domingo, 26 de diciembre de 2021

CATALANES Y ESCOCESES. Unión y discordia. JOHN ELLIOTT.

 

  Como a todos los españoles con algo de curiosidad los últimos años han sido una constante fuente de curiosidad y pasión hacia el tema catalán. Era como asistir en directo, en vivo, a lo más rocambolesco de la historia. Yo he sido testigo de la mejor manera que se puede ser: como espectador. Todos nos hacíamos parecidas preguntas: ¿Cómo acabará esto? Por infinidad de caminos nos llegaban parecidas variantes de opinión, de vaticinio. Se va a producir un choque de trenes, eso es indudable, concluían todos. Y todos a la vez presentíamos que no, que al final alguna de las partes, los que retorcían la ley y la convivencia, los hiperventilados, se echarían para atrás en algún momento. Pero no; ya lo dijo Javier Melero, el abogado de los independentistas no independentista: “Es como los personajes de la obra de Chesterton, El hombre que fue jueves. Todos pensaban que los otros era los infiltrados en la célula terrorista y al final entre todos, para disimular, cometen el atentado”.

  Seguí con pasión cada una de las sesiones del juicio del procés, vi infinidad de horas de TV3, incrédulo ante lo que escuchaba, infinidad de artículos. He leído con agrado algunos libros, como el del ya citado: Javier Melero y su libro El Encargo.

  Como quería tener ordenados todos los antecedentes históricos, tanto de Cataluña como de Escocia, que tantas veces sacan unos y otros a la palestra, quise leer este libro del prestigioso John Elliott, profesor de historia de Cayetana Álvarez de Toledo, de cuyo libro reciente me haré eco comprándolo o siéndome regalado.

  El libro de Elliott es didáctico y se lee bien. Lógicamente he leído con más interés la parte catalana que la escocesa, aunque están muchas veces entrelazadas. Por supuesto desmonta el mito, y el timo, de muchas de las bases históricas en las que unos y otros basan sus soflamas lastimeras. Nada es según lo mitinean. Como ejemplo el acto, realmente increíble, con el que han recordado en el ayuntamiento de Barcelona el “fusilamiento” de Francésc Maciá, muerto de una apendicitis mal curada.

  El periodo histórico abarca desde el año 1469, durante el cual el rey Fernando cabalga desde Sicilia a España para encontrarse con su prometida Isabel hasta la detención y juicio de los protagonistas de la astracanada llamada procés. Tmabién claro de los intentos de separación y unión de los escoceses en esa realidad llamada Inglaterra o Reino Unido o Gran Bretaña.

  El interés va aumentando, como si de una novela negra se tratara, según avanza la historia hasta nuestros días. Mito: “Tras ser herido en el campo de batalla, el emperador mojó su mano derecha en la sangre del conde Wifredo y marcó cuatro franjas rojas verticales en su coraza dorada en reconocimiento de su valentía”. Año 870, en defensa del emperador carolingio Luis el Piadoso. A través de los siglos ha habido un reguero de conflictos y de agravios más o menos justificados. El caso es que para los gobernantes de lo que era España a partir de los reyes Católicos Cataluña no ha dejado de ser un fuerte dolor de cabeza cuando no un molesto forúnculo en aquella parte. “El acuartelamiento de las tropas causó numerosos choques entre los soldados y la población local, y en la primavera y a comienzos del verano de 1640 se produjo un levantamiento de la Cataluña rural. Los rebeldes transmitieron su mensaje de desafío a las ciudades y el 7 de junio, día del Corpus Cristi, los segadors, que habían llegado a Barcelona con el fin de ser contratados para la recogida de la cosecha, se manifestaron con violencia y trataron de prender fuego al palacio virreinal”. “El campesinado empobrecido y furioso se tomó la ley por su mano”. “... y acabó desembocando en 1688 en una revuelta rural masiva por todo el principado”.

