jueves, 12 de enero de 2023

ERRATA. GEORGE STEINER.


 

  Segundo libro leído en este 2023 y ya ha salido el gordo. Me ha encantado. Cuántas ganas tenía de leer a este sabio judío. Cuántas veces lo he encontrado en diversos libros aquí y allá como referencia indiscutible. Se educó en un hogar donde las lenguas (naturales) eran el francés, el inglés y el alemán. Su padre le enseñó a través de profesores eruditos griego y latín. 

Quería leer este libro antes de Un lector, el libro de crítica literaria que me llama con su voz potente. Tiene toda la pinta de ser un pozo de sabiduría y goce.  

  Once capítulos para hablar de cosas esenciales de la vida. La significación del lenguaje. Las peculiaridades eternas del pueblo judío. Dios. La traducción. La música. La educación. La vida, la muerte y la eutanasia. Cuestión resuelta en tres o cuatro párrafos demoledores. Todo con una profundidad que muchas veces me ha hecho cerrar el libro para encajar el golpe. “En el fútil grito del niño, en la agonía muda del animal torturado, resuena el “ruido de fondo” de un horror posterior a la creación, posterior al momento de ser separados de la lógica y del reposo de la nada”.

 Esta frase me ha llamado la atención porque hace unos pocos días vi la película Ruido de Fondo, basada en la novela del mismo título de Don Delillo. En dicha novela se narran las consecuencias de un escape de gas tóxico en un pueblo. Y se describe el ruido de fondo de la sociedad actual: los coches, ese ruido de la era digital: pitidos, alarmas, avisos. Los aviones, los coches. Steiner se confiesa coleccionista de silencios. Los busca y los guarda como oro puro. Ese ruido, creo yo, es la metáfora que emplea el autor para referirse al grandísimo tostonazo que supone la mera existencia.

  En la frase yo entiendo ese ruido de fondo como las acumulaciones de maldad, de crueldad, de odio, de guerras que han poblado permanentemente el mundo. Él se pregunta por qué no podría haber sido de otro modo.

  “Muchas veces me he preguntado, he fantaseado de manera infantil, si la historia de la humanidad no es la pesadilla transitoria  de un dios durmiente”.

  Y recuerda otra frase que también podría describir por sí misma la frase: “En la reciente república estadounidense, Thoerau encontraba que la mayor parte de sus conciudadanos vivía en una serena desesperación”.

  Resumiendo: este mundo es un poco mierdoso.

  El libro está editado en Siruela, una de mis favoritas. Papel amarillento y de gran gramaje. Buena tipografía y pastas duras. El anterior dueño tenía ya sus propias frases subrayadas. Así, para distinguirlas de las mías he puesto un circulito en el margen.

  “El judaísmo, al igual que el islam, es iconoclasta; teme la imagen y desconfía de la metáfora”.

  Su padre se esmeró en una educación elitista. Gran cultura. “Nunca me permitía leer un nuevo libro hasta que no hubiese escrito y sometido a la valoración de mi padre un informe detallado del libro que acababa de leer”. Tiene guasa que yo haya tardado casi sesenta años en hacer algo parecido.

  “Se me instruyó que en la literatura, como en el arte, originalidad significa regreso a los orígenes (lección esta tan cierta como empobrecedora si se aprende demasiado pronto)”.

  Le da una importancia fundamental a la traducción: “Sin traducción habitaríamos en provincias lindantes con el silencio”. Y reflexiona sobre la expansión absoluta del inglés americano: “La idea de un mundo más o menos monóglota no es ya inconcebible”.

  “La censura es la madre de la metáfora”. Idea profunda. Me estoy dejando muchas frases subrayadas pero esta lo pedía a gritos.

  Hace una defensa apasionada de la eutanasia. Yo entiendo perfectamente su postura y si pudiera la pondría en práctica a nivel global: “Los enfermos terminales, los ancianos, consumen cada vez más recursos, tiempo y energía de los jóvenes en nuestros sistemas sanitarios”. “Cuando llegue el momento espero encontrar mi propia salida”.

  Libro fundamental ya para mí. Que me hace grande porque él sabe de mi pequeñez. “El que piensa grandemente debe equivocarse grandemente”. Dijo Heidegger. También los que piensan pequeño “pueden equivocarse grandemente”.

