lunes, 9 de abril de 2012

HHhH

H H h H

Animado por un artículo entusiasta de Mario Vargas Llosa del año pasado me compré hace poco HHhH. Decía el premio nobel que jamás en lo que le quedara de vida olvidaría esta novela. Me pareció una exageración propia del que ya tiene muchos años vividos y pocos por vivir, pero casi siempre he acertado con las recomendaciones del escritor peruano.

A mí quizá me queden más años que al autor de La guerra del fin del mundo pero estoy seguro que tampoco la olvidaré. Me ha gustado porque está hecha a la manera de los libros modernos: no es una novela propiamente dicha, ni un libro de historia, ni de intriga ni de espías ni un libro de la crónica de un asesinato pero es todas estas cosas a la vez. Tiene la libertad para que el autor se queje de que su novia no le ha invitado a la boda de una amiga. O para contar anécdotas que poco tienen que ver con la historia central pero que cuenta por el gusto de contarla. Para contar también intimidades acerca de cómo ha conseguido éste o aquél dato. A la vez es un relato pormenorizado de la que fue una de las acciones más espectaculares de la II Guerra Mundial: el planeamiento, desarrollo, ejecución y las consecuencias del atentado que costó la vida a Reinhard Heydrich, protegido y de carrera meteórica de Hitler, perpetrado por unos pocos paracaidistas checos enviados desde Londres por el gobierno exiliado.

Qué pena que me haya durado solo cuatro días su lectura.

miércoles, 4 de abril de 2012

JUAN FRANCISCO PULIDO

Este jovencísimo escritor nació en mal sitio y en mal momento. Nació en la cuba castrista del año 78 siendo un fervoroso poeta católico. Con diecisiete años tuvo problemas en la universidad y fue visitado por la policía del régimen para que depusiera, ejem, su actitud. Cuando vieron que no lo hacía se lo llevaron a comisaría y, al parecer, lo violaron. Era de temperamento sensible pero con una gran determinación y no dio su brazo a torcer así que se fue a los Estados Unidos porque no le dejaron ya ejercer de estudiante ni de nada. Entró en una gran depresión al saberse derrotado y expulsado en un sitio que en ocasiones se alcanzan los veinte grados bajo cero.

Último párrafo de un poema enviado a la escritora Belkis Cuza antes de suicidarse en el año 2001.

“¿qué son esos punticos rosados y verdes?

y esas manchas grasientas de muerte y vacio?

al carajo la vida

soy libre pero tengo sueño”.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Ribeyro


Sobre mi admirado Julio Ramón Ribeyro. Lo leí a través de unos perio-libros que salieron en el ABC hace un porrón de años. No conocía nada de él hasta entonces. Dentro había un relato titulado “Sólo para fumadores”. Yo entonces fumaba. Me gustó tanto, me reí tanto, me sentí tan cerca de este hombre que desde entonces busqué, sin mucho éxito, cosas publicadas por él en España. Hasta que un día vi que salían sus Cuentos Completos. Ahí estaba el de los fumadores y otras muchas obras de arte. Luego publicaron sus diarios: La Tentación del fracaso. Maravilloso tomazo que se me hizo tan corto como esas novelitas del oeste que leía mi suegro. Entrada de Septiembre del 58. “Me gustan las personas que tienen dificultad para expresarse porque ellas son las que hacen, en el curso de la conversación, los mejores hallazgos. De los que hablan fácilmente, en cambio, no podemos esperar otra cosa que un discurso razonable, rutinario o previsible. El lento, el vacilante en expresarse se sorprende a sí mismo y sorprende a los demás. Su esfuerzo, cuando es inteligente, da siempre frutos. Puede hablarse en este caso de una ´conversación creadora´”.
Y sobre las Prosas apátridas, qué decir. Es de tanto subrayar que al final es mejor no tocarlo porque todo él es un subrayado fundamental. Algo parecido a lo que hizo Jünger en La Tijera. En su primera entrada habla ya de los libros y de lo apabullante que puede llegar a ser para un escritor entrar a una librería. Muchos libros nacen ya inútiles, abandonados desde el principio en el olvido. Se pregunta por qué unos autores serán leídos siempre y otros serán pronto olvidados. “¿Qué emperador chino fue el que destruyó el alfabeto y todas las huellas de la escritura? ¿No fue Eróstrato el que incendió la biblioteca de Alejandría? Quizás lo que pueda devolvernos el gusto por la lectura sería la destrucción de todo lo escrito y el hecho de partir inocente, alegremente de cero”.

martes, 13 de marzo de 2012

Las armas y las letras


Terminado Las armas y las letras de Andrés Trapiello. Es triste saber que entre los intelectuales, entre los escritores, también se cocieron las habas de la traición, de la envidia, del rencor y en definitiva, de la miseria moral. Exilios interiores y exteriores. Bajadas de pantalones. Peloteos vergonzantes. Actos de verdadero heroísmo que costaron sus propias vidas. El asesinato sangrante, y que es y será la vergüenza de España por los siglos venideros, de García Lorca. Las muertes tristísimas de Unamuno, Miguel Hernández, Antonio Machado. Pemán y otros también, asesinados a manos de salva patrias descerebrados. Gritos de injusticias que aún se oyen en la noche de la memoria. Choque de carneros milenarios. Naciones jugando con nosotros y a costa de nosotros a entrenar las guerras venideras. Aventureros que vinieron a pelear como el que va a un safari. Periodistas pagados por los suyos.