  En no pocas ocasiones los catalanes han echado mano de una supuesta ayuda francesa en sus disputas con el gobierno central. Y en todas y cada una han salido más escaldados. “Entre 1695 y 1697 el ejército francés ocupó buena parte del principado y tomó Barcelona”.

  Han sido víctimas, lo pobres, del torbellino de intereses acaecidos en Europa y en el mundo y del cual han salido casi siempre afectados: “... y en tratado de Génova de junio de 1705 los ingleses se comprometieron a apoyar militarmente a los catalanes a cambio del reconocimiento del archiduque (Carlos) como rey de España”.

  Conflictos con la lengua. Se hace un repaso histórico de imposiciones. Pocas veces o ninguna ha habido el necesario equilibrio entre los derechos de unos y otros. Se tomaron demasiado a pecho eso de Sanpere de que “un pueblo vive mientras su lengua esté viva”. En muchas ocasiones se ha querido imponer el español y ha estado mal. Ahora se quiere imponer el catalán a toda la población en todos los ámbitos y está igualmente mal.

  Es curioso que en el caso catalán se cumpla a rajatabla eso de que un enemigo común nos une: “Vosotros habéis hecho ver ahora al mundo que el pueblo es la nación”. Estamos hablando de la unión para derrotar a Napoleón. Por cierto que en posterior época los franceses impusieron el francés para relegar al catalán como segunda lengua.

  Cataluña ha sido favorecida a través de la historia en cuanto a expansión industrial y comercial, incluso en la época de Franco. “El siglo XVIII había sido un periodo de innegable crecimiento y prosperidad para el principado, que se aprovechó de la expansión de los mercados domésticos e imperiales para poner las bases de la sociedad comercial e industrial que surgió en el curso del siglo XIX”.

  El siglo XX fue la gran eclosión de la barbarie. Cientos de asesinatos revueltos en infinidad de siglas y partidos. 1937. “Negrín dejó claro que no comulgaba con la política catalana: ´No estoy haciendo la guerra a Franco para permitir que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su naturaleza y por su grandeza. No hay más que una nación. ¡España!

  Lo de estos últimos años está tan reciente que aún quedan rescoldos en redes sociales, en prensa, en la memoria de todos. Hace un repaso, claro, pero es solo eso, un repaso. “... al día siguiente, con el boicot de los constitucionalistas, el Parlamento de Cataluña decidió mediante voto secreto declarar unilateralmente la República Catalana independiente”. Un órdago, un esfuerzo supremo, un apretar, apretar para parir eso, un ratón.

  “Los gobiernos establecidos desde hace tiempo no deberían ser cambiados por causas ligeras y transitorias”. Thomas Jefferson.

  Continuará. Esperemos que no trágicamente pero continuará.

 


jueves, 16 de diciembre de 2021

CIRO BAYO. EL PEREGRINO ENTRETENIDO.


   Mañana de principios de diciembre en el Rastro. Sol y animación. Veo este libro por solo cinco euros y lo compro porque algo había leído de él es alguna parte. No lo encontré en Las Armas y las letras de Trapiello. Es verdad que en la guerra estaba ya muy enfermo y la pasó internado falleciendo en julio del 39. El caso es que ha sido un auténtico y feliz descubrimiento el de este escritor medio olvidado y sin embargo buenísimo, a mi humilde entender, Ciro Bayo y su libro El Peregrino Entretenido; orillado en la generación del 98 y amigo de Pío y Ricardo Baroja, de Valle Inclán, etc. Participó en la última guerra carlista, viajó por España (este es un viaje desde Madrid a Yuste) por Europa y por América. Tiene un estilo directo, lleno de palabras un poco en desuso pero que se entiende bien, y sobre todo que narra con gracia y agilidad. Fue un aventurero como los de antes, un aventurero ilustrado, hidalgo y pobre, de los últimos Quijotes. Leyéndolo no he dejado de acordarme de la obra cervantina y de mi querido Trapiello de quien me recuerda en muchas expresiones tanto en una dirección como en la contraria. “Soy artista, soy un escritor, y quien dice esto, dice un desmañado, un inepto de la vida práctica”.