  “Esta es la democracia de la gracia o de la condenación”.

sábado, 7 de enero de 2023

FRANZ KAFKA. DIARIOS.

     Lo vi en la última feria del libro de ocasión del Paseo de Recoletos. Qué buen sitio para tales eventos. Seis euros. Al final lo saqué por cinco al comprar otro. Pero lo que me decidió fue ver que el traductor era Andrés Sánchez Pascual. Garantía de calidad. Con prólogo de Jordi Llovet.

  Los diarios abarcan desde el año 1910 al 1923. Algunas veces exhaustivo, otras parco. Unas veces lleno de sustancia, otras pesadete. Cuando veo que las letras van planas, lisas, sin accidentes geográficos que destacar, leo rápido. Cuando veo una protuberancia, bajo la velocidad. Aun así he tardado ocho días en leerlo.

  Plano plano y de pronto se pone a describir la cabaña en la que debía vivir por una temporada. Y se encuentra con la presencia de las ratas. Divertidísimas. A una de ellas la ensarta con su cuchillo y la clava en la pared de madera para observarla. Y cuenta de sus manitas y sus uñas. Cómo parecen así tendidas implorarle algo. Fantástico.

  Mienta a muchos escritores de su época y anteriores. Mucho a Goethe: “Alguien que no lleva diario no es capaz de valorar un diario correctamente”.

  Kafka era un empleado de una compañía de seguros estatal. Más o menos. Un burócrata que cumplía con la mala conciencia de estar perdiendo el tiempo para su obra. “En la oficina cumplo casi siempre mi deber, estoy bastante tranquilo si sé con seguridad que mi jefe está contento, y mi situación no me parece horrible”.

  De vez en cuando una cita de otro. En este caso del filósofo Moses Mendelssohn. Siempre el trabajo finísimo de los judíos. Cada vez más judío en el plano cultural: “¡Cómo me fastidia el universo entero!”.

  De alguna manera me identifico. Pocas personas como yo mismo he conocido que se encuentren tan a gustito solas. “Necesito estar solo mucho tiempo. Todo lo que he conseguido hacer es producto únicamente de mi soledad”. Aunque tiene razón Miriam Moreno, la mujer de Trapiello, cuando dice que hay que diferenciar entre soledad y solitud. Esta última acepción más cerca de un estar solo voluntariamente. He terminado un poco harto de vino, de comida y de compañía.

  Sí, Kafka también estuvo en los burdeles. Y cuenta como de pasada la historia de una violación como quien no quiere la cosa. Páginas 257 y siguiente. “…solo por miedo y confusión seguía manteniendo los ojos cerrados, no podía crearle problemas; él, un hombre alto, fuerte, podía echarla a un lado con la punta del pie. Ella era débil e insignificante, ¿podía tener los sucedido importancia como para que lo recordara a la mañana siguiente?”.

  Su entrada más famosa: 1 de agosto de 1914: “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, Escuela de Natación”.

  Me he identificado con muchas de sus reflexiones. “Soy incapaz de soportar preocupaciones y quizá esté hecho para morir de preocupaciones”. Necesito que todo esté en su lugar. Que nada gotee, que las ruedas estén justo en su punto de dureza, que las facturas estén pagadas. Otra cosa me atormenta.

  Hacia la página 450 interrumpe sus diarios para contarnos la lectura de las Memorias del general Marcellin de Marbot en las guerras napoleónicas. Estupendas páginas. De lo mejor. Detalles de tragedia en la guerra. Suicidios.

  Hablando de tragedias también se hace eco, como en los libros de Camus de noticias de prensa: “Dos niños, solos en casa, se metieron en una maleta grande, la tapa se cerró, no la pudieron abrir y se asfixiaron”. 

  Estos diarios están hechos en crudo. Se los entregó a su última compañera y, a la muerte del escritor, entregados a su amigo Mx Brod. Se nota que muchas páginas están sin elaborar. No son (a mí me gusta mucho más) como los diarios de Trapiello para quien utiliza los diarios, notas tomadas, para componer más tarde un artefacto literario con todas las piezas en su justo lugar. Así caminan engrasados y donde sus lectores se suben y disfrutan del paisaje. Ya sea este de invierno y triste o de verano y alegre.  

viernes, 30 de diciembre de 2022

ANDRÉS TRAPIELLO. LA FUENTE DEL ENCANTO.


