martes, 30 de diciembre de 2025

LAS FURIAS. PIO BAROJA.


 

Para última lectura del año un Baroja. Otro Baroja. En este caso una novelita de sabor Mediterráneo. Ambientada en la Primera Guerra Carlista. Comienza con el Diario de Pepe Carmona en Málaga. Discurre por Tarragona, Gerona, Barcelona. Salen personajes reales e importantes como Narváez, conde de Donadio… con personajes inventados o sacados de la tipología conocida por el autor. En algunos momentos tenía que hacer yo un ejercicio para sacarme de la cabeza que esta novela no era otra sacada de los Episodios Nacionales de Galdós.

  Pero dejemos hablar a Géminis que sabe hablar mejor que yo. Que ha leído más que yo. Que tiene más infinidad de referencias que yo. En fin, que es una cosa tremenda. Le he dicho que quiero “quiero” una reseña en dos párrafos sobre Las Furias de Baroja.

 

  “Publicada en 1921, "Las Furias" es una de las obras menos convencionales de Pío Baroja, donde el autor se aleja de su realismo habitual para sumergirse en una atmósfera de pesadilla y simbolismo. La novela sigue el deambular de un grupo de personajes marginados y excéntricos por un Madrid espectral, reflejando una profunda crisis existencial. A través de un tono pesimista y casi alucinatorio, Baroja retrata una humanidad asediada por "furias" internas —sus propios demonios, obsesiones y fracasos— que los conducen inevitablemente hacia la autodestrucción.
Más que una narrativa de acción lineal, la obra funciona como una crítica mordaz a la sociedad y a la incapacidad del individuo para encontrar sentido en un mundo caótico. Con su estilo directo y fragmentado, el autor vasco logra transmitir una sensación de angustia y desolación que conecta con la estética del esperpento y el expresionismo. Es una lectura densa y oscura que destaca por su valentía intelectual, mostrando la faceta más nihilista de Baroja frente a la decadencia de la España de su época”.
  Tiempo de lectura: dos días. Se lee fácil aunque no es lo mejor que he leído del autor de Itzea.

  


 

sábado, 27 de diciembre de 2025

XAVIER MORET. MENORCA, LA ISLA SOÑADA.


   Para una de las últimas lecturas del año quería algo amable, ameno, divertido, y con este libro de viajes no podía fallar. Y así ha sido. Es verdad que lo facilita el hecho de que hace tres años visitáramos la isla durante cinco días. Efectivamente es un sueño. De Moret he leído varios libros de viaje y me recuerda a mi queridísimo desaparecido Javier Reverte. Siempre es más agradable leer sobre lo que uno ya conoce. Parecido a escuchar música clásica-

  Después de pasar un buen rato visitando las estanterías del Centro Comercial vi este libro y con el recuerdo del sabor de su libro sobre Mallorca, me decidí.

  “Moret, pasea por la isla con la curiosidad de un explorador, deteniéndose en las distintas poblaciones, bañándose en sus aguas turquesas, conversando con los isleños y recorriendo las huellas del pasado para alcanzar la cotidianidad de un lugar convertido en un edén para turistas”. Es un párrafo extraído de la contraportada que resume muy bien de qué trata este libro.

  Muchos lugareños retratan el paisaje de la infancia con un paraíso perdido: “De pequeño, en verano, me bañaba cada día en la playa e iba a buscar conchas en las rocas con los amigos. Eso era otro mundo, un paraíso, pero no lo sabíamos”.

  Le gusta al autor hablar con escritores del sitio. La reflexión de uno de ellos. Ponç: “En el fondo un poema es como hacer una pared seca: lo importante es que aguante. Es como un edificio de palabras. Si pones una que no encaja, se derrumba”. La pared seca es la que se hace con las piedras de labranza para quitárselas de encima y delimitar tu finca.

  Seguiré comprando sus libros cuando los vea por ahí porque me hace viajar y aprender. Qué mejor inversión.


 

viernes, 26 de diciembre de 2025

EUGENIO NOEL. DIARIO INTIMO.