  Relata en el estilo característico de la picaresca española el viaje a principios del siglo XX desde Madrid a Yuste. Es curioso que las primeras etapas son Madrid, Navalcarnero, Brunete, y que en este pueblo hace parada. Por la mañana con mi bici he tardado apenas veinte minutos en llegar. Viajaba a caballo primero y luego a pie. En una fonda comienza un palique con un tirolés, entomólogo y que ha sido arrestado por ser sospechoso de espionaje, y que le costó que los guardias y el alcalde comprobaran que era falsa la sospecha, -raja de España- pero ante la pregunta del autor: “-¿De modo, señor Scherer, que le gustan a usted las mujeres españolas?, -Mucho, especialmente las madrileñas, menudas, gráciles, ligeras y nerviosas”.

  En la cuarta jornada me ha hecho gracia la comparación que hace de los animales domésticos con las personas:

“... Lo que no cambiará es la adaptación de los animales mansos o domésticos, al ambiente humano, haciendo suyos los vicios y defectos de los hombres a trueque de ciertas compensaciones. El noble jabalí se resigna a llamarse cerdo a condición que le ceben su glotonería; maese lobo, perro, con tal que le den a roer un hueso diario; el fiero onagro, pollino, a cambio de un pienso seguro. Por el estilo, que un hombre hipoteca su libertad por una prebenda; y un parásito adula y rastrea al olor de una buena mesa; y el gañán se disfraza de lacayo por un vil salario; o tal cosa”. “¿Cuándo será que toros bravos la emprendan a cornada limpia con los cabestros? ¡Ésta sí que sería la Revolución de las revoluciones!”.

  No sé porqué me ha recordado al gremio de los periodistas de ahora y a los sindicalistas, de ahora también.

  Dice preferir las fondas puebleras a los hoteles limpios porque se siente mejor “el contacto con el espíritu nacional”. Por eso es de esos buenos escritores buen charlatán con quien se encuentra a su paso y que tanto habla con porqueros que con ilustres o poderosos personajes.

  Es también una diatriba contra la educación en España: “antes que un hombre pueda nadar, debe entrar en el agua; antes que pueda jinetear, debe montar a caballo, y antes que pueda ser ciudadano inteligente, debe recibir educación cívica, que nadie se cuida de dar en España”.

  Es sarcástico y bromista recordando dichos y diretes. “-¿Qué crees? –Lo que la Santa Madre Iglesia. –Y qué cree la Santa Madre Iglesia? –Lo que yo creo”.

  “los hombres no dejamos atrapar tan fácilmente como los pájaros, pero como éstos somos difíciles de guardar”.

  Ni que decir tiene que ya tengo en el disparadero sus otros libros, creo que recién editados: Peregrino en Indias y El lazarillo español. O el estudio que le dedica Miguel Sánchez-Ostiz en su Cirobayesca Boliviana.

sábado, 11 de diciembre de 2021

GIOVANNI PAPINI. EL LIBRO NEGRO.

 


  Un viaje relámpago a Córdoba. Septiembre, buen tiempo, terrazas llenas de gente, animación, la cercanía del río y entre las luces de los bares un escaparate lleno de libros. Me adentro y veo montañas de libros y al fondo el encargado, grandón, de cabeza grande y cabellos blancos. Tiene muchos libros pero la gran mayoría nada valiosos o interesantes. Hablo con él un rato. Sobre libros, sobre su profesión, ahora bibliotecario jubilado en no sé qué ministerio. Pregunto si tiene algo de Trapiello y no, dice que no es fácil tener libros de él, que las tiradas son cortas y apenas hay. Sigo buscando y encuentro este de Papini, del que no había leído nada hasta entonces, quitando lo que había leído en el libro de De Prada y en que era un autor ensalzado por Borges y que pasó de ser un ateo a ser un ferviente católico hacia el final de su vida.

