miércoles, 5 de junio de 2024

EDMUND DE WAAL. LA LIEBRE CON OJOS DE AMBAR.


 


  Una herencia oculta.

  La pasada semana me ocurrió algo extraño y extraordinario. Me disponía a salir a entrenar con la bici de montaña cuando mi amiga B. me envió un wasap. “Herminio, deja lo que estés haciendo y vente para acá. Estoy en casa de una amiga a la que se le ha muerto su tía, está en su casa y está literalmente llena de libros. Dice que no los quiere y que los va a tirar o a regalar”. Ni que decir tiene que lo dejé todo y para allá que me fui. La casa está cerca de Moncloa y es un piso grande, de esos con salones continuos, pasillos y recovecos que van a dar a un vestidor o a un cuartito de plancha. Todo lleno de libros, cds, discos, periódicos y revistas viejas. La dueña, una mujer notario de unos cincuenta, me dijo que menos en el salón principal (el marido quería revisarlo) podía coger lo que quisiera. Así me dispuse con una banqueta de madera en el salón contiguo. No os podéis imaginar. Todo ordenado: historia, Japón, viajes, novela… Abrí dos bolsas de Ikea y comencé a echar allí libros que he tenido muchas veces en las manos pero que no he llevado por el precio o porque no los había vuelto a ver:

  La República española, el tochazo de Pla. 1800 páginas con las crónicas de uno de mis escritores preferidos. Sueño en el Pabellón rojo, en dos tomos de Círculo del Quijote chino. El Borges de Bioy Casares, como La Vida del Dr. Johnson pero en argentino. El Diario Íntimo de González Ruano. Una biografía de Madame Du Deffand. Dos Autobiografías inencontrables de la editorial Trieste de Trapiello: Villalonga y de María Manet, y así hasta 22 libros de primerísima calidad. Y encima me vine triste porque me dejé allí algún Gredos que como dijo que podría volver, le encargué a mi amiga la cual me ha guardado diligentemente.

  Las invité a un desayuno en un bar de al lado y seguimos. Mi amiga se llevaba prendas de la finada aparte de algunos libros por mí elegidos que yo ya tenía y que me habían gustado. Y me fui cargado y con un sentimiento agridulce: Meter las narices en la intimidad de una señora viuda sin hijos, con sus manías (una bolsa de conchas, una bolsa llena de duros, postales viejas…) su ropa, su cocina recogida. Qué pena de vida. Me imaginaba quién tocaría mis cosas, quién arrancaría de los estantes mis libros y se los llevaría dejando otros. No somos nada. La amiga de mi amigo me contó que ella ni siquiera era sobrina. Era la hija de una prima de su madre o algo así, de tal manera que ha tenido que pagar un impuesto altísimo por heredarlo. De todas formas no tendrá problemas en venderlo o alquilarlo.

  Y ahora con La liebre con ojos de ámbar, de Edmundo de Waal. Qué pena también: la historia de unas figuritas de Japón heredadas a través de una familia judía hasta la actualidad. La historia de éxitos y desgracias en una Europa próspera o en guerra. Los Ephrussi. Cómo me gustan esta clase de libros. Editorial Acantilado.

  Me lo regalé para mi cumpleaños. Es caro pero los Acantilado me superan, me encantan y les reservo un sitio de honor en la biblioteca de arriba. Debo tener unos cincuenta, especiales las memorias de Spee y la Vida del Dr. Samuel Johnson o los Ensayos de Montaigne.

  El libro está escrito por un ceramista descendiente de los Ephrussi pero estudió literatura en las mejores universidades de Inglaterra, y se nota. El libro está muy bien escrito.  Y aprovechando las aventuras de las netsuke se cuentan las cuitas de sus antepasados. Las figuras decorativas dan la vuelta por Europa desde su nacimiento en Japón y vuelven al Japón después de mil peripecias.

  “Entre los conocidos de Viktor (el abuelo) abundan los suicidios. La hija de Schnitzler, el hijo de Hofmannsthal, tres hermanos de Wittgenstein y el hermano de Gustav Mahler se habían dado muerte. Con la muerte uno se separa de la vida mundana, del esnobismo, las intrigas y el chismorreo y se entrega a las Gleintende. La lista de razones para suicidarse que da Schitzler en Camino a campo abierto comprende la Gracia, las deudas el aburrimiento de la vida o la pura afectación”.