 

  Comienzo la lectura del ¿penúltimo? tocho del año: El Diario íntimo de Eugenio Noel. En Los nietos del Cid Trapiello lo nombra mucho. Es más un género confesional que diario. Como un pasar a limpio notas en hojas de letra abigarrada entremezcladas con fotografías del día. Lo tituló La novela de la vida de un hombre. Fue muy buen escritor pero sin suerte y sin recompensa. Murió en Barcelona en el año 1936 sin un lugar donde caerse muerto.

 

  “La figura de mi padre es la de un hombre de odiosa pasividad, pero a quien las circunstancias de la vida atemorizaban mucho. No sabía nada más que su oficio, y aunque, a mi entender, poseía gran discernimiento, no dudó en sacrificar a su mujer e hijos, y no le dio importancia a una labor diaria sin provecho. Trabajaba, pero sin una iniciativa. La menor dificultad con que tropezaba le ponía furioso”.

 

  Fueron muchos los que hubieron de socorrerle: Valle Inclán, Azorín, Unamuno… “Fue como si no le importara partirse el pecho por defender esa sola verdad compacta y sin fisuras”. Se dedicó entre otras cosas a caer de un burro el mundo taurino y el del flamenquismo. Es la España de principios de siglo era eso mismo, un partirse el pecho.

 

  Dice Trapiello en Los nietos del Cid que Noel “es un caso prodigioso de una vocación literaria de fortísima contumacia. Ni el desaliento ni la penuria, que jamás la abandonó, ni los ataques que menudearon ni las palizas de los fanáticos del flamenquismo, de las que conoció algunas, le llevaron jamás a abandonar una carrera literaria que ejercía como un verdadero apostolado”.

 

  Estuvo en la guerra de Melilla del año 1909 y de ahí surgió el libro Notas de un voluntario. Ese libro le habría de llevar a la cárcel ya que no dejaba en buen lugar las formas del ejército colonial español.

 

  Noel tendía a la gordura. Tenía una gran cabeza y melenas a menudo criticadas. Bebía en exceso cerveza y cuando le daban cancha sus alivios de dinero comía como los perros cuando tienen pitanza: sin control ninguno.

  Continúa Trapiello diciendo que “puede decirse que son incluso sus libros sin otro argumento que ese común de la regeneración de España y el estudio de la raza”. “Era un escritor dramático, exagerado, barroco, que no se paraba en barras”. Y sigue describiendo el prólogo en su primer libro publicado, dedicado a su madre, que vivió siempre esclavizada por el trabajo y la penuria.

  “En los últimos años de su vida, Noel, que ya la tenía difícil para sí, arrastró de pensión en pensión a su mujer y a su hijo, sumando en la comitiva en ocasiones a su suegra, cuando no las dejaba en Madrid a la espera de unas pesetas que no acababan nunca de girarles desde las más remotas provincias”.

  Giménez Caballero vio a Noel como un sólido cóctel de Baroja, Unamuno, Valla-Inclán, Julio Antonio, Bagaria, Zuloaga, Azorín y Maeztu. Pensaba que si se proyectara de todo eso una sombra, la sombra sería Noel”.

  El Diario está incompleto anotando el editor que quizá algún día se encuentren los restos de notas y se pueda concluir semejante monumento a la memoria. Aunque he de decir que en ocasiones se hace un poco monótono, como si en realidad hubiese tomado esas notas para sí mismo: Me queda tanto dinero, he cobrado tanto otro, etc.

  Murió en el año 36 en Barcelona y su cuerpo fue trasladado en ferrocarril perdiéndose por el camino debido a unos malos entendidos burocráticos. Desde Madrid tuvieron que deshacer el camino para ver dónde habían quedado sus restos.

  Interesantes los personajes de su época. Como este hay muchos más.

  “Baroja va a publicar Vidas sombrías, pero entonces no es más que un futuro médico fracasado, y el panadero que todos conocieron. Solía estar en la panadería haciendo números entre grandes pilas de pan, manchada la ropa de harina, descuidada la brava, mohíno y sucio, con una boina en la cabeza que parecía un solideo”.

 

  La parte que más me ha gustado es la que describe después de contar su infancia humildísima es la de la guerra en África. “La colonización es una exuberancia. ¿Estamos nosotros dispuestos a prodigar aquí la sangre, a sembrarla, a fundar un emporio de grandeza? Yo creo que no. La emigración no se encauzará nunca por este lado. El florecimiento de las colonias francesas nos restará siempre fuerza”.

