miércoles, 10 de junio de 2026

BORGES. ADOLFO BIOY CASARES.

 

  Este libro fue uno de los que me llevé de esa casa de Argüelles donde la viuda acababa de morir. Una sobrina no quería conservar tal cantidad de libros y pidió ayuda a través de una amiga. Me llevé dos bolsas del Ikea llenas más mi mochila. Iba cargado como una mula por el metro en un Madrid abrasado de calor.

  En noviembre del año pasado lo comencé. Siempre en casa porque es un volumen de 1600 páginas con su peso. Lo he leído en casa, unas cuantas páginas casi cada día. Siete meses. Durante este tiempo estrené una agenda donde he ido anotando lo que me ha llamado más la atención. Casi todas las entradas comienzan igual: viene a comer Borges a casa. Con fulanita o menganito.

 

  Durante la lectura de este libro, siete meses, he ido anotando frases, párrafos, alguna poesía y a continuación voy a transcribir el zumo de todo eso. Tampoco pretendo, como en su cuento del que un tipo pretendía crear un mapa a escala 1:1.

 

“Nunca Borges fue tan afectuoso, tan buen amigo. ¿Por qué? Porque yo no di importancia a que mi último libro no le gustara. Bueno fuera que le diera importancia, o por lo menos mucha”.

 

  Se puede afirmar que Borges pasó su vida leyendo, escribiendo y comiendo en casa de su amigo Bioy.

 

  En otra entrada hablan de Cibernética. Estamos en 1961. Se preguntan si pueden contestar las máquinas cosas nuevas. “¿Qué hay dentro? ¿Tornillos?” Bioy le dice que han de ser archivos y se va a buscar un libro publicado en París donde hablan de eso pero no lo encuentra. En este momento me hubiera encantado estar allí presente y explicarles lo que es internet y la IA, su sueño del libro infinito.

 

  Del libro de Bioy:

  Las hijas de las madres que amé tanto

  me besan ya como se besa a un santo.

 

 

 

Dialogan Borges y Bioy sobre tirar libros o no. Bioy: “Después de tirarlos aparecen en las librerías y la gente cree que uno los vendió”. Borges: “O aparecen de vuelta a casa. Un mañana tiré un montón en uno de los canastos metálicos de los subterráneos y a la tarde, un muchacho muy tímido y muy pobre llegó a casa con los libros. Le di cinco pesos y le agradecí; no me atreví a pedirle que se los llevara de nuevo”.

 

 

 

A mí también me gustan las sentencias, las frases agudas donde hay siempre sorpresa o brillo. De las setecientas y pico de páginas que llevo del libro de Bioy sobre Borges apenas llevo cuatro o cinco páginas de anotaciones. Podríamos decir que saco el néctar del zumo. Esta mañana sin ir más lejos un par de ellas. Bioy le cuenta a Borges que se le ha ocurrido una frase a modo de juego: “El calamar opta por su tinta”. Y Borges se la festeja porque le da al animal, con lo de “optar”, una inteligencia que parece poseer en su naturaleza. Y dice que se acuerda de otra parecida: “El perro vuelve a su vómito”. Y ahí es cuando le entra esa mala leche que le tenía a Perón: “El argentino vuelve e su Perón”.

  Y un añadido: “Para John Donne Jesucristo eras un suicida”. Me he quedado perplejo porque yo de pequeñajo me hacía siempre esa reflexión: Si Dios era la misma persona que el hijo y el hijo se deja matar lo hace por voluntad divina. Me suena a esos que llegan del Everest contando lo mal que lo han pasado. ¡¡Joer pero si has ido voluntariamente!!

 

 

  En una entrada del Borges de Bioy Casares dice éste que Borges defiende la censura. “Cuando hay censura la literatura es más viril, más sutil, más decantada”. No estoy de acuerdo, pero solo en parte. Este fin de semana vi el documental sobre la vida y la obra de Eloy de la Iglesia, aquel realizador de El Pico 1, El Pico 2, La estanquera de Vallecas, entre otras. Son películas de principios de los ochenta en el que el avance de la Transición hizo que las pasiones reprimidas durante décadas salieran a la luz como un volcán, llenando las pantallas de heces, semen, sangre, drogas y pus. Se cuenta que con la llegada de Pilar Miró a la cumbre de lo audiovisual en España hizo que ese cine perdiera vigor siendo sustituido por las obras maestras de entonces: Los Santos inocentes, La Colmena, entre otras. Una cosa buena tuvo pues la gran Pilar Miró. Para compensar nos trajo a su hijo, un tipo entregado a lo más chusco del sanchismo sin disimulo ni pudor.

 

 

  “Cómo un hombre con talento puramente verbal, como Joyce, no comprendió que lo que no podía escribir era una novela. Ojalá que la fama de Joyce pase, porque es de veras una calamidad: idiotiza a los escritores y aun los induce a imitaciones lamentables. Muchas veces me es imposible dialogar por los elogios de Ulises y del Finnegans que hacen mis interlocutores, y sobre todo por su tranquila certeza de que comparto su entusiasmo… ¿Y por qué esas mismas personas que admiran el Ulises admiran esos cuentos sentimentales y estúpidos de Dublineses?”.