  Leyendo los primeros libros de Leigh Fermor recuerda de cuando pasó por Europa y se relacionó con antiguas princesas europeas en palacios suntuosos. Él era capaz de hablar igual con un príncipe que con un porquero. “El viajer Leigh Fermor, que durante el recorrido que hizo a pie por Europa en la década de 1930 se hospedó en Kövecses, escribió que en la casa aún reinaba la atmósfera de una rectoría inglesa, con pilas de libros en todos los idiomas posibles y mesas atestadas de extraños objetos de asta y de plata”.

  Imaginemos un heredero que es joven, guapo, distinguido, que sabe idiomas y que tiene tanto dinero que puede permitirse un año de viajes por el sur de Europa acompañado de amigos con acceso a buena vida, arte, mujeres, fiestas… qué injusta esta vida! Pero el imperio se vino abajo: “Funcionarios imperiales sin país llegaban a Viena desde todos los rincones del ex imperio para descubrir que los ministerios a los que habían enviado sus meticulosos informes estaban cerrados”.

  Y qué tristeza leer sobre los años de ocupación de los nazis en Viena. El despojo de todos sus valores y objetos. Gracias a Anna, una de las trabajadoras de la casa, se pudieron recuperar las 264 piezas de los netsukes.

  Creo que hay autores de una sola obra. Éste es uno de ellos. No pienso leer nada más de él. Dejar intacto el mejor sabor de boca.

sábado, 1 de junio de 2024

RAMON GOMEZ DE LA SERNA. PROLOGO A LA OBRA DE SILVERIO LANZA.


 

    Este libro pertenece a la colección de quiosco que empecé sin acabar de la biblioteca ideal de Borges. El título en concreto pensaba que era de su estancia en el exilio de Buenos Aires pero no, Silverio Lanza fue un buen escritor de Madrid afincado en Getafe casi toda su vida. Y en efecto es un panegírico del gran Ramón hacia su amigo Silverio.

  Como siempre los prólogos de Borges son una invitación al festín. “Nadie ignora que Gómez de la Serna dio conferencias desde el lomo de un elefante o desde el trapecio de un circo”. Continúa informando que nació en 1888. Yo tengo un libro de ese año y me da vértigo pensar que ese objeto querido tiene la edad de un gran escritor cada vez menos leído.

  “Así se iban pasando las horas y el cenicero como una patera cineraria rebosaba lleno de las cenizas de nuestra muerte en la tarde”.

  “Sentado en un ancho sillón tenía la actitud del hombre que tiene en las manos las tablas de la ley”.

  Silverio ejerció, siendo un enorme erudito, de profesor de gimnasia. “tenía algo de esa tristeza de los gimnasios, a los que da cierto aspecto sepulcral su monotonía, su aburrimiento, y el cómo se deja en ellos enterrada estúpidamente la vida, el esfuerzo y las horas”.   

  Luego de estas alabanzas sigue una miscelánea de textos del propio Silverio que me ha dejado más bien frío. Sin más. A través de los años quizá consiga completar la colección. Eran 100 y debo tener 40.

 

lunes, 27 de mayo de 2024

Paul Preston. EL ZORRO ROJO.


 

Para curarme de tanto experimento literario he escogido entre las decenas de pendientes la biografía de Santiago Carrillo que escribió el hispanista Paul Preston. Qué gran alivio. “Santiago Carrillo nació el 18 de enero de 1915 en Gijón, en el seno de una familia de clase trabajadora”. Qué placer leer algo con sentido, con información.

  Y leyendo el libro de Preston, El Zorro Rojo, descubro que a los hermanos Laín Entralgo les pasaba que uno era de un bando y el otro del otro: José era comunista y Pedro era falangista. También en los Machado, por qué no a nosotros mismos en nuestras queridas familias.