  Este verano pasado fuimos a pasar el día a El Escorial. Había allí una feria del libro antiguo. Cerca del Monasterio había efectivamente algunas casetas pero en un primer vistazo comprobé que no había nada interesante para mí. En la última, antes de marcharnos, pregunté a un librero por este libro. Me sacó ante mi sorpresa una edición preciosa en dos tomos. Le dije que sería carísima ante lo que él me contestó que para nada. Setenta y cinco euros. Una ganga. Sin embargo J. me disuadió. Me alegré. Esta edición que he leído es la de Berenice, 2013 y 23 euros. Más que suficiente.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

DUELO AL SOL. ABELARDO LINARES Y JL GARCÍA MARTÍN.


 

 Este es un libro de conversaciones entre un editor que me gusta mucho, el de la sevillana Renacimiento, Abelardo Linares, y un profesor y crítico de libros, Luis García Martín, Duelo al Sol.

 

  Lo vi en la feria del libro antiguo y de ocasión de Recoletos y pensé que era un libro descatalogado pero no, es un libro de este mismo año 2025. Dicen llevar cuarenta años discutiendo y siguen siendo amigos. Un milagro en esta España polarizada donde muchas familias no pueden sacar el tema en las reuniones familiares.

 

  Me ha hecho gracia una anécdota que cuenta sobre lo de leer en público, qué de mal gusto puede llegar a ser: “Si me lee usted algo, yo le leo”. Como una amenaza o tortura.

 

  Una definición sui géneris sobre lo que debe ser un escritor: “es un hombre que debe tener un empleo, que debe ir a un café a hablar mal de este o del otro, a decir que escribir es una tontería y que a él no le gusta escribir. Entonces ya tiene la simpatía de los tontos de café que se creen listos, y lo elogian con entusiasmo, porque el escritor es tan tonto como ellos”. Así se las gastaban entonces.

 

El libro trata sobre la relación entre editores y escritores. Me he tenido que reír con la definición que hace Constantino Bértolo sobre lo que es un best seller:

 “Libros que cuenten conflictos reales y no más misterios, en plan del manuscrito del diablo que los ángeles escondieron debajo de la Sábana Santa, que lamano de Fátima introdujo durante un crepúsculo en la catedral del mar y que, para escándalo de los hombres que no amaban a las mujeres encontraría, en un amanecer con luna nueva, un niño con un pijama de rayas que, a la sombra del viento y los pilares de la tierra, soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”.

  De José Hierro:

 Cuando me quedo más solo,

no estoy solo estoy conmigo

y a nadie le tengo miedo

si me tengo a mí conmigo.

 

 

  De José Ingenieros:

  La envidia y la emulación

parientes dicen que son;

aunque en todo diferentes

al fin también son parientes

el diamante y el carbón.

  Del mini ensayo de Ingenieros en cuanto a la envidia:
  “Toda la psicología de la envidia está sintetizada en una fábula, digna de incluirse en los libros de lectura infantil. Un ventrudo sapo graznaba en su pantano cuando vio resplandecer en lo más alto de las toscas a una luciérnaga. Pensó que ningún ser tenía derecho de lucir cualidades que él mismo no poseería jamás. Mortificado por su propia impotencia, saltó hacia ella y la cubrió con su vientre helado. La inocente luciérnaga osó preguntarle: ¿Por qué me tapas? Y el sapo, congestionado por la envidia, sólo acertó a interrogar a su vez: ¿Por qué brillas?”.

 

  Ayer me vacunaron de la gripe y algo ha debido pasar en el revuelo de mis células para que me pasara la noche soñando con ratas. Concretamente con dos. Una grande y otra chica que habitaban en el salón de una casa vieja con suelos de madera podrida. La grande se hacía dueña de un trozo jugoso de entrecote. La pequeña quería comer pero la grande la empujaba todo el rato a que comiera de un charco putrefacto plagado con larvas de gusano. Se las comía de manera glotona pero enseguida iba de nuevo hacia el entrecote y otra vez la rata gorda, entre chillidos, empujaba a la pequeña hacia la gusanera.