  El Libro negro es la continuación de Gog. Gog es el personaje que le envía, en la ficción las cartas. Gog es un norteamericano inmensamente rico que se reúne con muchos personajes y visita infinidad de países. Son pequeños relatos-ensayos-diarios sobre muy diversos temas. Del tamaño de un folio aproximadamente. He disfrutado muchísimo. Al principio cuesta creer que lo que cuenta no sea verdad. Papini dice en el “prólogo” de mentirijillas que esta selección es más sabrosa e importante que la primera.

  Me ha encantado.

  Consta de más de sesenta entradas. Generalmente son narrados por personajes famosos, importantes o extravagantes: Haxley, un monje de un monasterio, un poeta, Picasso, Unamuno, Dalí... Los temas van desde el avance de la ciencia, el futuro del hombre en la tierra, la evolución del poder chino, buenísimo; el más allá, la literatura, el poder en evolución de las armas, etc. Contiene micro ensayos que resultan fascinantes y seductores. Tipo: “El hombre no es puro más que al comienzo y al fin de la vida; en la edad mediana, la más prolongada, todo es tinieblas y corrupción”.

  Ni que decir tiene que ya tengo reservado ese Gog y su autobiografía Un Hombre acabado, al parecer bastante triste.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

DIARIOS I Y II. RAFAEL CHIRBES.

 

  Leo las primeras entradas de los Diarios de Chirbes. Es descarnado, crudo. Cuenta escenas del infierno de Dante en el corazón del Retiro. Hombres más que adultos contemplando a otros hombres dándose placer en público, como monos en un zoológico, como perros callejeros. Hace unos pocos años, para acortar (iba a la fiera del libro) me metí por aquellos laberintos de setos, parterres y árboles, y vi todo aquello como en una pesadilla. Un hombre parecía que orinaba en un árbol pero había otro agachado a la altura de su pelvis. Un tipo, mucho mayor que yo, se me quedó mirando con curiosidad, como se mira a un tipo infrecuente, novedoso. Yo aceleré el paso asustado, no me gusta, pero sí leerlo en un escritor observador a quien también repugna todo eso pero a la vez se siente atraído sin poder apartarse.

  Recuerda una frase de Gerard Brenan: “El mejor momento es la hora del desayuno. Después de eso el día no hace más que deteriorarse e ir a peor”.

Genial Chirbes en una anotación del 85 previo a una escena de sexo brutal; parece escrita esta mañana para denunciar o señalar la actualidad: “Paradójicamente, en el sexo no da el que da, sino el que se abre para recibir. Las apariencias engañan y, como diría una feminista, el falo coloniza”. ¿No es acojonante? Y añade: “Sería absurdo hablar de la generosidad de un colonizador”.

Frase final de la última entrada del año 87 de los Diarios de Chirbes: “Me digo: busco una historia. Y al rato: no, lo que busco no es una historia, sino un tono; aunque en realidad, lo que busco es cómo tapar el ruido que hace la rata del miedo cuando me corre por dentro”.

  Aún no había publicado Mimoun, su primera novela, presentada a Herralde por Marín Gaite.

 

  He anotado en mi agenda de frases, una de los Diarios de Chirbes sobre la anotación de frases, como esa mano de Escher que pinta una mano; “Me imagino frases que acabarán formando parte de alguna novela –las menos-, pero en general los cuadernos me sirven, sobre todo, para anotar citas que extraigo de los libros que leo. El pudor, y sobre todo las prisas con las que me acerco a ellos, han dejado poco espacio para la expresión de sentimientos, para la narración de experiencias personales. En cualquier caso, siempre me produce un placer casi infantil ir llenando con mi letra hojas de cuaderno, aunque sea con palabras  robadas a otros”.