 

    Este es el otro libro que me regaló Alfonso Meléndez en la calle Princesa. No lo había comprado todavía. No he sido nunca un buen lector de poesía pero este libro no es sólo de poesía. Es un tratado de dónde viene. Cómo aparece, qué supone vivir como poeta, tener el espíritu dispuesto para dejar lo que se esté haciendo porque viene. Como los pintores miran todo en función de cómo quedaría plasmado en un lienzo.

  Lo edita la Fundación José Manuel Lara con los textos de Trapiello y tipografía del propio Alfonso Meléndez.

  Tiene mucho texto. Un maravilloso manual de instrucciones que recuerda a los muchos episodios del Salón de los Pasos Perdidos. “Quiero decir que el lenguaje poético se mostraba como algo capaz de originar vida por sí mismo”. “Escribí muchos poemas con rimas consonantes. En mi caso son casi siempre rimas de pobre, como recogidas de la calle”.

  Es el autor que más me conmueve. El que más me hace reír y a la vez con el que más fácilmente afloran las lágrimas. No porque sea trágico o cómico. Creo que es más bien por su enorme inteligencia y por el absoluto dominio de la lengua. Para mí es uno de los mejores escritores en español de todos los tiempos. El no considerarlo así en el panorama cultural español dice mucho de cómo está el panorama. Es cierto que no ayude mucho el que sea experto en hacer enemigos. Y muchas veces poderosos.

  Los primeros años son los de su infancia. “A los siete años quise ser eremita”. Luego confiesa que quiso ser legionario, cuando fueron allá por León en una Semana Santa. Ahí me he estado carcajeando durante un buen rato con dolores abdominales fuera de lo común. Y luego sus sinsabores en la casa familiar llena de hermanos. La historia de su familia antes de él. Su mujer, sus hijos, Las Viñas…

  “Besé por primera vez en mi vida a una chica, que era cinco años mayor que yo, comunista y prima mía, y un mes después, nos echó de casa mi padre a mi hermano Pedro y a mí”. “Fue entonces cuando me vine a Madrid”.

  “Esa tarde (yo debía de tener ya doce o trece años) quise decir algo, y mi padre se volvió a mí y me reconvino: Tú, ver oír y callar”.

  “Para curarme en salud, circulé la máxima de Gracián: la queja trae descrédito”. Sabio Gracián.

  De las muchas buenas rescato esta:


 En nuestro idioma existen sesenta mil palabras

¿Qué son con las estrellas del cielo comparadas?

Si al menos una sola de este papel temblara

Con firmeza de estrella, hasta el papel sobraba.

 

  Deseando que se publique su próximo SPP. Alfonso Meléndez, que Dios le bendiga, me dijo que a principios de año salía.

  Y esto es lo que me ha salido del alma, agradecida.  

 

La Fuente del Encanto es un tratado

de poesía, con sus luces y sus sombras,

los recuerdos y añoranzas, Las Viñas,

los trabajos, las noches y los días.

Así, amasando palabras para hacer poemas

sale del obrador el pan dorado

que es la prosa de la dicha y de la pena.

 

 

 

 

 

jueves, 29 de diciembre de 2022

LEOPOLDO CALVO-SOTELO. VICTORIA PREGO.

   El tercer volumen encontrado en el punto limpio de donde vivo. El segundo presidente de la era democrática y justo después del intento de golpe de estado de febrero del 81.

  El anterior lector ha rebajado la furia de subrayar y apenas ha emborronado unas pocas páginas. “¿Quién es ese Sahagún?”, dice. Se refiere a quien recibió dos votos, uno de Fernando Abril y el otro de él mismo. Es verdad que comparado con Suárez o González la historia del presidente Leopoldo es más corta pero no menos importante. Hay que recordar que en esa época han de establecerse leyes que ahora nos parecen emanadas del aire o de la tierra. La ley del aborto, ley del aborto, etc. Los desarrollos de los estatutos de las Autonomías.

