He visto una película extraña. Me la recomendó un familiar. Su título: El Hombre en la Tierra. Un profesor de universidad, de treinta y tantos, se despide de sus compañeros en una fiesta. Tiene en realidad 14.500 años. Es una increíble historia que se va haciendo creíble según avanzan sus sorprendentes y eruditas explicaciones. Pero, como decía la canción ¿Quién quiere vivir para siempre?
Hoy he releído algunas cosillas de La Vida Eterna, de Savater. Cuenta el caso de una sibila de Delfos “a la que Apolo había prometido el obsequio de cumplir su mayor deseo: Ella solicitó no morir nunca y también padeció los horrores de una senectud interminable, hasta que convertida en una suerte de grillo amojamado acabó como juguetes de los niños. Los chavales la tenían encerrada en una jaulita, que zarandeaban gritando entre carcajadas: “Sibila… ¿qué quieres?”, y acercando el oído podían escuchar un chirrido estridente y agónico: ¡Quiero morir, quiero morir!”.