conferencia donde lo han alabado, un programa de radio. Sí recuerdo que me encantó el Imprescindibles que le dedicó RTVE a Martín Gaite y que hablaban de este libro como algo especial en su carrera. El caso es que llevaba tiempo buscándolo y no lo encontraba. En la Antonio Machado me encontré con dos ediciones y al he comprado esta, la de Taurus, en las que están sacando obras del pensamiento y la filosofía desde hace unos años. Clásico radicales se llama la colección.

  Dice que debido a un fracaso literario se enfrascó en la lectura de la historia de ese periodo y se sintió atraída por este personaje del que apenas había nada escrito. Se sumergió en diferentes archivos y bibliotecas para leer legajos, correspondencias y documentos oficiales para seguir la pista vital de Melchor de Macanaz (1670-1760).

  Macanaz es lo que suele uno imaginarse como un servidor público honesto, leal, puntilloso, inteligente, trabajador. Y durante el reinado de Felipe V se convirtió en el Fiscal general del Consejo de Castilla. Y quiso hacer reformas de gran calado y se topó, cómo no, con la Iglesia. Y ahí comenzaron de veras sus problemas, hasta el punto de tener que vivir exiliado en el extranjero durante muchos años porque la Inquisición le había puesto la señal de la muerte: la excomunión y la de hereje.

  El libro dispone de un prólogo excelente de Marcos Giralt Torrent donde se cuenta que le costó a la autora el esfuerzo de seis años de trabajo. Y compara este esfuerzo con el de otros casos históricos como el de James Boswell y Samuel Jonhnson, salvando las distancias claro. Todo comenzó mientras leía un libro sobre Carlos III y se topó en el prólogo con la historia de este “empapelamiento”. La curiosidad fue aumentando y dejó aparcado cualquier otro proyecto que tenía a la vista. Por eso lo de “milagro” dicho en el prólogo. ¿Fue quizá la influencia de Rafael Sánchez Mazas, su suegro, y uno de los más sabios en el tema de la relaciones de Iglesia Estado? Quién sabe.

  “Los primeros ministros extranjeros del séquito de Felipe V ya manifestaban en sus cartas a Francia un profundo pasmo ante la irresponsabilidad e incoherencia de los españoles, así como ante su tendencia a considerar los acontecimientos como llovidos del cielo”.

  “Si el pueblo español hubiera sabido que el tribunal de la Inquisición pertenecía a la jurisdicción real y no a la papal habría visto lo que hoy nos parece evidente: que no podía servir a la vez a dos señores”.  

  Antes decía que el personaje histórico de Macanaz era puntilloso; así se puede calificar esta extraña biografía. Y con otra cualidad: a pesar de tener quinientas páginas se lee de manera amena, sin esfuerzo, y uno se entera de lo que se cocía en ese periodo de nuestra historia; ¡casi ná!


 

lunes, 2 de agosto de 2021

FERNANDO TRUEBA. DICCIONARIO DE CINE.


 

  Amo a la familia Trueba. Al menos a los que conozco: Fernando, David y a su sobrino Jonás, hijo de Fernando. Y los conozco por sus artículos, sus películas, por su manera de de decir las coas: pausadamente, con finura, con gracia, demostrando referencias, anécdotas, vivencias. Por culpa de Fernando también he tenido que sufrir trifulcas debido a que, aparte de la forma de decir las cosas, a veces, también, mete la pata mucho, para provocar, para hacernos parecer que es moderno, atrevido, incluso en contra de sus propios intereses y de sus propios seguidores entre los cuales me siento. Sí, aquello que dijo antes de un estreno suyo de que no se había sentido español ni un minuto de su vida. Hombre, eso dio mucho que hablar. Yo lo defendí porque quizá supe ver lo que otros sólo sabían a secas: que era un gilipollas por decir eso y que iba a ir a ver la película su puta madre. Tal cual. Pues a pesar de todo yo sí fui a ver su película y ahora, año y medio después del comienzo de la pandemia, he vuelto al cine, sólo en esta ocasión, para ver su último estreno: El Olvido que seremos, novela que me arrancó lágrimas y sonrisas a  partes iguales.