    Es también un libro Arca o nodriza como nombro a los libros que incitan a otras lecturas: “He escrito sobre el extraordinario libro de Michelet que lleva precisamente el título Le mer. Algunas de sus páginas están entre las más hermosas que he leído nunca. Esa retórica opulenta como un fruto tropical, ella misa fruta madura del romanticismo”. ¿No dan ganas de salir corriendo a buscar ese libro?

  Me siento identificado cuando habla de las ratas: “se me ha transmitido casi como genética familiar”. “Al margen de que sea un animal repugnante, por qué tiene esa fuerza aterradora, paralizante”.

  Magnífica observación sobre la cocina y la literatura. No obstante fue durante un tiempo crítico culinario: “La fama, en la cocina, como en casi todo lo demás, es, en buena parte, ruido mediático, fruto de buenas relaciones aquí y allá. El tamtam y los que hacen sonar los tambores. No sería bueno creerse que en literatura no ocurre más o menos lo mismo”.

 

  “Escribir es la indagación para nombrar lo que no puede nombrarse, un intento, un acercamiento hacia lo que aún no ha sido dicho”.

 En El Periódico resaltan que Chirbes necesitaba el marxismo para escribir. Frase fuera de contexto: otra: “La gente se cree progresista porque vota a PSOE,... la clase media franquista que tanto odiábamos, ahora se ha refugiado en el socialismo; los franquistas furiosos han empezado a aparecerse con el halo romántico de quien mira la vida a contrapelo, esa mirada sesgada, la posición hirsuta, los correajes y las pistolas, los socialistas son más de colegio de monjas. Pero no te fíes”.

  Hablando de Vargas Llosa y Los Miserables: “precisamente por esa capacidad de la gran literatura para sembrar deseos en apariencia inalcanzables, las dictaduras de cualquier signo desconfían de ella. No por su capacidad de crear entusiasmo, sino incertidumbres”.

  “Para Benjamin, la escritura debe nutrirse de las citas de otros. Hanna Arendt lo llamó pescador de perlas”.

  Otro momento Escher: “En lugar de quejarme continuamente de que me olvido de los libros que leo en el momento en que los cierro, tomar notas, apuntar”.

  “Ya sé que hoy en día es más importante el altavoz a través del que se dicen las cosas que las cosas que se dicen”. Y así estamos.

  Hay cosas con las que no estoy de acuerdo en absoluto: “En general la novela de aventuras a la española ha sido infumable para los literatos: hablamos de la Forja de un rebelde, de Imán, de El blocao, o hasta del Laberinto mágico de Max Aub”. Ni de   coña. Que hable por él, aunque, claro, yo no sea un literato.

  Compraré el siguiente volumen, algo me dice, viendo cómo desapareció de las librerías la primera edición (esta es la segunda) que en España se leen cada vez más diarios.

martes, 30 de noviembre de 2021

Las leyes de la frontera. 30nov2021

  Vi anoche Las leyes de la Frontera, de Daniel Monzón que Carlos recomendó en la otra ventana. Me llegó al corazón porque me vi reflejado, ese yo muerto hace cuarenta años. A ver, yo no estuve en esa frontera de la delincuencia, entre el bien y el mal. O sí, quién sabe. El caso es que me provocó una profunda nostalgia, afirmando al mismo tiempo que cualquier tiempo pasado ha sido sin duda peor. Los billares, la estética de finales de los setenta y principios de los ochenta, (tuve una novia que era tannnnn parecida a la protagonista Tere...) el placer de los primeros años de fumar sin preguntarte jamás que te hacía daño, esa compañía incondicional que daban las pandillas del barrio, las primeras borracheras, esos planes para conseguir más monedas y seguir jugando al billar, al futbolín, al pin pon, donde otro grupo de chavalillas veían quién ganaba quién perdía, y cómo nosotros, recién salidos del cascarón, sacábamos pecho como esos monitos un poco imbéciles que quieren deslumbrar a las hembras. Aquellos conocidos que desaparecían fulminados por las drogas. Pero en la película se cuenta sobre todo una bonita historia de amor.  Me encantó.