 

  Siempre me ha encantado leer a Borges y me emociona pensar como él en este caso. Del libro sobre Borges. Página 822. Leí el Ulises con empeño pero con tierra en los ojos. “Müller dijo que el Ulises no era un libro para ser leído, sino para ser comentado; no en vista de lectores, sino de críticos”.

 

  Se cuenta en el libro de Borges, de Bioy Casares, que el autor de El Aleph tenía una tía abuela de noventa y tres años que se había refriado y que comentaba: “Vaya una vejez que me espera”. Al final murió a los cien años de un susto al ver su casa invadida de una muchedumbre de “militares y fotógrafos”.

 

 

 

 

 

 

 Por la página 1340. Cuentan que García Márquez lo estaba pasando mal económicamente y que a los suyos les dijo que un día llamarían a la puerta y un señor llegaría con una valija llena de dinero. Escribió Cien años de soledad y la editorial lo llamó: vas a ganar mucho dinero porque se está vendiendo mucho. Sí pero por favor, no me envíen un cheque, envíenme a un señor con la valija y el dinero dentro. Un día un señor con una valija llamó a su puerta.

 

  Y otra: Hablaban de los adjetivos como cervantino o lorquiano. El estilo cervantino no es el estilo de Cervantes, dijeron, sino el de aquellos que escriben como Cervantes. ¿Alguno dirá estilo marcelino menéndez pelayesco?

 

 

 

  Definitivamente: Borges era racista: “No creo que la crueldad le parezca mal a los negros”.

 

 

  Hablan ambos de la mejor frase de la historia de la literatura. Dice Borges: ¿Sabes qué frase eligió Guillermo? ¿Qué frase, como la mejor de todas las que produjo la literatura? Una de Apollinaire:

  La lengua,

Pez rojo en el acuario

De tu voz.

  Luego siguen discutiendo que tampoco es para tanto y que a Cansinos también le gustaba mucho.

  Pocas páginas después: “Para las ofensas, la mejor manera es el olvido. En el olvido coinciden la venganza y el perdón”.

  Hablando de mujeres, del libro sobre Borges de Bioy: “Interrogados los cómicos Laurel y Hardy sobre cómo habían hecho para mantener una invariable amistad a lo largo de veinte años de colaboración (muy bien retribuida, circunstancia agravante), explicaron que no permitieron que las respectivas mujeres se conocieran. De ese modo no hubo discusiones del orden de: A mí me parece que vos hacés todo el trabajo. Que te tienen en menos. Que él saca ventajas indebidas”.

 

Muchas de las entradas comienzan así: “Hoy viene a comer Borges”.  El caso es que en un momento dado hablan en una comida de Góngora. He cogido mi libro sobre la poesía española y he buscado algo sobre él: qué bonito:

  Traten otros del gobierno

del mundo y sus monarquías

mientras gobiernan mis días

mantequillas y pan tierno

naranjada y aguardiente

Y ríase la gente.

 

Parece una foto de hoy en la política ejpañola.

 

“Goethe declaró que esas palabras como tal vez, quizá, según me parece, si no me equivoco, deben estar sobreentendidas en todos los escritos; que el lector puede distribuirlas donde lo juzgue conveniente y que él escribía cómodamente sin ellas”.

 

 

 

  El cinco de junio acabo el libraco de los diarios de Bioy sobre y con Borges.  Lo empecé en noviembre y lo acabo ahora. Cada día unas pocas páginas. En total 1600. Estamos en junio del 86 y Bio y va buscar Un experimento del tiempo a un quiosco. Un conocido le saluda y le dice que hoy es un día especial. Dos veces. Por qué es un día especial, le pregunta. Esta tarde ha muerto Borges en Ginebra. Dice Bioy: Fui a otro quiosco de Callao y Quintana sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Días antes lo llamó por teléfono y le dijo que tenían muchas ganas de verlo a lo que Borges entrecortadamente dijo que jamás volvería. María Kodama cogió el teléfono y le dijo que estaba llorando.

 

 “No podemos tolerar demasiada realidad”. TS Eliot.

 

“Sobre Proust Ortega decía muy seriamente que llegaba al límite de la máxima lentitud aceptable”.

 

  Bioy se intercambiaban frases. O se las tiraban a la cabeza: BIOY: El calamar opta por su tinta. BORGES: El perro vuelve a su vómito. Por aquellos días “El argentino vuelve a su Perón”.

 

“Para las ofensas, la mejor arma es el olvido. En el olvido coinciden la venganza y el perdón”.

 

  Hacia el final de su vida Borges emprendió una serie de viajes acompañado de María Kodama. En Madrid se le acercó alguien. Borges, soy Gerardo. Borges no contesta. El otro insiste. Soy Gerardo Diego. Borges entonces pregunta: ¿Es Gerardo o Diego? Ya estaba mal el pobre.

 

“Cuando hay censura la poesía es más visual, más sutil, más decantada”.

 

 


 

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