  También se constata qué se cocía en España en los años treinta. Largo Caballero animaba a una revolución violenta, a armar al pueblo para imponer la dictadura del proletariado mientras José Antonio Primo de Rivera repartía porras entre sus afiliados cuando iban a sus mítines. ¿Qué podía salir mal?

  Este libro lo compré por menos de cinco euros en la librería Book Center de las Rozas. Compré cuatro de un golpe porque por veinte euros, menos, me darán un montón de horas de placer y conocimiento. Y la vida de Carrillo es una vida de aventuras, de conflictos, de guerras y de un destino que nos habría de salvar a todos: haber contribuido a llegar a una Transición que nos salvó a todos.

  En la izquierda siempre han querido cosas distintas: “Habían compartido el deseo de expulsar a Alfonso XIII de España, pero cada uno tenía un programa diferente para el futuro”. Casi un siglo después y seguimos en las mismas.

  Largo Caballero. Cuántas perlas juntas. “El socialismo tendrá que acudir a la violencia máxima para desplazar al capitalismo”.

  “La responsabilidad general de los prisioneros recayó en tres hombres: Carrillo, Cazorla y Serrano Poncela”. “Supuso que le fuera achacada la responsabilidad de las muertes”. De Carrillo. “Serrano Poncela tenía en su posesión joyas robadas a los detenidos”.

  Apocalipsis. “Cuando los franquistas bombardearon Madrid con barras de pan blanco recién horneadas, los militantes de las JSU las quemaron en las calles”.

  Y la realidad aparcando siempre en la cercanía: “… la dictadura contaba con el apoyo de los imperialismos británico y estadounidense”. “Por eso mandó un escuadrón para que lo matara”. Carrillo para matar a un comunista no alineado.

  “El príncipe Juan Carlos le pidió seis meses para iniciar el cambio político”.

  “Contra Franco vivíamos mejor”. Que se podría traducir en estos tiempos como “contra el PP o el PSOE vivíamos mejor”.

  A finales de octubre, por iniciativa del PSOE y con la abstención del Partido Popular, se propuso bautizar una calle madrileña con su nombre. Viva la ley de la memoria coja.

  Fumó sin parar toda su vida. Decía que tomaba una aspirina diaria. Eso y su naturaleza indestructible le hicieron vivir, si acaso, más de lo que hubiera merecido.

martes, 21 de mayo de 2024

ANTONIO LOBO ANTUNES. YO HE DE AMAR UNA PIEDRA.

  

    Estoy muy enfadado con Lobo Antunes. Siempre he tenido en gran consideración a este escritor portugués. Lo había leído en muchos artículos, reportajes, entrevistas, aunque libros lo que se dice libros, sólo había leído En el culo del mundo, sus impresionantes memorias de cuando estuvo en la guerra de Angola. Da igual, siempre me ha producido simpatía e interés. El caso es que hace unos meses en una de mis vistas al Rastro lo vi en una mesa y vi una edición en Mondadori y un precio de tres euros. Yo he de amar una piedra. Me lo llevé. Ya le tocaba su turno. Más de quinientas páginas. Del 2005. Antunes pretende despojar el relato de todo lo que no sea el estilo. Se marca una floritura, un más difícil todavía, un a que no te enteras de lo que te estoy contando. No saben estos autores cuántos amantes de su obra la abandonan para no volver nunca más quizá. Como un pintor que solo le da importancia al color y embadurna el lienzo sin orden ni concierto. O quizá con un orden poco respetuoso con el lector. Antunes me ha faltado al respeto. En muchas ocasiones lo he maldecido. Todo el rato dándole otra oportunidad. Un día dedicado a desentrañar el qué, a empujar la pesada puerta sin apenas poder meter la punta del pie. Pero al final aceleraba. Daba igual dónde frenara: siempre el mismo estilo escondido detrás de una vieja o un árbol o una tristeza. Ni un subrayado, ni una colina en la planicie del mar de estilo.

  Se supone que las historias sin sentido han salido de su consulta de psiquiatra en Lisboa. Las mujeres que le visitan le cuentan siempre lo mismo: sienten tristeza, un dolor en el pecho, insomnio, y parece burlarse de ellas. Todas con lo mismo. Y saca dolores de familias. La falta de amor de sus padres. La falta de amor de su primera mujer. He recorrido sus páginas a toda velocidad. Mucho más oculto que el Ulises de Joyce.