 

  Leo las primeras entradas de los Diarios de Chirbes. Descarnado, crudo. Cuenta escenas del infierno de Dante en el corazón del Retiro. Hombres más que adultos contemplando a otros hombres dándose placer en público, como monos en un zoológico, como perros callejeros. Hace unos pocos años, para acortar (iba a la fiera del libro) me metí por aquellos laberintos de setos, parterres y árboles, y vi todo aquello como en una pesadilla. Un hombre parecía que orinaba en un árbol pero había otro agachado a la altura de su pelvis. Un tipo, mucho mayor que yo, se me quedó mirando con curiosidad, como se mira a un tipo infrecuente, novedoso. Yo aceleré el paso asustado, no me gusta, pero sí leerlo en un escritor observador a quien también repugna todo eso pero a la vez se siente atraído sin poder apartarse.

  Recuerda una frase de Gerard Brenan: “El mejor momento es la hora del desayuno. Después de eso el día no hace más que deteriorarse e ir a peor”. El mío de hoy ni siquiera ha empezado con un desayuno. A las seis hemos salido hacia el aeropuerto. Llevaba a mi hija que se vuelve a Noruega. Y me asaltaron de nuevo las lágrimas en el abrazo ultimo de la despedida; verla allí sola con sus dos maletones más grandes que ella. Definitivamente hoy estoy blandiplus como me dice una amiga.

 


lunes, 29 de noviembre de 2021

ALBERT SPEER. MEMORIAS.

 

  Albert Speer, fue el joven arquitecto de Hitler. Le encargó siendo apenas un veinteañero, la creación de grandes obras. Posteriormente, viendo que era tan efectivo, que tenía una capacidad de organización increíble, lo nombró ministro de armamento, donde, en la guerra, dispuso de casi toda la industria alemana para transformar millones de toneladas de materias primas en sistemas de armas letales.

En las primeras páginas cuenta que su abuelo “no era más que un pensativo hombre de la Selva Negra, capaz de estar horas y horas sentado en un banco del bosque sin despegar los labios”.

  Lo primero que se debe considerar de la lectura de este libro es que Speer escribía muy bien. Sus informes, sus “memorias” de los años cercanísimo al gobierno, más de una década, tenían calidad y eran tenidas en cuenta. En la contraportada se dice: “Serán las únicas memorias del III Reich que, siendo de gran interés, invitarán además a la lectura”.  

  Speer era un hombre brillante en muchos aspectos. Debía tener una personalidad amable, cercana, simpática. Incluso en su época de los juicios, sus captores le trataban con el mayor de los respetos.

  Todos los hombres de Hitler eran brillantes pero también rendidos a su aureola. “Uno se sentía siempre bajo la responsabilidad de otros y no se veía obligado a responder por la suya. Toda la estructura del sistema se dirigía a evitar los conflictos de conciencia”. Sin embargo casi todos rehuyeron haber sido responsables en su grado excepto Speer y pocos más. Aceptó su destino y responsabilidad para descargarla de la nación alemana. En ese sentido y solo en ese, es un gran ser humano. De hecho lo han llegado a llamar el “buen nazi”.

  Hitler exigía el máximo sacrificio, la completa sumisión a su “sacrosanta” misión, y aun así veía insuficiente el sacrificio alemán. En palabras de Hitler: “tenemos la desgracia de que nuestra religión no es la mejor. ¿Por qué no será como la de los japoneses, que consideran que lo más elevado es el sacrificio por la patria?”.

  El estilo es de una eficacia a la altura de pocos escritores que, al fin y al cabo, no son profesionales. Cuenta algunas escenas, algunos encuentros, algunas anécdotas como el mejor de los escritores. Por ejemplo. Va viajando en un tren. Estamos en mitad de la guerra. Paran en una estación en la otra vía pasa, lentamente, un tren procedente del frente. Los soldados vienen famélicos, heridos, derrotados y miran fijamente la comida del vagón donde van los dirigentes nazis. Hitler ordena bajar todas las cortinas.

