sábado, 24 de agosto de 2013

DIARIO DE MOJACAR 2



  Por la mañana quedamos todo el grupo, que lo componen adultos y niños de todas las capas de edad, en la playa. Por el móvil vamos concretando el sitio: cerca de un vehículo de protección civil. Hacia allí vamos. Cuando llego veo a un fotógrafo que levanta una toalla para hacer una foto a una anciana que se ha ahogado esa misma mañana. Tiene la piel de la cara muy blanca y pegada a los huesos. Es muy menuda. Cuando cubren otra vez el cuerpo solo pueden verse las aletas; apenas tiene volumen. Las personas, cerca, siguen con sus baños y sus charlas. Solo algunos muestran su congoja por las posturas de sus cuerpos. Se va el grupo a otro sitio. Yo me quedo no sé con qué excusa y espero que venga el forense. Cuando llega procede con determinación: le quita unos guantes, las aletas, el reloj y ordena que la introduzcan en la bolsa para que se la lleven. No hay nadie cerca que llore. Todo se hace deprisa y de manera profesional. Por otro lado pienso que la pobre señora se ha muerto a edad avanzada y haciendo seguramente lo que más le gustaba. A la mañana siguiente no puedo evitar la curiosidad y leo en internet que tiene noventa años que viene a estas playas desde hace más de cincuenta. Que es madre de un famoso médico naturista y que es inglesa.
  Pienso que firmaría para mí esa clase de muerte si bien preferiría que nunca encontraran mi cuerpo.

lunes, 19 de agosto de 2013

DIARIO DE MOJACAR 1




  03 de agosto.
  Salimos a las 7:30 de la mañana. A pesar de que ya hace calor éste aumenta según avanzamos hacia el sur. A la hora de la comida llegamos a los apartoteles. Calor africano, rabioso. En recepción nos meten prisas porque el comedor cierra a las tres. Es imposible encontrar aparcamiento en un lugar cerca y debemos llevarnos los coches por ahí. Subimos las maletas por empinadas cuestas, sudando. El apartamento es viejo y poco cuidado. Huele a cloaca. Enseguida me doy cuenta que no es mi sitio. Hay bandas de gente joven,muchachos musculosos con tatuajes. ¿Cuántos de ellos se arrepentirán a medio plazo? Al fin y al cabo son marcas de pertenencia a una "ganadería". Muchos niños.Jaleo.
  Llegamos al comedor agitados. Huele a comida de batalla. Está claro que las percepciones de un viaje son las experiencias propias que cada uno viva. En principio para mí son malas.  Por la noche vamos al chiringuito de enfrente a comer pescado frito. Nos timan. A pesar de que está bueno nos traen tal cantidad de comida que al final, a pesar del esfuerzo, sobra una bandeja a rebosar. Pero, claro, hay pagarlo todo. Precio desorbitado. Viven de los relevos de la gente. No sé qué vamos a hacer cuando matemos también a esta gallina; casi la última que nos queda.

jueves, 15 de agosto de 2013

CONTINENTE SALVAJE. KEITH LOWE.