Hablan de la universidad, de los estudios que se hacen en ella. El profesor G.M. (Abelardo Linares no ha pasado por la universidad pero yo lo considero un sabio. Otra que no pisó la universidad, me entero, es Gloria Fuertes hasta que no fue allí a dar clases. Otra, Begoña Gómez) dice que:

  “La literatura nace y vive en otra parte; en la universidad solo se embalsama. Y se embalsama mejor cuando deja de estar viva, o al menos dejan de estar vivos y dando guerra sus autores”.

  También tiene este libro un aire de denuncia. “Las distintas administraciones públicas dedican una inmensa cantidad de dinero a la cultura, que en realidad no va a la cultura sino a la administración de la cultura”. Y sigue explicando que en la Dirección General de Cultura en Sevilla había conserjes, guardias de seguridad, funcionarios, pero nada de dinero ante una solicitud suya para un proyecto editorial. En fin, esto es España.

 

sábado, 13 de diciembre de 2025

PIO BAROJA. FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX.


  Baroja en su tercer libro de memorias: FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX perteneciente a la última vuelta del camino. Me encanta Pla y creo que Baroja es el que, para mí, más se parece en estilo, o al revés; se podría decir que Pla se parece a Baroja. Lo cuenta todo con gran convencimiento, aunque a veces tenga uno que reírse de sus salidas. Este libro lo vi en la Cuesta de Moyano y me lo vendió junto con otro de la Caro Raggio por veinte euros. Poco me parece para el placer intelectual que procuran. Ya lo dije una vez: con Baroja se tiene material inagotable para toda la vida.

  Aquí se cuenta el Madrid literario de eso, el París de entonces, los meses pasados en Londres, del Madrid de finales del XIX y principios del XX. Y lo cuenta de un modo divertido, al estilo Pla o Baroja. Lleno de anécdotas, de escenas cómicas redondas. “un pintor, tenía una buhardilla tan estrecha que no le cabía en ella más que la cama, y cuando quería estirarse le era indispensable sacar los pies por el tragaluz del tejado”. “Alberto Lozano, poeta andaluz que vivía escribiendo artículos encomiásticos en un periódico de bombos”. Y añadía: “El señor tal es el cacique más importante de la provincia de Tarragona, y aun así hay algunos que le niegan sus votos”. Cuántos periodistas de hoy en día, de principios del XXI se dedican a eso, al bombo. “Es una muestra de la cándida inmoralidad que produce el hambre”.

  Una anécdota atribuida a Ricardo Fuente que tenía un familiar militar. “Tenía un pariente militar, que cuando le tocó ir a Marruecos, en aquella época de la guerra de Melilla en que mataron al general Margallo, en vez de ir a África pidió el retiro. Mi amigo advirtió al militar: -Chico, me parece que vas a quedar como un cerdo. A lo que el pariente replicó: -Sí, es verdad, pero como un cerdo vivo”.

  Habla de política y de la sociedad de su tiempo y lo hace con criterio auqnue a veces uno no esté de acuerdo con él: “Entre Marx y Nietzsche han oscilados las corrientes del final del siglo XIX y principios del XX. Con ese sedimento dogmático, las dos fuerzas políticas antagónicas, en la práctica, tenían muchas tendencias iguales, el mismo culto por el Estado y la misma preocupación por el trabajo material y la misma indiferencia por la libertad del espíritu. Era un preámbulo de la vulgaridad y de la mediocridad del siglo que comenzaba”. En esto cómo no voy a estarlo.

  Habla del estilo literario y del esfuerzo en escribir bien. “Supongo que en la literatura no se aprende nada, y que lo que se aprende vale poco”, en esto no puedo estar de acuerdo. Nunca termina uno de aprender.

  Estaba en la cafetería del barrio donde vive mi madre y leía este libro. Llegó ella y fui al servicio dejando el móvil encima de la página por la que iba mi lectura. Cuando salí mi madre lo había ojeado y se había perdido por donde iba. Se disculpó: no pasa nada, sabía que iba por un recién párrafo subrayado: “A mí nunca me han tachado de homosexual, y, naturalmente, no tengo éxito”. Recordemos que estamos a principios de siglo XX. Luego vino una amiga, muy simpática y cariñosa, y hablamos de libros. A mí me decía que le gustaban más ligeros que este, tipo Entre Costuras o el último premio Planeta, picante y erótico, explicó. Mi madre le dio la razón y dijo que el último que le había dado yo para leer era infumable. San Manuel Bueno y mártir, de Baroja, dijo. No mamá, es de Unamuno y yo lo he leído dos veces. Me encantó pero está claro que hay y debe haber público lector para todo. Bastante es ya que lean.

