sábado, 5 de junio de 2021

Stefan zweig. Diarios. 1912-1914 y 1931-1940.

 


  Vaya, otro escritor al que se crucificará. Ya se ha hecho con Gil de Biedma. Pero, si ponemos el listón tan bajo, o mediano, o alto, muchos estarán atrapados en un pasado que es eso: lo más cambiante que existe. Cómo juzgar estos hechos, estas actitudes y costumbres, estos vericuetos morales desde nuestro tiempo. No no es ciertamente la época de Arstóteles o Platón, con la esclavitud y los efebos, es apenas hace poco más de un siglo, pero nos cuesta deglutirlo. El párrafo que sacará pus es este:

  “Segundo episodio con la pequeña Frie, que está con su institutriz: esa niña que es todo alegría desbordante y a la que obligo a lo erótico hasta que me acompaña curiosa, pero sin comprensión aún”.

  Esto está escrito en 1912, donde el autor es todo un treintañero. No quisiera que estas frases distorsionaran todo lo que pensaba del escritor austriaco, una idea de admiración por todos los grandes libros que escribió y que he tenido la suerte de leer. Lo que hiere el alma es ver esas palabras juntas: pequeña, institutriz, obligo.

  Otras veces, cuenta, se lleva a dos jovenes a la cama y que termina cansado y vacío, con algún elemento negativo debido a modales inadecuados, o que deja embarazada a su amante parisina y la abandona a su suerte, con el tema del aborto resuelto. Nada que no pase al común de los mortales, pero “pequeña, institutriz, obligo”... eso no.

 He leído los dos volúmenes en apenas cuatro días. No son largos. El primero me ha durado un par de días, al igual que el segundo. Mi Stefan Zweig, mi admirado Stefan, hoy, de haberse publicado en vida esta frase, esta confesión, estaría en prisión sin fianza. Qué pensar entonces.

 No aportan demasiado a lo que ya contó en sus fabulosas memorias, El Mundo de ayer. Una cosa que me ha sorprendido es que tenía mi edad cuando ya estaba cansado, abandonado a la idea de seguir luchando, de seguir huyendo. Era perseguido por su doble condición de austriaco (anexada a Alemania) y judío. Él estaba convencido que el nazismo se extendería por el mundo y que duraría siglos. La imagen de la esvástica ondeando en la Torre Eifel era superior a él.

“Francia perdida, el país más adorable de Europa quedará asolado durante siglos -¿Para quién escribir?, ¿para qué vivir? Además, la situación aquí se va tensando por momentos”. 

Aún viviría dos años más pero ya tenía su frasquito preparado para cuando ya nada importara.

“Siento esa pesadez del Destino que se apoderó de Oscar Wilde en el momento decisivo”.

  Qué buena observación: “El coraje es, en parte, una carencia de imaginación”. Cuenta para decir esto que un médico amigo suyo había pasado sesenta horas en un tren con enfermos de disentería y mutilados.

  Seguiré leyendo pese a todo a este escritor de obra inagotable. Los habitantes del futuro, sus lectores, se lo debemos.

jueves, 3 de junio de 2021

BANGKOK. LAWRENCE OSBORNE.

 


   Este tipo me encanta. Leyendo sus libros parece no tener más ataduras que las previstas, que las deseadas, aunque diga Buda o quien sea que desear es sufrir. Es un libro de viajes pero te hace observaciones valiosas sobre la cultura, sobre la forma de vivir y de entender la vida de aquella gente, de los extranjeros que se han ido allí a vivir –como él mismo- abandonados a la idea de no volver a ser amados. Le cuenta un viudo australiano, jubilado, pintor aficionado, de vuelta de todo: “La razón de que seamos tan neuróticos, violentos e infelices es que nadie nos toca, sobre todo cuando envejecemos”. Cuánta razón tiene.

  Quiero agradecer a Félix de Azúa el que en su blog me hablara de este autor y de sus libros. Los estoy leyendo justo en su orden: Ahora a por el del bebedor, Beber o no beber. Gatopardo ediciones, una gran editorial. He aquí las explicaciones de una “trabajadora” del amor: “Niños grandes y simples con cierto complejo de culpabilidad. Una vez me dijo que le parecía increíble que fueran tan educados y que anduvieran siempre disculpándose. ¿Acaso se creían que hacían algo malo? En tal caso, ¿qué era?”.

  Hay una escena que me ha llamado la atención: la dificultad de alguien, cultivado, educado en otra parte del mundo; en este caso una pareja de sacerdotes: uno maduro, irlandés, entregado a su tarea de ayudar a lo más deprimido de la ciudad. El otro, un joven norteamericano, rapado, alto, lector obsesivo. Le pregunta a este último qué es lo que echa de menos de su ciudad, de sus amigos. Le contesta la imposibilidad de poder hablar con nadie de de Isaac B. Singer.

  “En 1996, el entonces ministro de Sanidad la rebautizó como yaa baa o droga de la locura para asustar a los jóvenes consumidores. No podía haber cometido un error más estúpido. En cuanto pasó a llamarse así, la demanda aumentó de forma considerable. En honor a sus orígenes remotos, también se la denominó Seep nazi”.