  Nada más. La próxima vez que tenga una obra de Lobo Antunes en las manos la estudiaré bien. Si se parece sólo un poco a esta novela fallida (para mí) la dejaré en su estante aunque valga un euro, aunque sea gratis.

lunes, 20 de mayo de 2024

TEODORO LEÓN GROOS. LA MUERTE DEL PERIODISMO.

  

  Asistí a la presentación porque Juan Soto Ivars, al que sigo en prensa y X, lo había anunciado. Una charla presentación sobre la crisis del periodismo… no me lo podía perder.

  El evento era en una librería del barrio de Salamanca. En la calle Serrano. Llegué con tiempo y me tomé un café en una cafetería de al lado. Gente muy puesta, que olía a conservador. También olía bien a café del bueno. Luego en la librería ojeando. Una sección sólo de libros cristianos. Biblias de todos los colores, biografías de santos, vitrinas con cálices y objetos eclesiales.

  Fueron llegando los protagonistas y el público. Unos cuarenta, muchas de caras conocidas, periodistas a los que he visto por ahí en las redes.

  Tomó la palabra Juan Soto. Hablaron un poco de cómo va evolucionando el periodismo: mal. Luego el turno de preguntas. Un tipo no paraba de cerrar la pregunta y Soto le tuvo que llamar la atención. Le cortó la palabra. Cuánto ego suelto. El cáncer del periodismo a mi entender era inevitable. Si te dejas financiar por el poder estarás a merced de él. Y si no te financias por el poder, mueres porque la gente cada vez lee menos periódicos. A la gente joven les pregunto por algunos periodistas, de los famosos: no saben nada. ¿Leer artículos? Lo ven algo anticuado, de viejos.

  El libro de Teodoro se lee bien. Se le nota su labor en la universidad desde hace años. El subtítulo: “Cómo una política sin contrapoder degrada la democracia”. Esitorial Deusto. 358 páginas.

  Sus capítulos comienzan todos de la misma forma, o más bien de forma parecida: “Un político sabe, o debería saber…”, Cualquier político sabe, o debe saber…”. Y claro que saben, lo saben demasiado bien. Al igual que contra los sindicatos, el poder ha sabido vencerlos. Y para eso nada mejor que regarlos con dinero público.

   Hemos entrado en la era de la discordia y el periodismo es uno de sus mecanismos. “Trump ha sabido utilizar muy bien la polarización, tan unida al populismo para la creación del enemigo que dé sentido a tu causa”. ¿Acaso no es lo más parecido a lo que hace Sánchez? El periodismo ha perdido el valor de la verdad. Antes lo que se publicaba tenía la certeza de un artículo en el BOE, ahora se parece mucho a la opinión.

  Un párrafo demoledor: “la dependencia creciente del entramado financiero, con la absurda creencia de que el lector no percibe nada de eso”. Claro que lo percibimos. Cuando me fue a firmar el libro le dije mi nombre. Me preguntó si era periodista. Le dije que no, que era lector de prensa y de libros sobre periodismo, quizá el eslabón más importante.

  “No existe el debate argumental, sino el tam-tam de la tribu”.

  Gramsci: “La realidad está definida con palabras. Por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad”. “No importa que sea verdad, importa que sea aceptado como verdad; de modo que basta con que resulte verosímil”.

  En esto Sánchez es un maestro: “Si quiere mantener en secreto una información, inunde de datos menores a los medios”.

  El punto 8 del decálogo del buen periodismo: “La objetividad es imposible, pero la imparcialidad es alcanzable”.

  En fin que me ha gustado mucho y he aprendido más. Casi al final del libro: “El consultor Ignacio Varela se suma a la idea de que en los medios ya no hay periodistas, sino soldados”.

  “Para Herminio, que mantiene aún la fe en el periodismo “imposible” de siempre. Teodoro León Gross. No sé yo. En todo caso los sigo admirando, aunque sea sólo a algunos.