  No pierde la oportunidad para meterse con el comunismo o con el anarquismo. Y me parece muy bien: “Se explica que Picasso se haya declarado últimamente comunista, es decir, en rebeldía con la opinión general, aunque el comunismo puede llegar a ser como empieza a ser ya en Rusia: un sistema aristocrático, militarista y burgués”. Cuánto de acuerdo estoy.

  Me ha hecho gracia una anécdota que cuenta sobre lo de leer en público, qué de mal gusto puede llegar a ser: “Si me lee usted algo, yo le leo”. Como una amenaza o tortura.

  Una definición sui géneris sobre lo que debe ser un escritor: “es un hombre que debe tener un empleo, que debe ir a un café a hablar mal de este o del otro, a decir que escribir es una tontería y que a él no le gusta escribir. Entonces ya tiene la simpatía de los tontos de café que se creen listos, y lo elogian con entusiasmo, porque el escritor es tan tonto como ellos”.

  Y otra vez sale El Fuego, de Barbusse. Debo comprarlo ya.

  Al final dice que cree que su mejor libro es El árbol de la Ciencia, y creo que también tiene en esto razón. Ahora me queda en la recámara Las Furias. Siempre hay que tener un Baroja en la recámara, o al menos uno a la vista.

lunes, 8 de diciembre de 2025

JORGE EDWARDS. PERSONA NON GRATA.

  Había leído tres libros del escritor chileno: El museo de cera, El inútil de la familia, La muerte de Montaigne, que me encantó, y éste. Lo compré en la feria del libro de Recoletos a finales de septiembre. Y cuando lo vi me acordé de una entrevista-charla creo que en la Fundación Juan March. Aparte del tiempo que se cuenta este relato: La Habana, Cuba, en 1971, en esa charla contó algo que nunca he olvidado y que me llamó poderosamente la atención: El que el régimen de Castro mandó tres días de luto por la muerte del dictador Franco en el año 1975. Las autoridades quisieron desmentirlo pero Edwards se encargó de transmitirlo a los periodistas de España.

  En la contraportada dice Magnus Enzensberger: “Fue el primer escritor importante del extranjero en notar que algo había ido irrevocablemente mal en la Revolución cubana”.

  Edwards le hace decir en repetidas ocasiones a Fidel Castro: “Seremos malos para producir, pero para pelear sí que somos buenos”.

  Baroja dijo: “En España lo que se paga no es el trabajo sino la sumisión”.

  Un ejemplo de lo que pasó en el principio de la Revolución y su postura recalcitrante ante cualquier cosa que oliera a iniciativa. “Alguien dijo que el cinturón de la capital había estado ocupado anteriormente por pequeños propietarios chinos, que cultivaban las lechugas y las hortalizas que abastecían la ciudad. En una arremetida política, el gobierno había expropiado a estos parceleros, que constituían un enclave capitalista y obedecían en su actividad a oscuros estímulos materiales. Desde entonces, la lechuga pasó a ser artículo de lujo, para consumo de diplomáticos y de otros privilegiados”.

  “-¿Y qué secretos vamos a tener? –le decía yo-. El único verdadero secreto de esta embajada es que no tiene secretos. Pero hay que impedir a toda costa que se divulgue”.

  Y en el Prólogo una frase de Guillermo Cabrera Infante: “No hay delirio de persecución ahí donde la persecución es un delirio”.

  Jorge Edwards murió en 2023.


 

miércoles, 3 de diciembre de 2025

JULIO LLAMAZARES. EL VIAJE DE MI PADRE. Y LA BARTOLI EN EL AUDITORIO


 

  Llegamos al Auditorio con las campanas de aviso de cierre de puertas. Nuestra puerta era la 11  y no la encontrábamos. Estaba arriba en el gallinero. No había butacas más alejadas del escenario. Así, la obra comenzó inmediatamente. Bartoli era Orfeo e iba vestido de traje negro.