  Quizás no sea el título más apropiado para llevar a la playa pero nunca he dicho que sea yo nada normal. 
  Es la historia que casi nunca nos han contado. En infinidad de libros, documentales y películas la de II Guerra Mundial se acaba cuando llegan “los buenos” y se liberan los campos de concentración. Pero las atrocidades siguieron, para muchos millones de personas, con más brutalidad si cabe.
  Ha sido interesante su lectura pero a pesar de lo que confiesa su autor, el joven historiador británico Keith Lowe, quien dice haber escrito su libro de documentos originales y nunca antes utilizados, me ha seguido pareciendo algo ya leído. No escatima el horror en sus narraciones y reparte culpas entre la multitud de bandos. Porque uno de los aciertos del libro, a mi entender, es el que en ese descomunal conflicto había muchísimas ramificaciones: limpieza étnica, religiosa, poder, territorio, venganza, frustración, etc. Todo ello se explica de maravilla en el capítulo final “Conclusión”. “Algunas de las peores atrocidades de la guerra no tuvieron nada que ver con el territorio, sino con la raza o la nacionalidad. Los nazis no atacaron la Unión Soviética sólo por motivos de Lebensraum: fue también la expresión de sus deseos de afirmar la superioridad de la raza alemana sobre los judíos, los gitanos y los eslavos. Los rusos querían propagar el comunismo lo más al oeste que pudieran”.
  Y ahí coincide con lo que he proclamado infinidad de veces: El final de la guerra y la posguerra no dejó de ser un gigantesco juego del pañuelo. Éste se situó en Berlín dieciséis años después, definiendo  la raya de separación entre los dos bandos que se prolongaría durante veintiocho  años.
  En definitiva, un buen libro para aprender cómo somos ahora y de dónde venimos. “La Segunda Guerra Mundial era como un enorme superpetrolero que surcaba las aguas de Europa: tenía tantísimo ímpetu que, si bien hubo que cambiar totalmente sus motores en mayo de 1945, su recorrido turbulento no se detuvo hasta muchos años después”.

viernes, 2 de agosto de 2013

Abilio Estévez. Inventario Secreto de la Habana.



Hace muchos años que me digo: el año que viene sin falta me voy a Cuba de vacaciones. Y por unas cosas o por otras siempre se viene abajo el plan. Tanto me gusta todo lo cubano que algunos me advierten: lo tienes muy idealizado. Te llevarás un desengaño muy grande. Pero yo creo que no. He leído muchos libros de allá. He escuchado su música, he bailado sus ritmos y he visto muchas horas de películas y documentales. Sé a lo que me enfrento. Cuando en la última feria del libro vi este título quise tenerlo.
  Este libro de Estévez, escritor cubano afincado en Barcelona, es un itinerario físico y sentimental por la Habana de su infancia y juventud. Abilio nos lleva de paseo desde su mirada de hombre cubano y homosexual. Nos habla de escritores que fueron inspirados por el mundo habanero como Graham Green, Hemingway, Cernuda, Cabrera Infante, Anaïs Nin, etc.
  Pero a pesar de todo no es nada condescendiente con el juicio que nos desvela. Lo que para muchos, los turistas por ejemplo, es una bendición, para ellos es un suplicio: la luz y el calor de la habana. Las colas, la falta de cualquier producto. Pero también cosas buenas como los cuerpos divinos, la mirada a los ojos (para mí uno de los mejores capítulos). En la Habana, -me lo imaginaba-, la gente se mira a los ojos por la calle. A ellos, cuando viajan a Europa les extraña que la gente vaya por la calle mirando al suelo sin reparar en el otro.
  En fin, me ha gustado sin exceso. He preferido leer las andanzas de Pedro Juan Gutiérrez y su mundo desaforado en su fabulosa novel Trilogía sucia de la Habana, del que por cierto, no nombra ni una sola vez.

miércoles, 31 de julio de 2013

Clyde Bruckman





Clyde Bruckman fue un escritor y guionista norteamericano que colaboró con Buster Keaton. El gran éxito le vino acompañado de “El maquinista de la general”. En los comienzos del cine sonoro siguió colaborando con diferentes directores de cine cómico. Hasta que Harold Lloyd lo demandó porque decía que utilizaba los gags de sus películas de cine mudo en las actuales. Bruckman perdió el litigio.
 Con la llegada de la televisión siguió colaborando y dirigiendo. Por ejemplo una serie de éxito con Abbott y Costello. Pero Lloyd le volvería a denunciar por plagio y volvió a perder. Y lo que es peor, Columbia dejó de confiar en él y le cortó el crédito.
  Volvió desesperadamente a relacionarse con Keaton. Le pidió prestado un revolver con la excusa de hacer ejercicios de tiro pero lo utilizó para otra cosa. En un restaurante de Santa Mónica se pegó un tiro en la cabeza. Era el año 55. Tenía 61 años.