 

  “En un cierto momento de la vida nos volvemos completamente anónimos, y la gente –no sólo las mujeres- mira a través de nosotros como si no existiéramos”.

 

  Se cuentan anécdotas sabrosas como esos pescadores que usaban perros vivos para utilizarlos como cebos.

Seguiré leyendo a Osborne. Mientras haya “cebos” yo seguiré picando.

sábado, 29 de mayo de 2021

Hacia el 18 de julio. Stanley G. Payne.

  Vi este libro en la librería de un enorme centro comercial. Simpre entro aunque pocas veces compro. Tiene best sellers y de vez en cuando libros de saldo. Este lo he comprado porque a pesar de que he leído a muchos historiadores extrajeros sobre la Guerra Civil nunca había leído nada de Payne, El camino al 18 de julio. Madre mía, ¿qué podía salir mal? Esto lo he leído, de Luis Araquistáin, escritor y periodista, del entorno del Partido Socialista, perteneciente al círculo de Largo Caballero, en una carta a su mujer: “O viene nuestra dictadura o la otra”.  Allí también pasaba una cosa parecida a la de ahora: si no eres de izquierdas eres un fascista. La diferencia es que en aquella época apenas te perdonaban la vida aunque a muchos, antes del inicio, les costó la vida. ETA mató –en números redondos- en cuarenta años a mil personas. En cinco años en la República se produjeron dos mil quinientas debido a la violencia política. También, como ahora, había un batiburrillo de partidos y entidades: Izquierda republicana radical, socialdemócratas, socialdemócratas radicales, socialistas revolucionarios, leninistas, trotskistas, estalinistas, sindicalistas, anarquistas.

  Es un libro de bolsillo, diez euros, y determina hacia el final de libro que, de entre todos los protagonistas de aquel desaguisado Franco era el más sensato, con eso está dicho todo. En esos últimos meses de la Republica había tres corrientes: las derechas, las izquierdas y la revolución. Las revoluciones normalmente superan a los cambios radicales, profundos y rápidos. Y se cometen injusticias difíciles de soportar. La confiscación de bienes, la entrega de tierras, el poder inmenso de los sindicatos, los fraudes electorales, la ausencia de un mínimo de voluntad para que se cumpliera las leyes de ese régimen: “La guerra nunca habría tenido lugar sin la gran erosión que sufrió la democracia durante ese periodo”.

  El libro se lee rápido y considero que está bien escrito. Se entera uno de cosas que ignoraba y distorsiona algunas ideas establecidas, como la imagen amable que tenía de Azaña. Nadie era inocente; todos fueron culpables. Franco aguantó y sólo cuando vio que era más peligroso dar un paso atrás se lanzó a cortar de raíz lo complejo para darle a este país la apariencia de simplicidad: el silencio de los sometidos, el silencio de los cementerios. “Fue función de Franco ordenar todo eso, por las buenas o por las malas”. Con eso está dicho todo.


 

lunes, 24 de mayo de 2021

DIARIOS. ARCADI ESPADA

 

  Otro libro encontrado en el Rastro. Campillo del Mundo Nuevo. 3 euros. Editorial Espasa. Premio de ensayo 2002. Me gusta de siempre Arcadi. Tiene esa mirada áspera de ver la realidad política y esa clarividencia para analizar y descubrir a los impostores. Arcadi Espada siempre le ve el truco a los magos, ya sean estos independentistas o demagogos o populistas, si no lo son todo al mismo tiempo.

  Son diarios escritos en 2002 pero pertenecientes al tremendo 2001. Son estos, más que diarios (no entiendo este cebo para que los lectores piquen porque no hay tradición en España de diarios, aunque últimamente sí se están editando) anotaciones sobre las noticias políticas. En más de una ocasión me ha dado la impresión que ha utilizado estas notas para alguna de sus clases en la facultad.

  En una entrada del mes de marzo se hace eco de un artículo de Juan José Millás; escritor y periodista de izquierdas que me gusta y al  que admiro. Dice Espada que en el artículo de Millás éste se escandaliza porque en un anuncio de coches se utilice el cadáver de una mujer. “Millás medita sobre la degradación de nuestra época. Sin bromas, hondamente”. Y dice que jamás se compraría uno de esa marca: un Chrysler con aspecto retro. Y remarca Espada la superioridad enorme de los agentes de la propaganda sobre los agentes de la literatura. ¿No era eso lo que buscaba la publicidad? ¿No ha sido Millás un agente útil a tal fin? Pues eso. Que les marcó el gol, como el de Suárez ayer casi al final del partido.

  Hace repasos de titulares de los periódicos. Labor parecida a la que hace Monegal para la televisión. El libro tiene veinte años pero podría servir ahora. El oficio de periodista está condenado a enfrentarse con los hechos, “pero corre el riesgo de convertirse en la principal forma de ficción contemporánea”. Lo que se podría añadir a estos tiempos es que también se está convirtiendo en una suerte de columna donde se asienta la llamada línea editorial. Hoy precisamente la Rahola ha sido despedida por la Vanguardia. Y creo que eso es bueno para la línea editorial del diario catalán y bueno para rebajar la crispación. Váyase señora a TV3, que, de momento, mantiene el furor y devuelve el favor.