  Cuenta cosas que recuerdan épocas funestas como cuando los reyes de España son abucheados en unos actos de la junta de Guernica por miembros de Heri Batasuna: “Frente a quienes practican la intolerancia, etc”. ETA arrecia en sus ataques y el descontento militar es evidente. Y llega el 23F. El rey interviene y el golpe fracasa. Luego, a políticos reunidos al día siguiente les espeta el rey: “señores políticos, no me vuelvan a poner en el trance que me han puesto durante dos días”.

Cuando al fin forma gobierno da una lista de su puño y letra a la secretaría que sale con una errata: falta el nombre de Fernández Ordoñez.  En siete meses esa errata dejaría de ser porque se fue del gobierno.

  En el relevo Suárez le dejó el marrón al irse de vacaciones sin estar asequible para nadie. Leopoldo lo pasó mal porque sintió el peso del poder y de la soledad.

  El rey les dijo a los miembros del gobierno: “Sed apasionadamente fríos”. Buen consejo.

  Por esa época (yo no lo sabía) ocurrió algo que ahora parecería más o menos normal: La Unión Soviética entrega al gobierno español un memorándum sobre las negativas consecuencias que la entrada de España en la OTAN tendría para las relaciones entre ambos países. Ya apuntaba maneras.

  El librito, como una entrevista de revista ilustrada se lee en apenas un día. Lástima que falta el de Aznar.

martes, 27 de diciembre de 2022

UN TAL GONZÁLEZ. SERGIO DEL MOLINO.


 


  Ahora a todo se llama novela. A mí este libro me parece más historia que novela porque narra hechos verdaderos pero con licencias de novela. Trata sobre los años del presidente socialista desde sus inicios políticos, abogado en Sevilla, Suresnes, la victoria electoral del 82... 20 añitos tenía yo, hasta que salió del gobierno, váyase Sr. González. Y según va avanzando el libro voy recordando: ahí iba yo a las casetas del PCE que tenían buenos bocatas. En esas fechas iba yo a conciertos de rock y me fumaba algún porro. En esas voté a Felipe, en esas fechas llevé a mi novia a aquel hotel… qué nostalgia. Me ha encantado por eso, por el repaso, y porque está muy bien escrito. A veces parece que el autor ha estado con él en reuniones, en fiestas, en la bodeguilla, en sus viajes, en los encuentros con líderes mundiales. Está lleno de anécdotas sabrosas como cuando habla de los puros que le enviaba Fidel Castro. Ya en la cincuentena el médico le dijo que debía cuidarse más. Le regaló dos cajas a Joaquín Estefanía. A la semana, desesperado, lo llamó: “Oye, Joaquín, esas cajitas que te di, ¿Podrías mandármelas de vuelta?”. Es parecido a lo que leí en los diarios de Julio Ramón Ribeyro que en una noche de intoxicación nicotínica tiró un paquete arrugado al patio y de madrugada tuvo que bajar por los tubos de la cañería para recuperarlo.

  Pocos libros me quedan de leer de este autor tan joven. Sí, es posible que cada año todos los escritores sean más jóvenes porque los más viejos tienen la costumbre de ir muriéndose. Menos mal que aún me quedan unos cuantos.

  La Transición, esa época dorada cada vez más denostada: “empezamos a apreciar ser hijos de la transición más que nietos de la guerra civil”. “… y los nacidos después crecieron en una España mucho menos ingenua, que empezaba a tratar con desdén los años del cambio”.

  Del propio Felipe una frase que le ha perseguido: “Prefiero morir apuñalado en el metro de Nueva York que tener que vivir en Moscú”.

 Tremenda una frase entresacada de una entrevista de El País, hecha por Juan José Millás: “Tuve que decidir si se volaba a la cúpula de ETA. Dije no. Y no sé si hice lo correcto”. Estaba convencido que Mitterrand o Thacher la habrían volado.

  Una frase del propio autor que explica un poco el propósito del libro: “El país que hizo Felipe González es mi país, el que me ha hecho a mí. Contando esta historia, me estoy contando a mí y, charlando con Felipe, me siento, de algún modo pueril, rumbo a Ítaca”.  Y sigue: “No quisiera que esta balsa de piedra ibérica se alejase demasiado del contorno de su figura, hasta que esta fuera sólo un punto en el horizonte y se perdiera de vista”.