  Este libro es el típico que veo cuando sale publicado, no lo compro por ser caro (casi treinta euros), pero siempre que voy de visita a las librerías, cojo entre las manos y lo vuelvo a dejar con pena. Este mes por fin me decidí. Y no me he arrepentido. Una lectura provechosa, interesantísima, didáctica para comprende el funcionamiento de un tipo humano que el mismo Speer declarara en Núremberg: Que la evolución de la  organización política unida al avance de la técnica puede poner en peligro la civilización humana.

  La eterna cuestión de la obediencia debida y el ser o no consciente del mal si uno está metido en el engranaje de responsabilidades en cadena. “Uno se sentía siempre bajo la responsabilidad de otros y no se veía obligado a responder por la suya. Toda la estructura del sistema se dirigía a evitar los conflictos de conciencia. Eso hacía absolutamente estéril cualquier conversación y discusión entre personas de la misma ideología”.

  Hay una fascinación, una adicción a leer estas cosas cuando quien las escribe es un testigo de primera mano y además un agudo observador. En un momento, ante un bombardeo de Berlín, se siente absolutamente sobrecogido por el espectáculo. “La iluminación de los paracaídas de las bombas incendiarias, llamadas “árboles de Navidad” por los berlineses, los relámpagos de las explosiones que se entremezclaban con las nubes de humo; los incontables reflectores que buscaban aviones en el cielo; el excitante juego del aparato intentando rehuir del haz luminoso al ser descubierto...”.

  Otro de los detalles que he descubierto en cuanto a la condición humana es cómo hombres inteligentes y abiertos son incapaces de ver la realidad, cómo se es capaz de engañarse a sí mismo. Hay una conversación entre el general Galland y Göring. Se han visto cazas americanos en Aquisgrán.  “le ordeno oficialmente que admita que los cazas americanos no llegaron hasta Aquisgrán”. No se ve o no se quiere ver: “No conocían al invierno ruso, las condiciones de las carreteras o las fatigas que soportaban los soldados, que, sin alojamiento, mal equipados, exhaustos y medio congelados, tenían que vivir en agujeros abiertos en la tierra, con una capacidad de resistencia quebrantada desde hacía mucho tiempo”.

  Hay una escena que describe bien el hecho de que, más temprano que tarde, al final uno debe abrir los ojos a la realidad. Goebbels ha creado una imagen potente de Hitler ysu gobierno. Contratan a una serie de secretarios a fin de confeccionar unas actas de las reuniones. Ahí ellos se dieron cuenta de que eran seres humanos como todos: llenos de dudas y tragedias: “Para mí era como delegados del pueblo, condenados a ser testigos de primera fila de la tragedia”.

 

  Speer no deja de caer también en una especie de ego tremendo. Quiere que le quieran y siente celos en cuanto baja el nivel de aceptación de quienes le rodean. Para eso recuerda un artículo publicado en un periódico inglés. Dice así: “Speer es hoy, en cierto modo, más importante para Alemania que Hitler, Himmler, Göring, Goebbels o los generales. En realidad, todos ellos no son sino colaboradores de este hombre, que es quien realmente dirige la gigantesca máquina bélica y saca de ella el máximo rendimiento”.

  Cuando acaba la guerra un general americano que le interroga le dice que de haber sabido su importancia habría dedicado todo el esfuerzo del bombardeo en sepultarlo bajo tierra. Ahí le vuelve a salir la vena vanidosa y confiesa que fue uno de los mayores elogios recibidos.

  Magníficas memorias que se encontrarán entre lo más valioso de mi biblioteca. Dos semanas de fascinante inmersión en el horror pero desde una mente privilegiada.