El caso doloroso de mi admirado Ramón J. Sénder cuya mujer buscó refugio en un pueblo de Zamora y donde fue delatada por un antiguo pretendiente despechado... Cuántos crímenes vulgares se ejecutan al amparo de una guerra civil.

El libro es ameno y está bien escrito aunque considero a Trapiello un escritor frío. Se me hace raro pensar que lleva una pila de años escribiendo tomos y tomos de diarios. El libro tiene más de seiscientas páginas y una fabulosa colección de fotografías y carteles de propaganda. El libro lo he colocado ya en el terreno más destacado de mi humilde biblioteca.

martes, 28 de febrero de 2012

Justo Alejo

1935-1979

En alguna parte de La Marcha Radetzky de Joseph Roth (no he encontrado el párrafo a pesar de haberlo buscado por todo el libro -en diagonal-. Siempre hay que subrayar. ¿Qué más da?) se narra una escena en la que un militar está en su cuarto, triste porque el mundo donde ha transcurrido su vida y su honor ya no existe; se viste de gala, se coloca sus condecoraciones, se pone sus guantes blancos, se mira en el espejo y luego se pega un tiro.

Me he acordado de esta escena leyendo el suicidio del poeta, militar y psicólogo zamorano Justo Alejo. Este también, en un día soleado de enero de 1979, se vistió de gala y se lanzó al vacío desde un balcón del Ministerio del Aire, en Moncloa. Quizá no estaba en su naturaleza ganarse la vida siendo militar; quién sabe. Justo Alejo era Brigada del Ejército del Aire. ¿Qué le pudo pasar por la cabeza para despedirse de este mundo de esa forma? ¿Qué mensaje quiso transmitir a su entorno?

Después de llegar al empleo de Brigada estudió y se hizo psicólogo. También hizo magisterio, Filosofía, Pedagogía, Sociología, Políticas. Y comenzó a colaborar en distintas revistas literarias.

Estamos construidos de pasajes ocultos que nos marcan. A Justo Alejo le influyó un hecho en su vida: Su abuelo Baltasar le leía Las Mil y una Noches cuando era pequeño. Por eso a su único hijo lo llamó Alí.

Leyendo cosas de su vida, de sus amistades, de sus poesías, y por otras cosas, qué cerca me he sentido de él.

martes, 7 de febrero de 2012

febrero



Llego de caminar desde un bosque cercano. Recién oscurecido. Hace un frío intenso que hace que lloren los ojos. En el cielo aún queda la luz de un sol que no ha terminado de calentar el aire. La pureza del azul tiene la calidad de las canicas de la infancia. Me gusta caminar solo y pensar en mis cosas, escuchando música. Por los auriculares, hoy, los Impromptus de Schubert. Hago unas fotos cuando llego a las primeras casas del pueblo, iluminadas por luces mortecinas.
Una reflexión: si hay una palabra que defina el estado de nuestro país: decepción.

domingo, 29 de enero de 2012

Henry de Montherlant

Henry de Montherlant nació en el norte de Francia en 1895 pero sus restos reposan en Roma, en forma de polvo, entre las piedras del Templo de la Fortuna Viril. Su obra más conocida tiene algo que ver con el toreo: Los bestiarios, sobre una buena familia andaluza en el mundo de los toros. ¿Y por qué reposan sus restos en Roma? A la muerte de su padre la educación recayó en su madre, quien a la sazón era devota de la literatura. Quo Vadis, de Henryc Sienkiewicz marcará su vida.
Sus primeras obras hablan de la guerra, de la relación entre los hombres, de los deportes y un poco del desprecio por las mujeres. Al contrario que Borges, Motherlant era un apasionado del fútbol, quizá porque, como dijo una vez Javier Marías, los partidos de liga son una vuelta semanal a la infancia.
Motherlant fue un suicida convencido. Aparte de tragarse una pastilla de cianuro se disparó un tiro en la boca. Debido a un accidente se estaba quedando ciego. Le dejó una nota a un amigo: Me estoy quedando ciego; me mato.
Tenía 77 años, había vivido una guerra, estaba enfermo, vivía en París y sabía que iba a descansar por toda la eternidad en Roma. ¿Por qué no?