  El Diccionario es, como él mismo dice, de lo más subjetivo. Es imposible hacer algo objetivo de los sueños. Porque el cine son sueños hechos de imagen. Y está bien. A mí me ha gustado. Cuenta anécdotas graciosas de esas de las que hablan los cineastas, de cineastas a los que encima les gusta leer cosas de cine y encima Fernando, que se ha relacionado nada menos que con Wilder y que nada menos que Paul Newman le felicitó por su Oscar.

  Lo compré en la fabulosa librería de la calle de las Estrellas, a los pies de los cines Renoir, 8 ½. Y vi algunos títulos que me hubiera llevado igualmente: una guía de cómo hacer un guión y la historia del rodaje de Apocalypse Now, de Sofía Coppola. Para otra vez será.

  Yo me lo he pasado bien leyendo este libro. Y, como recordaba un realizador: el mayor pecado es aburrir al público.

  Me doy cuenta ahora que no he hecho ningún subrayado. Quizá porque este libro es la decantación sobre la inmensa cantidad de cosas que podría decir; es decir, todo el libro es un subrayado. Por ejemplo. Hablando de la palabra Guión: “El guión es una herramienta de trabajo, la base sobre la que se construye una película, los papeles que se reparten a un equipo para que todos sepan lo que tienen que hacer y a los actores para que sepan lo que tienen que decir”. Y en alguna parte recuerda (mucha gente cree que no) que a los actores les dicen lo que tienen que decir.

  Recordaré siempre la lectura de este estupendo libro con los primeros días pasados en la costa alicantina, entre caminatas, playas al atardecer y buenos alimentos. Y muchas horas de sueño, modorras debido a la bajada de tensión, las cervezas, los vinos blancos helados. Sueños, ¿No es también lo que soñamos una especie de película?

miércoles, 21 de julio de 2021

INSPIRACIÓN PARA LEER. JOSÉ ANTONIO MONTANO.

  A J.A. Montano le conozco (leyéndolo) desde que participaba en el blog de Jabois, hace ya más de una década. Cómo pasa el tiempo. Nunca he vuelto a vivir, en la internete, nada más divertido, jocoso, políticamente incorrecto, subversivo, ingenioso, que aquella cantidad de historias, sintagmas, metáforas, noticias e insultos, como los de aquel blog. Con el tiempo Jabois, periodista de provincias, se vino a Madrid, triunfó como periodista, y otros, como Montano, se hicieron columnistas después de haber sido otras cosas: viajero, guionista, diarista, bloguero. Bueno, sigue siendo estas cosas además de columnista, y sus admiradores, lo seguimos festejando. En la revista Jot Down, en la que colabora de vez en cuando, le pidieron un libro. Él siempre ha sido un escritor desde que era adolescente, pero un escritor sin libro. Y como no tenía le pidieron que seleccionara artículos, entradas, lo que fuera. Así, tendría “su” libro. Acierto. Este libro es la esencia de los gustos, de los intereses lectores de un gran lector, y escritor. No sé si de otras cosas, pero desde luego se puede jactar de ser un lector, por lo menos atento, un fino analista de lo que ha leído. Y sus lectores se lo agradecemos. Le debo unos cuantos descubrimientos librescos. Quizá el más feliz el de Jünger. Con Jünger tuve un problema: lo primero que leí de él es su libro más obtuso, más difícil: Los acantilados de mármol. Y lo descarté para siempre, hasta que Montano habló de sus diarios, y a partir de ahí lo leí todo del alemán, o al menos todos los diarios, incluso los de su vejez, que, aunque él no los apruebe, a mí me han seguido gustando.

En Inspiración para leer menciona a sus fijos: Savater, Cioran, Jünger, Trías, Pessoa, Umbral, Luis Antonio de Villena, Málaga y su playa, el gintónic azul. Agatha Christie, la primera. Y es que Montano hace una labor como la que hacía Borges, salvando las distancias que sean, que es ponerte los dientes largos cuando nos cuenta sus cosas, ya sea un libro o una estancia en un pueblito marroquí o una ciudad del Brasil.

  Pensaba que sí pero al final no he subrayado ni una palabra de este libro: este libro es ya un jugo esencial. Todo él es un continuo subrayado. Ahora sí, ahora todos sus lectores esperamos que se arremangue y se ponga a escribir un libro, otro libro.