  En la ópera se habla de Orfeo, el músico incomparable, y su amada esposa, Eurídice.

 

El relato comienza con Orfeo sumido en una desesperación inmensa por la repentina muerte de Eurídice. Su dolor es tan profundo que decide desafiar lo imposible: descender al Inframundo para rescatarla. Armado únicamente con el poder de su canto y su lira, Orfeo logra conmover a los espíritus vengadores y hasta al mismísimo rey de Hades, Perséfone (o Hades), quien, conmovido por su arte, acepta permitir que Eurídice regrese a la vida. Diríamos que Amor y la música se apiadan.

 

Sin embargo, esta gracia viene con una condición: en el viaje de vuelta al mundo de los vivos, Orfeo debe caminar delante de ella y no debe mirarla hasta que hayan salido completamente del Inframundo.

 

El camino de regreso es una tortura emocional. Eurídice, sin comprender la prohibición de mirarla, comienza a dudar del amor de su esposo, creyendo que su rechazo a mirarla significa que ha dejado de amarla o que ella ha perdido su belleza. Desesperada, exige una mirada o prefiere volver a la muerte. Orfeo intenta resistir, pero la angustia de Eurídice y su propio anhelo son insoportables. Incapaz de seguir viendo sufrir a su amada, se da la vuelta y la mira, rompiendo la promesa.

 

Inmediatamente, Eurídice muere por segunda vez.

 

Devastado, Orfeo se lamenta con un dolor aún mayor, dispuesto a quitarse la vida para unirse a ella. En ese momento de máxima aflicción, interviene Amor (el dios Cupido), quien detiene a Orfeo. Como recompensa a la pureza y constancia de su amor, Amor decide revivir a Eurídice, concediéndoles a ambos un final feliz.

 

La ópera, en esencia, es una reflexión sobre el poder ilimitado del arte (la música de Orfeo), capaz de doblegar incluso a la Muerte, y a la vez, sobre la fragilidad de la naturaleza humana (la duda y el impulso que hacen a Orfeo fallar).

  Esta es esencia el resumen de la obra de Gluck (con ayuda de la IA).

  Duró exactamente hora y media. A la salida nos fuimos directamente a las inmediaciones de casa a una pizzería porque me apetecía horrores algo que oliera a queso derretido y orégano.

 

  El libro de Llamazares es un viaje por la España vacía. Pueblos abandonados y que en su día fueron un importante nudo de comunicaciones. Leyendo la prensa la noticia de un joven de 38 años como único habitante de un pueblo de Soria, Benamira. 1800 pueblos en España cuentan con un único habitante. El pueblo más cercano está a 10 kilómetros, Medinaceli. Dice que lleva una vida sencilla. Es decir, lo más parecido a estar muerto.

 

  Todos los libros de Llamazares de viaje me han encantado. Tras-os-Montes, El río del olvido y, aunque sea novela también La lluvia amarilla. En este recorre ochenta y tantos años después el que hiciera su padre de forma obligatoria jugándose la vida en cada pliegue de terreno. O en cada esquina. “Hay seis pueblos en España que fueron destruidos en la guerra y que nunca los reconstruyeron: Corbera de Ebro, en Cataluña, tres en Guadalajara, y Belchite y Rodén aquí, en Aragón… Yo he visto tres de los seis y le puedo asegurar que el que más impresiona es Rodén”, le dice un lugareño.

  Los dramas del azar en la guerra: “creyeron que el Ejército de Franco ya estaba dentro de la ciudad y colgaron banderas nacionalistas de los balcones, sufriendo por ello las represalias de elementos republicanos en retirada que, enfurecidos por la derrota, incluso llegaron a arrojar bombas dentro de los refugios antiaéreos según contó”.

 

  Cuando leía la llegada a Villafamés y se puso a relatar la gran roca que hay subiendo el pueblo con la iglesia al lado recordé que estuvimos hace poco. A veintiséis kms de Castellón donde pasábamos unos días de descanso. “Villafamés, es el puebloal que me dirijo, surge enseguida en lo alto de una montaña tan impactante como lo imaginaba”.